Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 262
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- Capítulo 262 - 262 Capítulo 262 Mi Mujer
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262: Capítulo 262: Mi Mujer 262: Capítulo 262: Mi Mujer Editor: Nyoi-Bo Studio —Me voy.
Tengo cosas más importantes que hacer.
Tú te quedarás aquí y esperarás a que los hombres del abuelo te escolten de vuelta a casa mañana —dijo Zaki y estaba a punto de abrir la puerta cuando Hinari dijo algo.
—¡Espera!
¿Acaso… estás… herido?
—preguntó ella, con los ojos enormes mientras posaba su mirada sobre él y su mano manchada de sangre.
Zaki simplemente la miró, sin alarmarse en lo más mínimo.
De hecho, había olvidado que una bala le rozó el hombro izquierdo durante la persecución hace algunas horas.
Estaba a punto de encogerse de hombros y no decir nada cuando la chica se acercó a él de repente.
Lo examinó rápidamente y, cuando vio la sangre seca en su mano izquierda, sus ojos se dilataron.
—Tú… ¡estás herido!
—exclamó, pero el hombre simplemente le dio otro golpecito en la frente.
—Deja de preocuparte por los demás y piensa en ti misma.
Me dijiste que quieres ser libre, pero ¿qué es esto?
Dejas que cualquiera te arrastre a cualquier parte como una chiquilla indefensa.
Si no te hubiera encontrado en ese lugar, por pura casualidad, ¿qué hubiese pasado contigo?
—dijo él y, por algún motivo, se puso furioso de repente.
Hinari quedó sorprendida con esas palabras.
No esperaba que él supiera lo que realmente le había sucedido.
Esta era la primera vez que veía la expresión de ira de este hombre y, aunque se sintió bastante intimidada, no le pareció horrible.
Por alguna razón, que él la regañara repentinamente de esa manera, la había puesto emocional.
Sin embargo, no podía responder y explicar, así que se mordió el labio para evitar decir nada.
En lugar de eso, tiró de la chaqueta negra de Zaki mientras miraba su mano.
—Tu herida.
Creo que necesitas ir al hospital —dijo, pero el hombre la tomó de la mano para alejarla de su herida.
—No hace falta.
No es nada —dijo él y estaba a punto de darse vuelta cuando Hinari bloqueó la puerta.
—Eh… Bueno, esta noche me salvaste… Así que, déjame tratar tu herida para recompensarte.
No te preocupes, soy buena en eso —dijo ella, pero, de nuevo, Zaki le golpeó la frente con el dedo.
—Te dije que dejes de preocuparte por los demás.
Ahora, muévete —dijo fría y obstinadamente.
Eso hizo explotar a Hinari.
—¿Y qué si me preocupo?
¿Qué tiene de malo preocuparse?
Tú me ayudaste primero, así que, ¿por qué no quieres que me preocupe cuando estás herido?
¿Por qué eres tan obstinado?
Una belleza como tú debe ser obediente y dejar que lo curen.
Es un pecado descuidar un cuerpo tan hermoso como el tuyo.
¿Entiendes lo que digo?
—gritó ella y Zaki se quedó petrificado por un momento.
—¿Por… por qué estás gritando ahora?
¿Y de verdad tienes que mencionar mi belleza de esa forma?
—tartamudeó Zaki.
Casi no podía creer que una chica lo estaba regañando así.
—¿Y qué si la menciono?
Solo estoy diciendo la verdad, así que no seas testarudo.
Si a ti no te importa tu cuerpo, a mí sí —Hinari seguía gritando y, al oír sus palabras, los labios de Zaki se curvaron.
—Oh… ¿Qué es esto?
¿Estás intentando confesar tu amor por mi cuerpo o algo así?
—preguntó él con una mirada pícara.
—Sí, eso es.
Estoy intentando confesar mi amor por tu cuerpo, no por ti.
No soporto ver a ese pobre, hermoso cuerpo tratado de manera tan ruda.
Si no me dejar curarlo, voy a saltar sobre ti y devorarte hasta la mañana —respondió ella, mirando seriamente a Zaki, que se atragantó.
¿Qué demonios está diciendo esta pervertida?
—Te has vuelto loca.
¿Sabes lo que estás diciendo?
—preguntó Zaki cuando alguien llamó a la puerta de repente.
—Jefe, tengo el botiquín de primeros auxilios —dijo una voz al otro lado de la puerta y Hinari abrió inmediatamente.
—Por favor, dámelo.
Yo me encargaré de tu jefe —dijo mientras tomaba el botiquín.
El Sr.
Líder, que se encontraba junto a la puerta, había oído los gritos y solicitó inmediatamente sus hombres que trajeran el botiquín.
Bueno, había notado las heridas de su jefe en el momento mismo de entrar al bar, pero, conociéndolo, no se atrevió a tratar sus heridas.
Era porque sabía que para su segundo jefe, las heridas pequeñas no eran algo que lo molestara en lo más mínimo.
Aunque las heridas que él llamaba pequeñas necesitaban de tratamiento urgente en un hombre normal.
—Por favor, cuide a nuestro jefe, señorita —dijo antes de cerrar la puerta y Zaki frunció el ceño.
Pero, antes de que pudiera hablar, Hinari se lanzó sobre él y lo empujó hacia la cama antes de obligarlo a sentarse.
