Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 247
- Inicio
- Todas las novelas
- Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado
- Capítulo 247 - 247 Capítulo 247 ¿Mal Esposo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
247: Capítulo 247: ¿Mal Esposo?
247: Capítulo 247: ¿Mal Esposo?
Editor: Nyoi-Bo Studio Al oír las palabras de Zaki, Sei se quedó petrificado.
Las palabras que oyó sobre el embarazo de su esposa lo hicieron sentir que su sistema estaba a punto de colapsar en verdad.
Por otro lado, Zaki se dio una palmada en la frente en el momento exacto en que vio su reacción.
El hombre se quedó petrificado por un largo rato, hasta que Zaki levantó una mano y la agitó frente a su rostro, pero él ni siquiera parpadeó.
—Maldición, ¿murió el sistema?
—murmuró Zaki para sí cuando el hombre se despabiló de repente, como si hubiera leído la mente de Zaki.
Sei volvió a tomar a Zaki por los hombros, pero esta vez con más fuerza.
—¿Qué se supone que haga ahora?
—dijo.
La gran preocupación regresó a sus ojos y aún con más intensidad —¿Cómo puedo dejarla ahora si se va a…?
—Oye, tranquilo… No todo el sexo termina en embarazo, ¿sabes?
—lo interrumpió Zaki con un suspiro —Será mejor que te tranquilices primero, Sei, y lo pienses bien.
Hablaremos después —continuó y Sei respiró profundamente mientras lo soltaba.
Luego, Sei volvió al dormitorio.
Se acercó lentamente hacia su amada esposa.
Ella seguía profundamente dormida y, como siempre, mientras observaba su rostro tranquilo, Sei no pudo evitar sentirse tranquilo y en paz sólo con verla.
Todo eso lo hizo sonreír y plantar un amoroso beso sobre su frente.
Pasó el tiempo y Sei simplemente se sentó a observarla.
Estaba pensando profundamente y, cuando comenzó a pensar en un posible embarazo, comenzó a sentirse inquieto.
Se puso de pie y se acercó a la ventana.
Suspiró profundamente y se acercó a la ventana, pero no podía calmarse y no podía pensar con tranquilidad.
Sus ojos cayeron sobre el jardín al otro lado y su mirada se posó sobre la manguera que habían dejado el día anterior.
Al momento siguiente, Sei volvió a acercarse a su esposa y besó su frente cuando Davi se movió.
Su clavícula y su pecho quedaron al descubierto y Sei se ruborizó al admirar su hermoso torso.
Sin embargo, cuando vio los moretones que dejó esparcidos por todo su pecho y cuello, la expresión de Sei se volvió amarga.
No podía creer que él había causado todas esas marcas, y comenzó a recriminarse por perder el control y no ser más gentil.
Levantó cuidadosamente la manta y vio más moretones sobre la piel de porcelana de Davi y se quedó muy preocupado.
La envolvió delicadamente con la manta antes de abandonar rápidamente la habitación.
Sei se lanzó hacia Zaki, que estaba comiendo en el comedor y volvió a tomarlo fuertemente por los hombros.
—Za… Zaki.
Le dejé muchos moretones.
Se ve grave.
Creo que necesitamos un doctor —dijo el hombre, con extrema preocupación.
Zaki, sorprendido, dejó a un lado su cuchara y siguió masticando lo que tenía en la boca, mirándolo lleno de incredulidad.
Después de tragar su comida, el hombre se puso de pie, con una mano en la cintura.
—Oye, ¿no te había dicho que te calmes?
Ah… Es por esto que te dije que vieras, al menos, un video erótico o leyeras algo… Ah… Estoy comiendo, ¿sabes?
Zaki se estaba quejando, pero Sei no cambió su expresión.
Zaki no tuvo más opción que rendirse y suspirar de nuevo mientras explicaba.
Bueno, comprendía que Sei nunca había tenido el lujo de aprender sobre cosas como esa.
Su tiempo se iba en un 100 por ciento en cosas importantes y nada más antes de conocer a Davi.
—No te preocupes por los moretones, maldito viejo ansioso.
Eso no le causará ningún daño —dijo y, sorprendentemente, la expresión de Sei pareció suavizarse un poco.
—¿Estás seguro?
Se ven dolorosos.
¿Fue doloroso para ella?
—respondió y Zaki le dio unas palmadas en el hombro.
—¿Qué tan salvaje te pusiste anoche para estar actuando así ahora?
Ah… No te preocupes por cada pequeña cosa que has hecho.
Será mejor que esperes y se lo preguntes.
No le preguntes a un médico ni a nadie más, ¿entiendes?
—dijo Zaki y Sei sólo pudo rascarse la nuca.
—¿Crees que soy un mal esposo por haberle hecho eso?
—preguntó de nuevo y gotas de sudor aparecieron sobre la frente de Zaki.
—¡Dije que no me preguntes eso!
Ay, alguien que me ayude, por favor.
Ya no sé qué decir.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com