Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 123
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- Capítulo 123 - 123 Capítulo 123 Siendo arrastrados
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123: Capítulo 123: Siendo arrastrados 123: Capítulo 123: Siendo arrastrados Editor: Nyoi-Bo Studio Una vez que todos terminaron de comer, estuvieron de pie cerca de un auto negro, Hinari empujó a propósito a Davi contra Sei.
Y como era de esperar, el hombre la atrapó con rapidez entre sus brazos.
Hinari dejó escapar una risita cuando vio al hombre que sostenía con cuidado a Davi, como si fuera la porcelana más frágil y preciosa de todo el universo.
Pero en un segundo, sus ojos reflejaron la decepción al ver que no se dieron el beso que estaba esperando.
El hombre, luego de asegurarse de que Davi estaba bien, se subió al auto en silencio, lo que hizo que Hinari estrechara los ojos.
Y como una profesora estricta, le señaló a Davi que hiciera algo antes de que se fuera.
Al darse cuenta de lo que le estaba tratando de decir, Davi solo sonrió, como indicándole que no necesitaba decirle qué hacer.
Un segundo después, Davi detuvo la puerta que estaba a punto de cerrarse e introdujo la mitad de su cuerpo en el auto.
En ese momento, Sei sabía que ella le iba a dar un pequeño beso de buena suerte.
Razón por la que ya no se sorprendía, sin embargo, Davi le puso la mano en la nuca, lo acercó a ella y lo besó.
Sus movimientos fueron rápidos pero gentiles, y esta vez, el beso no fue como los de antes, ella presionó sus labios con los de él, con más fuerza y por más tiempo.
Sei se quedó boquiabierto.
Y la sorpresa fue bastante intensa esta vez, que se quedó en blanco por un rato.
La puerta del auto se había cerrado antes de que pudiera reaccionar.
Mientras tanto, Zaki acababa de abrir la puerta del otro lado del auto para subirse, cuando Hinari lo llamó.
—Hasta la próxima, Sr.
Normal —le dijo traviesa, pero Zaki disfrazado solo la ignoró.
Sin embargo, una vez dentro del auto, Zaki resopló.
—Ahh…
esa pervertida…
—se quejó mientras se tocaba el pelo.
—Ohh…
Me pregunto quién molestó a Zaki el grande esa vez —le respondió Ryou, el conductor.
Ya que, su jefe seguía aturdido por el beso que le dio su esposa hace un rato.
—Una pervertida me llamó de aspecto normal y no atractivo.
¿Puedes creerlo?
—¿Y cuál es el problema?
Solo se estaba refiriendo a tu máscara de disfraz, ¿o no?
—Aún así, eso no cambia el hecho de que a un hombre guapo como yo, lo trate de aspecto normal y no atractivo.
—Jaja…
Bueno, ¿no es tiempo de que encuentres a alguien que se burle de ti tanto como tú lo haces con los demás?
—¿Eh?
Oye…
¿cuándo me he burlado de alguien?
—Y ni siquiera te das cuenta.
En serio, tú y el jefe están lentamente siendo arrastrados a otra dimensión, no puedo seguir así.
—¿Eh?
De qué estás… —Zaki se volvió hacia Sei y se quedó sin palabras cuando vio al hombre en silencio, cubriéndose la boca con la mano y la mirada pegada a la ventana.
Y no solo eso, el hombre estaba obviamente en un estado agradable, como si estuviera envuelto en una luz rosada brillante.
—Eh…
¿Qué le pasó?
¿La señorita hizo algo inusual?
—Bueno, supongo, la señorita quizás le subió un poco el nivel a su beso.
—Ohh…
la señorita de seguro sabe cuándo ser intensa eh…
bueno, ya no sé cómo remediar su ignorancia respecto al romance, pero sé que este monstruo convertido en humano, está aprendiendo.
—Hmm…
¿crees que sea él quien haga pronto un movimiento?
—No sé qué está pasando por la cabeza de este leño, pero estoy seguro que está llegando a su límite.
—Oye, ¿estás seguro que no te importa llamarlo así?
—Jaja, no tienes de qué preocuparte.
¿Crees que arriesgaría mi vida de esa forma?
¿Crees que siquiera nos está escuchando ahora?
Incluso si le toco la mejilla, ahora no va a… —Zaki…
—en cuanto Sei pronunció su nombre, el hablador chico cerró la boca de inmediato, mientras Ryou se rien silencio—Cállate la boca.
—agregó, sin embargo, como su voz en ese momento no era fría como el hielo, Zaki ni se inmutó.
—Como sea, Sei, ¿le dijiste que nos vamos mañana?
—ante la pregunta, desapareció la brillante atmósfera que lo rodeaba.
Una señal de que no le había dicho aún.
—Asegúrate de decírselo esta noche…
no será bueno si se lo comunicas a último minuto.
—Sí.
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