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Te encontré gracias a tu voz. - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 El día esperado
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18: El día esperado.

18: El día esperado.

El gran día llegó más rápido de lo que Marcia imaginó.

Aquella mañana despertó con el corazón agitado, como si en su pecho viviera un pequeño tambor que no dejaba de sonar.

Se miraba al espejo mientras repasaba mentalmente la letra de su canción, repitiéndola una y otra vez en silencio, como si temiera que escapara de su memoria.

Alan la observaba desde la cama, con sus ojos llenos de luz y curiosidad.

—Mami, ¿vas a cantar hoy?

—preguntó con voz suave.

—Sí, amor —respondió ella, sonriendo con ternura—.

Y lo haré pensando en ti.

El niño la abrazó con fuerza, como si quisiera llenarla de valor.

Alessandro observaba la escena desde el marco de la puerta.

No dijo mucho, pero su mirada estaba cargada de orgullo… y también de una pizca de nerviosismo que él mismo no sabía explicar.

Más tarde, el auditorio de la universidad estaba repleto.

Estudiantes, profesores y algunos invitados especiales llenaban los asientos.

Entre el jurado destacaba Andrea Cavalli, una cantante italiana famosa, elegante, de porte imponente.

En su mano derecha llevaba un pequeño lunar en forma de media luna: un detalle casi imperceptible, pero que más adelante tendría un significado inesperado.

Antes de subir al escenario, Aurora tomó la mano de Marcia.

—Respira, amiga —le susurró—.

Eres la mejor.

Solo deja que tu alma cante.

—Tengo miedo —admitió Marcia en voz baja.

—El miedo solo existe antes de empezar —respondió Aurora con una sonrisa y un guiño.

Sebastián también se acercó.

Sonreía, pero en su mirada había una tristeza silenciosa.

—Brilla, Marcia… aunque no sea para mí.

Ella lo miró con gratitud.

—Gracias por estar.

Uno a uno, los participantes fueron cantando.

Andrea escuchaba con atención profesional, tomando notas, manteniendo un rostro sereno.

Pero cuando anunciaron el nombre de Marcia, algo en el ambiente pareció cambiar.

Marcia caminó hacia el escenario con pasos lentos.

El micrófono temblaba ligeramente entre sus manos.

Cerró los ojos.

Pensó en su hijo.

Pensó en el mar de su infancia.

Pensó en José, en el dolor, en las heridas… y también en la esperanza.

Entonces comenzó a cantar.

Su voz no era solo melodía.

Era historia.

Era cicatriz.

Era amor y sueño entrelazados.

Cada nota parecía nacer desde el fondo de su alma.

Andrea la observaba fija, inmóvil.

Sintió un nudo en el pecho, una vibración extraña, casi familiar.

Sus ojos se humedecieron, aunque se esforzó por mantener la compostura.

Cuando Marcia terminó, la sala entera estalló en aplausos.

Algunos incluso se pusieron de pie.

Alessandro, que no solía mostrar demasiado sus emociones, aplaudía con una sonrisa orgullosa.

Aurora gritaba entre risas y lágrimas: —¡Esa es mi amiga!

El jurado deliberó, aunque para todos era evidente.

Andrea tomó el micrófono.

—Ha sido una noche maravillosa —dijo con voz suave—.

Pero hoy… hay una voz que nos ha tocado el alma.

La ganadora del concurso es… Marcia Ríos.

El corazón de Marcia pareció detenerse por un segundo.

Aurora saltó de alegría.

Sebastián sonrió, resignado pero feliz.

Alessandro fue invitado al escenario para entregar el premio: un ramo de flores y una pequeña caja con un obsequio especial.

Se acercó a Marcia, mirándola a los ojos.

—Felicidades —dijo en voz baja—.

Sabía que lo lograrías.

—Gracias —respondió ella, conteniendo las lágrimas.

Andrea también se acercó.

—Tu voz… es como mirar el mar al amanecer —murmuró—.

