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TDG: El Legado Primordial de Pangu - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 Capítulo 1 El Despertar en el Valle Oculto
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1: Capítulo 1: El Despertar en el Valle Oculto 1: Capítulo 1: El Despertar en el Valle Oculto El Valle Cang era un secreto susurrado por el viento entre los picos más altos e inaccesibles de las Montañas Ancestrales, un lugar que no figuraba en ningún mapa de la Ciudad Gloria ni de sus territorios circundantes.

Envuelto en antiguas formaciones de ilusión y nieblas perpetuas que desviaban tanto la mirada como el sentido espiritual, el valle era un pequeño mundo en sí mismo.

La energía aquí era diferente; más pura, más antigua que la Fuerza del Alma que permeaba el mundo exterior, pero aun así, se sentía…

incompleta, como el eco de una canción olvidada.

En el corazón del valle, junto a un lago sereno que reflejaba un cielo permanentemente crepuscular debido a las formaciones, se alzaban unas pocas edificaciones de piedra oscura y estilo arcaico.

Aquí residían los últimos descendientes de la Familia Cang, no más de una veintena de almas.

Su existencia estaba dedicada a la práctica de un método de cultivo fragmentario, enfocado en el temple corporal y la armonía con la naturaleza del valle, y a la custodia del Altar Ancestral en el salón principal.

Hoy, la atmósfera en el valle era particularmente solemne.

Cang Xuan, el único hijo del líder actual, Cang Lin, y su esposa, Yun Rou, cumplía trece años.

Era la edad en que cada miembro de la familia intentaba resonar con el Altar Ancestral, una tradición mantenida durante incontables generaciones con escasos resultados más allá de una leve revitalización.

Cang Xuan se arrodilló ante el Altar.

Era un joven de calma inusual, sus ojos oscuros parecían contener una profundidad impropia de su edad.

Su cuerpo, aunque delgado, poseía una resiliencia forjada por los métodos únicos de los Cang y una dieta basada en hierbas espirituales que solo crecían en su valle oculto.

Su padre, Cang Lin, un hombre de rostro severo pero ojos amables, observaba con una mezcla de esperanza y resignación.

A su lado, Yun Rou, su madre, mantenía una serenidad casi perfecta, pero la tensión en sus manos delataba una emoción oculta.

Era una mujer de belleza etérea, con un aire sutilmente discordante con el entorno, como si una grulla celestial se hubiera posado en un nido de cuervos.

Siguiendo la instrucción de su padre, Cang Xuan extendió su mano y presionó la palma contra la superficie fría y lisa del Altar Ancestral, una losa de piedra negra como la noche sin ninguna inscripción visible.

Cerró los ojos y trató de sentir la conexión, como le habían enseñado.

Por un momento, no ocurrió nada.

Solo el silencio del salón y la débil circulación de energía de su propio método de cultivo familiar.

Y entonces, sucedió.

No fue un estallido, sino una apertura.

Como si el Altar no fuera piedra, sino una puerta sellada durante eones que finalmente reconocía a su heredero.

Un torrente inimaginable de información, imágenes y pura energía primordial inundó la mente y el alma de Cang Xuan.

Vio el Caos antes de la creación, una masa hirviente de potencial infinito.

Sintió la voluntad titánica de Pangu separando el Cielo y la Tierra, su cuerpo transformándose en el universo.

Runas doradas y púrpuras, incomprensibles pero resonando con la verdad fundamental del Dao, ardieron directamente en su Mar de Conciencia.

Un dolor que trascendía lo físico lo atravesó mientras su cuerpo y alma eran forzados a contener una infinitesimal fracción de esa herencia.

Sintió sus huesos crujir y reformarse, sus meridianos expandirse violentamente, su sangre hervir y transformarse.

El Qi Primordial, denso, pesado, vibrante con el poder de la creación y la destrucción, comenzó a circular por su cuerpo, devorando y expulsando la energía más débil de su cultivo anterior.

Fuera de su percepción interna, el Altar Ancestral brilló con una luz oscura y profunda que absorbió toda la iluminación del salón.

Una presión invisible pero abrumadora emanó de Cang Xuan, haciendo que el aire se solidificara y que incluso sus padres, experimentados cultivadores de su método familiar, sintieran la necesidad de arrodillarse.

El suelo tembló ligeramente, y el lago exterior se agitó sin viento.

Tan rápido como comenzó, la conexión se estabilizó.

La luz del Altar se desvaneció.

Cang Xuan seguía arrodillado, pero algo había cambiado fundamentalmente.

