Susurro a la distancia - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 Capítulo 30 Donde comienza el eco
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30: Capítulo 30: Donde comienza el eco 30: Capítulo 30: Donde comienza el eco Una notificación entre el ruido Lili había tenido uno de esos días en los que todo parecía urgente: entrevista virtual con una emisora de Miami, reunión con su equipo de marketing, y revisión de fechas para presentaciones en festivales.
Al final de la tarde, su garganta estaba seca, la cabeza le dolía y el teléfono no paraba de vibrar.
Hasta que… una notificación diferente apareció.
Joseph: No tienes que responder.
Solo quiero que sepas que aún canto contigo, aunque no estés aquí.
Esta canción no es para el mundo.
Es solo para ti.
Cuando puedas… dale play.
Y un enlace.
Lili dejó el celular sobre la cama.
No lo abrió.
No aún.
Había miedo.
Culpa.
Ganas.
Cuando por fin lo hizo Horas después, cuando el cielo ya estaba oscuro y las luces de su cuarto eran tenues, Lili se sentó en el suelo con los auriculares puestos.
Presionó play.
Y entonces… lo escuchó.
La voz de Joseph, suave, temblorosa al principio.
Luego segura.
Y después rota, en esa línea que decía: “Solo una bocina vieja, en tu habitación callada… Y que si presionas play, me sientas cerca…” Lili se cubrió la boca con la mano.
Las lágrimas le bajaron sin permiso.
No lloraba por tristeza.
Lloraba porque aún la elegía, incluso en el silencio.
Los recuerdos Mientras la canción avanzaba, su mente viajó.
Al columpio en El Tecal.
A las tardes de jugo.
A su risa en la terraza.
A la flor detrás de su oreja.
Y también a los momentos en que él esperó en línea, aunque ella no pudiera responder.
La canción no pedía nada.
No exigía explicaciones.
Solo decía: “Aquí estoy.
Aún.” La decisión Cuando la canción terminó, Lili no se movió por varios minutos.
Entonces, tomó su libreta vieja —la que usaba para componer antes de que todo se volviera tan grande— y escribió una sola línea: “No puedo seguir cantando si no te escucho en el fondo.” Y debajo de eso: “Yo también tengo algo que decirte.
Pero esta vez… quiero que lo escuche el mundo.” Al día siguiente En la reunión con su equipo, la interrumpieron con un correo urgente.
—Lili, tienes otra oferta internacional para una colaboración… Pero necesitaríamos que pongas en pausa tus streams tres semanas.
Ella cerró los ojos.
Y entonces habló: —Voy a aceptar la colaboración, pero no voy a pausar mis streams.
Tampoco voy a esconder nada.
—¿A qué te refieres?
—A que quiero que la próxima canción que lance… sea con Joseph.
Y quiero que sepan que esto no es por marketing.
Es por mí.
Mensaje enviado Esa noche, desde su cuarto, Lili grabó un audio corto para Joseph.
Su voz aún temblaba, pero estaba decidida: “Escuché tu canción.
No una, ni dos… cinco veces.
Y sí… te sentí cerca.
Tanto que dolía.
Tanto que sanaba.
Así que ahora, quiero que el mundo también te escuche.
Si aún quieres… cantemos juntos.
Esta vez, con nombre.” En casa de Joseph Él recibió el mensaje mientras trabajaba con Alex.
Salió sin decir nada.
Puso el audio.
Y se quedó quieto, sonriendo con los ojos cerrados.
Porque después de tantos silencios… por fin, el eco había vuelto.
Y esta vez, traía una canción nueva.
Con voz doble.
Y con nombre.
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