Te encontré gracias a tu voz. - Capítulo 17
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17: Concurso de canto.
17: Concurso de canto.
El tiempo pasó tan rápido que Marcia apenas podía darse cuenta de cómo su vida iba tomando un nuevo ritmo.
A Alan le encantaba la escuela y cada mañana salía con su pequeña mochila al hombro, feliz de aprender y de contarle a Alessandro todo lo que hacía durante el día.
Marcia, en la universidad, eligió la carrera de Medicina Veterinaria, la misma que estaba estudiando en Ecuador antes de la tragedia de su padre.
Al principio le parecía difícil el idioma, los nombres, los libros y los profesores.
Sin embargo, poco a poco fue dominando el italiano y sus notas empezaron a mejorar, hasta convertirse en una de las alumnas más dedicadas del curso.
Aurora se convirtió en un pilar imprescindible en su vida.
La ayudó a adaptarse, a entender el sistema, a encontrar su lugar.
Con el tiempo se volvieron las mejores amigas: estudiaban juntas, compartían café y regresaban del campus hablando de la vida.
Un día, en la universidad, organizaron un concurso de canto.
Era un evento grande: estudiantes de varias facultades competirían por una beca cultural y un pequeño premio en dinero.
Al principio Marcia dudó.
Cantar era algo íntimo, algo que había nacido del dolor y que le había permitido sobrevivir en Italia.
Pero Aurora la animó y le prometió estar a su lado en cada ensayo.
Así comenzó un camino que Marcia no esperaba, uno que despertaría su verdadera voz.
Sebastián, el primo de Aurora, también se había convertido en un apoyo para ella.
Era respetuoso, amable, siempre pendiente de Alan y dispuesto a ayudar sin pedir nada a cambio.
Aunque en el fondo sabía que estaba enamorándose de Marcia, también tenía claro que era una mujer casada.
Por eso mantenía sus sentimientos escondidos.
Aun así, la cuidaba a su manera: la invitaba a estudiar, a relajarse o simplemente a caminar cuando la veía triste.
Marcia valoraba mucho su compañía, aunque no se daba cuenta del brillo diferente en sus ojos.
Mientras tanto, Marco seguía merodeando su vida como una sombra.
Buscaba cualquier excusa para acercarse o intimidarla.
A veces la esperaba en el estacionamiento de la universidad o en la entrada de la casa.
Le decía cosas desagradables y le insinuaba que, tarde o temprano, todo saldría a la luz.
Marcia sentía miedo, pero no quería preocupar a nadie, mucho menos a Alan.
Así que guardaba silencio y soportaba en soledad aquella presión constante que la mantenía en alerta.
Beatrice tampoco se rendía.
Insistía en buscar a Alessandro.
Aparecía en su oficina, en reuniones o en fiestas: siempre elegante, siempre segura de que algún día él volvería a sus brazos.
Pero algo había cambiado en Alessandro desde la noche en que estuvo con Marcia.
Aunque intentaba negarlo, ya no podía estar con ninguna otra mujer.
Cada vez que Beatrice se acercaba, él la rechazaba con frialdad.
Ella ardía de celos, sospechando que Marcia era la razón.
Sin darse cuenta, Alessandro comenzó a integrarse más en la vida diaria de Marcia, especialmente gracias a Alan.
El niño corría hacia él cada tarde, lo abrazaba y le contaba todo lo que hacía en la escuela.
Alessandro disfrutaba cada segundo.
Empezó a acompañarlos a la universidad algunas veces, o a buscarlos cuando ya era tarde.
Lo hacía en silencio, como si no quisiera reconocer que necesitaba estar cerca… pero la verdad era que los celos por Sebastián lo estaban carcomiendo.
Odiaba verlo sonreír junto a Marcia, aunque no lo admitiera ni siquiera ante sí mismo.
Un día, Alessandro escuchó a Aurora decirle a Luca que habría un concurso de canto en la universidad y que Marcia tenía una voz increíble.
