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Susurros de Sangre y Deseo - Capítulo 2

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2: Capitulo 2 2: Capitulo 2  “Hay momentos que cambian el curso de una vida…

y otros que encienden fuegos imposibles de apagar.” El auditorio estaba abarrotado.

Sofía y Melisa se encontraban sentadas juntas, sus miradas recorriendo el tumulto de estudiantes que llenaban cada rincón del salón.

Había un aire de expectación en el ambiente, como si todos esperaran algo grande, algo que podría cambiarlo todo.

El nuevo director había hablado a través de las bocinas, anunciando que tenía una noticia importante para los alumnos de primer año de preparatoria.

Sin embargo, ni Sofía ni Melisa habían logrado encontrar a Dani, Cedric o a algún rostro familiar entre la multitud.

La sensación de desconcierto era palpable.

De pronto, un sonido metálico inundó el espacio, seguido por una voz firme y autoritaria que resonó en los parlantes del auditorio.

–– Silencio, por favor.

Vamos a comenzar –– dijo la voz, logrando que el bullicio se transformara en un silencio expectante.

Todas las miradas se dirigieron al escenario principal, donde un hombre elegante y de porte distinguido se encontraba de pie frente al micrófono.

Su presencia irradiaba confianza y autoridad.

–– Para quienes aún no me conocen, soy el Doctor Alessandro de La Marca –– continuó, con un tono que mezclaba seriedad y carisma.

Al escuchar su nombre, un murmullo recorrió la sala como una ola.

No era para menos.

La familia De La Marca era conocida por su famosa línea de joyería fina, una marca que evocaba lujo y exclusividad.

Sus piezas eran tan exquisitas que incluso la más sencilla joya de su colección era objeto de deseo para muchos.

Alessandro no era solo un hombre influyente; era prácticamente una leyenda viviente en el mundo del diseño y los negocios.

El director hizo una pausa breve, dejando que los murmullos se apagaran antes de continuar.

–– Yo fui estudiante en esta escuela.

Aquí comenzaron mis sueños, aquí di mis primeros pasos hacia lo que soy hoy.

Cuando me enteré de que esta institución estaba a punto de ser vendida y demolida, no pude quedarme de brazos cruzados.

Este lugar significa demasiado para mí — confesó con una sinceridad que conmovió a más de uno en el público.

Un aplauso espontáneo surgió de los estudiantes y profesores presentes.

Alessandro levantó su mano izquierda con elegancia para pedir silencio nuevamente, y la sala obedeció al instante.

–– He decidido tomar cartas en el asunto y hacer algo maravilloso por este lugar que tanto me inspiró –– continuó, con una sonrisa apenas perceptible en sus labios –– Hemos retomado un proyecto que en su momento fue innovador pero no funcional.

Hoy tengo el placer de anunciarles que esta preparatoria se convertirá en un internado.

Las palabras cayeron como un relámpago sobre la audiencia.

Un nuevo murmullo se extendió entre los estudiantes.

Algunos intercambiaban miradas desconcertadas, otros parecían completamente perdidos ante la idea, pero había un pequeño grupo que no pudo contener su entusiasmo.

Entre ellos estaban Sofía y Melisa, quienes ahogaron un grito emocionado mientras se miraban con ojos brillantes.

Sabían de la relación de Danica con Alessandro, pero jamás imaginaron que él podría ser tan posesivo y controlador como parecía ser.

Y esa faceta de él comenzaba a ser palpable con la forma en que estaba tomando el control de todo.

–– Sé que esto es algo nuevo para todos ustedes –– prosiguió Alessandro, consciente del impacto de su anuncio –– Pero quiero que sepan que esta decisión no se ha tomado a la ligera.

Sus padres ya han firmado los acuerdos necesarios y todo se llevará a cabo mediante una transición ordenada.

En ese momento, una pantalla enorme descendió detrás del director, proyectando imágenes nítidas y detalladas de lo que serían los nuevos dormitorios del campus.

