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Susurros de Sangre y Deseo - Capítulo 1

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1: Capitulo 1 1: Capitulo 1  “Algunas heridas no sangran…

pero dejan cicatrices que ni el tiempo se atreve a tocar.” Eran finales de agosto, y el cálido viento de verano soplaba desde temprano, jugueteando con los rizos castaños de Danica.

Con su 1.50 de estatura, ojos de un azul profundo y una tez blanca.

Danica destacaba a su manera.

Aún no había desarrollado las curvas prometidas por la adolescencia, pero su personalidad ya era inconfundible; un poco berrinchuda, consentida y con un aire distraído que la hacía parecer siempre en otro mundo.

Era la niña de los ojos de sus padres, al menos hasta que la tragedia golpeó a su hogar.

La muerte de su padre cambió todo.

Su madre, ahora una exitosa diseñadora de modas se sumergió en su carrera, dejando a Danica atrapada en una soledad que parecía infinita.

Esa mañana, Danica caminaba absorta en sus pensamientos, sin percatarse de que sus amigas la saludaban desde lejos.

Sofía y Melisa eran sus mejores amigas desde la infancia; sus lazos se habían forjado en el preescolar, y sus familias compartían momentos importantes como cumpleaños, navidades y las festividades de Año Nuevo.

Sofía tenía un hermano mayor, Liam, quien acababa de cumplir 17 años.

Su reputación era bien conocida por todas; no estaba interesado en relaciones serias.

Sus conquistas eran fugaces, y la mayoría de sus romances duraban apenas una noche.

Por eso, Danica no pudo evitar sentirse desconcertada cuando, ese verano, Liam comenzó a mostrar interés en ella.

¿Era algo pasajero o realmente estaba viendo algo especial en ella?

Esa duda la inquietaba profundamente.

No había compartido esta inesperada atención con Melisa, y mucho menos con Sofía.

La incertidumbre sobre los sentimientos de Liam y el temor a cómo reaccionarían sus amigas la tenían en un estado constante de confusión.

Sofía se detuvo justo frente a Danica, interrumpiendo sus pensamientos de manera abrupta.

Con una sonrisa traviesa y un brillo en los ojos, exclamó con entusiasmo — ¡Estoy emocionada!

Tendremos nuevos maestros, he escuchado que son jóvenes y guapos.

Melisa, siempre pragmática, se colocó al otro lado de Dani mientras caminaban juntas como las tres mosqueteras que solían llamarse.

Con tono sarcástico, comento —Sorpresa, sorpresa… Tienes que dejar de hablar siempre de lo mismo.

No olvides que estuvieron a punto de expulsarte— Dijo Melisa sacudiendo la cabeza— Si no fuera porque tu padre donó una parte importante para la nueva biblioteca, no estuviéramos a punto de iniciar nuestro primer año de preparatoria juntas.

Sofía, con su cabello rubio perfectamente peinado, sus ojos verdes llenos de picardía y unos labios carnosos que parecían siempre listos para sonreír, era el centro de atención dondequiera que iba.

Su figura esbelta y curvas definidas hacían que todos voltearan a verla.

A sus 16 años, Sofía ya tenía una actitud impúdica para su edad, lo que la convertía en la más atrevida del grupo.

— Espero que sean gordos, feos y pelones.

No puedes seguir metiéndote en problemas — comentó Dánica en tono de burla y divertido.

Sin embargo, antes de que la conversación pudiera desviarse más, Danica recordó que no había contado a sus amigas la nueva noticia.

— Además, no les he contado lo que pasó ayer.

Las chicas detuvieron sus pasos al instante y la miraron con curiosidad.

Danica sopló un pequeño rizo rebelde que caía sobre su frente antes de continuar.

— Ayer hablé con Cedric.

Sus padres lo inscribieron también en el Instituto Crisol, y va a entrar al equipo de fútbol americano.

Melisa soltó un grito ahogado de felicidad, tan emocionada que casi saltaba en su lugar  — ¡Esto es tan emocionante!

No puedo creer que en este primer día de clases me des la mejor noticia del mundo.

Cedric era el chico soñado por muchas en su antigua escuela.

Provenía de una familia adinerada cuyos viñedos eran famosos en toda Europa y exportaban a América Latina y Asia.

Su encanto natural y su porte confiado lo hacían irresistible para muchas chicas.

—¡¿Por qué no me lo dijiste antes?!

