Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 287
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287: 287 Peligro 287: 287 Peligro Editor: Nyoi-Bo Studio —Hinari, puedes salir ahora.
La voz de Zaki resonó en el baño.
Al oír su voz, Hanari se sorprendió y se asustó un poco.
Era porque la palabras resonaron de manera terrible y amenazadora, que nunca antes había oído de parte de Zaki.
Obviamente, estaba furioso y parecía que la ira seguía ardiendo en él.
Ella sabía que cuando él pronunciaba su nombre de aquella manera, quería decir que su ánimo estaba cerca de ser asesino.
El año que Davi desapareció, Hinari se había quedado para ayudar a cuidar al pequeño Shin.
Ese era el motivo por el cual había podido descubrir un montón de secretos que involucraban al esposo de su mejor amiga.
La información la había abrumado de tal manera que no pudo creerlo.
Sin embargo, lo más sorprendente para ella fue descubrir que su apuesto prometido y el guardaespaldas de aspecto normal eran la misma persona.
En ese momento, se sintió traicionada y engañada y estuvo furiosa con él por haberla hecho quedar como tonta.
Además, también había visto cómo su prometido se convertía en una especie de bestia.
Hace dos años, durante la caída de la familia Li, Hinari había vuelto para el segundo cumpleaños del pequeño Shin.
Esa vez, cuando ella, junto a Haru y el pequeño Shin, iban en el lujoso Maybach Exelero que conducía Zaki, un grupo de maleantes, que parecían ser rufianes de la familia Li, los emboscaron.
Hinari estaba aterrada, intentando proteger al pequeño Shin en sus brazos.
Docenas de rufianes rodearon el coche y comenzaron a romper las ventanas con bates y otras armas metálicas.
Justo cuando Hinari pensó que aquel era el fin de todos ellos, Zaki hizo algo increíble.
Bajó tranquilamente del coche y ella vio cómo peleaba con gran coraje, solo.
Ella lo vio convertirse en una bestia aparentemente inhumana salida del infierno, destruyendo a todos con sus manos como si no fueran más que hormigas.
La sed de sangre cubrió sus ojos y, en un corto momento, ella lo vio erguirse como un furioso guerrero entre sus enemigos caídos.
Ese día, Hinari descubrió otro lado de él y quedó completamente deslumbrada y atónita.
Comprendió que ella realmente no sabía nada sobre ese hombre.
Después de lo que sucedió aquel día, Hinari esperó que él hablara del tema, pero nunca lo hizo.
Fue como si él no quisiera que ella supiera nada, y Hinari no sabía por qué, pero que no dijera una palabra sobre lo ocurrido la hizo consciente del estatus de su relación.
Desde entonces, nada había cambiado en su relación.
Ella intentó simplemente comprender las circunstancias de su prometido y, con eso, ambos decidieron tomar caminos separados.
Desde la perspectiva de otras personas, era difícil de creer que su compromiso aún no hubiera sido cancelado.
No se trataba simplemente del hecho de que ambos vivían separados, sin ningún tipo de contacto durante años, sino que ni siquiera habían tenido una cita desde el día en que se conocieron.
—Te doy tres segundos antes de romper esta puerta —dijo Zaki y Hinari no pudo evitar sentirse alarmada.
Así que, a pesar de su situación, se obligó a hablar.
No quería que él la viera en ese estado.
—No…
Estoy…
Estoy bien —respondió.
Su voz era obviamente débil y forzada, lo cual hizo que Zaki cerrara los ojos apenas oyó su voz agitada.
La calma que lo caracterizaba se había desvanecido.
—Aléjate.
Aléjate de la puerta.
—ordenó Zaki y los ojos de Hinari se dilataron.
—¡Dije que no!
—gritó ella, utilizando cada átomo de energía que le quedaba —Si abres esta puerta…
tú…
te arrepentirás —le advirtió y Zaki volvió a fruncir el ceño.