Mostraban un edificio imponente, moderno y perfectamente diseñado.

Las ventanas de cristal reflejaban la luz del sol, mientras que las áreas verdes que lo rodeaban parecían sacadas de una postal.

La emoción en el ambiente era palpable; los murmullos ansiosos de los estudiantes se transformaron en un silencio expectante cuando el nuevo director tomó la palabra.

–– Estos serán sus hogares durante su estancia en el internado –– explicó Alessandro con un tono cálido, casi paternal.

En la pantalla, las habitaciones aparecieron una a una, mostrando su diseño tipo loft.

Cada espacio estaba cuidadosamente planeado: una pequeña sala acogedora con un sofá moderno, un escritorio minimalista junto a una ventana amplia, una cocineta funcional con acabados en acero inoxidable, y al fondo un baño privado.

En el segundo nivel, se podía observar una cama perfectamente tendida y un armario que prometía espacio suficiente para cualquier estudiante.

Cada espacio parecía haber sido pensado para ofrecer comodidad y fomentar la creatividad.

Sofía y Melisa apenas podían contener su emoción.

La idea de vivir en un internado les parecía una aventura sacada de un libro o una película.

Mientras observaban las imágenes en la pantalla, sus mentes ya comenzaban a imaginar cómo sería su vida en ese nuevo entorno: las amistades, las experiencias, los retos y las oportunidades que les esperaban.

Sin embargo, no todos compartían su entusiasmo.

En las filas cercanas, algunos estudiantes susurraban preocupados sobre lo que implicaría este cambio para sus vidas y rutinas.

Otros simplemente permanecían en silencio, procesando la noticia con expresiones indescifrables.

El Doctor Alessandro de La Marca permaneció firme en el escenario, observando las reacciones con una mezcla de orgullo y determinación en su rostro.

Sabía que no sería fácil para todos adaptarse al cambio, pero también estaba convencido de que esta transformación sería el inicio de algo extraordinario.

–– De lado derecho estarán las señoritas y de lado izquierdo estarán los caballeros.

Las habitaciones serán individuales –– anunció con una voz firme pero amable.

–– Estamos implementando esta zona con el fin de prepararlos para las nuevas etapas de su vida.

Esta primera semana será de adaptación.

Durante este tiempo, permanecerán cinco días dentro del campus.

Además, hemos añadido cafeterías adicionales en la sección del jardín, así como una pequeña sucursal de “Le’ Roche” –– continuó el director.

El auditorio estalló en gritos de alegría.

“Le’ Roche” era conocido por ser el mejor restaurante de la ciudad, y ahora tendría un espacio exclusivo dentro del instituto.

La noticia era casi demasiado buena para ser verdad.

–– Por favor, todos los estudiantes de preparatoria diríjanse a la sección de dormitorios para que les sea asignado su espacio –– concluyó el director antes de salir del auditorio con paso decidido, dejando tras de sí un mar de estudiantes emocionados.

La euforia se desbordó.

Una oleada de estudiantes se apresuró a abandonar el auditorio, llenando los pasillos con risas y conversaciones emocionadas.

Entre ellos, Danica caminaba en dirección contraria, tratando de procesar todo lo que acababa de escuchar.

Las palabras de Liam resonaban en su mente como un eco confuso, y antes de que pudiera reaccionar, alguien tomó su mano, arrastrándola hacia la multitud.

–– ¡Dani!

–– exclamó Mel con una sonrisa tan amplia que parecía iluminar todo el pasillo––.

No sabes lo que te perdiste.

¡Es la noticia más grande que hemos recibido!

Y además…

¡quién nos la dio!

— ¿Alessandro?

—preguntó Danica en un susurro apenas audible.

Mel y Sofía intercambiaron miradas cómplices antes de que Mel continuara con entusiasmo — El instituto será un internado.

Dormiremos en la sección que antes era de la universidad.

