TDG: El Legado Primordial de Pangu - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 Los Primeros Pasos en el Dao Primordial
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2: Capítulo 2: Los Primeros Pasos en el Dao Primordial 2: Capítulo 2: Los Primeros Pasos en el Dao Primordial Los días que siguieron al despertar de Cang Xuan transcurrieron en una calma superficial que apenas velaba la intensidad subterránea de su transformación.
El vasto conocimiento de la Herencia Pangu no se asentó en su mente como un libro leído, sino como una verdad intrínseca que ahora formaba parte de él.
Fragmentos de cosmología Honghuang, principios del Gran Dao, las complejidades del [Arte Secreto de los Nueve Ciclos del Caos Primordial]…
todo estaba allí, esperando ser desentrañado y asimilado.
Su primera tarea fue domar la nueva energía que recorría su ser: el Qi Primordial.
Era como intentar dirigir un río caudaloso con las manos desnudas.
Comparado con la dócil energía vital que cultivaba antes, el Qi Primordial era denso, vibrante, casi consciente, imbuido con la fuerza bruta de la creación.
Los primeros intentos de hacerlo circular según las rutas descritas en el Arte Secreto fueron arduos.
La energía se resistía, amenazando con desbordarse y causar estragos en su joven cuerpo, que aún se adaptaba febrilmente.
Necesitó días de meditación ininterrumpida, sentado sobre una plataforma de jade frío en la cámara más profunda del complejo Cang, simplemente para lograr que el Qi fluyera de manera estable y controlada a través de los meridianos recién expandidos.
Los cambios físicos eran innegables.
Su piel adquirió un brillo sutil, como si estuviera hecha de jade pulido.
Sus ojos, ya profundos, parecían ahora contener galaxias.
Su fuerza física aumentó exponencialmente; una roca que antes apenas podía mover, ahora podía levantarla con una sola mano sin esfuerzo aparente.
Sus sentidos se agudizaron hasta un grado asombroso: podía oír el latido del corazón de un conejo al otro lado del valle, ver las intrincadas corrientes de energía que fluían por las formaciones protectoras, oler la fragancia de una flor a punto de abrirse a kilómetros de distancia.
Los animales del valle, antes indiferentes, ahora mantenían una distancia respetuosa, observándolo con una mezcla de miedo y reverencia instintiva.
Guiado por la sabiduría innata del Arte Secreto y los consejos ocasionales de su madre sobre la importancia de la intención y la estabilidad mental (principios universales del cultivo, según ella), Cang Xuan comenzó formalmente el Primer Ciclo del Arte Secreto.
No se trataba simplemente de absorber energía, sino de usar el Qi Primordial para templar cada célula de su cuerpo, cada fibra de su ser, imitando el acto cosmogónico de Pangu.
El proceso era brutal.
El Qi Primordial purgaba impurezas a un nivel fundamental, quemando y reconstruyendo su estructura física y espiritual.
El dolor era constante y agudo, suficiente para volver loco a cualquier cultivador del mundo exterior.
Pero Cang Xuan lo soportaba con una estoica serenidad.
El conocimiento de Pangu le había otorgado no solo poder, sino una perspectiva diferente del sufrimiento: era simplemente una parte del proceso de refinamiento, como el fuego que purifica el oro.
Su padre, Cang Lin, observaba su progreso con una mezcla de orgullo paterno y asombro abrumador.
Movilizó todos los escasos pero preciosos recursos de la Familia Cang: hierbas espirituales milenarias que crecían solo en el corazón del valle, acceso a una pequeña veta de Cristales Espirituales de una calidad inusualmente alta (probablemente influenciada por la naturaleza única del valle), y garantizó su absoluta privacidad y seguridad.
A menudo se sentaba en silencio a distancia, simplemente observando a su hijo meditar, sintiendo las sutiles pero poderosas fluctuaciones de energía que emanaban de él.
Yun Rou pasaba mucho tiempo con su hijo, aunque rara vez interfería directamente en su cultivo.
Su conocimiento, aunque vasto para los estándares de su mundo natal, palidecía ante la profundidad de la Herencia Pangu.
Sin embargo, le ofrecía una perspectiva crucial.
Le hablaba de los peligros del Corazón Demoníaco (心魔 – Xīnmó), las tribulaciones mentales que surgían de un poder descontrolado o una comprensión superficial del Dao.
Le recordaba la importancia de cultivar la mente y el espíritu a la par que el cuerpo.
“El poder sin control es solo destrucción, Xuan’er,” le decía con suavidad.
“El verdadero dominio viene de la comprensión y la armonía con el Dao.
Tu camino es supremo, pero incluso el dragón más poderoso puede tropezar si olvida mirar dónde pisa.” Un día, mientras tomaba un breve descanso de su intenso entrenamiento, Cang Xuan se acercó al lago sereno en el centro del valle.
El agua actuaba como un espejo natural, y a veces, si se concentraba, podía percibir ecos débiles del mundo exterior filtrándose a través de las formaciones.
Cerró los ojos y extendió sus sentidos agudizados.
Pudo sentir las energías mucho más débiles y caóticas más allá de las montañas.
Percibió las fluctuaciones de miles de Fuerzas del Alma en la dirección donde sabía que estaba la Ciudad Gloria.
Oyó fragmentos de conversaciones llevadas por el viento: quejas sobre el precio de las píldoras espirituales, discusiones sobre clasificaciones en alguna academia, rumores sobre conflictos entre familias nobles menores…
Preocupaciones tan mundanas, tan intrascendentes comparadas con la inmensidad del Dao que ahora percibía.
No sintió desdén, solo un profundo desapego, la misma distancia que sentiría al observar las hormigas afanarse en su hormiguero.
Su mundo, su escala, ya eran diferentes.
Volvió a su entrenamiento con renovada determinación.
Tras varias semanas de esfuerzo incesante, finalmente alcanzó un hito inicial: logró estabilizar completamente la circulación del Qi Primordial a través del ciclo completo de meridianos requerido por la primera etapa del Arte Secreto.
Sintió cómo su cuerpo absorbía y asimilaba la energía con mayor eficiencia, y una capa microscópica de impurezas negruzcas fue expulsada de sus poros, dejando su piel aún más translúcida y resistente.
Era solo el primer paso de incontables, pero era un comienzo sólido.
De pie bajo el cielo crepuscular del valle, Cang Xuan respiró hondo.
El aire que inhalaba parecía vibrar en resonancia con el Qi Primordial dentro de él.
El camino de Pangu se extendía ante él, infinito y lleno de misterios.
No había miedo en su corazón, solo la calma profunda de quien ha aceptado su destino y está listo para caminar por el sendero del Dao, sin importar cuán arduo sea.
La verdadera cultivación acababa de comenzar.
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