Incapaz de seguir protestando, Zaki se rindió se quitó la chaqueta por voluntad propia.
—Hazlo rápido —dijo.
Al ver la herida, el corazón de Hinari aceleró.
Era porque la herida no era nada pequeña y aún seguía sangrando.
—Oye… dijiste que no era nada.
¿Cómo puedes ignorar esto?
—preguntó ella y se puso pálida.
Al notar su expresión, Zaki comprendió que estaba nerviosa y, por algún motivo recordó a su madre.
El rostro de Fei se ponía pálido cada vez que se lastimaba durante algún escape.
En ese momento, Zaki comprendió que, para otros, ese tipo de herida no era algo tolerable, aunque para él prácticamente carecía de importancia.
—No te pongas tan nerviosa.
No estoy en peligro de muerte.
Iré a ver a un médico cuando vuelva a casa, así que no te preocupes por este cuerpo mío que tanto quieres —dijo él, aún con expresión traviesa y Hinari casi tuvo ganas de golpearlo.
Realmente no podía creerlo.
¿Cómo podía estar tan sonriente y energético con una herida así?
¿Acaso no sentía dolor?
—¿Ahora tienes miedo?
Puedo curarme solo si me lo das —continuó Zaki, pero Hinari no le entregó el botiquín.
En lugar de eso, comenzó a tratar inmediatamente la herida con cuidado y suavidad.
Zaki la miraba realizar la tarea con seriedad y su mente comenzó a divagar.
Comenzó a pensar en ella.
Sabía de sus orígenes.
Sabía que, literalmente, era una princesa destronada, pero que seguía disfrutando de la vida.
De hecho, le gustaba esa actitud de amar la libertad, en lugar de desperdiciar su vida intentando complacer a otros.
Sin embargo, consciente de que ella también estaba peleando su propia guerra, en contra de las personas que deberían amarla, no pudo evitar sentir una gran ira.
Por reflejo, levantó la mano y pinchó la nariz de Hinari.
Ella levantó la mirada con el ceño fruncido y Zaki simplemente soltó una risita.
—La próxima vez, no dejes que nadie te arrastre contra tu voluntad —dijo Zaki y Hinari replicó enseguida.
—La próxima vez, no dejes que nadie lastime tu cuerpo así.
Me da mucha pena que tu pobre y hermoso cuerpo tenga que sufrir —dijo ella y, otra vez, las venas de Zaki saltaron al oír la palabra “hermoso”.
Queriendo vengarse, Zaki siguió hablando.
—Amas mi cuerpo demasiado.
¿No te sientes mal por el hombre que dices querer?
—preguntó con expresión engreída y Hinari hizo una pausa antes de responder mientras seguía tratando la herida.
—Hmm… Ahora que lo mencionas, no veo al Sr.
Normal desde que te conocí.
Oh, bueno, él no es mi novio, así que no hay razón para sentirme mal.
Pero sí, creo que su cuerpo también es hermoso.
A juzgar por su contextura, su cuerpo debe ser aún mejor que el tuyo.
—¿Cómo puedes decir eso?
—Es mi intuición.
Si tú tratas tu cuerpo de esta forma, por supuesto que el de él será mejor.
Debes cuidar tu cuerpo un poco más, o lo lamentarás en el futuro.
—¿Puedes dejar de hablar de cuerpos?
¿Cómo demonios funciona tu cerebro?
—¿Qué tiene de malo hablar de cuerpos hermosos?
—Agh… Mejor olvídalo.
Mientras los dos seguían discutiendo, Hinari terminó de vendar la herida.
—Asegúrate de ir al médico —dijo ella y Zaki se levantó inmediatamente.
—Me voy.
Recuerda lo que dije.
Además, respecto a tu compromiso con Yang, no te preocupes.
Abuelo hablará con tus padres sobre nosotros —dijo Zaki y los ojos de Hinari se abrieron con incredulidad.
—¿De… De verdad?
—preguntó simplemente y Zaki asintió.
—Sí.
Quédate tranquila, señorita pervertida.
Cumpliré mi promesa, así que pórtate bien —respondió él y Hinari lo abrazó de repente.
—Ah… ¿Qué debo hacer?
Esta belleza me seduce —dijo ella y Zaki casi quiso golpearla otra vez con el dedo.
¿Eh?
¿Quién demonios quiere seducir a una pervertida como tú?
Uf, no importa.
Razonar con esta chica es cansador… Después de que Hinari lo soltara, Zaki abrió la puerta y salió.
Hinari lo siguió.
—Ya me voy.
Quédate adentro —dijo antes de, finalmente, dar media vuelta.
Estaba a unos diez pasos de distancia, cuando alguien lo agarró de repente.
Zaki estuvo a punto de regañarla cuando la chica susurró en su oído de repente.
—Adiós, cuídate —dijo ella y, de la nada, mordió el lóbulo de su oreja durante tres segundos, antes de lanzarse a la habitación y cerrar la puerta.
Mirando la puerta cerrada y tocando su oreja, Zaki sólo pudo morderse el labio con fuerza, mientras se ponía una mano sobre la boca.
Sonrió incrédulo mientras sus orejas se ponían ligeramente sonrosadas.
—Eh… Jefe… Su mujer es alegre, pero atrevida —dijo el Sr.
Líder y Zaki volvió a la realidad.
—Sí, es mi mujer —dijo mientras seguía caminando.
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