¡Las habitaciones son increíbles!

Justo ahora vamos camino a que nos asignen una.

Danica intentó esquivar a Mel, pero la fuerza de su amiga era demasiada.

Sintió cómo la mano de la joven tiraba de ella con entusiasmo, llevándola en dirección opuesta al caos que comenzaba a formarse en los pasillos.

No estaba lista para compartir esa emoción.

No hoy.

— ¡Dani, de verdad!

¡Es increíble!

—insistió Mel, casi saltando de la emoción, mientras seguían empujando a otros estudiantes que se apresuraban para que les asignaran una habitación.

La idea de vivir en el campus de internado parecía fascinante, pero Danica no podía concentrarse en nada que no fuera la angustia que comenzaba a subirle por la garganta.

El nombre de Alessandro resonaba en su mente, junto con las imágenes de aquel hombre que había sido parte de su vida, una presencia que había dejado una marca en ella que no podía borrar.

¿Cómo podía estar ahí, frente a ella, tan distinto, tan distante?

El mismo hombre que había destrozado todo lo que ella pensaba saber sobre el mundo.

— ¡Vamos, Dani!

¡Solo imagina!

—Melisa insistió, ignorando la tensión palpable de su amiga.

Danica se detuvo en seco y la miró con una expresión cargada de melancolía.

— Mel…

No entiendo cómo puedes estar tan emocionada —dijo en voz baja, su tono cargado de una tristeza apenas contenida—.

¿Sabes lo que significa esto para mí?

—preguntó, mientras sus ojos se deslizaban hacia el final del pasillo, donde vio a Alessandro rodeado de algunos miembros del personal, dando órdenes.

Melisa frunció el ceño, sorprendida por la seriedad en la voz de Danica.

De repente, entendió que el entusiasmo de su amiga no era porque estuviera preocupada por las nuevas instalaciones o los beneficios del internado.

— Dani…

—comenzó Melisa, pero Danica la interrumpió.

— No entiendo que es lo que pretende — Dijo Danica apenas en un susurro — Detesto que aparezca como si nada hubiera pasado.

Melisa la miró fijamente, sin palabras, dándose cuenta de lo egoísta que había sido al no pensar en los sentimientos de su amiga, al estar tan emociona con la noticia.

El ambiente a su alrededor parecía desvanecerse mientras Danica, perdida en sus pensamientos.

Sin decir nada más, logro soltarse del agarre de su amiga Necesitaba aire, espacio para pensar.

Llegó a su casillero, abrió la puerta metálica y sacó sus patines.

Siempre los llevaba consigo; eran su refugio, su escape cuando el mundo parecía demasiado abrumador.

Con su bolsa al hombro, salió del edificio y dejó atrás el caos del instituto.

El sol del final del verano acarició sus mejillas mientras los rayos se filtraban entre las copas de los árboles.

Respiró hondo y por primera vez en horas sintió que podía pensar con claridad.

¿Por qué Alessandro había regresado?

¿Por qué se había ido en primer lugar?

Las preguntas se acumulaban en su mente como nubes oscuras antes de una tormenta.

Y luego estaba Liam…

¿qué significaba lo que había insinuado?

¿Los De La Marca habían tenido algo que ver con el accidente de su padre?

Era una idea imposible de ignorar, pero al mismo tiempo, demasiado dolorosa para enfrentar.

El segundo aniversario de la muerte de su padre estaba a solo dos meses de distancia, y la herida seguía tan fresca como el día en que ocurrió.

Su madre apenas estaba en casa; siempre ocupada con el trabajo o perdida en sus propios pensamientos.

Danica se sentía sola, atrapada en un torbellino de incertidumbre y emociones encontradas.

Se impulsó sobre sus patines y comenzó a deslizarse por las calles vacías.

El viento fresco despeinaba su cabello mientras trataba de dejar atrás sus pensamientos, aunque sabía que era inútil.

