Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 283
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283: 283 Como Un Fénix 283: 283 Como Un Fénix Editor: Nyoi-Bo Studio Justo después de finalizar el evento, Davi fue al laboratorio.
Aún estaba dentro del cubículo cuando oyó unas voces que hablaban sobre ella.
—¿Sabes qué?
Me pregunto qué le pasa a la madre de Shin…
—Sí, ¿también lo notaste?
Aunque sus ojos están cubiertos por una máscara, sé que nunca sonrió.
Me pregunto qué pasa con ella.
No sonrió ni una vez en todo el día.
—Es lo que te estoy diciendo.
Su hijo es un genio adorable y ella sólo lo abrazaba, sin sonreír.
—Sí…
Si yo fuera ella, estaría irradiando orgullo y sonriendo todo el tiempo por tener un niño genio como él.
—Tienes razón, tienes razón.
Sin importar el motivo, como madre, debería al menos sonreír y mostrarle a su hijo que es feliz.
—¿Cierto?
Se ve perfecta y hermosa, incluso con esa máscara, pero…
Ah…
Me pregunto si a su hijo le molesta eso.
—Seguro que sí.
Después de todo, es un genio.
No es como nuestros hijos tontos…
—Es es cierto.
Al oír esas palabras, Davi sintió que su corazón se rompía.
Rechinó los dientes y apretó un puño sobre su vestido.
Tenían razón.
No había manera de que el pequeño Shin no lo notara.
Esas mujeres sólo estaban diciendo la verdad, pero aquellas palabras hicieron arder los ojos de Davi con odio hacia sí misma.
Como madre, no debería ser así.
Debería ser capaz de mostrarle a su hijo lo feliz que era, debería ser capaz de mostrarle una brillante sonrisa al abrazarlo y debería ser capaz de reír con él.
…
Camino a casa, el pequeño Shin se durmió, sentado en el regazo de Davi.
Sei podía notar una emoción extraña en sus ojos mientras miraba a su hijo y lo acariciaba suavemente.
Era como si su mente estuviera ocupada con algo desde que salieron de la escuela.
Cuando por fin llegaron a la residencia Chen, Sei se ofreció para cargar al niño, pero Davi dijo que no hacía falta.
Luego, alzó al niño y lo llevó hacia la mansión, mientras que Sei permanecía clavado al suelo, mirando cómo se alejaba.
Sei se apoyó con pereza sobre el Maybach Exelero.
Una de sus manos estaba en su bolsillo mientras levantaba el rostro hacia el cielo oscuro.
Aún llevaba puesta la máscara y estaba allí en silencio, como si estuviera contando las estrellas.
Pasó una hora y Davi finalmente salió de la casa.
Al notar su presencia, Sei la miró y, cuando sus ojos por fin se encontraron, la chica se quedó inmóvil.
Estaba a unos diez pasos de él, pero el corazón de Sei ya había comenzado a agitarse.
Al verla allí parada, con aquel vestido blanco, era como un sueño para él.
Aquel largo cabello negro, tan familiar, y aquellos delicados rasgos que Sei había echado tanto de menos durante cada instante de aquellos cinco años, ahora estaban frente a él y no podía pedir nada más.
Ella era tan hermosa que Sei sólo quería tenerla en sus brazos otra vez.
Sin embargo, no hizo ni un movimiento.
Sólo la miró con amor.
Sei tuvo que utilizar toda su disciplina para suprimir el deseo de acercarse a ella.
En ese momento, no había más que silencio entre ellos.
Pasó otro largo momento y Sei casi llegó a su límite.
Estaba a punto de rendirse cuando la chica por fin hizo un movimiento.
Apenas Sei vio que ella daba un paso hacia adelante, sus labios se curvaron levemente.
Ese era el momento que Sei más había estado esperando.
La chica de blanco se acercó lentamente a él la manzana de Adán de Sei se agitó mientras él ajustaba suavemente su postura, poniéndose de frente a ella.
De hecho, esto era lo que Sei había estado esperando durante todo este tiempo.
