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Tempestad de la guerra estelar - Capítulo 210

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210: ¿Me Está Respetando la Princesa Huiyin?

210: ¿Me Está Respetando la Princesa Huiyin?

Editor: Nyoi-Bo Studio  ―Ja, ja, ¿por qué siento que tú serías más adecuado para ser líder?

―dijo Wang Zheng bromeando.

Raston podía tener una imagen dura, pero debajo había una mente calculadora.

No era el tonto de nadie.

―Conozco mis límites.

Tengo momentos de claridad, pero no quiero dedicarle todo al liderazgo.

Con un buen líder, puedo sacar todo el potencial de mis poderes.

Raston había tocado un punto clave.

Aunque parecía un asunto trivial quién se convertiría en el líder, la verdad era que importaba mucho.

Como miembro de un equipo, había que obedecer órdenes, pero, ¿qué pasaba si las órdenes del líder lo dejaban a uno frustrado y con un mal sabor en la boca?

En un lugar como IG, un líder necesitaba tener el poder para intimidar a las masas, como así también para coordinar la dinámica del equipo, para así poder sacar toda la fuerza del mismo.

Después de todo, los calificadores de IG del Sistema Solar no eran el objetivo.

El verdadero objetivo estaba afuera.

De lo contrario, Meng Ao y los demás no habrían necesitado pasar por todo ese sufrimiento.

Raston veía con claridad que Wang Zheng no había contemplado esos asuntos antes, principalmente porque su pensamiento no se encontraba en el mismo nivel.

―De hecho, estás bastante calificado para ser el líder ―dijo Raston de repente.

Wang Zheng se sobresaltó y no le hizo caso.

―Esos son demasiados halagos.

Lo acepto, ja, ja.

―Keke, no son palabras vacías.

Tu desempeño en la primera fase ha sido admirable.

Algunas personas pueden pensar que fue suerte, pero en materias de fuerza y debilidad, has hecho bien en mantener a tu equipo junto y ocuparte de los detalles.

Raston relató cómo había visto a Wang Zheng atravesar la montaña con Zhang Shan sobre su espalda.

Alguien que no abandonaba a sus compañeros de equipo no podía ser tan malo.

Tampoco era uno de esos muchachos simpáticos y débiles que podían entorpecer el equipo.

Zhang Shan había estado a la altura de la circunstancia y había ayudado al equipo a triunfar.

Eso hablaba bien del juicio de carácter de Wang Zheng.

Otra cosa que le daba curiosidad a Raston era que Aquiles no era uno que buscaba activamente a otros, él sentía que eso estaba por debajo de él.

¿Pero acaso Lear no era diferente?

No podía creer que alguien que evaluaba tan bien los caracteres como Lear no hubiera reconocido el potencial de Wang Zheng.

Además, con el nombre de la familia Cronos tras él, habría sido demasiado fácil buscar a alguien que lo deseara.

… De hecho, Taros se estaba haciendo la misma pregunta.

Una persona de bases sólidas como Wang Zheng que todavía no tenía una Habilidad X era definitivamente un buen hallazgo.

―Lear, ¿acaso ese Wang Zheng no es un terrícola también?

Parece ser uno de los mejores de la Universidad Ares.

¿Por qué no aprovechas esa oportunidad para aumentar tus posibilidades?

En ese momento, Taros se estaba deleitando con la hospitalidad de Lear en uno de los palacios de la familia Cronos.

Estaba viviendo con la misma comodidad que un rey tibetano y disfrutando cada momento.

Si hasta Taros podía notar eso, era inconcebible que Lear no lo hubiera considerado.

Como estaban las cosas, ya lo había hecho en el pasado.

―Después de observar mejor, decidí que era imposible llegar lejos sin la Habilidad X ―dijo Lear con una sonrisa.

―Eso también es verdad.

Taros extendió una mano y la colocó debajo de la bata de una de las bellezas que los atendían y comenzó a acariciarla con entusiasmo.

Eran cuatro, cada una por su propia cuenta.

Lear seguía solo.

―Lear, ¿estás seguro de que no quieres una?

Sabes que las cosas buenas son para compartir.

La otra mano de Taros palmeaba un gran trasero.

¡Qué trasero tan turgente y firme, y una virgen para patear!