— preguntó Melisa mientras giraba sobre sí misma, inspeccionando su uniforme con evidente preocupación —.

¿Me veo bien?

—Todas nos vemos iguales –– Danica no pudo evitar soltar una pequeña risa — Claro que no.

Sofía se ve increíble incluso con este horrible uniforme.

Yo parezco una botarga gigante.

— refunfuñó la chica mientras se cruzaba de brazos.

El uniforme del Instituto Crisol era un conjunto distintivo que reflejaba la elegancia y el orden característicos de la institución.

Consistía en una falda azul marino, combinada con una camisa blanca impecable.

Las medias largas blancas y los zapatos negros completaban el atuendo, otorgándole un aire clásico y pulcro.

Durante el invierno, se permitía el uso exclusivo de un suéter azul marino, que llevaba orgullosamente el escudo del instituto bordado.

Este escudo representaba un árbol de cerezo en flor, símbolo de renovación y belleza, con el nombre de la escuela inscrito en su centro, un detalle que evocaba el prestigio y la tradición del lugar.

— Melisa, eres una chica bellísima; claro que te ves increíble con el uniforme — comentó Danica con una sonrisa traviesa, mientras resoplaba ligeramente.

— Además, tengo información confiable de que Cedric se cambió de escuela por una chica.

Aunque, claro, aún no sabemos quién es esa chica — añadió guiñándole un ojo.

Las tres amigas estallaron en risas mientras caminaban hacia el instituto, disfrutando de la fresca mañana.

Era uno de esos días en los que el sol brillaba lo suficiente como para iluminar los rostros, pero no tanto como para derretir el maquillaje de Sofía, que siempre estaba impecable.

Melisa, con su cabello pelirrojo corto y su andar despreocupado, era el centro de atención, aunque ella parecía no darse cuenta.

Su figura, que podría haber sido esculpida por los mismísimos dioses del Olimpo, atraía miradas por donde pasaba.

Pero, por alguna razón inexplicable del universo, a Cedric, el chico que la volvía loca, no le interesaba en lo más mínimo.

Hace unas semanas, Cedric le había confesado a Danica que estaba completamente enamorado de Sofía y que este año planeaba conquistarla.

Pero para Sofía ese barco ya había zarpado.

Su corazón seguía atado a Leandro, quien se había marchado tiempo atrás, dejándola con un vacío emocional que llenaba con fiestas y relaciones pasajeras.

Para ella, el amor ya no era una prioridad.

Si alguien entendía ese sentimiento de desamor, era Danica.

–– Chicas, lo había olvidado por completo –– dijo Sofía de repente, deteniéndose a unos metros de la entrada del instituto.

–– Escuché que la familia De La Marca está de regreso en la ciudad.

Melisa hizo una mueca, mientras intercambiaba miradas entre Sofia y Danica; ambas con el corazón roto por un hermano De La Marca.

Sofia al soltar la información parecía nerviosa.

Danica mantuvo una expresión imperturbable.

Sin decir nada, simplemente se encogió de hombros y siguió caminando como si no hubiese escuchado ese apellido que tanto le removía el alma.

Ese apellido que, en secreto, podía ser la razón por la que las cosas con Liam no iban del todo bien.

El aire se congeló.

Bueno, no literalmente, pero así se sintió para Danica.

Melisa levantó una ceja mientras miraba a sus amigas.

Sabía perfectamente lo que ese apellido significaba para ambas.

Sofía y Leandro habían tenido un romance casi desde que se conocieron y bueno.

Mientras tanto, Danica.

Alessandro era un tema que mejor no tocar si no querías que te lanzara una mirada fulminante.

–– Aparentemente, el Señor Carlo De La Marca va a comprometerse con una mujer misteriosa ––– continuó.

–– ¿Y qué?

–– dijo Danica encogiéndose de hombros con una calma fingida que ni ella misma se lo creía.

–– No es como si fueran la realeza o algo así.

–– ¿Quién aceptaría casarse con un hombre tan extraño y peligroso?

–– preguntó Melisa mientras balanceaba su bolso de un lado a otro con curiosidad.

Carlo De La Marca era conocido como el viudo millonario más deseado del mundo y magnate de los diamantes, al menos según la revista *PEOPLE*, pero era un secreto a voces que la familia De La Marca tenía nexos con la mafia italiana.

Nadie en su sano juicio se atrevía a confrontarlos; incluso las autoridades parecían mirar hacia otro lado cuando se trataba de ellos.

