Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 149
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149: Capítulo 149: Solo Está Jugando 149: Capítulo 149: Solo Está Jugando Editor: Nyoi-Bo Studio —No te sientas tan orgullosa de ti misma, señorita pervertida…
es solo que…
—hizo una pausa y la miró inexpresivo antes de continuar.
—Es solo que…
obviamente acabas de despertar y no te has cepillado los dientes aún.
Solo para que sepas, tienes saliva seca en la mejilla.
—Sus palabras hicieron que Hinari se sonrojara.
Al ver que se puso roja, Zaki abrió un poco los ojos.
Desvió la mirada hacia la ventana instintivamente y se cubrió la mano con la boca, actuando como si no hubiera visto nada.
Hinari, por otro lado, se volteó para mirar su reflejo en la ventana del auto.
Después de inspeccionarse el rostro, se dio cuenta de que el hombre estaba mintiendo respecto a la saliva, así que se volteó hacia él impactada.
Este hombre…
este hombre despreciable…
¿de verdad me atrapó…?
Hinari se mordió el labio inferior con fuerza.
¡No podía aceptar que acababa de ser engañada por el truco de este hombre!
Así que, estás diciendo que no quieres besar a alguien que no se ha lavado los dientes, eh…
bien, Sr.
normal…
Hinari estrechó los ojos hacia él.
Cuando el hombre se quedó mirando por la ventana, en silencio, ignorándola como si nada hubiera pasado, ella sonrió traviesa.
Luego, se acercó y tiró de él.
Y antes de que pudiera reaccionar, lo besó.
Al momento en que sus labios se tocaron, Zaki abrió los ojos.
Pero se las arregló para sujetarla de los hombros y con cuidado quitar sus labios de los de él.
Pero antes de que las palabras: qué estás haciendo, salieran de su boca, la chica deslizó sus brazos por el cuello y lo acercó de nuevo hacia ella para seguir con el beso.
Y esta vez, se adentró mucho más en su boca.
Zaki estaba estupefacto y sintió que su fuerza estaba desapareciendo lentamente, como si estuviese siendo drogado.
Hinari, por otro lado, también se estaba sintiendo extraña.
El hombre que estaba besando no se movía para nada, y aún así, sintió como si no quisiera que el beso acabara.
Solo lo besó pensando en que podía castigarlo.
Ya que Hinari era la que siempre estaba provocando a los hombres hasta su límite y nadie podía contra ella, este hombre de aspecto normal era el primero en darle un golpe al punto de hacerla sonrojar de la vergüenza.
Lo besó porque quería hacer que él también se pusiera rojo como un tomate.
Por eso es que no esperaba que, antes de darse cuenta, terminara besándolo por mucho más tiempo del que había planeado.
Para cuando se detuvo y lo miró, ella terminó siendo la que se sonrojó por la reacción inexistente en el rostro del hombre.
Y antes de que pudiera pensar en qué hacer después, la voz del hombre la sobresaltó.
—Detén el auto.
—Ordenó y el auto se detuvo con un chirrido en medio del camino.
Hinari, que casi sale volando, se afirmó del hombre, sin embargo, él se quitó las manos del cuello y salió rápido del auto.
Dándole la vuelta, le abrió la puerta y habló con una voz monótona.
—Sal.
—¿Eh?
Espera.
El hombre le agarró la muñeca y la sacó del auto, luego se volvió a subir rápidamente.
Y en un abrir y cerrar de ojos, el auto se fue.
En ese momento, Hinari pestañeó más de tres veces al ver el auto que aceleraba alejándose de ella.
Se quedó de pie al borde de la vasta carretera en el medio de la nada.
—Espera…
¿qué?
¿Qué acaba de pasar?
¡¡¡Oye!!!
¡¡Maldito tipejo de aspecto normal!!
¡¡No me dejes!!
—gritó intentando perseguir el auto distante.
Mientras tanto, Zaki estaba ardiendo en llamas en el asiento trasero cuando el conductor le habló.
—Señor, ¿está seguro que la vamos a dejar ahí?
—Zaki ante la pregunta frunció el ceño y se desordenó el cabello con las manos, furioso.
—¡Ahhh!
Esta chica realmente…
se está metiendo conmigo, ¡maldición!
—Se quejó Zaki intentando calmarse y soltó un profundo suspiro de frustración.
Relájate…
esta pervertida solo está jugando…
Suspirando profundamente de nuevo, Zaki recuperó la compostura.
Miró por la ventana mientras hablaba.
—Por supuesto que no, aún tengo un asunto importante que hablar con ella.
—Devuélvete.
—le ordenó mientras se tocaba el pelo.
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