Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 241
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- Capítulo 241 - 241 Capítulo 241 Afrodisíacos
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241: Capítulo 241: Afrodisíacos 241: Capítulo 241: Afrodisíacos Editor: Nyoi-Bo Studio —Te perdonaré sólo si duermes conmigo esta noche —dijo Davi.
Su tono era serio, como si fuera una jefa hablando a un empleado.
Sei se quedó aturdido por un momento a causa de esas palabras.
Sin embargo, al final, pensó que ella le pedía eso porque él la había estado dejando sola por las noches y quería que se quedara a su lado.
Al pensarlo de esa manera, el hombre la veía inocente.
Aparentemente, no podía creer que la condición para perdonarlo fuera tan simple.
Estaba esperando algo como un castigo por molestarla, pero todo lo que quería era que durmieran juntos.
Sei estaba sorprendio, pero pronto notó que su esposa volvía a ser tan amable con él como siempre.
Y eso le trajo alivio a su corazón.
—Mm.
Me quedaré contigo —respondió obedientemente y Davi se ruborizó de repente.
Bueno, ella estaba intentando ser dura.
Estaba probando la reacción de su esposo, pero al verlo tan inocente como siempre, y sin pensar en que sus palabras tuvieran segundas intenciones, no pudo evitar sentir algo de vergüenza Por un momento, Davi no supo qué decir.
—Me…
¿Prometes no dejarme sola otra vez al dormir?
—dijo, obligándose a mantener la calma y tranquilidad mientras el hombre la miraba intensamente.
—Lo prometo —respondió Sei y Davi suspiró, aliviada.
Bueno, no podía iniciar su misión si él volvía a escabullirse, así que estaba contenta de haber obtenido esa promesa de su parte.
Depsués de todo, el plan de Davi era preparar las cosas primero.
Esto se debía a que Hinari, de hecho, le había aconsejado no ir directamente a la zona roja.
Bueno, por las historias de Davi, Hinari ya sabía que Sei no era como los hombres que se lanzaban sobre sus mujeres como animales y que pensaban sólo en el sexo.
También había deducido que el motivo por el cual él aún no la había tocado era que ella le gustaba más de lo que podía imaginar.
Así que su tendencia natural era alejarse, especialmente si tenía sus propias razones complicadas para hacerlo.
Considerando esto, ella creýó que lo mejor sería que Davi lo sedujera lentamente, hasta que pierda toda su fuerza de voluntad sin darse cuenta.
Y ese era el motivo por el cual Hinari hizo una lista de consejos, con la cantidad exacta de trampas que podían considerarse como juego previo para la seducción final.
Por supuesto, sabiendo que Davi era inexperta, Hinari no le explicó muy bien las tácticas.
Solo hizo una lista para que siguiera las instrucciones una vez que se decidiera a hacer su jugada, sin decirle que aquellas cosas harían que cualquier hombre se pusiera caliente.
Mientras Davi estaba pensando, Sei comenzó a hablar.
—Davi, yo… Sei estaba queriendo decir algo cuando Davi lo interrumpió.
Las miradas serias y honestas que le lanzaba al hablar aceleraban de inmediato el corazón de Davi.
Apenas sintió esa extraña tensión, ella ya sabía lo que estaba por decirle.
Así que, recordando los consejos de Hinari, Davi puso repentinamente su mano sobre el brazo de Sei y lo miró directamente a los ojos.
Davi recordó haberle preguntado a Hinari por qué había que tocarle el brazo.
Hinari le explicó que el dorso del brazo tenía terminales nerviosas muy sensibles, que definitivamente se activarían al ser tocadas.
Así que, Davi, que quería interrumpirlo y distraerlo, consideró que era el movimiento apropiado.
Por suerte, la jugada pareció funcionar porque Sei cerró la boca inmediatamente y se quedó quieto.
… Mientras tanto, los dos ancianos y las mucamas en la cocina estaban atareados preparando la comida cuando Zaki, que por fin sintió hambre, se acercó al comedor.
Estaba yendo directamente hacia la mesa larga, cuando los dos ancianos lo detuvieron.
—Joven, no puede comer eso.
Las mucamas prepararán otra comida para usted —dijo el viejo, haciendo palpitar las venas de Zaki.
—¿Qué demo…?
¿Por qué?
Tengo hambre ahora.
Ya no puedo esperar por otra comida —se quejó Zaki y el viejo suspiró.
—Oh, qué testarudo.
Está bien, adelante.
Pero no se queje más tarde.
Y no diga que no le advertí —dijo el viejo con una sonrisa pícara, que hizo sospechar a Zaki.
Con curiosidad, Zaki observó la comida servida en la mesa y sus ojos se agrandaron lentamente.
Apio, sandía, uvas negras, soja, ostras, frijoles, crucíferas, jugo de granadas, salmón y espinaca, conformaban el menú y Zaki no podía creerlo.
—¿Qué clase de…?
Zaki estaba a punto de quejarse de la comida cuando recordó algo.
Luego, volvió a examinar la mesa y comenzó a sudar gotas invisibles.
Bueno, eso fue porque Zaki por fin comprendió que todo lo que estaba en la mesa era comida afrodisíaca.
Es decir, que aumentaba el apetito sexual.
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