Susurro a la distancia - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 Capítulo 45 Entre ruinas y promesas
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45: Capítulo 45: Entre ruinas y promesas 45: Capítulo 45: Entre ruinas y promesas La casa estaba más tranquila.
No porque el mundo hubiese dejado de hablar.
Sino porque ellos ya no necesitaban escucharlo tanto.
La tormenta había pasado… o al menos, se había desplazado.
Quedaban los restos: Propuestas canceladas.
Críticas disfrazadas de consejos.
Y silencios incómodos de personas que antes los aplaudían.
Pero también quedaba algo más: Una verdad intacta.
Un vínculo real.
Y un álbum que seguía vivo… aunque herido.
Revisión de lo que queda —Tenemos ocho canciones terminadas —dijo Lili, marcando su libreta con tinta roja—.
Cuatro a dúo, tres tuyas y una mía.
Joseph tomó el lápiz de su boca y lo giró entre los dedos.
—Faltan tres.
Dos nuevas… y una que cierre todo.
Lili lo miró.
—¿Cómo se cierra algo que aún no queremos soltar?
—Tal vez no se cierra.
Tal vez se deja abierto… como nosotros.
Reconstrucción creativa La música volvió, pero de forma distinta.
Ya no componían desde el dolor.
Tampoco desde el secreto.
Ahora lo hacían desde el peso de lo vivido.
Desde las conversaciones a media noche, las tazas de café frías, y las miradas que se sostenían incluso cuando las palabras no llegaban.
Una tarde grabaron una canción casi sin querer.
Estaban improvisando en el estudio, sin planes.
Lili tarareó una melodía suave.
Joseph entró con una armonía de fondo.
Lo grabaron sin darse cuenta.
Cuando escucharon la toma… lloraron.
—Esto… —susurró ella—.
Esto suena como “volver”.
—¿Volver a dónde?
—A nosotros.
Sin escenario.
Sin público.
Joseph asintió.
—Entonces que sea la canción número nueve.
Momentos simples, heridas abiertas Empezaron a cocinar juntos de nuevo.
A salir al colmado sin gorras ni capuchas.
A ver películas hasta dormirse en el sofá.
Pero no todo era perfecto.
Joseph tenía pesadillas.
A veces despertaba jadeando, con las manos temblando.
Lili no lo presionaba.
Solo lo abrazaba hasta que volvía a dormir.
Ella, por su parte, evitaba ver comentarios en redes.
Las buenas palabras dolían más que las malas.
Porque le recordaban que ya no podía volver a ser la chica anónima con un micrófono y una sonrisa en pantalla.
Ahora era alguien con historia.
Con cara.
Con un “él” a su lado.
Conversaciones difíciles Una noche, mientras cenaban en el balcón, Joseph preguntó: —¿Alguna vez pensaste que esto iba a romperte?
Lili masticó lentamente.
Dejó el tenedor en el plato.
—No.
Pero sí pensé que podía perderme.
Y lo hice, por un tiempo.
—¿Y ahora?
—Ahora me vuelvo a encontrar cada vez que cantamos.
Joseph la miró, con ternura y una pizca de miedo.
—¿Y si un día dejo de estar aquí?
—Entonces cantaré con lo que me dejaste.
Silencio.
Largo.
Denso.
Pero lleno de paz.
Una lista pegada en la pared Joseph escribió en una hoja de papel los títulos de las canciones terminadas.
Las pegó con cinta sobre la pared del estudio.
Lili, al verla, sonrió.
Había algo poderoso en ver todo ese trabajo frente a ellos.
Todo lo que sobrevivió.
Ella tomó un marcador negro y escribió en la parte inferior: “Faltan 3.
Pero ya no somos los mismos de la canción 1.” Joseph agregó en voz baja: —Ni queremos serlo.
Una promesa en voz baja Esa noche, bajo la lluvia que golpeaba suavemente el techo, Joseph le tomó la mano.
—No sé si esto es reconstrucción… o nueva construcción.
Pero quiero hacerlo contigo.
Lili apoyó la cabeza en su hombro.
—Entonces hagamos lo que siempre hacemos: No prometer lo eterno.
Solo no soltar la mano hoy.
Durmieron entre papeles, guitarras y grabaciones a medio terminar.
Pero no les importaba.
Porque a pesar de todo, todavía estaban ahí.
Vivos.
Juntos.
Creando.
Y por primera vez en mucho tiempo, el futuro no era una amenaza.
Era una canción aún por escribir.
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