Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 326
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326: 326 Castigo 326: 326 Castigo Editor: Nyoi-Bo Studio Dentro del auto, Hinari estaba extrañamente silenciosa.
Bueno, esta vez, sabía que merecía ser castigada.
No, quería que él la castigara, o de otra manera no podría deshacerse de la culpa.
Hinari sabía lo que era ser perjudicado y falsamente acusado de esa manera.
Cuando era adolescente, su familia solía atacarla con todo tipo de acusaciones dolorosas, hasta el punto de dejarla completamente sola.
Sabía lo dolorosas que podían ser las palabras.
Sin importar cuántos años hubieran pasado, la marca de aquellos recuerdos quedaba en ella.
Para Hinari, las palabras no eran sólo eso.
Eran cuchillos asesinos que podrían destruir el corazón de alguien.
Y lo peor era que nadie podía retirar las palabras que ya había dicho.
Era por eso que lo que había sucedido hacía un rato fue un golpe letal para ella.
Zaki era inocente y no merecía aquella falsa acusación, ni los regaños injustos, así que, aunque para él no fuera gran cosa, Hinari se sentía terriblemente culpable.
Por ende, en ese momento, lo único que podía hacer era portarse bien y esperar su castigo.
Por otro lado, Zaki no pudo evitar fruncir el ceño, mientras miraba a la chica decaída en un rincón.
Estaba tan desanimada que no quedaba rastro de la chica traviesa y molesta de hacía un momento.
Al verla así, Zaki ni siquiera pudo comenzar a quejarse.
Bueno, ¿cómo podía castigarla cuando ella ya se veía como si hubiera recibido una buena reprimenda?
Al final, Zaki no pudo hacer más que pincharse entre las cejas.
Hacía un momento había decidido que no dejaría pasar esto tan fácilmente, por miedo a que ella hiciera algo así de problemático otra vez en el futuro.
Tenía muchas ganas de enseñarle una lección antes de que volviera de hacer algo así de estúpido, sin embargo, ¿quién hubiera pensado que ella se vería como si el castigo ya hubiese pasado, cuando él ni siquiera había comenzado?
¿Acaso esta era su estrategia para salvarse?
Al pensar en eso, Zaki no estaba seguro.
No descartó la posibilidad de que ella estuviera actuando otra vez, pero, por algún motivo, podía sentir que, esta vez, la emoción no era falsa.
Sin otra opción, Zaki sólo pudo decidir confrontarla.
—Tú…
—comenzó a hablar, pero cuando la vio sobresaltarse un poco, Zaki volvió a fruncir el ceño.
¿Qué le pasa a esta chica?
¿Tiene miedo?
Confundido y un poco desprevenido ante aquella reacción, Zaki se volvió hacia ella y la llamó por su nombre.
—Hinari, mírame —dijo él y, como un soldado obediente, la chica se volvió hacia él inmediatamente, mientras respondía con un “sí”.
Zaki casi se echó a reír a causa de aquella reacción extraña y repentina.
Sin embargo, las palabras que ella dijo a continuación hicieron que el hombre pusiera una cara de aparente disgusto.
—Pue…
Puedes comenzar a castigarme ahora.
Lo aceptaré todo —dijo ella firmemente.
Sus ojos se veían decididos y listos, haciendo que Zaki se confundiera aún más.
Bueno, él esperaba que la chica coqueteara con él, o algo por el estilo, cuando comience a intentar castigarla.
Incluso había pensado en esposarle las manos para controlarla, pero, ¿qué exactamente era esto?
¿Qué estaba pasando?
—¿Eh?
¿No puedes esperar a que te castigue?
Hinari, ¿también eres sádica?
—fue lo único que pudo preguntar Zaki, con incredulidad, pero la chica mantuvo su expresión de culpa y abatimiento.
—Sé que esta vez fui demasiado lejos.
Merezco ser castigada.
No te preocupes, no voy a quejarme, ni resistirme —afirmó ella, mientras tomaba la mano de Zaki y la acercaba a su rostro.
—Si quieres golpearme, puedes hacerlo —continuó ella y el rostro de Zaki se volvió increíblemente oscuro.
Una reacción que Hinari no esperaba.
Hinari estaba a punto de hablar otra vez cuando, de repente, Zaki estuvo encima de ella, con un solo movimiento.
Su rostro seguía oscuro, y se veía obviamente enfadado.
—Tú…
¿De verdad me estás pidiendo que te pegue?
—preguntó él.
Su voz era increíblemente fría y distante, haciendo que Hinari sintiera un escalofrío.
Parecía que su lado oscuro estaba dejando verse otra vez.
Hinari no pudo decir ni una palabra.
Por suerte, Zaki notó un pequeño brillo de miedo en sus ojos, y explotó.
Maldijo en su mente, mientras volvía rápidamente a su personalidad habitual.
—¿De verdad crees que voy a golpearte?
—preguntó otra vez, reformulando su pregunta, ya con voz normal.
Notando que Zaki ya no era tan frío, Hinari por fin recuperó la voz.
—¿Pero no es el castigo físico la única manera de que te queda de castigar a alguien que cometió un grave pecado?
