Susurro a la distancia - Capítulo 47
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- Capítulo 47 - 47 Capítulo 47 La cuenta regresiva
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47: Capítulo 47: La cuenta regresiva 47: Capítulo 47: La cuenta regresiva Capítulo 47: La cuenta regresiva El calendario colgado en la cocina tenía un círculo rojo.
Un domingo.
El día en que Joseph regresaría a Panamá.
Era una marca pequeña.
Discreta.
Pero su presencia pesaba como un ancla en cada rincón de la casa.
—Solo dos canciones —dijo Joseph, mirando la pizarra en el estudio.
—Solo dos —repitió Lili, bajito, como si al decirlo más suave doliera menos.
Se miraron.
Nadie dijo lo obvio.
Que esas dos canciones eran el tiempo que les quedaba juntos.
Y que cuando la última nota se grabara… también se grabaría la despedida.
Día uno: La canción nueve Lili escribió la letra en una sola noche.
Era simple.
Casi infantil.
Pero verdadera.
“Quiero que te quedes, aunque no puedas.
Quiero que me digas que también duele.
Quiero que esta canción no termine… aunque tú tengas que irte.” Joseph la leyó en silencio.
Cuando terminó, no la corrigió.
Solo dijo: —Grábala así.
Sin cambios.
Sin filtros.
Ella cantó con la voz entrecortada.
No intentó evitarlo.
Porque en esa canción no estaba interpretando.
Estaba hablando.
A él.
A su miedo.
A su promesa no dicha.
Día dos: Lo que no cabe en una canción Comieron en silencio esa noche.
Un arroz sencillo.
Juguito de chinola.
Y una conversación muda.
—¿Tienes todo listo para el viaje?
—preguntó Lili finalmente.
Joseph tardó en responder.
—Sí.
Casi todo.
—¿Y qué falta?
—Empacar lo que no quiero dejar.
Lili bajó la mirada.
—Eso no cabe en una maleta, Joseph.
Él sonrió con tristeza.
—Lo sé.
Por eso duele.
Día tres: La canción diez (la última) La escribieron juntos.
No en papel.
No frente al piano.
La escribieron con recuerdos: Con el primer stream donde apenas se conocían.
Con los mensajes a medianoche.
Con las notas de voz que duraban tres segundos.
Con las lágrimas en la cabina de grabación.
Con el beso en Panamá antes de su partida.
Con el silencio compartido frente al mar.
Esa canción no tenía un título aún.
Solo un código en la computadora: “final_mix”.
Pero ambos sabían lo que decía.
Decía: “No somos un final feliz.
Somos una historia que sigue aunque el capítulo se cierre.
Somos la canción que nadie entiende… pero todos sienten.
Somos lo que queda cuando ya no queda nada.” Último día El estudio estaba limpio.
Todo grabado.
Todo mezclado.
Todo listo.
Joseph estaba sentado frente a la maleta abierta.
Lili, de pie en la puerta, lo observaba.
—¿Quieres que te lleve al aeropuerto?
—¿Y ver cómo te alejas en el retrovisor?
Ella se mordió el labio.
—Entonces no voy.
Me quedo.
—Si te quedas, yo no me voy.
Ambos sonrieron, con los ojos aguados.
No necesitaban decir más.
Porque el amor real no suplica.
No encadena.
Solo acompaña… incluso cuando se aleja.
Aeropuerto No hubo escándalo.
Ni fans.
Ni cámaras.
Solo una despedida silenciosa.
Joseph abrazó a Lili por largo rato.
Le susurró: —No te prometo regresar pronto.
Te prometo no dejar de buscarte… en cada nota.
Ella asintió.
—Y yo no te prometo esperarte quieta.
Te prometo seguir cantando… para que me encuentres.
Se besaron.
Sin apuro.
Sin final.
Solo un beso lleno de memoria.
De historia.
De verdad.
Esa noche, Lili escuchó la última canción sola en la sala.
En auriculares.
Con los ojos cerrados.
Y el corazón abierto.
Y mientras las notas finales se desvanecían, supo que lo que habían creado no se quedaba solo en el álbum.
Se quedaba en ellos.
En lo que fueron.
En lo que aún son.
Aunque ya no estén… en el mismo lugar.
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