No había dudas de que Lear trataba bien a sus huéspedes.

Lear esbozó una sonrisa y dijo: ―Un caballero nunca quita beneficios a otros para quedárselos.

Es extraño que hayas venido.

Debes divertirte lo más que puedas.

Pero recuerda cuidar tu cuerpo.

―Ja, ja.

Descansa la mente.

Esta pizca de frivolidad no me desgastará.

Un hombre como yo se vuelve más enérgico cuánto más se esfuerza.

¿No es cierto, mis queridas?

Vino y mujeres, los placeres de la vida.

Taros no era ningún tonto.

Jugaba cuando podía y se ponía serio cuando debía.

Lear reconocía sus habilidades.

Pero su recordatorio tranquilizó a Taros.

No tenía sentido ponerse nervioso por los detalles insignificantes.

Tras abandonar la habitación Lear, él ya se había olvidado de él.

Al final, Wang Zheng dejó a Lear con una sensación de malestar.

Drupe se materializó sin hacer ruido.

―Maestro, todo salió bien.

Él se ha ido.

Lear asintió.

La familia Cronos había movido muchos hilos para influenciar las invitaciones del Colegio de Ciencias de la Alianza del Sistema Solar.

Los talentos en otros aspectos de Wang Zheng eran algo bueno.

¿Acaso más gloria y elogios lo llevarían a considerar otro camino?

Sin importar el resultado, la distracción era inevitable.

Drupe abrió la boca y luego la cerró.

Lear esbozó una sonrisa y dijo: ―No te quedes ahí parado con la boca abierta como un pez, sácalo.

Drupe, que seguía a Lear por todos lados día a día, no se atrevía a medir sus palabras.

―Maestro, ¿vale la pena esa persona?

Drupe sentía que una persona que ni siquiera tenía la Habilidad X no merecía semejante esfuerzo.

Además, había otras maneras de superar el problema.

Lear sacudió levemente la cabeza y respondió: ―Toma esto como una forma de aprendizaje empírico.

Lear se refería a la disciplina agonizante del yo interior que tenía un rey.

La victoria y la derrota se decidían por su control, su juicio y su previsión.

Ya sea que uno quisiera eliminar a una persona o conquistarla, precipitarse hacia una batalla era una manera mediocre de alcanzar los objetivos.

Wang Zheng y Taros eran buenos ejemplos de ello.

Los mejores reyes de la historia eran aquellos capaces de influenciar el desarrollo de una manera intangible.

Las cosas podían planearse, pero a la hora de la verdad, nada le ganaba a la experiencia.

Wang Zheng y Raston eran de mucho hablar.

La naturaleza tranquila de Raston iba con su temperamento.

En la etapa clasificadora de IG, todos eran rivales y las interacciones rara vez eran comunicativas.

Pero ahora las cosas eran diferentes; uno era libre de expresarse.

Ambos grupos se sentían seguros de sí mismos y no necesitaban nada.

Por el contrario, eso les daba aún más naturalidad para expresarse.

En cuanto al evento de redes, iría si podía porque ya estaba ahí.

No era una prioridad.

Él ya se conocía bien y no veía cómo la discusión podía terminar siendo fructífera.

Además, detestaba los halagos aduladores y esos eran inevitables en esa clase de eventos.

Conociendo a Xiao Fei, no le sería difícil encontrar una excusa.

Lie Guang y Raston estaban familiarizados uno con el otro y se dieron un cálido abrazo al encontrarse.

―Finalmente has venido de visita después de tantas invitaciones.

―Bien, estoy aquí, ¿o no?

Primero déjame presentarte.

Este es Wang Zheng, un prodigio de la Universidad Ares de la Tierra.

Y este es Lie Guang, un rico playboy de la familia Lie ―bromeó Raston con confianza.

Lie Guang observó a Wang Zheng y comentó: ―¿Entonces tú eres el muchacho apuesto?

Aunque tu cutis no es tan pálido.

Wang Zheng y Raston intercambiaron miradas.

Eso era algo inesperado.

―Ja, ja, eso es lo que Lie Xin me dijo.

Que hay un muchacho apuesto con buena cabeza.

Lie Guang siempre era de los que decían cualquier cosa que le venía a la mente y ni se molestaba en ser cortés así se tratara del primer encuentro.

