Tempestad de la guerra estelar - Capítulo 150
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150: Capítulo 150 – Hermanas Sin Igual 150: Capítulo 150 – Hermanas Sin Igual Editor: Nyoi-Bo Studio Mientras Wang Zheng y los demás entrenaban duro, en el otro extremo de la galaxia se desarrollaba una loca historia de amor.
Esa era la zona más congestionada de la Alianza de la Vía Láctea, la galaxia de Andrómeda.
En esa ubicación estaba el imperio más famoso de todos, el Imperio Aslan.
Estaciones espaciales grandes y pequeñas rodeaban al planeta azul, conectadas a su superficie con estructuras metálicas.
Todas las naves mercantes de la Vía Láctea descargaban de prisa las especialidades de toda la galaxia en esas estaciones espaciales, y cuando recibían sus pagos, los mercaderes se iban rápidamente a buscar más mercancía.
Parecía que toda la Vía Láctea estaba a su alcance.
Era en ese planeta que se ubicaba el núcleo del Imperio Aslan.
Era el origen de la expansión de la influencia de la humanidad, un área al que toda la galaxia observaba.
Tenía una capital magnífica, llena de actividad.
Las personas trabajaban de forma eficiente e impoluta.
El rostro de todos los ciudadanos mostraba una elegancia casi eterna.
Todo eso se originaba en la confianza de los Aslanianos, pues vivían en el mejor país, el más fuerte.
Ese realmente era el centro de la galaxia, un título bien merecido.
La Universidad Real de Aslan era el edificio más importante de la capital.
La defensa era incluso más cerrada que la del palacio del Imperio Aslan.
Los mejores Caballeros Reales y dos brigadas tenían una base a largo plazo en el lugar.
Los mejores científicos del imperio, tal vez del universo, podían ser hallados allí, ya fuera en física, biología, ecología planetaria, o cualquier otro campo.
La gran mayoría de las investigaciones de tecnología avanzada comenzaba y era desarrollada allí.
La tecnología era la raíz de un país fuerte, y ese era claramente el caso del Imperio Aslan.
En la capital imperial, la Universidad Real ocupaba un extenso territorio.
En la universidad, los estudiantes circulaban con libertad, usando ropas diferentes.
También había muchos estudiantes de otros países, como Atlantis y varios más.
—¡Bordia!
¡Felicidades!
Tu teoría de evolución electromagnética fue verificada.
El Premio de Contribución de Ciencia y Tecnología de la Universidad, otorgado una vez cada cuatro años, sin duda tendrá tu nombre.
—Oh, Señor Aurora.
Gracias por el cumplido.
Pero en vez del Premio de Contribución de Ciencia y Tecnología, habría preferido obtener la Medalla de Caballeros del Imperio Aslan.
El joven llamado Bordia era bastante delgado, pero tenía un rostro apuesto, comparable al de un dios.
Cuando hablaba, sus afiladas orejas se movían de vez en cuando, y su ligera sonrisa exudaba un encanto que atraía tanto a hombres como a mujeres.
Aurora, en cambio, era el típico aristócrata aslaniano.
Era alto y atractivo, con ropas elegantes.
Cada parte de su atuendo parecía cuidadosamente seleccionada.
El reloj, la corbata, la camisa, el pantalón… Esa elegancia no era algo con lo que se nacía, sino que era un comportamiento natural adquirido después de pasar muchos años en presencia de personas similares.
Esa era la aristocracia de Aslan.
Incluso el mejor actor de la galaxia no podría replicar esa sensación que nacía en el alma.
En la industria del entretenimiento se decía que sólo un aslaniano podía actuar como tal.
—Has ganado la Medalla Patriota de la República de Atlantis.
Los Caballeros de Aslan, comparados con alguien de tu nivel, son insignificantes.
Lo que Aurora decía parecía razonable.
Cada palabra sonaba atractiva para las personas.
Sin embargo, Bordia, un individuo del poderoso Atlantis, exudaba un temperamento heroico incomparable.
—¿Insignificante?
