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Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 264

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  4. Capítulo 264 - 264 Capítulo 264 Ella Estuvo Allí
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264: Capítulo 264: Ella Estuvo Allí 264: Capítulo 264: Ella Estuvo Allí Editor: Nyoi-Bo Studio Puerto Rojo, País H… Varios soldados estaban muy quietos, saludando en cada esquina apenas Sei pasaba a su lado.

Él era como un rey formidable, respetado y honrado por todos.

Y, para los habitantes del País H, él realmente era como su rey escondido en las sombras.

Zaki, que ya estaba esperando dentro, se apresuró para recibirlo con una sonrisa.

Sin embargo, apenas Sei vio su hombro vendado, su rostro se oscureció.

Al notar su expresión, Zaki lo rodeó con una mano y sonrió con picardía.

—Es solo un rasguño, nada más, ¿okey?

Por cierto, espero que no hayas dejado exhausta a tu esposa otra vez anoche.

¿La dejaste durmiendo?

—preguntó y las orejas se Sei se pusieron rojas.

—Yo… No la dejé exhausta —respondió y la sonrisa de Zaki se hizo aún más grande.

—Oh… No me digas que sólo lo hicieron una vez anoche —dijo para molestarlo mientras seguían caminando.

—No, lo hicimos más de una vez y… —respondió Sei, pero pausó en medio de la frase.

Miró a Zaki y cuando notó que su sonrisa crecía aún más, le quitó la mano del hombro.

—Cállate.

Deja de hacer preguntas —dijo con firmeza antes de seguir caminando y Zaki sólo rió mientras lo seguía con prisa.

Para cuando por fin se encontraron con el cuerpo de inteligencia militar que Sei mismo había fundado, comenzó una charla más cerca.

Mientras ambos escuchaban los interminables reportes, Zaki sólo podía fruncir el ceño.

ERa porque sólo con escuchar todos aquellos reportes misteriosos y casi sin sentido, ya sabía que la guerra sería muy larga.

—Señor, esta es la lista de sospechosos que, creemos, están conectados con la ciudad de Zemei —dijo uno de los hombres y cuando Sei revisó la lista, se detuvo en la última página y su expresión se volvió radicalmente oscura.

Zaki siguió inmediatamente la dirección de su mirada y, apenas vio el nombre y la foto de la jovencita que estaba observando Sei, se puso un poco rígido.

La chica en la foto no era otra que la esposa de Sei, la joven Davi.

Sin embargo, Zaki ya no estaba sorprendido.

A decir verdad, desde la noche en que la conoció, hace diez años, ya sabía que ella estaba conectada a esa ciudad del infierno.

Y estaba seguro de que, en su interior, Sei también lo supo desde que la oyó tocar esa canción.

En aquel entonces, Fei, su madre, había tocado esa canción como regalo de cumpleaños para su hijo.

La tocó en el hospital de aquella ciudad, donde había sido confinada.

Y había dicho que era una composición suya.

Supuestamente, nadie más que ella debería conocer la canción, considerando que sólo la había tocado una vez frente a ellos dos.

Era por eso que Zaki ya lo sabía.

Que Davi era más que un misterio.

Era tan misteriosa como el caso que debían resolver.

Y la única explicación era que ella estuvo allí, en esa ciudad infernal.

Ninguno de ellos lo había mencionado nunca.

Zaki nunca dijo nada, esperaba que Sei lo hiciera, pero nunca lo hizo.

—¿Por qué han incluido a esta chica en la lista?

Fue Zaki quien hizo la pregunta.

—Descubrimos que, en el día de la explosión, esa chica, junto a una mujer, abandonaron la ciudad.

Hemos logrado descubrir que vinieron de allí a través de un reporte sobre un accidente de tránsito, cerca de donde ustedes dos se quedaron esa noche.

Ella estaba con una mujer, y esa mujer era una de las científicas de la ciudad.

Creemos que la chica también es una ciudadana de Zemei —explicó el hombre y Zaki asintió.

Miró hacia Sei y vio que el infierno ardía en sus ojos.

Zaki comprendía por qué.

Sabía que era difícil creer que Davi podría ser igual a ellos.

—¿Crees que los agentes del XBI ya están enterados de esto?

—preguntó otra vez Zaki y, por suerte, el hombre sacudió la cabeza.

—No creo que lo sepan, señor.

No hay registro de ella en la base de datos de la policía del País J.

Nuestro descubrimiento fue una casualidad, porque uno de nuestros hombres encontró a un oficial de policía retirado que la asistió durante el accidente —respondió el hombre y Zaki miró inmediatamente hacia Sei.

—¿Eres tú quien destruyó los registros sobre ella?

—preguntó y, solo con mirarlo, no hubo necesidad de respuesta.

—Zaki… Debemos ir al País X esta noche —dijo finalmente Sei y todos lo miraron sorprendidos.

El general militar a su lado también lo miró, atónito por aquella decisión repentina.

—Pero… Señor… Aún necesitamos asegurar el… —No hace falta.

Esta noche, iniciaré la guerra —dijo Sei.

Su voz era poderosa, terrible y mortal.

Se veía como un dragón dormido que, por fin, había levantado sus enormes alas para volar y comenzar a quemar el mundo.

Con esas simples palabras, Sei despertó a los guerreros que dormían dentro de cada uno de sus hombres y Zaki sólo pudo sonreír con una gran emoción.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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