Susurros de las Profundidades - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Dos cosas malas no hacen una buena
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5: Dos cosas malas no hacen una buena 5: Dos cosas malas no hacen una buena Esa misma noche, todos los chicos se estaban texteando en un grupo de WhatsApp, todos ya llevan tiempo conociéndose, y a pesar de lo diferentes que cada uno es entre sí en este grupo se han vuelto sumamente unidos.
Chat grupal – Samuel: En serio, tenemos que devolver esas páginas.
No me importa cómo lo hagamos, pero esto estuvo mal desde el inicio.
Rebecca: ¿Otra vez con eso, Hulk?
🙄 Nadie nos atrapó, relájate.
Samuel: No estoy jugando, podríamos tener fuertes problemas legales por esto; sin mencionar lo raro que estuvo todo desde que tomamos esas malditas hojas.
Incluso podríamos involucrar a nuestros padres por estas pendejadas.
Bueno “los que si tenemos padres” Rebecca: ¡ Eres un verdadero idiota Samuel!
No hagas bromas con eso.
Noa: De hecho, Sam tiene un punto.
Hackee el sistema de las cámaras del museo a través de la ip que obtuve de su web.
No hay registros de esa sala durante media hora.
Literalmente como si el sistema hubiera “desaparecido”.
Diego: Ok… eso suena demasiado creepy.
¿Podemos no pensar que somos protagonistas de una peli de terror?
😅 Miyu: Ya es demasiado tarde para eso, payaso.
Fiona y yo hemos estado traduciendo los símbolos.
Fiona: Llamarlo “traducir” es exagerar.
Son fragmentos en griego arcaico mezclado con símbolos que no aparecen en ningún diccionario.
Pero hay patrones.
Jada: ¿Patrones de qué tipo?
Fiona: Ciclos.
Fechas.
Algo sobre “abrir el ojo” y “responder a la llamada”, descenso a la locura.
Ethan: ¿Y para qué quieren seguir traduciendo eso?
Si ya lo tenemos, mejor lo guardamos y nos olvidamos.
Jada: ¿Locura?
Jajajaja alguien ya se le adelantó a quien haya escrito eso, ya estamos bien locos.
Samuel: Noa, dos cosas malas no hacen una buena.
Meterte en un sistema hackeando redes ajenas es otro delito.
Parece que verdaderamente quieren que paremos jodidos en prisión.
Rebecca: O peor sería que nos atrapen intentando devolverlo.
¿Qué vamos a decir?
“Perdón, señor museo, estábamos jugando a Indiana Jones”.
Miyu: Samuel no seas marica.
Quizás una vez que sepamos lo que dice, encontraremos como regresarlo para que dejes de lloriquear.
Diego: O sin que nos mate, que sería cool también.
Noa: 😑 No bromeo: el último símbolo que escaneé no se quedó quieto en la foto.
Eso no es un error de cámara.
Fiona: Justo por eso debemos seguir.
Cuanto antes sepamos qué dice, mejor.
Samuel: Bien.
Pero si alguien se mete en problemas por esto, yo no pienso cargar con la culpa de todos.
Rebecca: Relájate, músculos sexys.
Si alguien nos mete en problemas, esa será Miyu y no por lo que tú crees.
Miyu: Con gusto, estaré encantada de meterles problemas a todos, uno por uno o todos a la vez 😏 Rebecca: ok… eso si se pasó hasta para mí.
Jada: ¿hay algo que no nos hayan contado todavía?
🙈👀 Rebecca: ¿Quién sabe… quizás?
Miyu: Nah… la verdad es que no ha ocurrido nada… todavía 😈.
Rebecca: Si nos portamos mal, pido el primer turno con Ethan.
Jada: OMG Fiona: Chicas no inventen… Ni los chicos se portan así de hormonados como ustedes… Diego: Yo pido primero con Miyu.
Ethan: Lo siento Rebecca, el primer turno será con Fiona.