¿Entonces por qué el Salón de los Caballeros no ha aceptado aún mi aplicación?
Aurora reveló una sonrisa amarga.
Bordia era demasiado serio.
—Je, je.
Esa medalla generalmente no se otorga a personas que no sean de Aslan.
—¡Habla de la situación general!
Entiendo lo que dice, y es por eso que me agradan los aslanianos.
Algunas veces siento que Aslan es más parecido a Atlantis que la misma Atlantis, que solía ser brillante y valiente.
Mientras ellos hablaban, había otras personas alrededor enfrascadas en sus propias conversaciones.
Todos estaban ahí.
Resultaba obvio que no eran ociosos, sino que esperaban a algo o a alguien.
Lo cierto era que sólo había una persona que podía hacer que las personas de la Universidad Real se olvidasen del tiempo y esperasen en silencio.
Era Aslan Aina, la primera princesa del Imperio Aslan.
La princesa había desaparecido por algún tiempo después de la ceremonia de madurez, y sorprendió a los estudiantes de la Universidad Real.
Todos sabían que, después de la ceremonia, la princesa tendría que entrar a estudiar en la Universidad Real, pues era la tradición.
Antes de la ceremonia, recibió educación privada de los maestros de la familia real, y después estudiaría en la Universidad Real.
La familia real no se mantenía aislada e inalcanzable.
Al contrario, necesitaban mantener contacto con la élite del país para guiarle.
“Bong.” Unas campanas antiguas repicaban melodiosamente.
Ese era el sonido del final de clases.
Las dos personas que conversaban se detuvieron y voltearon a mirar a un edificio cercano.
Algunas personas salieron, hombres y mujeres que exudaban confianza.
Susurraban al hablar y no hacían ruidos.
Su ritmo de caminata era medido y salieron en perfecto orden hacia los dos.
Cuando la multitud se acercó al lugar, ambos estaban de pie, y la multitud bajó la velocidad; incluso hubo quienes se detuvieron.
Al ver eso, los dos que conversaban se dirigieron a los escalones a enfrentar a la multitud, que se separó e hizo un saludo.
Una hermosa figura salió lentamente de la multitud.
Su rostro y temperamento eran extraordinarios.
Aina, la Luz del Imperio, la futura Reina de Aslan, la actual Princesa de la Corona.
—Bordia, Aurora, ¿por qué están aquí?
Aina sonrió y se acercó.
Cada paso emanaba la gracia de una princesa aslaniana.
Su belleza y temperamento calentaban la mirada de los ciudadanos.
Esa era la Princesa de la Corona de Aslan.
—Princesa —dijo Aurora con una sonrisa, elevando sus manos en un tradicional saludo de caballero aslaniano.
No explicó por qué estaban ahí.
Bordia sólo sonrió.
El temperamento único de los atlantianos ahora se sentía a toda fuerza; parecía tener un aura cautivador.
—Vine a preguntarle a la princesa acerca del impacto de la transmisión de energía en el universo, del que habló en el salón la última vez.
Aina respondió con una ligera sonrisa: —Escuché esa teoría de un amigo y la tomé prestada.
No la entendí bien.
Bordia respondió sorprendido: —¿Y quién es ese amigo?
—No está en Aslan ahora.
La curva de su boca hizo a Aurora entrecerrar los ojos ligeramente.
En comparación con la sonrisa previa, la princesa ahora mostraba felicidad del corazón.
Desde que la princesa fue a la Tierra, las sonrisas genuinas, como esa, habían aparecido con mayor frecuencia frente a todos.
Bordia parecía decepcionado.
Hablaron amablemente por un momento antes de marcharse.
Aurora dijo entonces: —La Princesa Huiyin está en Stonehenge.
Aina negó con la cabeza y dijo: —Probablemente esté afectando la paz.
Me disculpo por sus acciones.
—Es mi deber —dijo Aurosa, asumiendo una postura de guardia antes de llevar a Aina hacia Stonehenge.
Aina asintió.
Estaba acostumbrada a esas reglas y etiqueta desde su infancia.
