Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 279
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279: 279 Dos Cabezas Son Mejores Que Una 279: 279 Dos Cabezas Son Mejores Que Una Editor: Nyoi-Bo Studio Mientras tanto, Sei se quedó de pie y en silencio, observando cada movimiento de su amada esposa.
Aunque llevaba puesto un uniforme muy masculino y su cabello estaba cuidadosamente recogido, ante sus ojos, ella seguía siendo la mujer más hermosa.
Ahora estaba un poco más delgada, pero además de eso, su apariencia no había cambiado mucho.
Sin embargo, sólo había una cosa que él tenía muchas ganas de volver a ver, y era su sonrisa.
La sonrisa que había traído luz a su vida.
La echaba mucho de menos.
Quería verla sonreír una vez más, riendo de nuevo como antes.
Tenía muchas hanas de tenerla otra vez en sus brazos, allí mismo, en ese instante.
Pero sabía que no sería fácil.
Sabía que la herida que había estado abierta por cinco años tardaría mucho en sanar.
Por eso, él tomaría el mejor camino posible para su recuperación y, si tenía que usar a su propio hijo para ayudar, entonces no dudaría para nada.
…
La noche anterior…
Padre e hijo habían tenido una conversación de hombre a hombre cuando el pequeño Shin se despertó en medio de la noche.
El niño dejó su habitación al notar que su madre ya no estaba allí.
Estaba yendo hacia la habitación de su padre cuando lo vio sentando en silencio cerca de la ventana.
—Papá, ¿dónde está?
—preguntó.
—Ha vuelto a su trabajo.
Vuelve la cama, no te preocupes.
Pronto vamos a verla otra vez —respondió Sei, viéndose como un terrible jefe mafioso, porque estaba sentado en la oscuridad.
Sin embargo, el niño se acercó a él sin miedo.
Su frente estaba arrugada con disgusto —mientras miraba a su padre.
—Nunca la vi con ese uniforme en las fotos.
Ni siquiera en las que el tío Zaki me mostró antes.
¿Por qué no me has dicho que es un soldado?
—preguntó el pequeño Shin y Sei le hizo una señal para que se sentara a su lado.
El chico se sentó, obedientemente, y miró a su padre, esperando una respuesta.
—¿Cómo te sientes ahora que la has conocido?
—preguntó Sei, en vez de responder la pregunta.
El pequeño Shin inclinó la cabeza por un momento antes de responder con una mano sobre el pecho.
—Cuando la abracé, sentí un calor aquí.
Creo que me sentí feliz.
Supe que la quiero mucho —respondió honestamente el niño y Sei le acarició el cabello mientras sus labios se curvaban ligeramente.
Su hijo era igual a él cuando era joven.
Su inteligencia era mucho más avanzada que sus cinco años de vida y no actuaba para nada como un niño.
Sin embargo, el Pequeño Shin tenía algunas características que Sei no poseía a su edad.
A diferencia de él, Shin sentía curiosidad por todo.
Su interés en cada pequeña cosa era tan grande que no dudaba en inundar a todos a su alrededor con un montón de preguntas todos los días.
Ese era el motivo por el cual Shin podía entender sus sentimientos.
—Está bien.
Mañana iremos a visitarla al trabajo.
Vuelve a dormir —dijo Sei, pero el niño volvió a fruncir el ceño.
—Papá, aún no has respondido mi pregunta —respondió sin moverse.
Miraba a su padre como diciéndole que nunca se iría, a menos que reciba una respuesta satisfactoria.
Por supuesto, Sei ya conocía la actitud de su hijo, sabía que no se iría sin obtener una respuesta de su parte.
—Porque quería sorprendente.
¿Por qué?
¿No te gusta que sea un soldado?
—preguntó y el pequeño Shin lo miró por un momento antes de sacudir la cabeza.
—Creo que es genial, pero, ¿no es un trabajo peligroso?
Qué pasaría si…
—el pequeño Shin hizo una pausa, con preocupación en sus grandes y hermosos ojos.
Al ver su expresión, Sei levantó una ceja.
—Me decepciona un poco que pienses así sobre mí, hijo.
¿Crees que tu papá no está haciendo nada para cambiar eso aún?
—preguntó y el pequeño volvió a inclinar la cabeza, esta vez hacia el otro lado.
—Sólo…
Quería asegurarme —respondió, y el rostro de Sei se oscureció un poco.
—¿Estás diciendo que no confías en tu padre?
—preguntó.
Su voz sonaba un poco fría.
Sin embargo, el chico permaneció inmutable mientras respondía con honestidad.
—Pero papá está tan ocupado…
—respondió, dejando a Sei sin palabras.
—…
—Además, papá, la maestra dijo que mañana es el día familiar de la escuela.
Quería llamarte, pero le dije que yo te lo diría —continuó el niño y los ojos de Sei se encendieron al oír las palabras de hijo.
—Pequeño Shin, ¿qué tal si invitas a tu mamá al día familiar?
—sugirió Sei.
Estaba preguntando, pero a decir verdad, ya tenía un plan listo y su hijo sería quien ejecute el primer paso.
—¿Puedo?
—exclamó el niño y el entusiasmo llenó inmediatamente sus ojos cuando Sei asintió.
Al margen, Zaki estaba observando todo y solo pudo sacudir la cabeza, sonriendo.
No podía creer que el dúo de padre e hijo estaban planeando algo en medio de la noche.
Se veían como dos soldados discutiendo una estrategia para capturar algo muy importante.
Sei hablaba y el pequeño asentía, muy concentrado en lo que le decía su padre.
Era como si estuviera escuchando a Ghandi revelando el secreto para vivir una vida feliz.
Después de una conversación honesta, el niño se durmió en el regazo de su padre.
—Oye, no puedo creer que realmente vayas a usar a tu hijo —dijo Zaki con una sonrisa traviesa, acercándose a los otros dos.
—No tiene nada de malo.
Además, dos cabezas son mejores que una —respondió Sei, tomando en brazos a su hijo.
—No dije que estuviera mal.
De hecho, creo que es una buena idea.
El pequeño Shin podría ser una mejor medicina para ella que tú —respondió Zaki, con una sonrisa burlona.
—¿Por qué no vuelves al País H y buscas a tu prometida?
Estoy seguro de que Davi estará feliz de verla —dijo Sei antes de alejarse, dejando a Zaki rascándose la nuca.
Luego, levantó la cabeza y miró por la ventana.
Sus ojos vacíos comenzaron a llenarse de expectativa mientras pensaba en su prometida.
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