Alessandro estaba de vuelta en la ciudad, y con él habían regresado los fantasmas del pasado.

Danica llegó a su casa con la mente en otro lugar, distraída por completo.

Tanto era su ensimismamiento que no notó el caos que se desarrollaba frente a sus ojos: muebles siendo cargados, cajas apiladas en la entrada y una actividad frenética que no correspondía a la tranquilidad habitual de su hogar.

Fue entonces cuando, sin darse cuenta, chocó de lleno con alguien.

El impacto la dejó sentada en el suelo, aturdida.

–– ¡Danica!

¡Deberías estar en el instituto!

–– La voz inconfundible de su madre resonó por encima del bullicio.

Danica levantó la vista, aún confundida, y se encontró cara a cara con Leandro De La Marca, su mejor amigo de la infancia.

Hacía casi dos años que no lo veía.

–– Tú nunca dejas que nadie te dé una sorpresa, ¿verdad?

–– comentó Leandro con una sonrisa socarrona mientras le ofrecía la mano para ayudarla a levantarse.

–– ¿Qué está pasando aquí?

–– preguntó Danica, mirando a su alrededor con desconcierto.

–– ¿Nos estamos mudando?

–– Había algo surrealista en ver a su viejo amigo sacando cosas de su casa.

–– ¿Como deberías saber?, tu obligación es estar en la escuela –– interrumpió su madre, Nicole De Marie, con ese tono autoritario que tanto irritaba a Danica.

La chica rodó los ojos y murmuró para sí misma: “Como si tú supieras lo que es una obligación”.

Pero su madre, con esa mirada que podía atravesar paredes, la fulminó.

–– Estoy cansada de tu actitud, jovencita –– dijo Nicole, deteniéndose frente a ella.

–– Te lo diré de una vez; me voy a casar con Carlo De La Marca.

Viviremos juntos.

En familia y no quiero nada de esa actitud de niña ruda por aquí –– bufó su madre.

Danica sintió que el suelo se desmoronaba bajo sus pies.

¿Carlo De La Marca?

¿El padre de Leandro y Alessandro?

¿Su madre era la misteriosa figura femenina que había conquistado al magnate?

Ahora no solo tendría un padrastro, sino también dos hermanastros.

La receta perfecta para el desastre.

–– Tus cosas ya fueron enviadas al instituto –– continuó Nicole como si estuviera leyendo una lista de compras.

–– Alessandro se tomó la libertad de escoger un dormitorio para ti.

Por cierto, él es el nuevo director y dueño del instituto –– La miró de arriba abajo con desaprobación.

Danica abrió la boca para protestar, pero las palabras no salieron.

Leandro tuvo que sostenerla para evitar que cayera al suelo.

La situación la estaba consumiendo.

–– También sé que pronto cumplirás 18 años –– añadió Nicole con un tono despectivo.

–– 17, madre –– corrigió Danica con fastidio.

–– Bueno, 17 años.

Encontré un departamento increíble.

Tenemos cita para verlo el miércoles.

Y con eso, Nicole desapareció entre el caos de la mudanza, dejando a Danica sola con Leandro.

–– Por favor, explícame qué está pasando –– pidió Danica, todavía aturdida.

Leandro suspiró y asintió.

Había estado ayudando a Nicole durante semanas y conocía bien el carácter de la mujer: una rubia elegante de ojos azules, siempre impecable y con un aire de superioridad que podía intimidar a cualquiera.

Era una diseñadora de moda que había conquistado Italia recientemente, pero también era pretenciosa, manipuladora y egoísta.

En resumen, insufrible.

–– Vamos a caminar un poco –– sugirió Leandro.

Danica asintió sin decir palabra.

Aquel día había sido un torbellino de emociones contradictorias, y no sabía si quería hablar o si simplemente necesitaba un poco de espacio.

Subió por última vez a su habitación y se cambió rápidamente.