Para Danica, sin embargo, ese apellido evocaba algo más profundo: un veneno dulce del que nunca había podido escapar.

Alessandro De La Marca, había marcado profundamente a Danica cuando apenas tenía 14 años.

Él, con 26 años y ya inmerso en la universidad y los negocios familiares, parecía inalcanzable.

Sin embargo, después de varios encuentros furtivos y miradas cargadas de emociones contenidas, Alessandro finalmente confesó que sentía algo por ella, aunque su manera de amar rozaba la obsesión.

Era protector hasta la paranoia, celoso hasta lo enfermizo.

Danica no entendía del todo el mundo oscuro al que se estaba entregando; solo sabía que cuando Alessandro la miraba, sentía que el resto del universo se disolvía.

Durante un año entero mantuvieron una relación clandestina, tejida entre susurros prohibidos y llamadas a deshoras que no admitían un ‘no’ como respuesta.

Alessandro no solo era su primer amor; era su dueño en un mundo donde la voluntad ajena no significaba nada frente a su apellido.

Todo se derrumbó el día que decidió sorprenderlo con una visita inesperada.

Lo que encontró al llegar al departamento fue devastador.

En ese instante comprendió la verdadera razón por la que Alessandro nunca había querido formalizar su relación: no era miedo al qué dirán ni temor a su padre.

La verdad era mucho más cruel: ella nunca había sido su única opción.

El sol se ocultaba lentamente tras los edificios de la ciudad, tiñendo el cielo de tonos sangrientos.

Danica, sentada en su habitación con el teléfono en la mano, miraba la pantalla sin pestañear.

Había pasado más de una hora desde su última conversación con Alessandro, y aunque intentaba concentrarse, su mente seguía atrapada en sus palabras: –– No entiendes lo que provocas, Dani.

No sabes lo que haces cuando te niegas a mí –– había gruñido Alessandro al otro lado del teléfono, su voz baja, peligrosa.

–– ¡Porque no todo se trata de ti, Alessandro!

–– había replicado ella, su voz vibrando de emoción reprimida.

La llamada terminó abruptamente, cortada por él sin más, dejándola sumida en un silencio gélido que le caló hasta los huesos.

Ese silencio fue lo que la impulsó a actuar.

Decidió ir a verlo.

Cara a cara.

Necesitaba creer que lo suyo aún podía salvarse.

Se puso una chaqueta ligera y tomó el autobús hacia el centro.

Mientras se aferraba a la baranda del transporte, algo dentro de ella —una voz pequeña, casi ahogada— le susurraba que no debía ir, que lo que encontraría allí sería peor que cualquier pelea.

Cuando llegó al edificio, subió las escaleras apresuradamente.

Sostuvo la llave que él le había dado como una promesa en la palma sudorosa de su mano.

Dudó.

Luego giró la cerradura.

El departamento la recibió con un silencio incómodo y el perfume dulzón de alguien más.

Ropa ajena en el sofá.

Botellas de vino vacías.

Dos copas aún húmedas sobre la mesa.

El latido en sus oídos era ensordecedor cuando escuchó risas ahogadas provenir del dormitorio.

Como si su cuerpo ya no le perteneciera, se obligó a caminar hacia el sonido.

Empujó la puerta.

Y su mundo se rompió.

Alessandro estaba allí, con otra mujer en su cama.

Una mujer de cabello oscuro, labios rojos como sangre fresca, que al verla esbozó una sonrisa maliciosa.

–– ¡ALESSANDRO!

–– gritó Dani, su voz desgarrándose en el aire.

Alessandro se giró abruptamente, los ojos abriéndose con algo más que culpa: había furia en su mirada, como si ella fuera la intrusa y no la víctima.

Se cubrió apresuradamente, murmurando maldiciones.

–– ¿Quién es esta niñita?

¿Tu mascota?

–– se burló la mujer, estirándose perezosamente en la cama.

–– ¡Cierra la maldita boca!

–– rugió Alessandro, pero no apartó la vista de Dani.

Ella retrocedió, el alma desmoronándosele en pedazos.

–– ¡No puedo creerlo!

¡Eres un mentiroso!

¡Un cobarde!

–– gritó, su voz quebrándose en un sollozo ahogado.

–– Dani, no.

¡No puedes irte!

–– Alessandro atravesó la habitación en tres zancadas, agarrándola del brazo con fuerza.

