Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 246
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- Capítulo 246 - 246 Capítulo 246 Tomate Maduro
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246: Capítulo 246: Tomate Maduro 246: Capítulo 246: Tomate Maduro Editor: Nyoi-Bo Studio Dulces y suaves gemidos, junto al sonido de una cama moviéndose, flotaron en el aire en medio de la noche silenciosa.
Las emociones rebosantes y el deseo incontrolable envolvieron todo el dormitorio, mientras la pareja por fin se rendía ante el deseo.
Sus cuerpos estaban sincronizados como uno, así como sus almas.
Era como si en aquel placer celestial dos estos estuvieran haciendo una promesa.
Una promesa silenciosa que solo podían comprender en lo más profundo de su alma.
Una promesa que se grabaría para siempre en sus corazones y que nadie, ni siquiera los dioses, podrían borrar.
… A la mañana siguiente, Zaki y el anciano estaban sonriendo como nunca.
Se veían como si hubieran despertado muy contentos y estuvieran teniendo la mejor mañana de sus vidas.
El anciano no podía ocultar su felicidad y comenzó a tararear temprano por la mañana, como si la luz del sol finalmente estuviera brillando sobre él después de mucho tiempo.
Al verlo, Zaki comenzó a sudar gotas invisibles.
—Eh… Viejo, debes reservar este tipo de reacción para cuando finalmente recibas la noticia del embarazo de tu nieta política, ¿sabes?
—murmuró para sí mismo cuando el viejo habló.
—Jovencito, ¿no crees que deberíamos hacer algo para celebrar?
—dijo emocionado y Zaki casi escupió.
—¿Qué demonios?
¿Celebrar qué?
Eso se hace recién al nacer el bebé —gritó en su mente.
Sin embargo, en un segundo comenzó a considerar la idea del anciano.
—Espera… Celebrar la graduación de la virginidad de Sei no es mala idea, ¿cierto?
Además, seguramente el bebé vendrá pronto….
Hm… Zaki comenzó a imaginarlo y, un momento después, sonrió pícaramente antes de acercarse al anciano.
Al susurrarle algo, el viejo pareció pensar que Zaki había tenido una gran idea.
Luego, comenzó a asentir con la cabeza y finalmente se alejó, con una expresión de éxtasis nunca antes vista.
Pasó el tiempo y los dos viejos estaban ahora parados frente al dormitorio principal.
Zaki estaba escondido en un rincón con un celular en la mano, listo para capturar lo que estaba a punto de suceder, cuando se abriera la puerta.
Sin embargo, pasaron varios minutos y nadie abría la puerta.
Zaki estaba de cuclillas en el rincón y los dos ancianos estaban parados como guardias.
—Oye, ¿qué hora es?
¿Aún no se despiertan?
—murmuró Zaki mientras miraba su reloj.
PAsó una hora más y los dos viejos comenzaron a moverse, incómodos.
Al verlos, Zaki estuvo a punto de ponerse de piel y decirles que descansen cuando por fin llegó el momento que habían estado esperando.
La puerta por fin se abrió, Zaki levantó inmediatamente el celular y dos dos ancianos se volvieron hacia la puerta, preparándose.
Cuando Sei dio un paso hacia afuera, los dos ancianos que estaban a cada lado le lanzaron un montón de confeti.
Sei se quedó petrificado y quieto como una estátua.
—¡Felicitaciones, joven amo!
—dijeron los ancianos, sonriendo significativamente, pero Sei solo levantó una mano y sacudió el confeti de su cabeza, aparentemente confundido por lo que sucedía.
Incapaz de seguir conteniendo su emoción, el viejo estaba a punto de hablar cuando, repentinamente, Sei habló primero.
—¿Don…Dónde está Zaki?
—preguntó, mirando a su alrededor.
Y, al descubrir al paparazzi haciendo fotos desde un rincón, Sei se lanzó sobre él, ignorando a los dos viejos que acababan de felicitarlo.
Los ojos de Zaki se agrandaron inmediatamente al ver al hombre que se abalanzaba sobre él.
Se enderezó mientras Sei se acercaba y, al segundo siguiente, sus manos cayeron sobre los hombros de Zaki mientras hablaba.
—Za-zaki, creo que… —por algún motivo, Sei parecía estar mortalmente preocupado e incapaz de pronunciar correctamente las palabras.
Eso hizo que Zaki frunciera el ceño al mirarlo.
—Oye, ¿qué pasa?
¿Algo está mal?
Esperaba que estés muy feliz, ¿sabes?
—dijo Zaki y Sei volvió a mirarlo seriamente.
—Ella… No se despierta.
Temo que exageré… —una vez más, Sei calló sin saber cómo seguir con su declaración.
Sin embargo, aquellas palabras fueron suficientes para que Zaki comprendiera lo que quería decir y la típica sonrisa pícara apareció en sus labios.
—¡Por Dios, este hombre!
Zaki extendió el brazo y levantó su máscara.
Al ver su rostro, soló una risita por dentro y comenzó a rodar por el suelo en su mente.
—Pfff… ¡Ja, ja, ja!
Su cara se ve como un tomate maduro, Sei.
¡JaJaja!
—Dime, ¿debo llamar a un médico?
—resonó la voz preocupada de Sei.
Finalmente, haciendo un esfuerzo por controlar la risa, Zaki respondió: —Oye, pero ¿qué dices?
¿Por qué te preocupa que no se despierte?
—preguntó Zaki y Sei desvió la mirada con timidez.
—Anoche yo… Yo… No pude controlarme.
Creo que exageré… —respondió, honesto como siempre y Zaki casi explotó de risa.
Se acercó a aquel hombre tremendamente problemático y susurró: —¿cuántas veces lo hicieron para que pienses así?
—preguntó pícaramente Zaki.
Solo lo estaba molestando y realmente no esperaba una respuesta.
Sin embargo, el hombre levantó una mano y la apoyó sobre su nuca al responder.
—Mu…muchas veces… —admitió.
Su voz era tímida y, al mismo tiempo, sonaba preocupado.
Zaki apretó los labios para evitar que su risa saliera de control.
Respiró profundamente y dio unas palmadas sobre el hombro de Sei.
—Ella no se quejó ni te pidió que te detengas, ¿no?
—preguntó Zaki y el hombre asintió.
—No lo hizo —respondió Zaki.
—Bueno, si no lo hizo entonces quiere decir que no tienes nada de qué preocuparte.
No necesita un doctor, ni nada, así que deja de preocuparte como un anciano.
Hiciste que se canse demasiado.
Eso es todo.
Sólo necesita descansar —explicó Zaki y la expresión de Sei mejoró un poco.
Aunque, al final, parecía que no dejaría de preocuparse hasta que despierte su esposa.
—¿Estás seguro?
—preguntó y Zaki estalló.
—Será mejor que enfríes tu cabeza primero, Sei.
Te preocupas demasiado.
Ahora tengo miedo de lo que pasará contigo cuando tu esposa dé a luz, ¿sabes?
—exclamó Zaki y, por algún motivo, lo que dijo golpeó a Sei como un rayo y lo dejó petrificado.
Las palabras de Zaki resonaban en su cabeza como un disco rayado, una otra vez.
Cuando tu esposa dé a luz… Cuando tu esposa dé a luz… Cuando tu esposa dé a luz…
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