TDG: El Legado Primordial de Pangu - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 Capítulo 7 Ecos Metálicos y el Primer Desafío
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7: Capítulo 7: Ecos Metálicos y el Primer Desafío 7: Capítulo 7: Ecos Metálicos y el Primer Desafío En la quietud de la cueva temporal, Cang Xuan estudió el tosco mapa adquirido en Rocadura.
Villa Bosqueverde, al este, prometía más información y quizás mejores mapas, pero también más gente y posibles complicaciones.
El área marcada como “Rica en Metales Extraños” al noreste, sin embargo, resonaba directamente con uno de sus propósitos principales al salir del valle: la búsqueda de materiales específicos mencionados en la Herencia Pangu.
Priorizando la necesidad tangible sobre la información general, decidió investigar primero la zona montañosa.
Los recursos eran clave para avanzar más allá del umbral del Primer Ciclo.
Al amanecer, se puso de nuevo en marcha.
El terreno se volvió más escarpado a medida que viajaba hacia el noreste, siguiendo las indicaciones aproximadas del mapa y la brújula interna de sus sentidos.
Los bosques se hicieron más densos por momentos, intercalados con desfiladeros rocosos y picos afilados.
La energía ambiental fluctuaba de manera más notoria aquí, con bolsas ocasionales donde se sentía ligeramente más densa o teñida con atributos elementales específicos – tierra, metal, a veces madera.
Continuó moviéndose con su característica velocidad silenciosa, un fantasma entre los árboles y las rocas.
Observó diversas Bestias Demoníacas – Lagartos de Roca de Rango Bronce, Aves de Garra Afilada de Rango Plata bajo – pero ninguna representaba el menor interés o amenaza.
Mantuvo su [Aliento Oculto del Caos] activo, pareciendo nada más que una sombra pasajera.
Aprovechó el viaje para practicar su [Visión Penetrante del Dao], escudriñando bajo la superficie de la tierra, analizando las complejas estructuras geológicas y siguiendo los flujos de energía terrestre como si leyera un libro abierto.
Tras casi dos días de viaje constante, llegó a la región indicada en el mapa.
El paisaje cambió sutilmente.
Las rocas tenían un brillo metálico más pronunciado, algunas con extrañas vetas de colores oxidados o iridiscentes.
La vegetación era más escasa, adaptada a un suelo rocoso y quizás rico en minerales.
El aire mismo tenía una cualidad ligeramente metálica, una energía ‘afilada’ que la mayoría de los cultivadores encontraría desagradable o difícil de absorber, pero que Cang Xuan encontró…
interesante.
Comenzó una exploración metódica, usando su Visión Penetrante para sondear las profundidades de las montañas.
Vio muchas vetas de minerales conocidos en el mundo TDG – hierro negro, cobre espiritual de baja calidad, incluso un pequeño depósito de oro profundo – pero su interés estaba en otra parte.
Buscaba resonancias específicas, estructuras moleculares y firmas energéticas que coincidieran con los registros de la Herencia Pangu.
Finalmente, en una pared de acantilado expuesta por un antiguo desprendimiento de tierra, lo encontró.
Eran incrustaciones discretas, nódulos de un metal gris oscuro con diminutos puntos brillantes, como un fragmento de cielo nocturno atrapado en la piedra.
Al enfocar su Visión Penetrante, reconoció la firma energética y la estructura atómica descritas en la Herencia: Fragmentos de Hierro Estelar (星辰铁 – Xīngchén Tiě).
Un material fundamental, imbuido con un rastro de la energía de las estrellas, excelente para forjar herramientas de cultivo, inscribir runas de alto nivel o, crucialmente, como catalizador para ciertas etapas avanzadas del templado corporal dentro de los Nueve Ciclos.
Mientras se preparaba para extraer el mineral con cuidado, una repentina sensación de ser observado le hizo detenerse.
Giró la cabeza lentamente.
Encaramado en una roca a unos cincuenta metros, un simio de gran tamaño lo observaba fijamente.
Su pelaje era del color del granito, y sus garras, inusualmente largas, brillaban con un lustre metálico oscuro.
Un aura de Rango Oro bajo, quizás 2 o 3 estrellas, emanaba de él, cargada de una territorialidad feroz.
Un Mono de Garra Férrea, probablemente el guardián autoproclamado de esta zona rica en metales.
Claramente, la presencia de Cang Xuan y su interés en el Hierro Estelar lo habían atraído.
Era el primer desafío directo que enfrentaba desde que salió del valle.
El mono gruñó, mostrando unos colmillos formidables, y golpeó la roca con sus garras metálicas, produciendo chispas.
Se preparaba para atacar.
Cang Xuan permaneció inmóvil.
Una batalla llamativa estaba fuera de discusión; atraería atención no deseada y era un desperdicio de energía.
Decidió una aproximación más…
eficiente.
Fijó su mirada en la bestia demoníaca.
Por un instante infinitesimal, relajó una fracción mínima del [Aliento Oculto del Caos], no lo suficiente para revelar su verdadera naturaleza, pero sí para liberar una oleada controlada de pura presión espiritual primordial, teñida con la voluntad indomable forjada a través de su cultivo del Arte Secreto.
No era Fuerza del Alma; era algo mucho más antiguo, más fundamental.
El Mono de Garra Férrea se congeló a mitad de un gruñido.
Sus instintos primarios gritaron peligro a un nivel existencial.
La figura aparentemente inofensiva frente a él se sintió de repente como un abismo sin fondo, como la encarnación de una calamidad natural.
El aura de Rango Oro de la bestia vaciló y se encogió como una vela en un huracán.
Soltó un chillido agudo, una mezcla de miedo y confusión, dio media vuelta y huyó, trepando por las rocas y desapareciendo en la distancia a una velocidad sorprendente.
El encuentro duró apenas unos segundos.
Cang Xuan volvió a sellar completamente su aura con el [Aliento Oculto del Caos], la serenidad nunca abandonó su rostro.
No había necesidad de perseguir o matar.
La intimidación había sido suficiente.
Sin más interrupciones, se concentró en la extracción.
Con un control preciso del Qi Primordial, separó los nódulos de Hierro Estelar de la roca circundante sin dañarlos, acumulando una cantidad considerable.
Examinó el metal oscuro en su mano, sintiendo la débil pero persistente resonancia con las estrellas distantes.
Una leve sensación de satisfacción lo recorrió.
Su decisión de explorar esta área había sido correcta.
El mundo exterior, a pesar de su energía diluida y sus habitantes débiles, contenía los tesoros necesarios para su camino.
Encontró una cueva cercana, más profunda y segura que la anterior.
Usando su conocimiento de formaciones, estableció rápidamente una simple barrera de ocultación y alerta en la entrada, utilizando pequeñas cantidades del mineral común cercano como conductor.
Dentro, en la oscuridad silenciosa, contempló su botín de Hierro Estelar.
Ahora tenía material para trabajar, quizás refinarlo o usarlo directamente como catalizador cuando estuviera listo para intentar completar el Primer Ciclo.
Este rincón olvidado de las Montañas Ancestrales sería su taller y lugar de cultivo temporal.
El primer fruto de su exploración estaba en sus manos.
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