Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 163
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- Capítulo 163 - 163 Capítulo 163 Pájaro Enjaulado
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163: Capítulo 163: Pájaro Enjaulado 163: Capítulo 163: Pájaro Enjaulado Editor: Nyoi-Bo Studio País X…
El pueblo de Zemei era el hogar de diez mil individuos y estaba rodeado de montañas por cada punto cardinal, lo que lo convertía en un lugar perfectamente aislado.
Era hermoso y parecía pacífico.
Pero era de hecho, el cuartel secreto de una conocida organización secreta llamada Blackleaf, a la cual respaldaba el gobierno del país X.
Esta organización estaba entre las mayores amenazas de la humanidad.
Se decía que estaban construyendo peligrosas armas químicas y nucleares en secreto.
El pueblo era un paraíso seguro para los exiliados y los científicos corruptos que llevaban a cabo todo tipo de experimentos ilegales.
Las conexiones internas del gobierno junto con Blackleaf hacían casi imposible que aquellos que eran desmerecedores pusieran un pie en este lugar.
Por lo que el pueblo era de los pocos lugares misteriosos que seguían existiendo “escondidos a plena vista”.
A Sei y a su madre les dijeron que vivirían en el pueblo mientras Sei se uniera al grupo de élite de los hackers de Blackleaf, que eran entrenados como destacados espías y ciber criminales.
Estar en este nuevo pueblo era como ser prisioneros de nuevo.
Sei debía trabajar largas horas separado de su madre Fei para apresurar los resultados.
Y no solo eso, todos miraban a Sei como un ser inferior y consideraban que sus habilidades como hacker eran solos chismes y rumores creados por un pequeño grupo de rebeldes.
¿Cómo podría un niño hacer todas las cosas que un adulto experimentado llevaba haciendo por mucho más tiempo del que ha vivido él?
Sin embargo, al pasar los días, siendo el único niño en un grupo de hackers adultos, Sei continuó superando las expectativas.
Sus habilidades para hackear sobrepasaron a cada miembro la denominada “élite de la élite de los hackers” de la organización.
A la edad de nueve años, a Sei se le ordenó robar unos documentos del sistema de defensa militar del país H, utilizando a su madre para que accediera, por supuesto.
Por lo que en solo un par de horas, consiguió infiltrarse en el sistema del gobierno, robar aquellos documentos importantes y salir sin dejar ni un solo rastro de que estuvo allí.
Todo el pueblo de Zemei estaba conmocionado.
Las personas que supieron lo que hizo, comenzaron a tratarlo como un rey.
Hasta el presidente del país envió al líder militar personalmente para que confirmara las noticias.
Desde entonces, todos lo trataron con respeto y nadie se atrevía a tocarlo ni a hablarle mal.
El gobierno y Blackleaf se dieron cuenta del poder que poseía el chico y decidieron quedarse con él a toda costa, por lo que comenzaron a complacerlo en todo lo que pedía, obviamente, sin permitirle abandonar el pueblo.
Por lo que luego de años de mantenerlo enjaulado, finalmente cedieron un poco.
Le permitieron que paseara por el pueblo sin guardias y que tuviera más tiempo con su madre.
Era un pájaro enjaulado que acababa de ser transferido a un jaula un poquito más grande en la que por lo menos podía volar.
Sin embargo, lo que nadie sabía era que Sei ya había comenzado a planear infinitas estrategias para escapar desde el momento en que se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo en ese lugar en el que estaba viviendo con su madre.
Recorriendo el pueblo con libertad, Sei comenzó a notar los trabajos que se llevaban a cabo bajo la superficie.
Este lugar era el hogar de todo tipo de actividades ilegales.
En cierto edificio que visitó, Sei se encontró con un grupo de niños de su edad.
Eran chicos pálidos que lucían como vampiros.
Haciendo preguntas, descubrió que eran los bebés de probeta que sobrevivieron a los experimentos.
Estaban intentando crear genios que dominaran el arte de la guerra…
un arma viviente que obedeciera a sus amos.
Descubrió que decenas de esos niños murieron durante el proceso de experimentación, hasta que solo quedaron once de ellos.
Los niños tenían tatuados números de 1 al 11 en sus espaldas.
Un científico cruel le dijo que los niños no necesitaban nombres, que ellos eran numerados de acuerdo a su obediencia.
Pero lo que le llamó la atención a Sei fue el chico del número cero.
Preguntó por qué tenía el número cero y el viejo le contestó que él era un completo fracaso.
Que el desarrollo físico de Zero era casi el de un súper humano, pero era imposible controlarlo.
El viejo le dijo también que estaban planeando enviarlo como primera línea a la zona de guerra, para que al menos fuera de utilidad o quizás usarlo como conejillo de indias en futuros experimentos.
Aquellas palabras hicieron que Sei apretara el puño al ver al chico de la toga blanca.
Y como si su sexto sentido se activara, Zero levantó la mirada hacia él.
Por alguna razón, cuando Sei vio sus peligrosos ojos, tuvo el presentimiento de que lo iba a necesitar.
Al mismo tiempo, Sei se dio cuenta de que no era un fracaso.
De entre todos los demás niños, él era el único al que se le podía seguir llamando humano.
No tuvieron éxito al controlarlo porque, a diferencia de los demás, él todavía tenía una chispa de vida en los ojos y no era un completo robot.
En ese momento, Sei supo que para que él y su madre tuvieran una oportunidad de escapar este infierno, necesitaría tenerlo como aliado.
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