Luca sonrió con tranquilidad, pero Alessandro sintió una punzada en el pecho: una mezcla de orgullo y miedo.
Entonces decidió ayudar sin que Marcia lo supiera.
Habló con el comité organizador, pidió que la cuidaran y le dieran apoyo técnico para que pudiera cantar cómodamente.
Incluso gestionó que Alan pudiera estar en primera fila para animarla.
Todo lo hizo en secreto, sin buscar reconocimiento.
Marcia comenzó a ensayar cada tarde en un pequeño salón.
Aurora la escuchaba embelesada.
Su voz era suave, profunda, llena de emoción.
No era una voz entrenada, pero tenía alma, y eso tocaba a cualquiera que la escuchara.
Sebastián también asistía algunas veces, y la miraba con una admiración que no podía ocultar.
Marcia cerraba los ojos al cantar.
Era como volver a Atacames, al sonido del mar, a la niña que tarareaba para no llorar.
Cantaba para sanar.
Para vivir.
Para resistir.
A medida que el concurso se acercaba, los nervios comenzaron a atacarla.
Temía fallar.
Temía que se rieran de su acento o que no entendieran sus emociones.
Aurora siempre la animaba, recordándole que su historia la hacía fuerte, que su voz tenía una verdad que nadie más podía ofrecer.
Alan también la abrazaba y le decía, con su italiano mezclado con español, que su mamá era la mejor del mundo.
Esas pequeñas palabras le daban valor.
Era por él que luchaba.
Por él que seguía en pie.
Un día, mientras salía de la universidad al atardecer, Marco la interceptó de nuevo.
Se acercó demasiado y le susurró que lo sabía todo.
Que ese matrimonio era una farsa.
Que tarde o temprano el abuelo se enteraría y Alessandro lo perdería todo.
También insinuó que él podría usar esa información a su favor.
Marcia se apartó con asco y miedo.
Le pidió que la dejara en paz, pero Marco sonrió con malicia, diciéndole que ese cuento aún no terminaba.
Lo peor era que Alessandro no sabía nada de este acoso, porque Marcia seguía callando para evitar más problemas.
Esa misma noche, Beatrice fue a buscar a Alessandro a su oficina.
Intentó seducirlo como antes, pero él la rechazó de nuevo.
Ella perdió el control.
—Jamás serás feliz con una mujer que no es de tu mundo —le dijo con rabia—.
Marcia solo está ahí por conveniencia.
Alessandro la echó con firmeza, pero sus palabras quedaron resonando en su mente.
Aunque intentara negarlo, le importaba demasiado lo que pasara con Marcia.
Y eso lo confundía, porque se suponía que todo era un contrato.
Una mentira útil para la familia.
Los ensayos del concurso continuaron, y la universidad se llenó de carteles y anuncios.
Marcia veía su nombre escrito y sentía un escalofrío cada vez.
Alessandro también lo vio y experimentó una mezcla de orgullo y temor.
Sin decir nada, comenzó a asistir de lejos a algunos ensayos.
Se quedaba escondido, escuchándola cantar con el corazón en la garganta.
Recordaba esas veces en que la veía realmente: sin rabia, sin máscaras, solo siendo ella.
Y algo dentro de él empezó a cambiar.
Cuando llegó la semana del concurso, Marcia ya no era la misma.
Su voz se había fortalecido y su confianza también.
Aunque aún cargaba con dolores y secretos, al menos ya no estaba sola.
Aurora la apoyaba, Sebastián la protegía, Alan la amaba incondicionalmente… y Alessandro empezaba a acercarse más.
El destino los envolvía lentamente, preparando el escenario para algo mucho más grande.
Algo que, un día, la conectaría con su verdadero origen y con el amor que jamás imaginó encontrar.
Y mientras el mundo seguía girando, la voz de Marcia —aquella que nació entre lágrimas y mares— comenzaba a despertar.
Lista para abrirle caminos que nunca había soñado.
Caminos donde su pasado, su dolor, su hijo y su destino se unirían en una sola canción.
Una canción que, muy pronto, escucharía el mundo entero.
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