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Te amo, monstruo: La esposa de los ojos vendados y el esposo enmascarado - Capítulo 55

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  4. Capítulo 55 - 55 Capítulo 55 Darle una paliza cuando regrese
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55: Capítulo 55: Darle una paliza cuando regrese 55: Capítulo 55: Darle una paliza cuando regrese Editor: Nyoi-Bo Studio En ese momento, cuando el joven finalmente volvió a sus cabales, estuvo intranquilo.

Era la primera vez que se encontraba tan agitado y asustado al mismo tiempo.

Quería entrar a la casa para saber qué estaba pasando, pero temía que pudiera empeorar la situación.

—¿Qué deberíamos hacer?

¿Qué debemos hacer?

—¿Y si le pasa algo allá adentro a la señorita?

—Dios mío.

Deja de decir cosas tan terribles como esa.

No quiero morir todavía.

—Entonces, ¿qué hacemos?

Todos estaban de pie frente a la entrada, como si fuesen robots descompuestos, caminaban de un lado a otro, a punto de perder la cabeza.

El único que se quedó quieto como un árbol con raíces fue YiJin, quien estaba meditando profundamente, como si estuviese tratando de resolver un problema que le pudiese costar la vida.

Mientras tanto, Davi se encerró en su pieza.

Lucía seria como nunca, garabateando algo en su nota, como si fuera un general militar planeando un ataque legendario a un castillo impenetrable.

Sin darse cuenta de que ya estaba oscuro, continuó trabajando con diligencia.

Cuando sintió hambre, finalmente se puso de pie para comer algo.

Pero para su sorpresa, el mayordomo, las criadas y su guardaespaldas, YiJin, todos, estaban afuera, de pie como si fueran niños castigados.

Lucían cansados e indefensos, como si hubieran estado ahí por varias horas.

Al darse cuenta de la situación, la boca de Davi se abrió instantáneamente y la culpa cruzó sus ojos.

La verdad era que Davi cerró las puertas para darles a entender de que estaba molesta, pero sabía que ellos podían abrirlas cuando quisieran.

Bueno, estaba realmente molesta.

Pensó que era imposible que ninguno de ellos tuviera el número de Sei, especialmente YiJin.

Pero luego se dio cuenta de que quizás Sei les había ordenado que no se lo dieran, lo que la hizo enojar mucho más.

A pesar de que estaba molesta, nunca quiso hacer eso y no pensó que ellos iban a reaccionar así.

Era consciente de que solo estaban siguiendo sus órdenes.

¿Por qué no abrieron la puerta?

¿Por qué se quedaron afuera?

Dios, ¿qué he hecho?

Caminó rápidamente hacia la puerta y la abrió.

En ese momento, las criadas y el mayordomo rompieron a llorar, impactándola aún más.

Se congeló al verlos.

Lucían preocupados de verdad y eso le apretó el corazón.

—Lo siento.

No quise hacer esto —dijo, afligida, causando que todos sacudieran la cabeza.

—No, no señorita.

Es nuestra culpa.

—Dijeron, y Davi los abrazó y consoló.

—Estoy bien, ¿sí?

Solo estaba un poco molesta.

Dejen de llorar, me rompe el corazón.

—Sus palabras eran como la voz de un ángel que calmó sus corazones y las preocupaciones que tenían desaparecieron al instante.

Estaban desbordando de alegría porque no esperaban que la señorita los consolara con abrazos y palabras amables.

Después de eso, todo parecía estar bien y la felicidad se reflejó en los rostros de las criadas y del mayordomo cuando se fueron.

A excepción, por supuesto, del joven, que lucía tenso desde que Davi abrió la puerta.

Parecía un soldado extremadamente afligido, que acababa de cometer un gran error al mandarle una falsa alarma a su superior y no había forma de deshacerlo.

Al ver su rara expresión, Davi se volvió hacia él.

—¿Qué pasa?

—le preguntó.

El joven miró al cielo por un momento y luego el suelo, haciendo que Davi se sintiera aún más curiosa.

—L-lo siento señorita, —contestó con suavidad, Davi le sonrió mientras le daba palmaditas en el hombro, como diciéndole que estuviera tranquilo, dejándolo perplejo.

—Dije que estoy bien.

Las personas suelen enojarse de vez en cuando, sabes, no soy una santa, ¿sí?

—Davi estaba intentando aliviar su obvia preocupación.

—No te preocupes, no estoy enojada o molesta contigo.

Todo es culpa de Sei por ser tan pesado.

Me aseguraré de darle una paliza cuando regrese, —continuó, haciendo un puchero.

Sus palabras, de cierta forma hicieron que el joven se sintiera mejor, y sus dichos de que le iba a dar una paliza a Sei, lo hicieron sonreír.

No existía quien se hubiese atrevido a decir cosas así sobre Sei, su amo, y siguiera viviendo bien.

Nadie además de ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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