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Te encontré gracias a tu voz. - Capítulo 19

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19: Te encontré.

19: Te encontré.

Marcia llegó a la gran oportunidad que había estado esperando.

El edificio de la empresa de Enzo imponía respeto: era alto, elegante y lleno de gente importante.

Alessandro, Aurora y Alan la acompañaron.

Justo al llegar, Alessandro recibió un mensaje urgente; debía ir a solucionar un problema en su negocio.

Aun así, la acompañó hasta la puerta.

Se inclinó hacia ella y le susurró: —Estaré pensando en ti.

Canta como sabes hacerlo.

Yo me encargo de todo lo demás.

Marcia sonrió nerviosa, y él acarició suavemente su mejilla antes de marcharse.

Alan y Aurora entraron con ella.

Mientras subían en el ascensor, Marcia respiraba hondo y se repetía que todo saldría bien, aunque su corazón latía con fuerza.

Andrea y Enzo la esperaban en una sala amplia con vista a la ciudad.

Andrea fingía tranquilidad, pero sus manos temblaban ligeramente.

Cuando los vio entrar, sintió que el corazón se le quería salir del pecho.

—Bienvenidos —dijo con dulzura—.

Estamos muy felices de que hayas aceptado venir.

Queremos escucharte con calma y sin presión.

Enzo asintió.

—Tómalo como una reunión amistosa.

No tienes que demostrar nada.

Solo sé tú misma.

Marcia agradeció con una leve reverencia.

Estaba abrumada, pero el ambiente cálido la ayudaba a relajarse.

Pasaron a una sala de control con mezcladora, computadora y monitores de audio.

Al otro lado, separada por una gran ventana, estaba la sala de grabación: amplia, silenciosa, con un micrófono impecable y el aislamiento perfecto para capturar cada detalle de la voz.

Marcia entró a la sala de grabación.

Enzo, Andrea, Aurora y Alan se quedaron en la sala de control.

Cuando Marcia comenzó a cantar, el tiempo pareció detenerse.

Su voz llenó cada rincón con una dulzura profunda.

Andrea tuvo que contener las lágrimas; no era solo la voz… era algo más.

Una conexión invisible, un lazo que no podía explicar.

Enzo cerró los ojos por un instante, sintiendo un nudo en la garganta.

Cuando terminó, Andrea se acercó emocionada.

—Eres maravillosa.

Tienes un don que muy pocos tienen.

Marcia sonrió tímida.

—Gracias.

Nunca imaginé que mi voz me llevaría a algún lugar.

Enzo intervino con serenidad.

—Nos gustaría ayudarte a crecer.

Firmar un contrato contigo.

Acompañarte en este camino.

Creemos en ti.

Marcia no cabía en sí de la emoción.

Era como un sueño.

Aurora y Alan corrieron a abrazarla, felices por ella.

Mientras tanto, sin que Marcia lo supiera, una asistente tomó discretamente un cabello suyo de su chaqueta.

Andrea y Enzo habían decidido confirmar lo que sospechaban, no por desconfianza, sino por miedo a ilusionarse en vano.

—Ojalá seas tú… —murmuró Andrea cuando la asistente se retiró—.

Pero si no lo eres, te cuidaré igual.

Enzo la abrazó suavemente.

—Amor, iremos con calma.

No quiero verte romper de nuevo.

Andrea asintió, aunque su mirada volvía una y otra vez a la puerta por la que Marcia acababa de salir.

Unos días después, el resultado llegó.

El laboratorio confirmó lo que tanto habían esperado: Marcia era su hija.

La niña perdida en aquella playa lejana.

La que todos creyeron tragada por el mar.

Andrea rompió en llanto y cayó de rodillas, abrazando el sobre.

—Es ella, Enzo… es nuestra niña.

Enzo también lloró.

Hacía años que no lo hacía.

—Y tenemos un nieto —dijo entre risa y sollozos—.

Un nieto que jamás imaginamos conocer.

Se abrazaron largamente, recuperando de golpe una esperanza que creían enterrada para siempre.

Enzo fue el primero en tratar de ordenar las ideas.

—Tenemos que decirle… pero con cuidado.

No sabemos qué le contaron.

No sabemos si sabe algo de su origen.

Andrea asintió.

—No quiero que piense que la abandonamos.

Quiero que sepa la verdad: que la amamos desde siempre.

Enzo propuso: —Hablemos primero con su esposo.

