System Nexus Prime: Arsenal - Capítulo 46
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Capítulo 46: Capítulo 46
León yace inconsciente en el suelo, indefenso, mientras el dragón, imponente y colosal, se alza frente a él. La bestia, con sus ojos centelleando de rabia, avanza lentamente, sus cuatro patas resonando sobre los escombros de la ciudad. Levanta una de sus garras, dispuesto a acabar con su enemigo caído, y lanza su ataque con fuerza devastadora.
Justo en ese instante, tres aventureros con escudos se interponen entre el dragón y León. Las garras de la criatura chocan violentamente contra sus escudos, haciendo temblar el suelo bajo sus pies.
—¡Soporten! —grita uno de los aventureros, sus piernas temblando bajo la presión.
—¡Llévenselo de aquí y sánenlo! —dice el segundo aventurero, sin apartar la vista del dragón.
Un sanador se acerca rápidamente, arrodillándose junto a León y sacando un botiquín.
—¡Está muy mal herido! —dice el sanador, al aplicar la cura—. Pero no despierta.
Mientras tanto, los aventureros que soportan el ataque del dragón murmuran entre ellos:
—No puedo creer que haya estado enfrentando solo a este monstruo. Ya has hecho suficiente, déjanos el resto a nosotros —dice uno con tono de respeto hacia el valiente guerrero caído.
El grupo de aventureros, que hasta entonces había observado la batalla desde la distancia, finalmente reacciona. Saben que luchó solo porque ningún otro estaba a su nivel, pero ahora, con él fuera de combate, todos deben unirse para enfrentar a la bestia.
Rápidamente, se organizan en formaciones. Los tanques se agrupan de tres en tres, dispuestos a detener los ataques del dragón. Detrás de ellos, los francotiradores se posicionan para apuntar a las grietas y las áreas más dañadas del cuerpo del dragón, mientras los magos se preparan para lanzar poderosos hechizos.
Conforme más aventureros llegan al campo de batalla, se posicionan en sus roles designados, rodeando a la gigantesca bestia. El dragón, aunque herido y más lento, sigue siendo una amenaza letal. Ataca con embestidas y mordidas, pero su velocidad ha disminuido, permitiendo que los aventureros esquiven con mayor facilidad. Lanza su cola hacia los grupos, pero los tanques bloquean el impacto con sus escudos, permitiendo a los guerreros acertar golpes certeros en sus ataques.
—¡Defiendan, no permitan que atraviese la defensa! —grita un aventurero, mientras otro advierte:
—¡Cuidado con la cola!
Un mago levanta la voz:
—¡Apártense, lanzaremos un ataque mágico de área!
Los magos cercanos comienzan a canalizar su energía, creando enormes esferas de fuego que se elevan en el aire. En un instante, una lluvia de bolas de fuego desciende sobre el dragón, impactando en su cuerpo y creando explosiones masivas. Sin dar tiempo a que se recupere, otro grupo de magos lanza truenos, envolviendo al dragón en una tormenta eléctrica. El estruendo es ensordecedor y el polvo cubre la escena.
Pero no han terminado. Un tercer grupo de magos, especializados en magia de viento, conjura ataques que dispersan la nube de polvo, revelando al dragón nuevamente. A pesar de la intensidad de los ataques, su barra de HP apenas se ha reducido.
—¡No puede ser! ¡Ni con esos ataques se ha reducido su HP! —grita uno de los magos, incrédulo.
—¡No dejen de atacar! —exclama un aventurero armado con una escopeta, disparando al dragón mientras las balas rebotan en su dura piel.
El resto de aventureros continúan con su ofensiva, disparando y lanzando hechizos. Aunque el HP del dragón baja lentamente, sigue disminuyendo, paso a paso, bajo la presión constante de la multitud.
—¡Me he quedado sin maná! —grita un mago exhausto, siendo rápidamente reemplazado por otro que toma su lugar en la formación. La cooperación entre los aventureros es impecable, relevándose unos a otros para que los ataques no cesen en ningún momento.
Más aventureros llegan al campo de batalla. Un ejército se ha formado alrededor del dragón, sabiendo que la única forma de derrotarlo es unir fuerzas. No importan cuán fuertes sean individualmente; el verdadero poder reside en su número y coordinación. El dragón puede ser formidable, pero incluso él no puede resistir eternamente contra la avalancha de ataques que llueven sobre él desde todas direcciones.
La estrategia está clara: todos contra uno. La batalla sigue su curso, con los aventureros decididos a no rendirse hasta que la bestia caiga.
Las embestidas del dragón continúan, pero sin la misma fuerza que al inicio de la batalla. León, al herir su cuello, le quitó su principal arma: el rugido que invocaba y dirigía las esferas. Ahora, la bestia metálica es un coloso sin control, limitado a ataques físicos como mordiscos, coletazos, y embestidas desesperadas.