Sus dedos se clavaron en su piel, posesivos, desesperados.

–– Escúchame.

No entiendes.

Tú eres mía –– susurró, el tono aterciopelado pero oscuro como una amenaza.

Ella forcejeó, liberándose de su agarre.

–– ¡Suéltame!

¡No soy tuya!

¡No después de esto!

La cachetada resonó entre ellos como una sentencia.

Alessandro no se inmutó.

Solo la miró, respirando agitadamente, los ojos grises encendidos de una rabia contenida.

–– Puedes odiarme todo lo que quieras, Dani –– dijo, su voz ronca, casi íntima ––, pero no vas a librarte de mí tan fácil.

Ella salió corriendo, bajando las escaleras sin atreverse a mirar atrás.

En el eco lejano, aún podía oírlo llamándola, su voz grave y rota.

Al llegar a casa esa noche, encontró a su madre sentada en la sala con los ojos rojos e hinchados de llorar.

Dani no tuvo fuerzas para preguntar qué había pasado; simplemente subió a su habitación y se encerró allí hasta el amanecer.

Fue entonces cuando su madre entró para darle una noticia que cambiaría su vida para siempre: su padre había tenido un accidente automovilístico fatal esa misma noche mientras regresaba del trabajo.

El mundo de Danica se desmoronó por completo en cuestión de horas.

Perdió a su padre, al hombre que creía amar y hasta a su madre, quien quedó emocionalmente ausente tras la tragedia.

La familia de La Marca se marchó del país ese mismo día.

No volvió a ver a Alessandro.

Era el 17 de septiembre, una fecha que quedaría grabada en su memoria como un recordatorio imborrable de pérdida y desilusión.

Con el corazón roto y una vida llena de preguntas sin respuesta, Dani se enfrentó a un mundo que ya no reconocía como suyo.

Y esa fue la noche en que lo perdió todo.

Los hermanos De la Marca dejaron más que un par de corazones rotos al marcharse.

Leandro ni siquiera se despidió de Sofía, y mucho menos de Danica; ambas quedaron sumidas en un mar de dudas y silencios.

Cada una enfrentaba el dolor a su manera, intentando darle sentido al vacío que los hermanos dejaron tras de sí.

Melisa, sin embargo, no compartía ese corazón roto.

Ella apenas estaba descubriendo lo que significaba sentir mariposas en el estómago y esa chispa que recorre la piel cuando alguien especial te roza la mano.

Todo comenzó en una fiesta en la casa de los De la Marca, una noche que nunca olvidaría.

Fue un accidente, un cruce de miradas inesperado con Cedric.

En ese instante, el mundo pareció detenerse.

Ella tímida, le brindo una de sus sonrisas encantadoras, y sus ojos sus mejillas se encendían, ocultando sus pecas bajo un rubor intenso que hacía juego con el rojo de su cabello.

Cedric no presto mucha atención al momento.

Para el había sido un momento cualquiera en una fiesta, pero para melisa ese encuentro había sido mágico.

–– Pero cambiando a temas más importantes… ¡este año, por fin, estaremos en nuestra primera fiesta de preparatoria!

–– Melisa no podía contener su emoción y dio un pequeño salto de alegría.

A pesar de sus palabras y entusiasmo, seguían siendo unas niñas jugando a ser adultas, aunque el mundo alrededor las empujara a crecer más rápido.

–– No tienen idea de cuánto he esperado para ser invitada a la fiesta anual de regreso a clases que organiza Cedric –– confesó Melisa con un brillo especial en los ojos.

Para ella, esta era más que una simple fiesta; era su oportunidad, su momento para acercarse a Cedric, ese chico que ocupaba todos sus pensamientos desde hace algunos años.

Después de ese pequeño momento de diversión, el grupo continuo su camino al instituto en un silencio reflexivo.

Dani no podía evitar pensar en Alessandro, aquel chico que había sido una tormenta en su vida: intenso, fugaz y devastador.

Ahora estaba de vuelta en la ciudad, y ella no sabía si lo que quería era venganza o simplemente volver a tenerlo cerca.

Sofía, por su parte, se preguntaba cómo reaccionaría Leandro al verla ahora.

Ella había cambiado; se había vuelto más despreocupada con los chicos y solo buscaba divertirse.

Pero conocía bien a los hermanos de La Marca: eran territoriales con las mujeres que consideraban suyas.

Y Melisa.