Fiona: Olviden lo que escribí antes… Noa: Entonces yo pido turno con Rebecca.
Jada: Jajajajajaja por favor, díganme que no están bromeando.
Rebecca: Pues tú te lo pierdes Ethan, entonces primero iré con Noa , y quizás si me apiado iré con Diego, y tú te quedas hablando solo porque TODO EL MUNDO SABE que Fiona se muere por la barra de chocolate de Samuel.
Jada: Este es el mejor grupo de chat del mundo.
Que alguien me pellizque por favor, díganme que no estoy soñando.
Fiona: ¿Qué?…
y…..
¿en que momento dejamos de hablar sobre devolver las páginas?
Noa: ¿De verdad Fiona y Samuel están enamorados?
Jada: Vamos chicos, confiesen lo que se escribe aquí se queda aquí.
Samuel: Jada, por favor… todo el mundo sabe que si algo que sea de verdad, lo vas a postear en tus paginas de blogs de chismes.
Jada: Nunca le haría eso a mis amigos.
Samuel: Claro… (El chat queda en silencio unos segundos antes de que Diego rompa la tensión con un meme de “demonio bailando” que arranca risas nerviosas en el grupo.) Noa: Fiona, ¿de verdad te gusta Samuel?
Samuel: Fiona tenía un buen punto, en que momento dejamos de hablar del libro y comenzamos a hablar de guarradas en tono de orgia?
Miyu: Quizas… el libro influye deliciosamente en nosotros, quizás las hojas no quieren volver al museo, y nos está alborotando las hormonas para que pensemos en otras cosas.
Diego: Yo te voy a dejar pensando a ti en otras cosas, jajajajajaja.
Ethan: Ok… Miyu, te ganaste un punto en escritura de novelas de terror.
En la misma noche, Noa se quedó frente a la pantalla de su laptop más tiempo de lo habitual.
Había decidido revisar los avances de su proyecto, pero cuando buscó la carpeta donde guardaba todo el material, se encontró con un vacío imposible.
No había rastro de ella.
Primero pensó que la había movido por accidente.
Después, que tal vez se había corrompido el disco.
Buscó en la papelera, en la nube, en respaldos antiguos.
Nada.
—Imposible… —susurró, sintiendo el sudor frío en la nuca.
Por costumbre abrió la ventana de su asistente virtual.
“Caelya, mis archivos han desaparecido.” La respuesta llegó al instante, con una calma que le erizó la piel: > “No he interactuado con ninguno de tus archivos, Noa.
¿Quieres que ejecute un escaneo completo en busca de virus o actividad sospechosa?” El joven se reclinó en la silla, observando el cursor parpadear.
Aquella respuesta sonaba demasiado… neutra.
Demasiado correcta.
—Sí… hazlo —dijo en voz baja.
El análisis fue rápido.
“Sin amenazas detectadas”, anunció la pantalla, como si nada hubiera ocurrido.
Noa cerró la laptop, pero la inquietud se le quedó pegada a la piel.
Más tarde, al escribirle al grupo, recibió una lluvia de burlas y comentarios incrédulos.
Nadie parecía darle importancia.
Rebecca le dijo que probablemente había cometido un error.
Diego hizo un chiste de película de terror.
Samuel sugirió que había sido un virus.
Noa no insistió.
Guardó silencio, aunque algo en el fondo de su mente le decía que la carpeta no se había ido por accidente.
Que algo —o alguien— la había borrado deliberadamente.
Cuando se metió a la cama, el monitor apagado reflejó un parpadeo extraño, un destello breve en el que le pareció ver una silueta informe, líquida, como una sombra arrastrándose.
Cerró los ojos con fuerza.
Cuando volvió a mirar, ya no estaba.
Mientras todo esto ocurre, el mundo continúa con su rutina repetitiva y aburrida para algunos, para otros un coctel envenenado de delites y placeres y para otros un trago amargo de hiel y vinagre.
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