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Te encontré gracias a tu voz. - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Otro infierno
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4: Otro infierno.

4: Otro infierno.

Marcia llegó a la casa de Rodrigo con una mochila pequeña y el corazón lleno de esperanza, creyendo que estaba comenzando una nueva vida lejos de los gritos, del rechazo y de la frialdad con la que había crecido, al principio todo era maravilloso, Rodrigo la traba como una reina, había cambiado mucho, estaba tranquilo y parecía muy enamorado, todo parecía distinto, el lugar era sencillo, pero limpio, y él se mostraba cada día más atento, cariñoso y protector, le decía que ahora sí estaría a salvo, que ya no tendría que soportar a nadie más, que esa casa era suya y eran sus reglas las que valían ahí, que debe estar tranquilita.

Los primeros días transcurrieron con una calma engañosa, él la despertaba con besos, le preparaba el desayuno y le hablaba de un futuro juntos, Marcia se sentía aliviada, convencida de que había tomado la decisión correcta, pensaba que el amor podía sanar las heridas del pasado y que por fin había encontrado un hogar donde sentirse querida.

Pero lo que menos imagino es que poco a poco las cosas comenzarian a cambiar, casi imperceptibles al inicio, Rodrigo empezó a decirle cómo debía vestirse, qué ropa era adecuada y cuál no, le sugería que no saliera sola y que evitara hablar con extraños, Marcia interpretaba esas indicaciones como preocupación, no quería provocar conflictos, así que obedecía, sin decir nada.

Con el paso de las semanas, las sugerencias se transformaron en órdenes, él revisaba su teléfono, le preguntaba con insistencia dónde había estado y con quién hablaba, si Marcia tardaba en responder, él se molestaba, levantaba la voz y luego se disculpaba, tal y cómo lo hacía antes, prometiendo que solo actuaba así porque la amaba demasiado.

Marcia comenzó a sentirse inquieta, algo dentro de ella le decía que aquello no estaba bien, pero el miedo a quedarse sola era más fuerte, se repetía que debía ser paciente, que él cambiaría, que todas las parejas tenían problemas, mientras poco a poco iba perdiendo su libertad sin darse cuenta.

Las primeras agresiones no fueron golpes, fueron palabras, comentarios hirientes que la hacían sentir pequeña, inútil y dependiente, él le decía que sin él no era nadie, que nadie más la querría, que su familia la había rechazado y que solo él estaba dispuesto a cargar con ella, esas frases se clavaban en su mente y debilitaban su voluntad.

Cuando Marcia intentaba defenderse o expresar lo que sentía, él se enfurecía, golpeaba la mesa, las paredes o los objetos cercanos, luego lloraba, se arrodillaba y le pedía perdón, le decía que lo entienda que su amor es muy grande, que solo quiere protegerle, que no quiere perderla, juraba que nunca volvería a pasar, ella lo abrazaba, creyendo que su amor podía salvarlo.

El aislamiento se volvió total, dejó de visitar la playa, dejó de hablar con antiguas amigas y dejó de cantar, su mundo se redujo a esa casa, su sonrisa se borró poco a poco, ya no se arreglaba, no se preocupaba de peinarse, solo se recogía el cabello como podía, su ropa era solo su pijama o ropas simples y anchas, su vida giraba en torno a los estados de ánimo de Rodrigo, cada día caminaba con cuidado, midiendo palabras y gestos para no provocar su enojo.

Con el tiempo comenzaron los golpes, primero empezó por pequeños empujones en la calle y más fuertes en casa, luego cachetadas en medio de discusiones, Marcia lloraba en silencio, avergonzada, convencida de que era su culpa, recordaba las palabras de su madre diciéndole que ella mismo buscaba sus problemas y eso la hacía sentir aún más atrapada.

Una noche, después de una discusión particularmente violenta, Marcia se miró al espejo y apenas se reconoció, sus ojos habían perdido el brillo, su sonrisa había desaparecido, entendió que ya no era la niña que caminaba descalza por la playa soñando con libertad, había salido de una prisión, para entrar a otra.

Unos meses después comenzó a sentirse mal, mareos, náuseas y un cansancio constante que se apoderaba de su cuerpo, al principio lo atribuyó al estrés, pero cuando el retraso fue evidente, el miedo se transformó en certeza, estaba embarazada.

Cuando le dijo a Rodrigo, él reaccionó con furia, la acusó de arruinarle la vida, de querer atraparlo, negó cualquier responsabilidad, le dijo que debía haberse cuidado, que él no cargaría con nada, que era demasiado joven para esas responsabilidades, que ella buscará la forma de desasirse del problema, Marcia se quedó callada, no sabía qué haber, pensó que Rodrigo la iba a apoyar, pero ahora estaba completamente sola.

Rodrigo comenzó a llegar cada vez menos a casa, las discusiones aumentaron y el maltrato se volvió cotidiano, no le importaba el estado de Marcia Finalmente, un día, sin explicaciones ni despedidas, él se fue, empacó sus cosas y se mudó a otra ciudad, dejándola sola, sin dinero, sin apoyo y con un embarazo que avanzaba silenciosamente, Marcia pasó horas sentada en el suelo, llorando, sintiendo que el mundo se le había derrumbado por completo.

Con el corazón roto y sin saber a dónde ir, decidió volver a la casa de sus padres, temblando de miedo y vergüenza, José quién no apoyo su decisión, la respeto, la recibió sin preguntas, la abrazó con fuerza y le prometió que todo estaría bien, que los errores están presentes y hay que enfrentarlos y aprender de ellos, Tifany, en cambio, la miró con desprecio, como si confirmara todas las críticas que alguna vez le había lanzado.

Marcia entendió entonces que había salido de una jaula solo para regresar a otra distinta, una donde el amor era escaso y las heridas seguían abiertas, mientras acariciaba su vientre, juró en silencio que protegería a su hijo, aunque eso significara enfrentarse sola al mundo.

Jorge la abrazo y le brindo todo su apoyo, le dijo que no haga caso a su madre, que ella igual la iba a apoyar, Marcia se fue a su habitación y aunque no pudo dormir toda la noche trató de descansar lo más que pudo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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