Te encontré gracias a tu voz. - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 El día de la boda
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13: El día de la boda 13: El día de la boda La mansión de la familia de Alessandro estaba llena de luces cálidas.
Los jardines habían sido adornados con flores blancas y guirnaldas.
El ensayo de la boda parecía más una celebración anticipada que un simple encuentro familiar.
Marcia estaba con un vestido beige, pegado al cuerpo, que hacía lucir sus hermosas curvas.
Llevaba un maquillaje sencillo que resaltaba sus lindas facciones.
Llegó de la mano de Alan —quien llevaba un lindo traje azul marino hecho a su medida— y de Alessandro, que vestía un traje negro que lo hacía lucir aún más atractivo.
Marcia trataba de mantener la calma, pero por dentro el corazón le golpeaba el pecho.
Sentía que estaba entrando en un escenario donde cada gesto, cada palabra, debía ser perfectamente calculada.
La familia de Alessandro era numerosa y todos parecían hablar al mismo tiempo: tías con perfumes intensos, tíos de trajes oscuros y miradas serias, primos jóvenes que no paraban de bromear… Y entre ellos también estaba Marco, el primo que podía quedarse con la herencia del abuelo si Alessandro no cumplía con la condición de casarse.
Marco tenía una sonrisa afilada, de esas que parecen amables pero esconden algo detrás.
Cuando sus ojos se posaron en Marcia, ella sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Bienvenida a la familia —dijo una de las tías, abrazando a Marcia con entusiasmo exagerado.
Su acento italiano era fuerte pero dulce—.
Eres preciosa, querida, y ese niño es un ángel.
Dios lo bendiga.
Marcia agradeció con una sonrisa tímida.
Alessandro se inclinó hacia ella y le susurró al oído con tono suave, casi protector, que solo debía relajarse y dejar que las cosas fluyeran.
Alan se soltó de su mano para correr hasta Francesco, quien lo levantó en brazos con una mezcla de ternura y orgullo.
Durante el ensayo todos observaron cómo Marcia y Alessandro caminaban por el pasillo improvisado, mientras Luca, el abuelo, los miraba con ojos evaluadores.
Quería asegurarse de que ese matrimonio fuera real, o al menos lo pareciera.
Así que cada gesto contaba.
Alessandro tomó la mano de Marcia con cuidado, la miró a los ojos y le sonrió.
Por un momento, Marcia creyó que esa sonrisa era genuina y no parte de un acuerdo firmado.
Alan corría por los jardines riendo.
Alessandro lo seguía, le hacía cosquillas, lo alzaba en el aire, y el niño gritaba de felicidad.
Para él ese hombre ya era un padre, y Alessandro no lo ocultaba.
Le hablaba con cariño, lo cuidaba, y en más de una ocasión lo miró como si de verdad fuera suyo.
Ese vínculo empezaba a crecer sin que ninguno de los dos pudiera evitarlo.
Marco observaba todo desde lejos, apoyado en una columna de mármol.
Sus ojos seguían a Marcia con una insistencia incómoda.
En cuanto la vio salir del baño, aprovechó la oportunidad.
Se acercó a ella con paso lento, seguro, como un depredador que no tiene prisa.
—Así que tú eres la novia perfecta —dijo en voz baja—.
Apareces de la nada, con un hijo, y de pronto te casas con mi primo.
Interesante historia, ¿no crees?
Marcia tragó saliva y trató de mantenerse firme.
Sabía que cualquier error podía costarle muy caro.
—Yo no tengo nada que esconder —respondió con calma, aunque por dentro temblaba—.
Alessandro y yo nos conocemos desde hace años.
Marco sonrió torcido y dio un paso más hacia ella, invadiendo su espacio personal.
—No me mientas, bella.
Yo puedo oler un secreto a kilómetros, y tú estás llena de ellos.
Sería mejor que me los contaras.
Podría ayudarte… o también podría hacer tu vida más difícil.
Intentó tocarle el brazo.
Sus dedos rozaron su piel y Marcia dio un paso atrás.
Su respiración se aceleró.
Justo en ese instante apareció Alessandro.
Sus ojos ardían de furia.
—Aléjate de ella, Marco —dijo con voz grave, muy distinta a la que usaba con Marcia o Alan—.
No vuelvas a ponerle una mano encima.
—Tranquilo —respondió Marco, levantando las manos—.
