Susurro a la distancia - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 Capítulo 39 Donde caben dos
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39: Capítulo 39: Donde caben dos 39: Capítulo 39: Donde caben dos Día 5 de convivencia — Santo Domingo —¿Quién dejó el cereal abierto?
—preguntó Lili desde la cocina.
—Yo —respondió Joseph desde la sala—.
Pero me arrepiento profundamente.
—Te perdono si haces café.
—Listo desde hace cinco minutos.
Taza negra, sin azúcar.
Lili entró con una sonrisa.
Ese pequeño ritual mañanero se había vuelto constante.
Sin planificación.
Sin esfuerzo.
Como si sus cuerpos supieran convivir… aunque sus corazones aún estuvieran tanteando el terreno.
Tareas compartidas, silencios compartidos La casa ya no se sentía como “la casa de Lili”.
Era ahora un punto intermedio.
Un estudio.
Un refugio.
Una especie de burbuja entre el caos de la industria y el ruido de las redes.
Cocinaban juntos.
Veían series por la mitad.
Ensayaban en pijama.
Pero sobre todo, se observaban.
Pequeños detalles.
Cómo Joseph se quedaba viendo el techo mientras componía.
Cómo Lili escribía en su libreta y mordía el lápiz cuando algo la emocionaba.
Cómo él siempre dejaba su guitarra en el mismo rincón.
Cómo ella ponía música a bajo volumen mientras cocinaba, aunque no siempre lo dijera.
El piano de madrugada Una noche, Joseph se despertó y la escuchó tocar el teclado suavemente.
Se levantó, en camiseta y pantalón de dormir, y la encontró sentada en el estudio, a media luz.
—No podía dormir —dijo ella.
—¿Pesadillas?
—No.
Solo muchas ideas.
—¿Te acompaño?
—Siempre.
Joseph se sentó junto a ella, sin tocar nada.
Solo la escuchó tocar una melodía breve, suave, con notas de nostalgia.
—¿Cómo se llama eso?
—No lo sé aún.
Pero suena como a lo que no decimos.
Joseph sonrió.
—Entonces… suena a nosotros.
Una conversación bajo la lluvia Una tarde, llovió.
No una tormenta.
Una de esas lluvias lentas que no interrumpen, solo acompañan.
Salieron al balcón.
Se sentaron bajo el techo, con café en mano.
—¿Alguna vez viviste con alguien?
—preguntó ella.
—No así —respondió Joseph.
—¿Cómo?
—Con rutina.
Con intimidad.
Con ropa tuya entre mi ropa.
Con tu cepillo al lado del mío.
—¿Y te molesta?
—Me asusta lo fácil que se siente.
Lili lo miró.
Quiso decir muchas cosas.
Pero solo dijo: —A mí también.
Cuando los silencios no incomodan Esa noche, no hablaron mucho.
Cada uno en su lado de la cama —porque sí, ya dormían en la misma cama desde hacía tres noches.
Sin necesidad de explicarlo.
Solo se acomodaban.
Joseph se durmió primero.
Lili lo miró mientras él respiraba profundo.
Le acarició el cabello con suavidad.
Y pensó: “Si esto no es amor… al menos es lo más cerca que he estado.”
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