Bueno, Melisa vivía en su propio mundo de ensueño, completamente enamorada de Cedric.

El Instituto Crisol era imponente en todos los sentidos.

Una enorme explanada lo rodeaba, con un jardín principal lleno de mesas, bancos y pequeños quioscos donde los estudiantes podían reunirse para convivir o trabajar en sus tareas.

El edificio principal, construido horizontalmente, tenía tres pisos dedicados a la secundaria: aulas, comedor, enfermería, teatro y oficinas administrativas.

La preparatoria estaba conectada internamente a un edificio vertical más moderno que albergaba las aulas superiores, un auditorio y un comedor interior exclusivo para los alumnos mayores.

En el corazón del campus se encontraba un comedor al aire libre y otro jardín reservado para los estudiantes de preparatoria.

Más allá del edificio principal estaba el gimnasio, una enorme estructura multifuncional con una alberca olímpica y áreas destinadas a porristas y gimnasia rítmica.

Al fondo del campus, cruzando un sendero boscoso y un extenso jardín lleno de flores, se encontraba una construcción olvidada: lo que alguna vez se planeó como la universidad del instituto.

El proyecto nunca se concretó, y ahora ese edificio permanecía como un recordatorio silencioso de sueños inconclusos.

El Instituto tenía una historia rica y antigua.

Fundado hace más de un siglo por la familia Crisol, había pasado de generación en generación, preservando el bosque que rodeaba la propiedad como una barrera natural.

Desde el exterior, lo único visible era esa muralla verde e impenetrable, como si protegiera un mundo aparte lleno de secretos y promesas por descubrir.

Danica se detuvo en seco justo antes de entrar al salón.

Allí estaba Liam, esperándola con una expresión que mezclaba ansiedad y algo más, ¿ira tal vez?

Su semblante la desconcertó al instante.

–– Podemos hablar –– dijo él, casi en un susurro, pero con una firmeza que no admitía un no por respuesta.

La mirada de Sofía, quien había estado caminando junto a Danica, se tornó inquisitiva al instante.

No era la primera vez que su hermano actuaba de forma extraña últimamente, y no iba a dejar pasar la oportunidad de indagar.

–– ¿Qué pasa, Liam?

–– preguntó Sofía con tono asertivo, entrecerrando los ojos mientras cruzaba los brazos.

–– ¿Otra vez confundiste tu celular con el de Dani?

–– Sus ojos iban de su hermano a su amiga, con una sospecha palpable.

–– ¿Hay algo que debería saber?

–– añadió, tensando aún más el ambiente.

Danica, rápida como siempre para salir de situaciones incómodas, dejó escapar una risa nerviosa y tomó la palabra antes de que Liam pudiera responder.

–– ¡Amiga!

No es posible que no podamos planear una sorpresa para tu cumpleaños sin que termines interrogándonos como si fueras la policía.

–– Su tono fue lo suficientemente convincente como para desarmar a Sofía, cuya expresión pasó del enojo a la sorpresa en cuestión de segundos.

Finalmente, su rostro se tornó apenado.

–– No te preocupes –– añadió Dani, guiñándole un ojo a su amiga.

–– Aun así, será una sorpresa.

Sofía soltó una risita incómoda y se despidió, dejándolos solos.

Apenas estuvieron fuera del radar de Sofía, Liam tomó a Danica por la muñeca con brusquedad y la arrastró hacia la parte trasera del edificio de gimnasia.

La confusión de Dani aumentaba con cada paso.

–– ¿Tú lo sabías?

–– espetó Liam con un tono agresivo que hizo eco en las paredes del lugar.

Danica se recargó contra la pared, soltando su bolso al suelo con un gesto de exasperación.

–– ¿De qué demonios estás hablando?

–– replicó ella, su tono cargado de molestia.

Liam permaneció de espaldas durante unos segundos, respirando profundamente como si intentara contenerse.

Pero cuando finalmente se giró para mirarla, sus ojos ardían con una furia que hizo que Danica retrocediera instintivamente.

Estuvo a punto de decir algo, pero decidió callar.

¿Qué podía decir en ese momento?

No entendía nada.

No se habían visto en una semana porque él había decidido irse de viaje con sus amigos sin siquiera avisarle, y ahora regresaba con un enojo inexplicable.

–– No sé qué te pasa –– dijo ella finalmente, cruzándose de brazos y haciendo un puchero.

–– Pero si alguien debiese estar molesta aquí, soy yo.

