Susurro a la distancia - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 Luz encendida
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9: Capítulo 9: Luz encendida 9: Capítulo 9: Luz encendida El anillo de luz volvió a encenderse.
Lili se miró en la cámara antes de iniciar el directo.
Respiró hondo.
No llevaba maquillaje, ni filtros.
Solo ella, con su voz de siempre, su cabello suelto y el corazón latiendo con fuerza.
Había pasado casi una semana desde su última transmisión.
Una semana de preguntas, mensajes, ausencias notadas.
Y ahora estaba lista para volver.
No porque todo estuviera bien.
Sino porque había encontrado una razón para no rendirse.
Pulsó “Transmitir en vivo”.
La pantalla se iluminó y, en cuestión de segundos, los primeros nombres comenzaron a aparecer en el chat.
Corazones, saludos, emojis.
Y entre ellos, uno que hizo que su pecho se apretara con dulzura: Joseph_507 ha entrado a la transmisión.
—Hola a todos —comenzó, con voz suave—.
Hace días que no estoy por aquí, y… supongo que merecen una explicación.
El chat estalló de mensajes preocupados: “¿Estás bien?” “Te extrañamos” “Nos tenías con el corazón en la mano”.
Lili sonrió, bajando la mirada un instante.
Luego levantó la vista y miró directo a la cámara.
—He tenido días difíciles.
Perdí a alguien que amaba mucho, y aunque ya pasó cinco años… el dolor a veces regresa sin avisar.
Me desconecté porque sentí que ya no tenía nada lindo que darles.
Se hizo un breve silencio.
Solo los comentarios suaves llenaban el espacio.
—Pero me di cuenta de algo: no tengo que estar bien para estar aquí.
No tengo que estar feliz todo el tiempo.
A veces solo basta con ser sincera.
Y ustedes… ustedes me han hecho sentir que eso también vale.
Tomó la guitarra y la colocó sobre sus piernas.
—Esta canción es la que cantaba con él.
Pero hoy… hoy quiero cantarla por mí.
Y por todos los que alguna vez sintieron que se rompían por dentro y aun así decidieron quedarse.
Y cantó.
La voz de Lili era temblorosa al inicio, pero a cada verso se hacía más firme.
Más viva.
Más suya.
Y aunque no lo veía, Joseph, desde su habitación en Panamá, tenía los ojos llenos de lágrimas.
No solo por la canción.
Sino porque sabía cuánto le costaba estar ahí… y aun así lo estaba haciendo.
Cuando terminó, el chat explotó en aplausos virtuales.
Y justo antes de cerrar, Lili miró la pantalla y dijo, sin nombrarlo: —Gracias… a quien supo quedarse en silencio cuando más lo necesitaba.
A ti, que me hiciste volver a encender la luz.
Joseph envió un solo mensaje: “Estoy aquí.
Siempre.” Y Lili, por primera vez en mucho tiempo, se sintió orgullosa de haberse mostrado tal como era: no como la chica que siempre ríe, sino como la mujer que aprendió a llorar sin esconderse… y aun así, seguir cantando.
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