Abrió los ojos, y ya no eran los de un niño.

Eran pozos de calma insondable, reflejando la vastedad del Caos que ahora residía en su interior.

Su cuerpo irradiaba una vitalidad aterradora, y sus sentidos se habían expandido exponencialmente.

Podía sentir cada brizna de hierba en el valle, el flujo de energía dentro de sus padres, la barrera ilusoria que los ocultaba…

y la abrumadora pobreza y delgadez de la energía espiritual del mundo más allá de su valle.

Cang Lin se levantó, temblando, sus ojos llenos de asombro y reverencia.

“La…

la profecía…

¡El Altar ha respondido!

¡Xuan’er!” Pero Yun Rou se movió primero.

Se acercó a su hijo, sus ojos fijos en él con una intensidad nunca antes vista.

Había shock, sí, pero debajo había una capa de profunda…

confirmación.

Lágrimas silenciosas comenzaron a rodar por sus mejillas.

“Así que…

es verdad.

El Linaje de Pangu…

no se extinguió por completo”.

Cang Lin la miró, confundido.

“¿Linaje de Pangu?

Rou’er, ¿qué quieres decir?

Nuestro método es antiguo, pero…” Yun Rou respiró hondo, tomando una decisión que había pospuesto durante años.

Miró a su esposo y a su hijo, cuyo semblante ya mostraba una comprensión que superaba sus palabras.

“Lin, Xuan’er.

Hay algo que debo contarles.

Algo que he guardado desde que llegué a este…

mundo”.

Los llevó a una cámara privada, asegurándose de que nadie pudiera escuchar.

La revelación de su madre cayó sobre Cang Xuan no como una sorpresa, sino como una pieza faltante que encajaba perfectamente en el vasto rompecabezas que acababa de recibir en su alma.

Yun Rou no era de este mundo, ni siquiera de este plano de existencia.

Provenía de un Reino Superior, un mundo donde el cultivo alcanzaba cotas inimaginables para los habitantes del Reino de las Ruinas Dracónicas.

Un mundo donde las leyendas de la Era Primordial, de Pangu y la creación, eran consideradas historia antigua, no mito.

Había llegado a este reino inferior por accidente, gravemente herida y perdida, durante una turbulencia espacial mientras huía de enemigos poderosos tras la caída de su propia secta familiar.

Se había encontrado con la Familia Cang, reconociendo en su método fragmentario y en su Altar Ancestral un eco, una conexión infinitesimal pero real, con las leyendas más sagradas de la creación: la Herencia de Pangu.

Se casó con Cang Lin, atraída por su nobleza y la tranquilidad del valle, pero siempre mantuvo la esperanza de que el Altar algún día respondiera a un descendiente digno.

“Lo que has despertado hoy, Xuan’er,” dijo Yun Rou, su voz temblando de emoción y temor reverencial, “no es solo un talento prodigioso dentro de las limitadas reglas de este mundo.

Es la herencia directa del Ser Primordial que dio forma a incontables universos.

El [Arte Secreto de los Nueve Ciclos del Caos Primordial], la Sangre de Pangu…

es un poder que sobrepasa la imaginación.

Ni siquiera en mi mundo natal nadie ha logrado despertar tal linaje en incontables eras.” Miró a su hijo, cuyos ojos tranquilos parecían ya comprender la magnitud de sus palabras.

“El Emperador Sabio que gobierna este reino, las luchas por la supremacía, los rangos de Leyenda o Dios Espiritual…

son como polvo comparado con el camino que acabas de emprender.

No son una amenaza para ti, hijo mío, pero el universo mismo sí podría serlo si tu poder se revela antes de tiempo.” Cang Lin estaba pálido, procesando la doble revelación del origen de su esposa y la verdadera naturaleza del poder de su hijo.

Finalmente, asintió, su rostro lleno de determinación.

“Entonces, debemos ser aún más cuidadosos.

El Valle Cang te protegerá mientras creces, Xuan’er.

Tu madre y yo haremos todo lo posible para ayudarte.” Cang Xuan asintió lentamente.

La confusión inicial por el torrente de información estaba siendo reemplazada por una claridad cristalina.

Sintió el Qi Primordial circulando dentro de él, un microcosmos del Caos antes de la creación, lleno de potencial infinito.

El camino era largo y arduo, pero por primera vez, el futuro de la Familia Cang, y quizás de muchos más, parecía ilimitado.

Cerró los ojos por un momento, no con miedo, sino con una calma profunda y una determinación nacida de la comprensión.

Su viaje acababa de comenzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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