Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 245
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- Capítulo 245 - 245 Capítulo 245 Sellando Promesas
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245: Capítulo 245: Sellando Promesas 245: Capítulo 245: Sellando Promesas Editor: Nyoi-Bo Studio Mientras Davi se esforzaba por recuperar sus sentidos, Sei acercó su rostro al de ella, juntando las frentes de ambos mientras hablaba.
—Escucha.
Nunca querré divorciarme.
Siempre serás la única.
Sin importar lo que suceda, siempre serás mi única esposa.
Pero… Debo dejarte.
No sé por cuánto tiempo.
No sé si podrás esperar por mí.
Es por eso que… —Sei dejó de hablar.
Davi lo había besado repentinamente en la boca, antes de que pudiera terminar.
—Sei… No importa cuánto tiempo.
Yo te esperaré.
Lo prometo —dijo.
Sus ojos ardían con amor y pasión.
Su voz era como la canción más dulce de la tierra, asegurándole que no había necesidad de preocuparse.
Asegurándole que ella lo esperaría para siempre.
—Sei, no lo olvides, sin importar lo que suceda, yo siempre te amaré.
Siempre estaré aquí, esperándote.
Te amo tanto.
Sin importar lo que suceda, nunca me arrepentiré de haberte conocido.
Te amo tanto… —continuó ella y comenzó a besar su frente, sus ojos, su nariz y sus labios, antes de alejarse de nuevo.
Soltó sus hombros y se sentó.
En ese momento, por fin notó que había algo duro tocándola y todo su cuerpo se puso rojo de repente.
El hombre simplemente se quedó quieto, respirando con dificultad y con la mirada fija sobre ella.
Al segundo siguiente, Davi desató su bata.
Y, como una película en cámara lenta, apenas se la quitó, Sei jadeó y se quedó boquiabierto.
Su esposa tenía puesta una sensual lencería blanca.
Su cabello negro, largo y húmedo, estaba esparcido sobre sus hombros y cada una de sus curvas podía verse a través del fino encaje que llevaba puesto.
Ella estaba profundamente ruborizada, pero no había rastro de duda en sus hermosos ojos.
Al ver a la sensual diosa que tenía encima, Sei estuvo a punto de volverse loco.
Todos sus sentidos enloquecieron y su cerebro parecía estar bajo un hechizo.
Lo único en lo que podía pensar era en tocarla y hacerla suya.
Luego, Davi se movió.
Sus labios estaban a punto de tocar los de Sei cuando volvió a alejarse y dejó al hombre jadeando.
De hecho, la chica se movió para tomar la venda para los ojos que tenía bajo la almohada, mientras Sei pensó que iba a besarlo.
Luego, la chica se vendó los ojos lentamente antes de acercarse suavemente a él y retirar su máscara.
Estaba buscando los labios de él con los dedos cuando el hombre dijo su nombre.
—Davi… —dijo con una voz que era poco más que un susurro.
El nombre de ella era el sonido más precioso que podría salir de su boca.
Y, al momento siguiente, incapaz de seguir conteniéndose, Sei la acercó a sí en un beso apasionado.
Saboreó sus labios mientras sus respiraciones se entrelazaban.
Sus corazones comenzaron a latir como uno solo.
El beso fue muy diferente a todos los besos que habían compartido antes.
Fue un beso que parecía sellar sus promesas y ambos se sintieron como levitando entre las nubes.
Luego, las manos de Sei rodearon lentamente el cuerpo de ella, sintiendo cada una de sus curvas antes de posarse sobre su espalda.
Sei estaba maravillado al mirarla, su deseo ardía como llamas y la besó intensamente otra vez.
Sus cuerpos se unieron en uno solo.
Él la sostuvo con más fuerza y comenzó a besarla desde el cuello hasta el pecho.
Davi comenzó a gemir mientras el calor entre ambos se disparaba hasta el cielo.
En ese momento, el tiempo dejó de existir para ellos.
Mientras sus cuerpos se hacían más y más cercanos, su mundo comenzó a cambiar.
Todas sus preocupaciones e inseguridades desaparecieron y, mientras sentían el intenso placer, comenzó a sentir que se levantaban hacia el paraíso mientras se ahogaban en una piscina de amor.
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