Escogió un vestido blanco ligero que caía con gracia sobre su figura, su suavidad contrastaba con el caos en su mente.

Un cárdigan azul cielo adornaba su torso, resaltando la intensidad de sus ojos, y unos tenis blancos completaban el conjunto.

El conjunto era sencillo, pero perfecto para los momentos cuando todo parecía demasiado.

Tomó la primera bolsa que encontró en su escritorio, una que había dejado tirada en su habitación días antes, y comenzó a bajar las escaleras.

A cada paso que daba, sentía cómo la nostalgia la invadía.

Aquella era la casa que había conocido desde pequeña, el lugar donde había compartido risas, peleas y recuerdos con su padre.

Ahora lo dejaba atrás sin previo aviso, como si todo lo que había conocido se desmoronara.

Leandro y Danica caminaron en silencio hasta llegar al parque cercano, el camino bordeado por árboles altos que lanzaban sombras refrescantes sobre el asfalto caliente.

Se sentaron en los columpios, como solían hacer cuando eran niños, con las piernas oscilando al ritmo de sus pensamientos.

–– Nuestros padres están enamorados –– soltó Leandro de repente, como si no pudiese contenerlo más.

Danica lo miró incrédula, sin saber si había entendido bien.

–– ¿En serio?

–– preguntó, con el ceño fruncido.

–– No sé si estoy lista para aceptar eso.

Leandro la miró con una ligera sonrisa, aunque sus ojos reflejaban la misma mezcla de confusión y temor que Danica sentía.

–– No sé exactamente cómo pasó –– continuó él, jugando con los hilos de su camiseta.

–– Estábamos en Italia; mi padre salía con una modelo, pero fue a un desfile de modas y ahí se reencontró con tu madre.

Todo fue muy rápido, ¿sabes?

–– ¿De todas las personas con las que podría rehacer su vida?

–– murmuró Danica con sarcasmo, aunque su voz estaba teñida de algo más: miedo.

Leandro se encogió de hombros con una sonrisa tranquila, como si la situación no fuera tan difícil para él.

–– Oye, ahora sí serás mi hermana –– bromeó Leandro mientras le revolvía el cabello, una vieja costumbre de su infancia.

Danica suspiró, el gesto de Leandro casi provocándole una sonrisa a pesar de la incomodidad en su pecho.

No quería un padrastro, no quería nuevos hermanos.

Odiaba los cambios, siempre los había odiado.

La estabilidad de su vida, aunque imperfecta, se desmoronaba sin previo aviso.

–– En fin –– añadió Leandro con un tono más serio.

–– Desde la muerte de mi madre no había visto a mi padre tan feliz.

Nosotros vamos a intentarlo…

Espero que tú también lo hagas.

Danica desvió la mirada hacia el horizonte, sus pensamientos nublados por el dolor de la pérdida y la confusión del presente.

Sabía que Leandro hablaba desde el corazón, pero las palabras no conseguían aliviar el peso que sentía sobre sus hombros.

La madre de Leandro había muerto durante el parto de su tercer hijo, una niña que no sobrevivió más allá de unas horas.

Leandro tenía solo diez años en ese entonces; Alessandro veintidós.

Fue en ese momento cuando Carlo decidió dejar la ciudad y poner a Alessandro al frente de las empresas familiares.

Para sorpresa de muchos, Alessandro había logrado salvarlas gracias a un diamante único, conocido como “Gotas de Luna”.

Esa joya había revolucionado el mercado, convirtiendo a la familia De La Marca en una leyenda en el mundo de la joyería.

–– Tu madre pasó varios meses con nosotros en Italia, planeando la boda –– confesó Leandro, rompiendo el silencio.

Danica recordó aquellos meses en los que su madre había estado más ocupada de lo habitual, viajando de un desfile a otro, recibiendo pedidos exclusivos para novias.

Ahora todo tenía sentido.

