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Te encontré gracias a tu voz. - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 Un lugar maravilloso
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1: Un lugar maravilloso.

1: Un lugar maravilloso.

En la costa del Ecuador existe una ciudad hermosa, bañada por un mar azul que brilla como cristal bajo el sol.

Las olas golpean con fuerza la orilla, muchas veces como si fueran música para despertar cada mañana.

Las gaviotas cruzan el cielo anunciando un nuevo día, mientras los pescadores regresan en sus pequeñas embarcaciones con redes cargadas de peces plateados.

La arena blanca parece encenderse con la luz del amanecer.

Muy cerca de la playa, en una casa amplia de paredes claras y balcones que miran hacia el mar, ahí vive Marcia, una niña de doce años, quien crece rodeada de esa belleza natural que para ella se ha vuelto tan cotidiana como respirar.

Es alegre, sonríe con facilidad y casi siempre se despierta cantando, aunque nadie más la escuche.

En el colegio, Marcia es responsable y callada.

No tiene muchas amigas, y de las pocas que tiene, rara vez les habla de su casa.

No es porque no quiera.

Es solo que, de alguna manera, siente que hay cosas que es mejor no decir, aunque no entienda del todo por qué.

Hay silencios que aprenden a vivirse sin hacer preguntas.

Dicen que Marcia tiene una mirada curiosa y una sonrisa dulce.

Le gusta caminar descalza siempre que puede; siente que el mar es su único confidente.

A veces se sienta frente a la orilla y le cuenta al océano lo que no puede decir en voz alta.

Su padre, José, es un hombre trabajador y respetado.

Es dueño de una empresa de enlatados de atún y sardina.

No confía su negocio a nadie, así que casi siempre está ocupado.

Eso le exige tiempo, esfuerzo y sacrificio.

Pasa la mayor parte del día fuera de casa y muchas noches regresa muy tarde, cansado y con olor a mar.

Ese ritmo de vida le trae problemas con su esposa, porque nunca tiene tiempo para ella.

Pero el poco que tiene, se lo dedica a su hija.

Cuando llega a casa, lo primero que hace es buscar a Marcia.

La abraza con ternura, la escucha con atención y siempre encuentra un momento para decirle cuánto la ama.

Para él, Marcia es un regalo que la vida le dio, y por ella todo parece valer la pena, aunque su ausencia sea constante.

Tifany, la madre de Marcia, es diferente.

Es una mujer fría y distante.

No le gusta ir a la fábrica a ver a su esposo porque, según ella, “todo huele a pescado” y eso le desagrada.

Casi nunca muestra cariño ni interés por la vida de su hija.

Pasa largas horas encerrada en su habitación o sale sin explicar a dónde va.

Rara vez se sienta a hablar con Marcia y casi nunca la abraza.

La niña se siente sola.

A veces intenta esforzarse más en el colegio, ser la mejor en todo, para ver si así Tifany algún día se siente orgullosa.

Pero nunca recibe una palabra de reconocimiento.

Ese vacío duele, aunque Marcia intente ocultarlo.

Las discusiones entre José y Tifany son cada vez más frecuentes.

A veces son gritos.

Otras, silencios tensos que se sienten como cuchillos en el aire.

Marcia ya aprendió a reconocer el ambiente antes de que estallara una pelea.

Cuando lo siente, se encierra en su habitación, se pone audífonos o mira el horizonte por la ventana, intentando convencerse de que, a pesar de todo, todavía tiene una familia.

Una tarde regresó del colegio más temprano de lo habitual.

Los maestros tenían una reunión y los estudiantes fueron enviados a casa antes.

Caminó sola por la calle, con la mochila colgada al hombro y el uniforme impecable.

Estaba feliz porque había obtenido una buena calificación y quería contárselo esa noche a su padre.

Imaginaba su sonrisa orgullosa y eso la llenaba de alegría.

Pero al llegar a casa, notó algo extraño.

La puerta estaba entreabierta y el silencio era pesado, casi incómodo.

No se escuchaba la televisión, ni pasos, ni el ruido de los platos.

Solo el sonido lejano del mar.

Entró despacio y dejó la mochila sobre el sofá.

Dio unos pasos por el pasillo cuando escuchó risas provenientes de la habitación de sus padres.

Pero una de esas risas no era la de su padre.

Se detuvo.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

Una sensación desconocida se apoderó de su pecho.

Dudó unos segundos, sin saber qué hacer, pero su curiosidad fue más fuerte.

Avanzó unos pasos más… y lo que vio la dejó paralizada.

Su madre no estaba sola.

Había un hombre con ella.

Un desconocido.

Ambos estaban desnudos en la cama.

Muy juntos.

Demasiado.

Marcia sintió que el mundo se detenía.

No comprendía del todo lo que veía, pero sabía que aquello no estaba bien.

Intentó retroceder, pero al hacerlo chocó con una mesa.

Un jarrón cayó al piso y se hizo pedazos, como su pequeño corazón en ese instante.

Tifany se dio cuenta de inmediato.

Su rostro cambió.

Empujó a su amante y se levantó apresurada, cubriéndose el cuerpo.

El hombre, sin decir una palabra, se vistió rápidamente y salió evitando mirar a la niña.

Marcia permaneció inmóvil.

Sin lágrimas.

Sin voz.

Con el miedo recorriéndole el cuerpo.

Tifany caminó hacia ella, la sujetó del brazo con fuerza y dijo con voz firme y fría: —No has visto nada.

La niña negó lentamente, con los ojos llenos de terror.

—Si dices una sola palabra a tu padre… te vas a arrepentir.

No hubo disculpa.

No hubo vergüenza.

Solo amenaza.

Luego la soltó, como si nada hubiera pasado.

Marcia subió a su habitación.

Cerró la puerta.

Se sentó en la cama abrazando sus piernas.

El sonido del mar entraba por la ventana, pero ya no le daba calma.

Por primera vez sintió que su casa no era un lugar seguro.

Esa noche, José llegó tarde, como siempre.

Buscó a su hija y la abrazó con ternura.

Marcia apoyó la cabeza en su pecho.

Estuvo a punto de contarle todo… pero las palabras se ahogaron en su garganta.

Recordó la amenaza.

Y decidió callar.

—Estoy un poco cansada —murmuró.

José le acarició el cabello, sin imaginar que dentro del corazón de su hija había nacido un secreto.

Un secreto que crecería con ella, silencioso y doloroso, mientras el mar seguía rompiendo contra la orilla, ajeno a la herida que acababa de abrirse en la vida de una niña que aún no sabía que el silencio marcaría su destino.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Gaby_Oñate_5539 Su regalo es mi motivación de creación.

Deme más motivación

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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