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Te encontré gracias a tu voz. - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 Noche de amor
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15: Noche de amor.

15: Noche de amor.

El tiempo siguió su curso como las olas que nunca se detienen.

Alan ya dominaba el italiano y ya podía ir a la escuela.

Eso llenaba a Marcia de orgullo.

Verlo con su mochilita y su uniforme le daba una fuerza nueva, una ilusión que, por momentos, lograba cubrir con un manto suave toda la tristeza que llevaba por dentro.

Alessandro lo llevó el primer día y Alan lo abrazó fuerte, llamándolo papá, sin saber que aquella palabra estaba sostenida por un contrato y una mentira… pero también por un cariño que crecía cada día, sincero y limpio, tan real como el aire que respiraban.

Con Alan en la escuela Marcia disponía de más tiempo libre y decidió que ya no quería sentirse estancada.

Buscó una universidad y se inscribió para continuar sus estudios.

Quería construir un futuro para ella y para su hijo, un futuro que no dependiera de nadie más.

El proceso fue difícil: el idioma, el miedo, la inseguridad… pero lo logró.

El primer día de clases se sintió como una adolescente otra vez, con nervios, ilusión y una pequeña esperanza brillando en el pecho.

En la universidad conoció a Aurora, una chica italiana de sonrisa amplia y personalidad luminosa.

Hablaba rápido, gesticulaba mucho y, aunque al principio Marcia apenas la entendía, Aurora fue paciente.

La ayudó con el idioma, con los trabajos, con todo.

Poco a poco se hicieron inseparables.

Compartían almuerzos, risas, confidencias… y Marcia sintió, por primera vez en mucho tiempo, que tenía una amiga de verdad.

Un día, mientras estudiaban juntas en la cafetería, Aurora la miró en silencio durante unos segundos y luego preguntó con suavidad: —Marcia… ¿tú eres feliz en tu matrimonio?

Marcia se quedó quieta.

El corazón le dio un pequeño vuelco.

Tardó en responder, pero cuando lo hizo, las palabras salieron como agua contenida.

Le contó la verdad: el contrato, la distancia emocional, la indiferencia, la humillación silenciosa que vivía al verlo con otras mujeres… y el dolor que sentía sin poder explicarlo.

Aurora la escuchó con respeto, pero también con indignación.

No entendía cómo Alessandro podía ser tan protector con Alan y, al mismo tiempo, tan frío con Marcia.

Entonces le dijo que debía reaccionar, que no podía permitir que él creyera que ella no tenía vida, opciones ni valor.

Fue así como Aurora la invitó a una reunión tranquila en un bar elegante.

Nada peligroso: solo música suave, conversación y amigos.

Insistió en que le haría bien distraerse un poco.

Marcia dudó… pero al final aceptó.

Esa noche se arregló con sencillez: un vestido discreto, poco maquillaje.

Cuando se miró al espejo vio a una mujer muy linda, fuerte.

Una mujer que seguía luchando.

Aurora la llevó al lugar y allí le presentó a su primo Sebastián, un hombre amable, educado, muy distinto a los tipos ruidosos que suelen llenar los bares.

Conversaron largo rato.

Sebastián la escuchaba con interés genuino y la hacía reír… algo que Marcia ya casi había olvidado cómo se sentía.

Pero lo que Marcia no sabía era que Beatrice también estaba allí, observando desde lejos con ojos afilados, llena de resentimiento y deseo de venganza.

Verla reír fue como una espina clavándose en su orgullo.

Sin perder tiempo tomó varias fotos desde ángulos malintencionados, buscando que pareciera algo que no era.

Luego las envió a Alessandro con un mensaje cargado de veneno, insinuando traición y burla.

Cuando Alessandro recibió las fotos sintió un golpe en el estómago.

Una mezcla extraña de rabia y celos lo atravesó, aunque no quería admitirlo ni ante sí mismo.

Pidió de inmediato la ubicación de Marcia y salió a buscarla, con el pulso acelerado y la mente llena de imágenes que le dolían mucho más de lo que estaba dispuesto a reconocer.

Cuando llegó al bar la vio sentada, riendo suavemente, relajada, hablando con Sebastián sin ningún gesto fuera de lugar.

Aun así, el enojo se mezcló con algo que no sabía nombrar.

Se acercó firme, tomó a Marcia del brazo con autoridad y le dijo en voz baja —pero tensa— que se iban ya.

Marcia intentó explicarle, decirle que no estaba haciendo nada malo, pero él no quiso escucharla.

La cargó suavemente al notar que estaba un poco mareada por el viento y el cansancio, y la llevó al coche.

Aurora intentó intervenir, pero Marcia le sonrió débilmente para tranquilizarla.

El camino de regreso fue silencioso.

El aire frío de la noche hizo que el mareo de Marcia aumentara.

Cuando llegaron, Alessandro la ayudó a bajar del coche y la sostuvo por la cintura.

Ella, sin darse cuenta, se aferró a su cuello buscando equilibrio.

Subieron así hasta la habitación y, al intentar acomodarla en la cama, ambos cayeron juntos, torpemente… pero tan cerca que el corazón de los dos pareció detenerse un segundo.

Marcia, guiada por una mezcla de emociones —dolor, orgullo herido y un cariño que no quería reconocer— lo miró a los ojos y lo besó con suavidad.

Alessandro se quedó quieto al principio, sorprendido… pero luego correspondió el beso con una intensidad que ni él mismo esperaba.

Las caricias surgieron solas.

Iban subiendo de nivel, cada vez más apasionadas, al igual que los besos.

No hubo palabras, solo una conexión silenciosa que ambos habían negado durante demasiado tiempo.

Fue una entrega nacida del cansancio, del deseo de sentirse queridos, de la verdad que ninguno se atrevía a aceptar.

Esa noche fue intensa.

Ambos se entregaron sin reservas, con un amor puro, aunque todavía herido.

La noche se hizo larga; el tiempo dejó de existir.

No fue una obligación, ni un acuerdo, ni una estrategia.

Fue simplemente el encuentro de dos corazones rotos que, aunque no lo sabían del todo, ya habían empezado a necesitarse más de lo que imaginaban.

Cuando por fin el cansancio los venció y el silencio llenó la habitación, los dos se quedaron dormidos… abrazados.

Y sin darse cuenta, algo había cambiado para siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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