Te encontré gracias a tu voz. - Capítulo 20
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20: Un nuevo plan.
20: Un nuevo plan.
Alessandro se reunió con Andrea y Enzo, quienes le pidieron que todavía no dijera nada, que querían darle personalmente la noticia a Marcia.
Él asintió, entendía que era su derecho como padres revelar un secreto tan grande.
Acordaron que se lo dirían ese mismo día.
Ya no podían esperar más.
Marcia estaba sentada en la sala, mientras Alan jugaba en el piso con sus carritos.
La tarde era tranquila, pero su corazón llevaba días sintiendo un presentimiento extraño, una inquietud que no sabía explicar.
Cuando Alessandro llegó acompañado de Andrea y Enzo, el ambiente se volvió tenso de inmediato.
Por unos segundos todos se miraron en silencio.
Andrea respiró profundo antes de hablar.
Su voz era suave, pero temblaba.
—Marcia, necesitamos hablar contigo.
Es algo muy importante… algo que puede cambiar tu vida para siempre.
Marcia tragó saliva.
Miró a Alessandro buscando respuestas, pero él solo le tomó la mano y asintió con calma.
—Dime —susurró ella—.
Me están asustando.
Enzo dio un paso al frente.
Llevaba en la mano un sobre blanco, del que parecía aferrarse como si fuera un ancla.
—Marcia, durante muchos años hemos buscado a nuestra hija.
Ella desapareció cuando era apenas un bebé.
Nunca dejamos de buscarla.
Nunca la olvidamos.
Y… —su voz se quebró unos segundos— todo indica que esa hija eres tú.
El mundo de Marcia se detuvo.
Sintió que el corazón le daba un vuelco tan fuerte que casi le faltó el aire.
Miró a Andrea, luego a Enzo, como si esperara que todo fuera una broma pesada.
—No… eso no puede ser… —dijo en un hilo de voz—.
Mis padres eran José y Tiffany… aunque… —su voz volvió a quebrarse— antes de venir a este país escuché a mi madre decir que mi padre me había encontrado… Andrea se acercó despacio.
Le tomó las manos con una ternura casi sagrada.
—Sabemos que es mucho.
Sabemos que suena increíble.
Pero tenemos pruebas, Marcia.
Te hicimos una prueba de ADN cuando viniste a la audición… y salió positiva.
Tú eres nuestra hija.
La que perdimos hace tantos años.
Las lágrimas comenzaron a caer sin que ella pudiera controlarlas.
—Entonces… ellos… ¿me encontraron y nunca me lo dijeron?
Alessandro la abrazó con fuerza.
—Amore… yo tampoco sabía nada.
Te lo juro.
Me enteré junto a ellos.
Alan, confundido, se acercó y rodeó la cintura de su madre.
—Mamá, no llores.
Aquí estoy.
Andrea miró al niño, y sus ojos se llenaron de brillo.
—Y él… él es nuestro nieto —susurró, conteniendo un sollozo.
Enzo habló con calma, aunque su voz se quebraba a cada palabra.
—Queríamos contártelo juntos… porque es algo muy grande.
Pero también queríamos hacerlo con respeto.
Sin esconder nada.
Marcia respiró hondo, como si intentara sostener dentro de sí un huracán.
—Es demasiado… —murmuró—.
Necesito tiempo.
Pero… gracias.
Gracias por buscarme siempre.
Andrea la abrazó.
Fue un abrazo largo, sanador, que cerraba de golpe años de vacío.
Por primera vez en su vida, Marcia sintió el calor de una madre.
Mientras todo eso pasaba, en otro lugar Marco y Beatrice estaban reunidos, revisando documentos y fotografías.
Marco lanzó los papeles sobre la mesa con rabia contenida.
—Ya tengo todo.
El ADN confirma que Alan no es hijo de Alessandro.
Ahora nadie podrá defenderlo.
Beatrice sonrió con malicia.
—Perfecto.
El abuelo tendrá que quitarlo de la herencia… y yo podré estar con él.
Siempre he sido la mejor opción.
Marco levantó la barbilla con soberbia.
—Y yo podré manejar los negocios.
Como siempre debió ser.
Pero no contaban con que Luca, el abuelo de Alessandro, ya estaba al tanto de todo.
Los mandó a llamar de inmediato.
En el gran salón de la mansión, Luca los miró con severidad.
Su sola presencia imponía respeto.
—He escuchado rumores.
Ustedes dos… explíquenme qué están tramando.
Marco respiró hondo y habló con seguridad.
—Abuelo, Alan no es hijo de Alessandro.
Tenemos pruebas.
Por lo tanto no debería tener derecho a nada.
Ese matrimonio es una farsa.
Alessandro nos ha mentido a todos.
Beatrice apoyó sus palabras con falsa inocencia.
—Yo solo quiero que se haga justicia.
Alessandro merece a alguien que lo ame de verdad, no alguien que le mienta.
Luca golpeó la mesa con su bastón.
—¡Basta!
Yo ya sabía que el niño no era biológicamente hijo de Alessandro.
Pero eso no cambia nada.
Alessandro ha sido un excelente líder.
Ha traído prosperidad.
Ha mantenido la paz.
En cambio tú, Marco… cuando tuviste la oportunidad, solo causaste pérdidas y problemas.
No voy a poner en riesgo a la familia por tus caprichos.
Marco apretó los puños.
—¿Entonces lo eliges a él?
¿Aunque ese niño no sea de su sangre?
Luca lo miró fijamente.
—La sangre no lo es todo.
Ese niño es más familia que tú.
Al menos él no traiciona ni maquina en la oscuridad.
Marco salió enfurecido.
Beatrice lo siguió.
—Tranquilo —susurró—.
Aún no hemos perdido.
Hay otra forma.
Marco la miró con frialdad.
—Sí.
Si desaparecen Marcia y su hijo, Alessandro quedará destruido.
Perderá estabilidad.
El abuelo tendrá que elegir a alguien más.
Y ese alguien seré yo.
Beatrice sonrió con deleite oscuro.
—Y Alessandro necesitará consuelo.
Yo estaré ahí.
En casa, Enzo se acercó a Alessandro y le tendió la mano.
—Gracias por amar a nuestra hija.
Y por cuidar de nuestro nieto.
Ahora también eres parte de nuestra familia.
Alessandro inclinó la cabeza.
—Haré todo lo que esté a mi alcance por protegerlos.
Lo prometo.
Andrea volvió a abrazar a Marcia.
—Hija… ahora no estás sola.
Nunca más.
Y Marcia lloró en silencio.
Por primera vez en su vida, se sintió realmente amada.
Pero mientras una nueva felicidad nacía, una sombra oscura comenzaba a moverse entre las sombras.
Marco y Beatrice no iban a detenerse.
Y el peligro ya estaba acercándose lentamente a Marcia y a su pequeño Alan, sin que ellos lo supieran.
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