Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 131
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131: Capítulo 131: La Lección 131: Capítulo 131: La Lección Editor: Nyoi-Bo Studio Cuando Davi apoyó las manos en el respaldo del sofá, Sei se quedó sin palabras.
Estaba completamente confundido respecto a lo que estaba pasando.
Además, vio los dulces labios rojos que todavía estaban mojados y brillantes por el agua que acababa de beber.
Se sonrojó de inmediato por las repentinas ganas que tenía de besarla, esta vez eran más fuertes que antes, tanto, que le costaba pensar.
En este punto, lo único que no se lo permitía era que pensaba que ella todavía estaba ebria y no estaba pensando normalmente.
—Esta noche, te voy a enseñar el beso francés así que…
quiero que pongas atención.
¡Cien…
por…
ciento!
¡¿Entendido?!
—le dijo con la misma firmeza que una profesora estricta.
Sei la miró con los ojos abiertos, antes de darse cuenta de su reacción.
—E-estás ebria.
Tengamos la lección otro día, cuando estés sob… Davi posó el dedo en sus labios sin dejarlo continuar, y dijo, —Shh…
un estudiante debe escuchar con obediencia a su profesora.
Cuando Davi le tocó los labios, Sei se sobresaltó por el impacto.
Y antes de poder reaccionar, la chica le rodeó el cuello con las manos, dejándolo estupefacto.
Sei no se había recuperado aún cuando, un segundo después, ella se sentó a horcajadas en su regazo.
Y como si hubiera sido golpeado por una serie de rayos mortales, Sei se volvió un objeto sólido inanimado e inamovible.
Su cerebro se rehusaba a funcionar de la manera que él quería, como si se hubiera convertido en otra persona.
—Bien, este…
este es el primer paso.
Mírame…
—le ordenó con ambas manos a cada lado de su rostro y levantándolo para que la mirara.
En ese momento, a Sei le costó recuperar su percepción perdida.
Sin embargo, antes de que pudiera arreglárselas para mover su cuerpo congelado, la chica habló de nuevo, como si fuera parte de su plan el no dejarlo reaccionar.
Ante lo que Sei se sintió como si ella fuera un virus de computador, apagándolo por completo, sin permitirle pensar bien, ni moverse, ni hablar.
—Mírame profundamente a los ojos —continuó con una voz suave, lo suficientemente fuerte para atravesarle el pecho como una poderosa flecha.
Él le obedeció cada palabra como si estuviera bajo su encanto.
Cuando la estaba mirando a los ojos brillantes y con pasión, llenos de espíritu, el hombre terminó observándola con una gran intensidad, pero al darse cuenta de ello, ya era muy tarde para retroceder.
Y sin perder más tiempo, Davi siguió con su lección.
—Inclínate…
un poco…
—le ordenó esta vez, su voz se volvió tan dulce que casi fue un susurro.
Debido a su cercanía, Sei la oyó perfecto, pero apenas pudo entender lo que estaba diciendo.
Esta vez sus palabras se redujeron a solo una.
—Cierra…
—susurró, se acercó, y cerró los ojos antes de presionar sus labios con los de él.
En ese momento, todos lo pasos que Davi debería haber dicho, no salieron de su boca.
No sabía que a medida que iba explicando las cosas en su mente, ya las estaba aplicando al mismo tiempo sin decir nada.
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