Solo estábamos conversando, primo.
No seas dramático.
Alessandro dio un paso hacia él.
Estaba a punto de comenzar una pelea, pero Luca intervino golpeando ligeramente el suelo con su bastón.
Su voz fue firme, autoritaria.
—Basta.
Aquí no habrá escenas.
Por respeto al niño, por respeto a esta familia.
Guarden sus peleas para otro lugar.
Si quieren destruirse, háganlo lejos de mi vista.
Marco se apartó con una sonrisa irónica, mientras Alessandro tomó a Marcia del hombro y la guio hacia la terraza.
Ella estaba nerviosa, pero también sentía algo extraño: una chispa de seguridad al estar a su lado, como si por un momento el caos no pudiera alcanzarla.
Las tías de Alessandro se llevaron a Marcia.
Tenían curiosidad por la muchacha.
Era muy linda y dulce, y ellas estaban encantadas de tenerla.
Por fin alguien había “robado el corazón” de Alessandro.
Fue entonces cuando una mujer apareció entre los invitados: alta, elegante, de ojos claros y cabello oscuro perfectamente peinado.
Su nombre era Beatrice, una ex de Alessandro.
Provenía de una familia igual de poderosa.
Su sola presencia parecía llenar el lugar de tensión.
Sus tacones resonaban sobre el mármol mientras se acercaba a Alessandro con una sonrisa que mezclaba dulzura y veneno.
—Alessandro, cariño, cuánto tiempo —dijo apoyando una mano en su brazo—.
Me contaron lo de tu boda.
Pensé que era una broma.
Él sonrió, un poco incómodo, pero no apartó su brazo de ella, algo que clavó una espina de dolor en el pecho de Marcia.
Beatrice comenzó a coquetear sin pudor: se inclinaba hacia él, le susurraba cosas al oído, reía de manera exagerada.
Y aunque Alessandro trataba de mantener la distancia, a veces parecía disfrutar de esa atención.
Marcia los vio de lejos.
Su estómago se cerró.
No entendía por qué le dolía tanto.
Al fin y al cabo, su matrimonio era un contrato, nada más.
Sin embargo, cuando Alessandro regresó junto a ella, sus ojos reflejaban una molestia contenida.
—Por lo menos respétame frente a tu familia —dijo Marcia con voz baja pero firme—.
Finge, como yo lo hago.
Si esto va a funcionar, necesito que hagas tu parte.
Alessandro la miró sorprendido.
No esperaba ese tono en ella.
Luego asintió con seriedad.
—Tienes razón.
Lo siento.
Prometo ser más cuidadoso.
No quiero que esto te lastime.
Sus palabras dejaron a Marcia confundida… porque sonaron sinceras.
Y eso era peligroso.
Esa noche, después de la fiesta, cuando regresó a la habitación de la mansión que le habían asignado, se sentó en la cama y suspiró largo.
Alan dormía profundamente abrazando su peluche.
Su respiración suave llenaba el silencio.
Marcia pensó entonces en lo que había sentido al ver a Alessandro con Beatrice: una punzada en el pecho, una incomodidad que no podía explicar, un enojo que iba más allá del simple acuerdo.
Se miró en el espejo y vio a una mujer que empezaba a sentir algo que no debía, algo que no estaba en el contrato, algo que podría romperla si no tenía cuidado.
—No te enamores —se dijo en voz baja—.
No puedes.
No debes.
Esto solo es un contrato.
Pero muy en el fondo, una pequeña voz le susurraba que tal vez ya era demasiado tarde.
Al día siguiente continuaron los preparativos.
La familia seguía observando, evaluando, creyendo que lo que veía era amor verdadero.
Mientras tanto, Marcia y Alessandro caminaban juntos, sonreían y se miraban a los ojos.
Cada gesto se volvía más natural, más real.
Alan corría feliz.
Luca parecía satisfecho.
Francesco observaba en silencio.
Pero Marco seguía al acecho, sospechando que todo era una gran mentira.
Marcia empezó a sentir que su vida se había convertido en una obra de teatro, donde el público aplaudía, pero nadie sabía cuánto peso llevaba en el corazón.
Cada noche se dormía con la duda de si estaba haciendo lo correcto.
Pero luego miraba a Alan y recordaba que todo lo hacía por él: por darle un futuro mejor, por protegerlo de un mundo que nunca había sido amable con ellos.
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