Nunca la olvides.

Marcia la abrazó agradecida.

En ese momento, Andrea notó algo: un lunar en forma de luna en el hombro de Marcia.

Se quedó paralizada por un segundo.

Era idéntico al suyo.

No dijo nada.

Solo sonrió suavemente y se retiró.

No imaginaba que el destino acababa de cruzar su camino con alguien muy importante.

Esa noche decidieron celebrar.

Alessandro insistió en llevarlos a un bar elegante del centro.

Aurora y Sebastián también fueron invitados.

No era casualidad: Alessandro quería marcar territorio.

—Marcia es mi esposa —pensó—.

Y quiero que el mundo lo sepa.

Alan se quedó en casa al cuidado de Francesco y Luca, felices de pasar tiempo con él.

En el bar, la música era suave y el ambiente cálido.

Reían, conversaban, brindaban.

La tensión parecía haberse disuelto.

—Brindemos por la nueva estrella —dijo Aurora, levantando su copa.

—Por los sueños que comienzan —añadió Sebastián.

Alessandro miró a Marcia con una intensidad que la hizo estremecer.

—Y por las segundas oportunidades.

Ella lo miró, confundida.

—¿Por qué dices eso?

Él respiró hondo.

—Porque… hay cosas que necesito aclarar.

El ambiente cambió.

Marcia dejó la copa sobre la mesa.

—Te escucho.

—Lo de Marco —dijo Alessandro, serio—.

Sé la verdad.

Sé que te tendieron una trampa.

Que nunca lo quisiste.

Que él y Beatrice armaron todo.

Aurora apretó los labios.

Sebastián observó en silencio.

—Me enteré hace poco —continuó Alessandro—.

Y quiero pedirte perdón.

Marcia sintió un dolor en el pecho.

—¿Perdón?

—repitió—.

¿Por no creerme?

¿Por humillarme?

¿Por tratarme como si fuera nada?

—Sí —respondió él, sin excusas—.

No te conocía.

No sabía quién eras en realidad.

Y fui un imbécil.

Ella dejó escapar una risa amarga.

—Eso es poco.

Hubo un silencio pesado.

—Desde aquella noche… —dijo Alessandro, bajando la voz— no he estado con nadie más.

Marcia lo miró sorprendida.

—¿Qué?

—Desde que te tuve en mis brazos, todo cambió.

Creí que podía seguir igual… pero no.

Aurora le susurró a Sebastián: —Te dije que ese hombre estaba enamorado.

Sebastián suspiró.

—Lo sé.

Marcia sintió su alma temblar.

—Yo… no sé qué sentir.

—No te pido nada —dijo Alessandro—.

Solo una oportunidad para demostrarte que puedo ser mejor.

Entonces Sebastián intervino.

—Te advierto algo, Alessandro.

Si la vuelves a hacer sufrir… esta vez no me voy a apartar.

Alessandro sostuvo su mirada.

—No tendrás que hacerlo.

No voy a perderla.

Aurora sonrió, intentando aliviar el ambiente.

—Tranquilos, machitos.

Estamos celebrando.

Marcia rió suavemente.

Sentía alivio… y miedo.

Pero, por primera vez en mucho tiempo, también se sentía amada.

Esa noche, al volver a casa, caminó junto a Alessandro en silencio.

La ciudad dormía.

El viento era suave.

—Gracias —susurró ella.

—¿Por qué?

—Por creerme… aunque sea tarde.

—Nunca más dudaré de ti.

Se miraron.

Y el beso que compartieron fue distinto: no era solo deseo, era una promesa silenciosa.

El resto de la noche se dejó llevar por ese amor que habían intentado negar tantas veces.

No necesitaban palabras; bastaba con el latido compartido de sus corazones.

Por primera vez, Marcia sintió que el pasado comenzaba a sanar.

Y Alessandro comprendió que, si alguna vez había amado… era ahora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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