El momento en que ella decidiera estar frente a frente otra vez.
El momento en que ella eligiera levantar la mirada.
Sei nunca creyó que ella había cambiado para peor, y esperaba que siguiera siendo la misma mujer fuerte que él conocía y amaba.
Desde el principio, él creyó en Davi.
Sabía que ella necesitaba poder despertar y tener algo de seguridad, y podría levantarse, como un fénix de las cenizas, sin importar qué tan profundo fuera el pozo donde se encontraba.
Era por esto que, esta vez, Sei no hizo nada.
Él creía en ella al 100%.
Él sabía que ella ya había hecho lo mismo por él y que haría lo que sea por su hijo.
Él creía que el amor maternal innato y el deseo de darlo todo como madre sería la gran fuerza que la empujaría a despertar y levantarse otra vez.
Mientras la miraba a los ojos, parecía haber algo insondable en ellos.
Sus hermosos ojos estaban brillando con algo que Sei no podía descifrar por completo.
Hace cinco años, sus ojos siempre estaban llenos de fuerte determinación y un espíritu férreo, sin importar lo que estuviera pasando.
Pero esta vez parecía haber algo diferente.
Era como si el delicado ángel se hubiera convertido en una guerrera intensa y feroz.
Sei estaba seguro de que era el aura que había adquirido por servir en el ejército durante años, mezclada con su personalidad original.
Él no sabía por qué, pero la intensidad en los ojos de Davi estaba devastando el ritmo de su corazón, sin esfuerzo alguno.
Luego, la chica estuvo a un paso de distancia de él, pero Sei no dijo ni una palabra.
Estaba esperando que ella hable primero.
Sin embargo, al momento siguiente, la intensidad en los ojos de ella se redujo y bajó la cabeza, como si estuviera intentando esconder su rostro.
Fue como si una tormenta que se estuvo arremolinando hubiera desaparecido en un instante.
Sei estaba sorprendido con el cambio repentino en sus reacciones, pero antes de que pudiera hacer nada, Davi levantó sus manos y tomó las mangas de Sei.
Su cabeza seguía inclinada cuando por fin rompió el silencio.
—Yo…
Tengo algo que decirte —dijo Davi.
Su voz era suave y estaba llena de tristeza.
—Mm.
Por favor, dilo todo.
Yo te escucharé —respondió Sei.
Su voz era alentadora, más suave que nunca.
—Yo…
Lo siento —dijo Davi y el rostro de Sei se oscureció.
No esperaba que lo primero que dijera fuera “lo siento”.
Su corazón se contrajo.
—Hoy hay motivos para eso —respondió.
—Pero yo soy la razón de tu sufrimiento —respondió ella y Sei por fin se despabiló.
Tomó el rostro de Davi y la obligó a mirarlo.
—Te equivocas.
Somos iguales.
Ambos somos víctimas.
Ambos sufrimos por culpa de ellos.
Ellos son los únicos culpables de todo lo que pasó en nuestras vidas.
¿Acaso tú no has sacrificado ya suficiente por mí?
Ambos hemos sufrido por el otro.
Así que, por favor, no te culpes, deja de sentirte culpable.
Nada de esto fue tu culpa.
¿Entiendes?
—dijo Sei firme, pero honestamente.
Su voz era poderosa y llegaba directamente al corazón de Davi.
Sus palabras eran tan reconfortantes y tan pesadas que Davi no pudo evitar aceptar cada palabra que él pronunciaba en el fondo de su corazón, como si sus palabras fueran lo único en el mundo en lo que podía creer sin dudar.
Muchas veces antes, ella había luchado internamente, intentando razonar lo mismo que Sei le había dicho.
Sin embargo, siempre fue difícil para ella creer en esos pensamientos.
Se sentía tan culpable y responsable, pero ahora que era Sei quien le decía las palabras de la redención, su corazón y su mente se rindieron inmediatamente ante sus palabras.
Eso hizo que Davi se diera cuenta, otra vez, de que ese hombre aún tenía la llave de toda su fe, su devoción y recuperación.
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