Liam pareció perder aún más el control.

En un movimiento rápido, acortó la distancia entre ellos, tomó a Danica por la nuca y la besó.

Fue un beso apasionado, invasivo, cargado de emociones contradictorias.

Danica quedó paralizada por unos segundos, incapaz de procesar el repentino cambio en la actitud de Liam.

–– Dani…

te deseo –– murmuró él contra su cuello mientras sus labios recorrían su piel.

Ella se apartó bruscamente, empujándolo con ambas manos.

Su confusión había dado paso al miedo y al desconcierto.

–– ¿Qué está pasando?

–– exigió ella con firmeza.

–– Me estás asustando.

Primero me reclamas algo que no entiendo y ahora me dices que me deseas.

¡Explícate!

Liam pareció vacilar por un momento antes de soltar las palabras que habían estado atormentándolo.

— Los de La Marca compraron el Instituto.

El mundo de Danica pareció detenerse por completo.

Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo mientras procesaba lo que acababa de escuchar.

— Me vas a decir que no sabías— escupió Liam con desprecio, sus puños temblando de rabia.

— Mi padre iba a comprarlo.

Hasta Carlo de La Marco hizo una mejor oferta.

Danica parpadeó varias veces, tratando de entender por qué esa noticia era tan importante para él.

Su padre en algún momento expreso su interés por comprarlo, pero días después ocurrió su accidente y no pudo completar la compra, pero nunca imaginó que eso desataría semejante reacción en Liam.

— ¿Me estás diciendo que todo este drama es porque Alessandro compró la propiedad?

— preguntó ella finalmente, tratando de mantener la calma.

––¡No es solo eso!

–– explotó finalmente.

–– ¡Es él!

¡Es Alessandro!

Tú sabes lo que significa para mí.

Siempre una sombra entre nosotros.

Danica lo miró fijamente, tratando de descifrar el caos detrás de sus palabras.

Pero no había tiempo para entenderlo todo.

Algo dentro de ella hizo clic en un instante.

Tal vez saber que Alessandro regreso, tal vez era la incapacidad de lidiar con las emociones volátiles de Liam.

Fuera lo que fuera, tomó una decisión.

— Me has dejado claro que las cosas entre nosotros no van a funcionar —continuó Danica, recogiendo su bolso del suelo con movimientos torpes pero decididos.

–– Gracias por hacer esto más fácil.

No me busques más.

Se giró y comenzó a caminar hacia el edificio principal, ignorando los gritos desesperados de Liam detrás de ella.

–– ¡Tú no lo entiendes!

––– vociferaba él.

–– ¡Los De La Marca no son lo que parecen!

¡Son unos gánsteres que matan a quien quieren y desaparecen a quien les estorbe!

Danica siguió caminando sin voltear atrás, tratando de bloquear las palabras de Liam.

Pero entonces escuchó algo que la dejó helada.

–– ¡COMO TU PADRE!

Su cuerpo se tensó al instante.

El aire se volvió pesado, casi irrespirable.

Un recuerdo olvidado emergió con violencia.

La puerta principal cerrándose de golpe.

El sonido apresurado de pasos subiendo la escalera.

Ella, llorando en su habitación, con el corazón roto por Alessandro, sin entender aún que había dolores mucho más grandes.

La puerta se abrió sin aviso.

Era su madre, pero no era la mujer fuerte y luminosa que conocía.

Era apenas un suspiro de ella misma, con los ojos rojos, las manos temblorosas.

Danica se incorporó de inmediato, el instinto de protegerla superando su propia tristeza.

–– Mamá… ¿qué pasa?

–– preguntó con la voz temblorosa.

Su madre cruzó la habitación como en un trance, se sentó en la cama y tomó sus manos.

Su mirada era tan triste, tan rota, que Danica sintió un miedo atroz apoderarse de su pecho antes de escuchar siquiera una palabra.

–– Es tu padre… –– susurró su madre, y en esa frase cortada, el mundo de Danica se resquebrajó para siempre.

El presente la golpeó de nuevo.

Sin mirar atrás, echó a correr hacia los jardines, ignorando los gritos de Liam que la llamaban, con el alma hecha jirones y una verdad aún más oscura acechando su corazón.

Mientras las lágrimas nublaban su vista, Danica entendió que ese era solo el principio.

Porque los secretos enterrados nunca permanecen ocultos para siempre…

y esta vez, amenazaban con destruirlo todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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