Con Alessandro.

Tal vez él pueda ayudarnos a acercarnos a ella sin asustarla.

Andrea estuvo de acuerdo, aunque el nerviosismo seguía clavado en su pecho.

Alessandro aceptó reunirse con ellos sin saber de qué se trataba.

Llegaron a un restaurante privado propiedad de Enzo.

Andrea lo miró fijamente antes de hablar.

—Alessandro, necesitamos contarte algo delicado sobre tu esposa.

Él frunció el ceño.

—¿Le pasó algo?

¿Está bien?

—Está bien —respondió Andrea suavemente—.

Pero creemos que Marcia es nuestra hija perdida.

Desapareció hace muchos años en Ecuador.

Tenemos pruebas de ADN.

Alessandro quedó en shock.

—¿Su hija?

—murmuró.

Y, de pronto, todo comenzó a encajar—.

Eso explica muchas cosas… Ella siempre se ha sentido sola en el mundo.

Enzo lo miró con seriedad.

—Queremos que nos ayudes a acercarnos a ella.

Sin hacerle daño.

Alessandro, aunque confundido, prometió pensar cómo hacerlo.

Pero mientras todo esto sucedía, Marco jugaba su propio juego.

Había comenzado a infiltrar gente en la empresa de Enzo, pagando a algunos empleados para obtener información.

Una tarde, uno de ellos le dijo: —La chica nueva, la del contrato artístico… llegó hace poco de Ecuador con un niño.

Nadie sabe bien de dónde salió.

Marco sonrió con malicia.

—Interesante.

Muy interesante.

Beatrice, sentada a su lado, alzó una ceja.

—Entonces quizá el niño no sea hijo de Alessandro.

Si confirmamos eso, su credibilidad en la familia caerá.

—Exacto —respondió Marco—.

Y yo quedaré como el único heredero digno.

Beatrice apretó los labios.

—Y Alessandro será mío.

Pase lo que pase.

Los dos sellaron su alianza con una mirada oscura.

Para asegurarse, Beatrice buscó acercarse a Alan en una visita aparentemente inocente.

Fingiendo ternura, logró tomar discretamente un cabello del niño.

Luego obtuvo uno de Alessandro, rozando su chaqueta mientras coqueteaba con él.

Esa noche se reunió con Marco.

—Aquí están —dijo, dejando los cabellos sobre la mesa.

Marco sonrió satisfecho.

—Perfecto.

Ahora solo necesitamos un laboratorio discreto.

Cuando esto salga a la luz, se acabó el cuento del niño perfecto.

—Y yo me encargaré de que Marcia no tenga a dónde ir —agregó Beatrice, con una voz cargada de veneno.

Mientras tanto, Marcia no sospechaba nada.

Vivía sus días entre la música, la universidad y los momentos con Alan y Alessandro.

Una tarde, Alessandro la encontró en la cocina.

—Amore… hay algo importante que necesito contarte.

Pero prométeme que no te asustarás.

Marcia lo miró confundida.

—Dime.

Me estás preocupando.

Él dudó.

No sabía cómo hablarle de la verdad sobre sus padres.

Pero antes de hacerlo, sonó su teléfono.

Era Enzo, pidiéndole una reunión urgente.

Alessandro apretó los labios.

—Luego hablamos.

Te lo prometo.

Marcia asintió, aunque en su interior comenzó a crecer una inquietud que no podía explicar.

En casa de Andrea y Enzo, la pareja seguía planeando el siguiente paso.

—Quiero verla.

Abrazarla.

Decirle que es mi hija —repetía Andrea con la voz quebrada.

—Pero si la presionamos, podemos perderla otra vez —respondía Enzo con calma—.

Lo haremos poco a poco.

La invitaremos a cenar.

Le contaremos nuestra historia.

Y luego le mostraremos la prueba.

No quiero que piense que esto es un juego.

—Está bien —susurró Andrea—.

Confío en ti… pero no tardemos demasiado.

El miedo a perderla de nuevo era más grande que cualquier otra cosa.

Ese mismo día, Marco recibió un mensaje del laboratorio clandestino: los resultados estarían listos pronto.

Sonrió satisfecho.

—Alessandro… tu mundo está a punto de desmoronarse —murmuró.

Beatrice lo observaba con una mezcla de obsesión y ambición.

Ninguno de los dos imaginaba que estaban jugando con fuego.

Un fuego que podía consumirlos a todos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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