Pero aún no podía procesar la magnitud de lo que estaba sucediendo.

–– Nos mudaremos a la casa del lago –– añadió Leandro con una sonrisa cómplice, tratando de aligerar el ambiente.

El nombre de la casa del lago resonó en la mente de Danica como un eco de algo que había sido perfecto.

Era un lugar de ensueño, un refugio que siempre le había ofrecido calma y seguridad.

El recuerdo de las tardes pasadas allí, en ese rincón alejado de todo, la hizo vacilar por un momento.

–– No es justo –– murmuró finalmente, mientras Leandro le revolvía el cabello una vez más, de forma cariñosa.

La casa del lago siempre había sido el lugar perfecto para ella.

Construida con un diseño rústico pero elegante, se alzaba sobre el terreno, una construcción majestuosa de tres pisos de madera robusta y un techo de tejas rojizas que brillaban bajo el sol.

Las grandes ventanas permitían que la luz natural inundara cada habitación, creando una atmósfera cálida y acogedora.

La chimenea de piedra en la sala principal era el corazón del hogar, el lugar donde las familias solían reunirse en las noches frías de invierno.

–– Es todo tan perfecto…

–– pensó Danica en voz baja, mirando al frente mientras un sentimiento de nostalgia la embargaba.

La cocina, enorme y bien equipada, olía a especias y platos caseros.

La biblioteca, uno de sus lugares favoritos, estaba llena de libros que le proporcionaban refugio en los momentos difíciles.

Era su pequeño refugio privado, un rincón donde podía perderse por horas entre las páginas.

Y el jardín, lleno de flores silvestres, era un lugar donde siempre encontraba paz.

–– Todo está bien –– dijo Leandro, notando su vacilación.

–– Pero lo que no entiendo es por qué no aceptas lo que está pasando.

Mi padre está haciendo todo esto por amor, por ver feliz a tu madre.

Danica no respondió, no sabía qué decir.

Todo se había vuelto demasiado complejo.

–– Hoy cenaremos en “Le’ Roche” –– añadió Leandro, tratando de cambiar el tono de la conversación.

–– Nos tomarán fotos, y saldremos en la portada de la revista PEOPLE.

Mi padre vendió la nota como “Magnate de la joyería se casa con famosa diseñadora de modas” –– añadió con una risa burlona, mientras miraba a Dani de reojo.

–– Ponte tu mejor vestido.

Danica no sabía qué pensar, pero sus dudas eran evidentes en su rostro.

–– No estoy segura de esto, Leandro –– admitió con voz baja, la tensión palpable.

–– Todo esto me está sobrepasando.

–– Será divertido –– insistió él, con entusiasmo, tratando de animarla.

–– Como una pijamada eterna, ¿te acuerdas de aquellas noches?

Me tengo que ir, pero te veo esta noche, ¿ok?

Leandro se levantó del columpio con energía, pero antes de marcharse, lanzó una llave plateada hacia Danica, quien la atrapó sin pensarlo.

–– Por cierto, deberías darte una vuelta por los dormitorios del instituto.

Algo me dice que te encantara–– dijo antes de alejarse rápidamente por el sendero que conducía a la casa.

Danica permaneció allí, sola con sus pensamientos.

La brisa le acariciaba el rostro, mientras las hojas caían lentamente a su alrededor.

Su corazón estaba lleno de preguntas, y su mente, de dudas.

Cerró los ojos por un momento, dejando que las imágenes del pasado inundaran su mente las risas infantiles, los juegos interminables con Leandro y los días despreocupados junto a su padre.

Ahora todo era diferente.

Su madre había tomado la decisión de comprometerse con el padre de Alessandro, algo que Dani aún no lograba asimilar por completo.

Aunque Leandro siempre había sido su amigo, casi como un hermano durante su infancia, ahora esa relación parecía haber cambiado para siempre.

La idea de que pronto serían oficialmente familia le resultaba extraña, casi irreal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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