Susurros de las Profundidades - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Algo no es como debería
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20: Algo no es como debería 20: Algo no es como debería Sin aviso, sin transición, sin respeto por la historia que se estaba contando, las palabras pierden sentido, las frases se revientan como burbujas de golpe en el salón de Cthulhu.
El regreso no es suave.
Es como si una mano inmensa los hubiera arrastrado del cuello hasta aquí Cuidado con lo que leen, no todo debe ser contado… hay cosas que no existen para vuestro entendimiento.
Algunos mortales han conseguido encontrar ciertas reflexiones de sabiduría.
No todo lo que ocurre debe ser contado, no todo lo que se piensa debe ser dicho, no todo lo que se dice merece ser escrito, no todo lo escrito debe ser leído… Este es un ejemplo perfecto de lo que nunca debió ser escrito… no deberían estar leyendo esto.
Todo en la gran sala del trono de Cthulhu ha cambiado de nuevo, como si el salón estuviese en transición desde como estaba la última vez; para estar como la primera vez: lujoso, cómodo, perfumado, caliente… pero ahora lo ven con claridad.
El salón no es realmente un salón.
Es un despacho real.
Suelo negro brillante, como obsidiana pulida con sangre seca.
Muebles enormes, tapizados en tonos esmeralda y azul profundo, suaves como musgo húmedo.
Un aroma a madera salada, incienso marino y algo dulce—demasiado dulce—llena el aire.
Y las paredes… Cada centímetro está cubierto por hexágonos, como un panal infinito.
Pero no son celdas vacías.
Dentro de cada una; hay un alma.
Ahogándose.
Golpeando el cristal.
Retorciéndose en un silencio sofocado.
Miles de voces mudas, cada grito enterrado en un mar sin sonido.
Cthulhu está sentado en su silla—si es que puede llamarse silla—hecha de tentáculos petrificados y huesos desconocidos, como un trono corporativo diseñado para un rey que gobierna imperios que ustedes nunca comprenderán.
Su postura es perfecta.
Impecable.
Soberbia.
Pero su respiración… su respiración es pesada.
Lenta.
Forzada.
Como si cada inhalación abriera heridas que nadie ve.
Sin embargo, su mirada es la de siempre: esa crueldad elegante de quien sabe que aplastar a un humano sería tan trivial como doblar una servilleta.
«Otra vez ustedes… inmiscuyéndose en lo que no les incumbe.» Lo dice sin emoción, sin esfuerzo, sin cortesía.
Las palabras caen al piso como monedas antiguas, pesadas, opacas.
Una sirena aparece detrás de ustedes.
Es hermosa en un nivel incómodo: ojos grandes, labios húmedos, piel brillante como recién salida del mar.
No camina: serpentea, deja un rastro de gotas tibias sobre el mármol, sus hermosos senos desnudos se contonean con cada movimiento.
Trae una bandeja enorme.
El sushi que coloca frente a ustedes parece una provocación: cortes gruesos de salmón fresco, color naranja brillante; arroz tibio, compacto, impregnado con ese aroma suave a vinagre dulce; makis perfectamente enrollados con aguacate cremoso, pepino crujiente; wasabi que abre la nariz; jengibre rosado que huele como algo recién cortado.
Otras sirenas sirven con la actitud de sacerdotisas en un templo, distintos licores para la elección de cada comensal.
Ella se inclina demasiado cerca.
Su cabello mojado roza su hombro.
Su voz es un murmullo húmedo: «Coman… Él quiere que estén cómodos.» Cthulhu ignora el gesto.
Su soberbia está dirigida solo a ustedes.
«Qué ironía… Hacen tanto escándalo por el mundo en el que viven, pero ninguno acepta que fueron ustedes quienes lo arruinaron.» Su voz resuena en la sala.
Grave y pesada, pero siempre elegante y sobrenaturalmente elegante.
Hermosa en lo cruel.
«Se golpean, se hieren, destruyen ciudades a plena luz del día… pero para hacer el amor se esconden detrás de puertas cerradas.» Entre sus tentáculos se forma un gesto casi burlón.
«Patéticos.» Otra sirena pasa, rozando su brazo con la punta de un dedo húmedo, sus pezones son más amplios y vistosos; denotando que ha sido madre varias veces, ella sonríe mientras deja más platos: uramaki con tobiko brillante, nigiri con atún rojo, tempura crujiente que huele a aceite caliente.
Cthulhu habla entre pausas largas, cada respiración es cargada y pesada.
«Culpan a lo divino por sus miserias.
Culpan a su Dios, al destino, al azar… A los demonios, a los dioses, cualquier cosa menos ustedes.
Cuando son ustedes mismos quienes se arrastran hacia los agujeros donde luego lloran atrapados.» Se inclina hacia adelante.
Lo suficiente para que la sombra de su rostro cubra media sala.
Una sombra que respira.
«¿Por qué siguen leyendo esto?» Una carcajada suave, sofocada, casi sensual en su crueldad.
«No aprendieron la lección.
Ni siquiera saben qué están haciendo aquí.» El salón entero vibra, como si las almas de las paredes reaccionaran al tono de su amo.
«Mírense.» Cada palabra es un dedo frío tocando el orgullo humano.
«Siempre buscando el placer que se les niega, el dolor que no comprenden, la respuesta que no merecen.» Una sirena se arrodilla frente a él, toca su mano con devoción, y sus labios rozan la punta de un tentáculo en un acto casi ceremonial.
Ella no habla.
No necesita.
Cthulhu exhala de manera Pesada.
Cansado… pero no derrotado.
«Si siguen aquí…entonces siéntense.
Coman y Callen.» Su voz se convierte en un murmullo que corta la piel: «Observen el mundo que construyeron.
Tal vez—solo tal vez—entiendan un fragmento… de por qué los considero una especie tan deliciosamente miserable.» Ya que están de curiosos; les permitiré observar quien de los insensatos será el próximo en ser sacrificado, lo verán todo en primera fila.
Mientras el primigenio, terminaba de hablar hacia un ademan con su mano izquierda, haciendo aparecer nuevamente un espejo místico el cual muestra escenas que pasan a altas velocidades, todas las escenas muestran atrocidades e injusticias en el mundo, desde personas abandonadas por la sociedad, olvidadas por sus familias hasta desastres ocasionados por la guerra.
Pero el tormento no termina allí, el espejo también muestra imágenes de hábitats devastados y contaminados, animales tratando desesperadamente aferrarse a la vida en un mundo que agoniza.
Crímenes, violencia y crueldad humana contra otras personas y/o animales.
Mientras todo esto ocurre, las sirenas parecen extasiadas, todas juntas buscan una de las piernas de su amo, la coraza del dios durmiente se abre y ellas entran en su coraza, hay movimiento parecen trepar por su pierna por debajo de su exoesqueleto, hay movimiento perceptible hasta su zona pélvica.
Aunque es imposible poder ver algo, es fácil imaginar mil cosas indescriptibles que están ocurriendo por los eufóricos gemidos orgásmicos de las múltiples sirenas.
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