Estaba en sus huesos.
Pero esa vez su mente pensó en un individuo libre que no sabía nada de reglas y la sonrisa indefensa en su rostro cuando usó el último poco de dinero que tenía para pagar la deuda de un extraño.
No era atractivo, pero ella pensaba en él de vez en cuando antes de sentirse feliz en secreto.
Los ojos de Aurora parpadearon cuando la princesa se quedó en blanco.
Sus ojos brillosos no podían ocultar sus pensamientos sobre él.
La Tierra…¿Qué era tan nostálgico acerca de ese lugar primitivo?
En el Área de Entretenimiento de Stonehenge.
Había un área de entretenimiento destinada a la familia real aslaniana.
Era segura y enfatizaba la seguridad.
También era el palacio favorito de la familia para conversar y recibir invitados.
—Su Alteza Real.
Al ver a Aina, una pequeña figura saltó del sofá, hizo una reverencia y levantó sus manos.
Un par de ojos brilló con vigor.
—No seas traviesa —dijo Aina con una sonrisa, extendió su brazo y abrazó a Huiyin.
“Traviesa” tenía otro significado allí.
Lin Huiyin se aferró al hombro de Aina con todo su cuerpo.
—¿Por qué soy traviesa?
Je, je.
Aina sólo la miró seriamente.
—Bien.
Me rindo.
Tengo que decir que Aurora es una buena elección.
Como aristócrata aslaniano, no sólo es educado y conocido como un maestro de la espada; su padre es el Duque, que es un descendiente imperial.
Lo más extraño es que también es muy apuesto.
—Ya que te gusta tanto, te lo dejo.
—No quiero…—dijo Lin Huiyin sin concluir.
Hablar antes de pensar no era un buen hábito.
Aina sonrió débilmente.
Sus ojos de estrella parecían decir: —No lo querías, ¿así que me lo dejaste a mí?
—Si un maestro espadachín no es suficiente, ¿qué tal el Mago Espadachín Oz?
Su fuerza no está por debajo de la de Aurora, y es de una familia ordinaria, decidido a prosperar.
Una princesa saliendo con un plebeyo.
Sería una romántica historia de hadas, y causaría sensación en el imperio.
Mientras le demos un poco de territorio, seguramente será el primer mariscal del imperio.
—Tenemos que traer ese talento a nuestro bando —se burló Aina.
—Sí, sí—dijo Lin Huiyin asintiendo como un pollo comiendo arroz.
—Bueno, tal vez puedo hablar con mi tía.
Alguien parece muy desocupada.
Tal vez encontrar un novio confiable por adelantado le ayude a actuar como una princesa.
—¡Oye, estaba siendo amable!
¡Aún no soy adulta!
—dijo Lin Huiyin saltando.
Aina sólo extendió su mano y frotó la cabeza de Lin Huiyin al decir: —Ya que es asunto de adultos, los niños no deben interferir.
—No soy una niña.
Bien, soy joven.
Soy una niña.
Es demasiado pronto para buscar novio; sólo causaría cien daños y ningún beneficio —replicó Lin Huiyin sacando la lengua.
Pensaba: «Esto es culpa de Wang Zheng.» ¿Cuánto tiempo pasó la originalmente linda y dulce hermana con él?
Ese corderito se tiñó de negro.
—Por cierto, no digas que no te ayudé.
Sé que has estado muy ocupada y no notarías estas cosas, pero el Señor Túsabesquién, su nombre estaba en la lista de contribución de ciencia y tecnología de estudiantes.
No sé cómo entró ahí.
Parece que los estándares han ido bajando.
Lin Huiyin no pudo evitar decir esto.
Aina finalmente reveló una mirada complacida, y abrazó a Huiyin con suavidad.
—Mi buena hermana, confía en que, en el futuro, cuando conozcas a alguien que te guste, te apoyaré.
—Je, je.
La persona que me guste debe ser famosa en la galaxia, en la cima del mundo, sin comparación… Aunque la princesa era joven, la chica tenía su propio estándar.
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