Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 286
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286: 286 Puedes Salir Ahora 286: 286 Puedes Salir Ahora Editor: Nyoi-Bo Studio Sei interrumpió el beso para mirarla.
Sus labios apenas se habían tocado, pero él ya estaba por perder la cabeza.
Ya no podía esperar más para besarla más profundamente.
Así que, sin desperdiciar ni un segundo, estaba a punto de besarla otra vez cuando una voz llegó a sus oídos.
—¡Mami!
—gritó alguien desde la entrada de la casa y Davi volvió inmediatamente la cabeza.
Se separó de Sei y corrió inmediatamente hacia la voz, dejando a Sei atónito, mientras levantaba la mano para rascarse la nuca.
En la puerta de la casa, Davi y su hijo se estaban abrazando otra vez.
—Mami, ¿te vas de nuevo?
—preguntó el niño.
Su cabello estaba desordenado, pero igual se veía muy adorable.
Especialmente con aquellos enormes ojos redondos llenos de lágrimas.
Al ver que su bebé estaba a punto de echarse a llorar, el corazón de Davi se estremeció y acarició la cabeza del pequeño Shin.
—No te preocupes.
No volveré a irme.
Mami se quedará contigo desde ahora —respondió y el pequeño Shin abrió más los ojos.
La soltó y la miró a los ojos.
—¿Desde ahora vas a vivir con nosotros, en esta casa?
—preguntó el pequeño y Davi asintió.
—Mm.
Mamá sólo tiene que volver al trabajo por un momento para arreglar algunas cosas.
Volveré enseguida —respondió y los ojos del pequeño Shin brillaron como estrellas, llenos de felicidad, antes de abrazarla otra vez, entusiasmado.
—Vuelve a dormir.
Yo llevaré a tu madre su trabajo —dijo Sei y el rostro del pequeño Shin adquirió inmediatamente una expresión de disgusto ante el hecho de que su padre parecía querer despedirlo.
—Iré con ustedes.
Mamá dijo que sólo será un momento —respondió el pequeño Shin y ambos simplemente intercambiaron una mirada de derrota.
Al final, la familia de tres se metió al coche y se dirigió hacia el Puerto de la Reina.
…
Mientras tanto, en el País H.
Zaki acababa de llegar cuando recibió un mensaje sobre el paradero de su prometida, a quien no había visto por unos dos años.
Ahora, ella era una escritora exitosa, e incluso tenía su propia cadena de librerías en todo el país.
Todo lo que ella había conseguido, lo hizo gracias a su propio esfuerzo y se había mantenido firme, a pesar de que su familia estuviera en su contra.
De hecho, lo único que Zaki había hecho por ella fue minimizar los ataques de parte su propia familia.
Pero él no había eliminado todos los obstáculos del camino de ella porque creía que la experiencia la haría más fuerte.
Sin embargo, podría decirse que su relación casi no había cambiado.
En los últimos cinco años, Hinari había vivido libremente, haciendo lo que quería, mientras él había estado ocupado peleando junto a Sei.
Pareciera que no había nada especial entre ellos.
Simplemente eran una pareja cuyo matrimonio fue arreglado por sus familias y que tenían algún tipo de trato respecto a la situación de cada uno.
Sin embargo, Zaki nunca la había considerado como alguien irrelevante en su vida.
De alguna manera, incluso antes de darse cuenta, ya se estaba preocupando por ella y lidiando con sus enemigos al margen, sin que ella lo supiera.
Unos momentos después, Zaki finalmente llegó al hotel donde ella estaba pasando la noche.
Le habían dicho que otro de sus libros había sido elegido para una dramatización por una gran compañía de entretenimiento.
Era otro éxito para ella, así que había sido invitada a la noche de estreno de la obra.
Ya era medianoche y el hall estaba casi vacío cuando Zaki llegó.
Miró a su alrededor, pero ella no estaba.
Llamó a alguien para revisar el circuito cerrado de televisión y le informaron que ella había sido vista entrando al lavatorio hacía una hora.
—¿Hace una hora?
—repitió Zaki y frunció el ceño.
De alguna manera, no pudo evitar sentirse inquieto.
Era porque, por algún motivo, cada vez que se encontraban, ella siempre estaba en algún tipo de problema.
Pensando que algo malo había vuelto a suceder, Zaki fue hacia el baño de mujeres y sus ojos se pusieron como platos al ver a dos hombres dentro.
—Vamos, señorita, por favor.
Abra la puerta para jugar con nosotros —dijo un hombre que parecía borracho, mientras golpeaba la puerta de un cubículo cerrado.
—Señorita Hinari…
Se va a morir si lo aguanta.
La droga que pusieron en su copa es muy fuerte, no tiene sentido luchar.
Salga y la ayudaremos a sentirse mejor.
Mi amiguito ya no puede seguir esperando —dijo el otro hombre.
Su voz y tono eran sucios y se veía como un bastardo pervertido.
Cuando Zaki oyó aquellas palabras, la furia se encendió en él y, antes de darse cuenta, los dos hombres ya estaban en el suelo, con la cara ensangrentada.
La chica, sudando y jadeando dentro del cubículo, oyó la conmoción, pero aún no se atrevía a abrir la puerta.
Sin embargo, la voz que oyó después la hizo estremecer.
—Hinari, puedes salir ahora —dijo una voz grave, fría y familiar.
Hinari jadeó.
Débilmente, se cubrió la boca con las manos y sus ojos volvieron a abrirse.
¿Qué…?
¿Qué hacía él allí?
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