Aunque su defensa sigue siendo formidable, la lenta pero constante reducción de su HP indica que su derrota es solo cuestión de tiempo. Los aventureros mantienen su estrategia: rodear al dragón, atacarlo desde la distancia con una lluvia de balas y magia, mientras los tanques lo contienen y los guerreros aprovechan sus ataques para asestar golpes certeros.
—¡Sigan así, lo estamos venciendo! —grita uno de los aventureros, animando a sus compañeros mientras el dragón ruge con frustración.
Mientras tanto, en otro sector, Megan y sus amigos siguen luchando contra las esferas. Con hechizos de trueno y ataques láser, destruyen una tras otra, pero de repente, las esferas dejan de moverse y comienzan a elevarse al cielo, como si fueran atraídas hacia el lugar donde ocurre la batalla principal.
Karina observa con preocupación.
—¿Qué está pasando? ¿A dónde van? —pregunta, con el ceño fruncido.
—No lo sé… pero no me gusta. ¡León! —grita Megan de pronto, y sin pensarlo dos veces, sale corriendo hacia donde se dirigen las esferas.
—Esa niña… —dice Scott mientras la sigue con rapidez, acompañado de Duncan y Karina.
—¿Creen que León esté bien? —pregunta Karina, su voz llena de inquietud.
—El ataque láser se detuvo hace tiempo —responde Scott, entre jadeos—. Y ahora estas esferas se dirigen al mismo lugar.
—León ha estado cargando solo con el jefe principal —dice Duncan. —Tal vez ahora necesita nuestra ayuda.
—Posiblemente es hora de que todos lo apoyemos —dice Karina, acelerando el paso.
—Megan no deja de preocuparse, salió corriendo sin pensarlo dos veces—dice Scott.
Finalmente, llegan al campo de batalla donde los aventureros están rodeando al dragón, atacando sin descanso. La lluvia de balas y magia impacta en la bestia, manteniéndola a raya. Sin embargo, las esferas continúan acumulándose en el cielo, creando una creciente sensación de alarma entre los aventureros.
—¡¿Qué es eso?! —grita uno, mirando con asombro las esferas reunirse.
—¡Si esas esferas interfieren en la batalla, será más difícil derrotar al dragón! —advierte otro.
Algunos aventureros con habilidades de vuelo se lanzan al cielo, atacando las esferas antes de que puedan hacer algo. Para su alivio, varias son destruidas con facilidad. Mientras unos se encargan de las esferas, el resto sigue atacando al dragón, que cada vez se ve más acorralado.
Megan, sin prestar atención a lo que sucede a su alrededor, corre frenéticamente buscando a León. Sus amigos se separan para ayudarla a buscar, dejando temporalmente de lado la batalla. Tras una búsqueda desesperada, Duncan finalmente lo encuentra recostado en el suelo, inconsciente, en una zona alejada del conflicto principal donde se agrupan los aventureros heridos.
—Aquí estás… —murmura Duncan aliviado al verlo.
Uno de los sanadores que lo atiende levanta la vista y le pregunta:
—¿Eres su amigo?
—Sí —, responde Duncan, inclinándose junto a él. —Es mi compañero… y líder de grupo.
Después de encontrar a León, Duncan sale rápidamente a buscar a sus compañeros. Al encontrarlos, les dice que León está bien, descansando junto a los aventureros heridos. Aunque intenta tranquilizarlos, estas palabras solo hacen que Megan se preocupe más. Sin esperar explicaciones, la joven corre hacia donde está su compañero.
Al llegar, Megan ve a León tendido en el suelo, inconsciente, y sin dudarlo, corre a abrazarlo, con los ojos llenos de lágrimas. El aventurero sanador, observando su preocupación, le habla con calma.
—Él está bien —dice—, solo está inconsciente. Ya tratamos sus heridas y su HP ha sido restaurado al máximo. Solo está agotado por la batalla.
Megan, con la voz temblorosa, pregunta:
—¿Qué sucedió? —sus ojos brillan con lágrimas contenidas.
—No soy quien debería explicarte eso —responde el sanador—. Iré a llamar al líder de sanadores que me lo encomendó.
El sanador se retira y momentos después, regresa acompañado del líder del grupo de sanación. Mientras tanto, en el campo de batalla, los aventureros siguen teniendo problemas para destruir todas las esferas que continúan llegando. Aunque el dragón ya está debilitado, con solo un tercio de su HP restante en la barra en rojo, la amenaza aún persiste.
El lugar donde descansan los heridos es desolador. No hay tiendas de campaña, ni camillas, ni mantas para ofrecer comodidad. El caos de la batalla ha dejado todo destrozado.
El líder de sanadores se aproxima al grupo y, al verlos, pregunta:
—¿Son sus amigos? —refiriéndose a León.
Megan asiente.
—Sí… es nuestro líder. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué está inconsciente?
El líder de sanadores se toma un momento antes de responder.