—respondió Hinari y Zaki entrecerró los ojos.
—¿Eh?
¿La única manera que queda?
¿No puedo castigarte de manera íntima, cómo has estado haciendo tú todo este tiempo?
—preguntó Zaki con una sonrisa diabólica, pero Hinari solamente frunció el ceño, como si hubiera dicho algo sin sentido para ella.
—Si elijes hacer eso, ¿entonces podría llamarse castigo?
¿No se trataría de una recompensa?
—respondió ella con honestidad y, de alguna manera, Zaki volvió a molestarse.
Aunque ella no parecía estar bromeando para nada, él no podía negar que esta chica, definitivamente recibiría ese tipo de castigo con una sonrisa.
Lo peor era que incluso podría volver a hacer algo que requiriera un castigo nuevo.
—Entonces, ¿por qué me estás pidiendo que te pegue, en lugar de elegir la intimidad como tu castigo?
—preguntó Zaki una vez más.
Bueno, eso lo estaba molestando.
Además de su expresión inusual, el hecho de que aquella chica pervertida y descarada realmente no estuviera pidiendo un castigo íntimo era una sorpresa.
Zaki no pudo evitar dudar.
Si ella no estaba actuando, tenía que haber un motivo.
—Habla —murmuró Zaki cuando Hinari no respondió.
Quería saber por qué estaba actuando de esa manera.
Después de observarla durante un largo rato, la chica finalmente abrió la boca.
—Merezco ser castigada en serio esta vez.
Lo que te hice no puede solucionarse solamente con una disculpa —respondió ella, con expresión de culpa y tono arrepentido, haciendo que Zaki la mirara de manera diferente a la habitual.
Bueno, tal vez porque esta era la primera vez que Hinari le mostraba esa faceta a Zaki y eso era extraño para él.
—¿Qué te hizo pensar que una disculpa no es suficiente para mí?
—dijo Zaki en voz baja.
Su mirada se había vuelto seria.
—Incluso si te pido disculpas, las palabras que ya dije no dejarán de existir.
Así que sé que decir “lo siento” nunca será suficiente —dijo ella.
Sus ojos seguían llenos de culpa y, de alguna manera, a Zaki no le gustaba verla así.
Prefería verla haciendo travesuras, antes que así.
Sin embargo, al oír sus palabras, Zaki finalmente comprendió por qué ella estaba actuando de esa manera.
De hecho, Zaki había visto una vez a Hinari atacada por su propia madrastra y su padre, hacía varios años.
Ellos la acusaron injustamente de difamar a su hermanastra, escupiendo todo tipo de maldiciones y palabras de odio hacia ella.
Él sabía que la batalla de Hinari era diferente a la de ellos.
Su enemigo la atacaba con palabras dolorosas que podían destruir su salud mental.
Por suerte, parecía haberse vuelto tolerante a ellas, y no parecía dejar que la siguieran afectando.
—¿Crees que me importa lo que digan esos extraños?
—preguntó Zaki una vez más, con una sonrisa desagradable en los labios y Hinari abrió los ojos con sorpresa.
¿De verdad no le importaba para nada?
Luego, Zaki se inclinó y acercó su rostro a la oreja de ella.
—¿Crees que eso me lastima?
¿De verdad crees que soy tan débil?
—continuó él y Hinari respondió inmediatamente.
—No es eso.
Es sólo que sé que tienes una familia que te ama y un buen estatus.
Nunca antes nadie se hubiera atrevido a regañarte, acusarte y llamarte canalla.
Además, no mereces oír ese tipo de palabras.
Me siento culpable porque tuviste que oír esas cosas por mi culpa —explicó ella tan rápidamente, que dejó boquiabierto a Zaki, antes de que sus labios se curvaran hacia arriba.
De alguna manera, estaba complacido al saber que Hinari se puso así a causa de la estima que le tenía.
—Está bien, lo entiendo.
Ya que me lo pides desesperadamente, entonces acepta tu castigo —dijo él y levantó el mentón de Hinari mientras hablaba.
Bueno, Zaki conocía la personalidad terca de aquella chica.
Sabía que ella no dejaría de sentirse culpable si él no la castigaba como merecía.
Así que, sólo pudo rendirse y darle lo que quería.
Por supuesta, no dejaría de aprovechar la oportunidad para enseñarle una lección.
—Está bien.
Aceptaré tu disculpa si accedes a mis pedidos.
—Por supuesto.
Aceptaré lo que sea.
—Entonces, escucha.
Este es tu castigo…
Tienes que ser mi sirviente hasta que la esposa de Sei esté curada.
—¿Sir…
sirviente?
¿Qué clase de…?
—Sh…
Aún no termino.
Pediste un castigo serio, así que escúchame bien, mi querida prometida.
—De…
acuerdo…
—En ese tiempo, no tienes permitido coquetear conmigo.
—…
—Por último, no tienes permitido tocarme cuando estemos solos.
—¿Eh…?
¿Ni siquiera tocarte?
—Sí, así que tienes que portarte bien.
De otra manera, nunca te perdonaré.
Y sentirás culpa por el resto de tu vida.
—¡¿Hablas en serio?!
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