—Déjame sola.
Saldré cuando me sienta bien.
No quiero verte…
O si no…
Estarás en grave peligro.
Te lo advierto…
Será…
Será mejor que huyas —le rogó Hinari y su voz volvió a resonar, lo cual hizo que Zaki volviera a la realidad.
Las palabras que había elegido para este tipo de situación hicieron que quisiera castigarla una vez que le pusiera las manos encima.
Bueno, debido a la ira que sintió hace un momento, lo único que oyó claramente de parte de aquellos hombres a los que les había dado una paliza fue su nombre.
No comprendió lo que estaban diciendo porque balbuceaban como animales a causa de la borrachera.
Lo único que había comprendido fue la última frase que oyó al acercarse.
Fue por eso que Zaki dudaba sobre el porqué de las palabras de Hinari.
—No…
No me hagas repetirlo —le advirtió cuando, de repente, oyó un ruido dentro del cubículo, como si ella hubiera caído al piso.
Instantáneamente, Zaki tomó el picaporte, para evitar que la puerta se abriera al golpearla con su hombro.
Apenas se abrió la puerta, Zaki la empujó lentamente y abrió mucho los ojos cuando su mirada cayó sobre la chica que lo miraba acurrucada en el suelo.
Zaki podía ver que su cabello castaño estaba desordenado y mojado.
Estaba bañada en sudor.
Los tirantes de su vestido rojo estaban caídos y sus ojos parecían estar llenos de lujuria.
Por un momento, Zaki no pudo reaccionar al verla así, pero se puso de cuclillas inmediatamente mientras hablaba.
—¿Qué sucede?
¿Esas personas te hicieron algo?
—preguntó.
Sus ojos estaban ardiendo lentamente con furia cuando Hinari sacudió suavemente la cabeza, haciendo que Zaki suspirara profundamente, aliviado.
—Entonces, ¿qué pasó?
No me digas que bebiste demasiado y terminaste así —continuó, cuando Hinari levantó débilmente la mano y se cubrió los ojos.
—¿Por qué no me escuchaste?
¿No te dije que no exhibieras ese seductor y hermoso rostro tuyo?
—dijo suavemente y las venas de Zaki saltaron.
—¿Se…
Seductor?
Tú…
De verdad estás borracha, ¿no?
¿Qué demonios haces metiéndote en problemas y…
acaso no sabes que estabas en grave peligro hace un momento?
Si yo no hubiera venido, ¿sabes lo que te hubiera pasado?
—la regañó, tomándola de la mano y destapando su rostro para que lo vea.
Cuando sus ojos se encontraron, Hinari se mordió el labio seductoramente.
—No soy yo quien está en peligro aquí, sino tú…
No hay forma de que pueda resistirme a un hombre tan hermoso.
Vete ahora mismo, preciosura.
No quiero verte, prefiero ver el rostro aburrido del Sr.
Normal en este momento —replicó ella y las venas de Zaki volvieron a saltar al oírla decir que prefería su rostro enmascarado a su hermosa apariencia.
Sin embargo, en ese momento, su voz, el sudor en su rostro y su cuello, y la mirada lujuriosa que tenía eran tan seductores que Zaki estaba comenzando a sentirse abrumado por el calor que crecía en su interior.
—Deja de decir tonterías…
Nos vamos.
Sólo espera a que estés sobria, señorita problemática, y verás lo que te haré entonces —respondió severamente Zaki, intentando desviar la mirada de ella, a la vez que se acercaba para ayudarla a levantarse.
Pero apenas la tomó, Hinari susurró suavemente, como si estuviera quedándose sin combustible.
—Esto…
Es tu culpa…
No digas…
Que no te advertí —murmuró y, antes de que Zaki pudiera reaccionar, de la nada y sin aviso, Hinari de repente le clavó los labios en el cuello y comenzó a lamerlo.
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