—Como habrán notado, una lluvia de láseres caía sin cesar, destruyendo las esferas.
—Era León quien lanzaba esos ataques —afirma Megan.
—Lo imaginamos —responde el sanador—. Sus habilidades superan lo que cualquiera de nosotros podría hacer. Peleó solo contra la bestia, recorriendo toda la ciudad mientras destruía esferas con sus ráfagas. Gracias a él, pudimos reagruparnos y estar listos para el momento crucial. No interferimos porque, claramente, su nivel es muy superior. Solo habríamos sido un estorbo.
Duncan asiente, reconociendo la verdad de esas palabras.
—Ya ha superado a todos aquí por mucho.
Scott interviene, aún preocupado.
—Aun así, el enemigo era tan fuerte que ni siquiera él pudo vencerlo por completo.
El líder de sanadores asiente con gravedad.
—En el clímax de la batalla, lanzó una última ráfaga de láser que dejó al dragón gravemente herido. Nos dio la oportunidad de atacarlo, pero a pesar de eso, aún no lo hemos derrotado del todo. Eso ocurrió hace unas horas.
Karina, aún inquieta, insiste:
—Pero no nos has dicho qué le pasó exactamente.
—Tienes razón, lo siento. Me desvié —el sanador toma aire antes de continuar—. Después de perder su armadura, siguió luchando solo contra el dragón. Su agilidad era impresionante, pero el agotamiento se veía en sus movimientos. En un momento de descuido, el dragón lo alcanzó con su cola, hiriéndolo y lanzándolo por los aires. Cuando estaba a punto de recibir el golpe de gracia, un grupo de aventureros intervino y lo protegió. Uno de ellos, un sanador, utilizó un botiquín para tratar sus heridas. Su ropa también se dañó, pero parece que alguna de sus habilidades la restauró. Lo trajimos aquí para que pudiera descansar, y en cualquier momento debería despertar.
Megan, solloza con alivio.
—Gracias… por cuidar de él.
El líder de sanadores sacude la cabeza, sonriendo con humildad.
—No tienes que agradecernos. Somos nosotros los que estamos en deuda con él. Nos dio una oportunidad que no habríamos tenido sin su ayuda. Cuando despierte, por favor, díganle que, en nombre de todos los aventureros, le damos las gracias —dice, inclinando la cabeza en señal de respeto.
Scott asiente firmemente.
—Se lo diremos.
El líder de sanadores añade:
—Y también díganle que ya ha hecho más que suficiente. Que descanse y se recupere. Nosotros nos encargaremos del resto.
Megan, secándose las lágrimas, responde con una leve sonrisa.
—Gracias… por todo.
El líder de sanadores se retira, pero antes de marcharse, murmura unas palabras que resuenan en el aire: —Él realmente es un héroe—. Sin más, se dirige hacia otros aventureros heridos, enfocándose en los tanques y guerreros que, al estar en la primera línea, son los más afectados por la batalla.
Mientras tanto, las esferas que flotaban lentamente en el aire comienzan a reunirse en grupos. Los aventureros no detienen sus ataques, conscientes de que algo más grande podría estar por venir. Aunque el dragón sigue perdiendo HP, reduciéndose a un veinte por ciento, la incertidumbre sobre lo que sucederá con las esferas mantiene a todos en tensión.
En el campamento, Megan se pone de pie, sacudiendo el polvo de sus rodillas.
—Chicos, iré a apoyar al resto de los aventureros —anuncia, con determinación.
—Te acompañare— Dice Karina.
—Yo también. De alguna forma seré útil— dice Duncan.
—Yo igual iré…— comenta Scott.
Megan lo interrumpe con un tono firme.
—Scott, quédate aquí. Debes cuidar de León. Y si se despierta, trata de detenerlo. Ya ha hecho mucho, necesita descansar.
Scott frunce el ceño, sabiendo lo difícil que sería cumplir esa tarea.
—¿Crees que pueda detenerlo?
—Haz lo que puedas. Con suerte, acabaremos con el enemigo antes de que despierte— comenta Megan.
Tras esas palabras, Megan, Duncan y Karina parten, dejando a Scott a solas con León, vigilando y esperando su despertar.
En el camino, Karina pregunta:
—¿Qué debemos hacer, jefa?
Megan responde con rapidez.
—Ve con los francotiradores y enfócate en el dragón. Aunque me preocupan las esferas, es posible que desaparezcan una vez que derrotemos al dragón. Duncan, toma la primera línea junto a los otros. Usa rebote y Coloso, contraataca disparándole. No te arriesgues demasiado y mantente curado a ti y a los demás. Si te quedas sin mana, retírate y recupérate. Yo usaré a Galatea y lanzaré mis mejores ataques mágicos. Cuando se agote mi mana, cambiaré a los revólveres hasta quedarme sin balas. No se arriesguen, chicos.
Karina asiente con determinación.
—Entendido, jefa.
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