Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 129
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- Capítulo 129 - 129 Capítulo 129 Eclipse del Monstruo
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129: Capítulo 129: Eclipse del Monstruo 129: Capítulo 129: Eclipse del Monstruo Editor: Nyoi-Bo Studio Cuando Davi se puso de pie y caminó, comenzó a tambalearse de lado a lado.
Sei se movió de inmediato para ayudarla, pero cuando le tomó la mano, la chica lo esquivó, causando que Sei abriera los ojos incrédulo.
Davi ni siquiera lo miró.
—¡No me molestes!
Tengo que ir y darle una lección a mi esposo, ¿entiendes?
—exclamó con un tono firme y autoritario.
Su voz era clara, y hablaba seria, como si no estuviera borracha, pero definitivamente tenía problemas para equilibrarse al caminar.
Sei, quien se quedó congelado un segundo por el inesperado trato que le dio su esposa, se acercó nuevamente hacia ella, ya que en vez de caminar en dirección a la casa, estaba yendo a la calle.
Esta vez, Sei no la tocó.
Simplemente le bloqueó la pasada mientras le hablaba.
—Estoy aquí —le dijo, pero la seria chica esta vez dejó escapar una risita y corrió a la calle, como si no lo hubiese escuchado.
Se detuvo en medio del camino y abrió los brazos mientras miraba la luna.
—Ohh…
¡la luna está tan hermosa!
—comentó con una sonrisa radiante en su rostro, mientras Sei la seguía con rapidez, temiendo que se fuera a caer en cualquier momento.
Cuando estuvo a su lado, no pudo evitar mirarla asombrado.
Sus ojos reflejaban la luz de la luna, su sonrisa era más dulce que nunca y cuando inclinó la cabeza de forma adorable, Sei sintió como si ella le quitara el aliento.
—Sí…
es bonita, pero para mí tú eres mucho más hermosa.
Aquellas palabras salieron de forma tan natural de la boca de Sei, que incluso hasta a él le tomó un momento procesar lo que dijo antes de sonrojarse.
Por otro lado, Davi finalmente giró la cabeza hacia él cuando lo oyó hablar.
Pestañeó antes de acercársele y analizarlo como si estuviera intentando asegurarse de que era realmente él.
Se puso de puntillas y le tocó la parte baja del rostro y la máscara negra con ambas manos.
—Realmente…
eres tú —le dijo sin dejar de sujetarlo.
—Sí…
soy yo…
—respondió Sei, pero no pudo terminar la frase.
Ya que Davi le agarró la mano y lo llevó con ella mientras corría.
—¡Sei!
Corramos.
¡Vayámonos lejos!
Corre conmigo —le dijo soltando una risita como un ángel libre y salvaje.
Le tenía tomada la mano de una forma en la que parecía que no lo fuera a soltar nunca, sin importar lo que pasara.
Sei se encontró a sí mismo corriendo con ella, siguiéndola sin decir una palabra hacia donde lo llevaba, solo mirándola con asombro y maravillado.
Pero un segundo después, la chica se detuvo sin aviso.
Se giró hacia Sei y su sonrisa desapareció.
—Agua…
Estoy sedienta…
—dijo, haciendo que el hombre se quedara en blanco por un rato, y en un segundo, apareció en su rostro su hermosa sonrisa.
La sonrisa de Sei era un evento raro, era como el eclipse del monstruo, único en la vida, y aunque Davi estaba ebria, no pasó desapercibido.
Él abrió la boca una vez más.
—Volvamos para que puedas beber algo —agregó y su sonrisa se disipó.
Pero antes de que pudiera moverse para volver, Davi le sujetó el rostro de nuevo.
—Vuelve a sonreír.
Sonríe, sonríe, sonríe…
—le suplicó ella sin parar, lo que sorprendió al hombre.
—¡No iré contigo si no sonríes!
No iré.
Me quedaré aquí si no sonríes.
Sonríe.
—continuó, suplicando como una niña.
Sei se sintió desconcertado y derrotado al mismo tiempo por la repentina solicitud de la chica.
Y cuando sintió la fría brisa que hizo bailar el cabello de su esposa como una seda a la luz de la luna, pensó que ella se podría resfriar si se quedaban más rato afuera.
Por lo que no tuvo más opción que levantar la bandera blanca.
Y a ser verdad, siendo o no consciente de ello, tenía cero tolerancia cuando su esposa le suplicaba de esa forma.
Por lo que, por primera vez…
Sei forzó una sonrisa.
Y el resultado fue…
bueno, casi un desastre, pero de alguna forma adorable.
—¡Pfft!
¡Jajajaja!
Pareces un gato sonriente —Davi se largó a reír tan fuerte cuando vio la sonrisa forzada, y aún así al hombre no le molestó, a pesar de que consideraba que lo que acababa de hacer era algo deshonroso.
Sei observó el rostro risueño de su esposa y esperó a que parara antes de hablar.
—Ya te concedí tu deseo, volvamos.
—le dijo con calma, y la chica finalmente lo siguió obediente.
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