Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 293
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293: 293 ¿Qué Te Ha Pasado?
293: 293 ¿Qué Te Ha Pasado?
Editor: Nyoi-Bo Studio Haru estaba estupefacto.
Jamás hubiera imagino al leal hombre de su hermana sosteniendo a otra mujer en brazos.
Sus ojos se pusieron como platos mientras daba media vuelta inmediatamente y comenzaba a alejarse.
Estaba muy abatido.
Pensó que su hermano mayor la esperaría por siempre, pero parecía que su sueño de que se reunieran ahora era inalcanzable.
—Espera —dijo Sei y el hombre se detuvo.
—Hermano…
Esto significa que ya no quieres esperar a mi hermana.
¿No habías dicho que esperarías por ella y te casarías con ella otra vez?
—preguntó Haru sin volverse cuando, de repente, oyó una voz que lo impactó.
—Ha…
Haru —una voz familiar lo llamó por su nombre y el joven se volvió inmediatamente.
Apenas la vio, puso los ojos como platos.
—Her…
¿Hermana?
—murmuró, mientras la incredulidad inundaba su rostro.
Y cuando Davi se acercó rápidamente a él y lo abrazó con fuerza, el joven rompió a llorar.
—Hermana…
¿Realmente eres tú?
¿Has vuelto?
—exclamó el joven y Davi asintió mientras lo abrazaba otra vez.
—Mm.
Soy yo, Haru.
Lo siento.
Lo siento.
Estás tan alto —murmuró ella y el joven sacudió la cabeza.
—No.
Entiendo por qué desapareciste, así que no te disculpes.
Hermano mayor me explicó todo.
Hermana…
No puedo creer que estás aquí ahora.
¿Dónde has estado todo este tiempo?
Haru estaba tan conmocionado que Davi sintió que su corazón volvía a retorcerse.
Quería llorar de felicidad.
Por fin había vuelto a ver a su hermanito.
Una tras otra, todas las personas que amaba estaban volviendo a ella.
Y sólo podía agradecerle al cielo por bendecirla de esa manera.
Cuando se estaba escondiendo, Davi sabía que Hinari o Sei se ocuparían de Haru mientras ella no esté.
De hecho, hasta hacía un momento había tenido la intención de confrontar a Sei para preguntarle por Haru.
Sin embargo, debido a lo que sucedió, se le había olvidado por completo.
—Haru, me alegra que estés bien —dijo Davi mientras extendía la mano para acariciar su cabeza.
Aquel ya no era el pequeño Haru.
Mientras tanto, Sei, que los había estado observando en silencio, simplemente se quedó allí por un momento antes de subir silenciosamente las escaleras.
Bueno, sabía que no podría llevársela ahora.
Sabía lo mucho que había echado de menos a su hermanito menor.
Así que, sin otra opción y queriendo ser considerado, Sei decidió darle un tiempo a los hermanos.
Se convenció a sí mismo de que aún tenía un montón de tiempo en sus manos.
Pensó que le daría a Haru la oportunidad de estar con ella ahora, ya que él mismo pensaba monopolizarla poco después.
Aunque realmente, el verdadero motivo por el cual Sei pudo convencerse de dejarla ir fueron las palabras que Haru acababa de pronunciar.
Cuando el joven dijo “te casarías con ella otra vez”, algo en su corazón se encendió porque recordó su desalmado contrato de matrimonio.
Apenas llegó a su estudio, entró y tomó el contrato que ambos habían firmado seis años atrás.
Al mirarlo, su rostro se oscureció.
Tomó los papeles y los llevó consigo, bajando silenciosamente las escaleras.
Hasta llegar al patio.
El exterior de la Residencia Chen era casi similar a la Mansión Gris, donde habían vivido antes, en el País J.
El jardín también era similar, aunque las flores no eran tan hermosas como las que su esposa había plantado.
Sei se quedó en un rincón y tomó un encendedor de su bolsillo.
Miró una vez más los papeles que tenía en la mano, antes de quemarlos.
Sin embargo, los papeles eran gruesos, así que los separó y tomó una página primero para prenderle fuego.
Sus ojos se deleitaron mirando cómo el papel era lentamente consumido por el fuego.
Bueno, siempre había querido destruir aquella cosa.
Era porque sabía que pronto sería reemplazada por algo lleno de amor puro y nada de crueldad.
Sei se sintió eufórico.
Si alguien pudiera verlo en ese momento, parecería una adorable versión chibi de un hombre sonriente y con una colita que se agitaba de felicidad.
Después de quemar la primera página, tomó la siguiente y, cuando le prendió fuego, su teléfono vibró en su bolsillo.
Lo revisó y vio que era Zaki.
Contestó inmediatamente.
—¿Hola?
¿Sei?
—Mm.
¿Qué pasa?
—Bueno…
¿Qué estás haciendo?
Sei frunció el ceño al oír las palabras de Zaki.
Bueno, durante todo este tiempo sólo se habían llamado un par de veces por emergencias o por negocios, así que era muy inusual que Zaki le preguntara qué estaba haciendo.
Además, durante todo ese tiempo habían estado juntos, así que nunca se llamaban sólo para preguntar algo así.
—…
Sei se quedó sin palabras.
—Oye, no seas grosero y habla.
—Si no tienes nada que decir, voy a colgar.
—Si haces eso, no voy a llevar a mi prometida conmigo.
—…
Sei se quedó sin palabras otra vez.
Sus cejas volvieron a juntarse mientras continuaba con lo que estaba haciendo.
—¿Estás amenazándome?
—Obviamente…
Si quieres la ayuda de mi prometida, entonces no cuelgues.
—Tú…
—Sei sólo pudo rendirse.
Era porque sabía que, incluso si enviaba a sus tropas por Hinari, Zaki sólo las aniquilaría.
Sabía que Zaki era el único a quien nunca podría controlar por la fuerza.
—¿Qué pasa?
—fue lo único que pudo preguntar Sei.
—¿Acaso no te pregunté qué estás haciendo ahora mismo?
—¿Qué pasa contigo?
¿Sucedió algo malo?
—…
—Habla, maldita sea.
¿Por qué es tan difícil responder una simple pregunta?
—Estoy quemando algo.
—¿Qué cosa?
—…
—¿Qué cosa?
Habla, maldita sea.
—…
—Sei suspiró profundamente y se pinchó con los dedos el espacio entre las cejas.
Sólo podía preguntarse qué demonios le pasaba a ese hombre.
—Si no respondes en un segundo, entonces voy a retrasar…
—Papeles.
—¿Qué papeles?
—Tú…
—Pregunté qué papeles.
Maldición, Sei ¿por qué es tan difícil hablar contigo?
—…
—Un segundo…
—Zaki, creo que estás mal de la cabeza ahora.
Me preocupas.
—¿Eh?
—¿Por qué mejor no llamas a un doctor?
—Cállate, ¡estoy bien!
¿Y?
¿Qué papeles estás quemando?
—…
—Dimelo, o…
—El contrato de matrimonio.
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