Ante semejante insulto, cualquier otro hubiera dado la vuelta para marcharse, pero Wang Zheng no era una persona mezquina.

―Sí, me encantaría ser el muchacho apuesto de alguien.

Qué lástima que mi cutis sea demasiado oscuro.

―Ja, ja, cualquiera que haya dejado una impresión en mi hermana como lo has hecho tú tendría ese problema.

Lie Guang estiró un brazo y ambos se estrecharon la mano con firmeza.

Los ojos de Lie Guang destellaron mientras decía: ―Bienvenido a Marte.

Solo se requería una leve investigación para saber qué se esperaba de él.

Después de todo, Raston no se hacía amigo de cualquiera.

―Tú eres el anfitrión aquí, de modo que espero que nos recibas bien.

¿Has preparado las entradas para nosotros o no?

―¿Hmm?

¿Entradas?

―Pequeño granuja.

Ni siquiera eres una bella mujer, ¿por qué recorrería todo este camino solo para verte a ti?

Por supuesto que me refiero a las entradas para el concierto de Huiyin.

¿No has dicho que podías conseguir asientos en primera fila?

―dijo Raston.

Lie Guang se golpeó la frente y dijo: ―¡Caramba!

¡Me he olvidado!

Últimamente he estado demasiado ocupado con asuntos más importantes.

Esos temas triviales deben esperar.

Los tres estaban en un auto magnético que los llevó hacia la casa de campo de la familia Lie, que se encontraba en Jippu.

―¿Qué dijiste?

¿No se puede hacer?

¿Al menos sabes quién soy yo?

―gritó Lie Guang.

Tal como había dicho Raston, Lie Guan en verdad parecía un playboy.

La otra persona estaba visiblemente desconcertada.

Los asientos comunes eran algo posible, pero los asientos en la primera fila habían sido reservados hace mucho.

No sería un logro menor obtener al menos un asiento.

¿Qué debía hacer uno cuando le pedían entradas de una forma tan repentina?

―Olvídalo.

Corta con las fanfarronadas, hombre, te pasaremos a buscar luego ―interrumpió Raston.

Después de todo, él no estaba allí solo para mirar un concierto.

También tenía temas que discutir con Lie Xin.

La situación de Raston era especial.

Tenía que hacer su elección y decidir a qué equipo se uniría.

Frente a Aquiles y Lear, preferiría escoger a Lie Xin.

Al menos mantendría un grado de libertad y se sentiría más relajado.

Lie Guang se encogió de hombros con irritación y dijo: ―Maldícelos.

¿Qué demonios?

Quería presumir un poco frente a un nuevo conocido, pero trastabillé.

El nombre de la familia Lie está perdiendo su brillo.

―Pequeño granuja.

Has estado usando el nombre de la familia Lie para respaldar tu estilo de vida descontrolado durante tanto tiempo que ya nadie te cree.

―¡Shh!

Estos no son tiempos difíciles.

Es el regreso del hijo pródigo.

Es una pena que el resultado de hoy haya sido diferente ―dijo Lie Guang riendo, apático respecto a la reputación de la familia Lie.

―Tú y tus incoherencias.

Si hubiera sabido que eras tan poco confiable, la habría reservado yo mismo ―dijo Raston, un poco arrepentido.

―Tal vez pueda intentarlo ―respondió Wang Zheng sonriendo.

Lie Guang y Raston se sorprendieron, dándose vuelta para clavar sus ojos sobre Wang Zheng.

―Ja, ja, ¿estás intentando imitarme?

No se preocupen por mí, chicos.

Yo siempre hago alarde sin pensar.

Una vez que se familiaricen conmigo lo sabrán muy bien ―dijo Lie Guang.

Wang Zheng marcó el número de Lin Huiyin.

A decir verdad, ni siquiera sabía si respondería.

Se oyó el tono de llamada.

No había respuesta.

―Olvídalo, Wang Zheng.

Las entradas para este concierto son demasiado populares, deben haberse agotado hace muchísimo.

Solo toma nota de que las palabras de este tipo no son confiables ―se burló Raston mirando hacia donde estaba Lie Guang.

Los dos habían sido cercanos desde jóvenes, y el hecho de tener personalidades similares significaba que las conversaciones siempre eran sin reservas.

Wang Zheng sonrió y dijo: ―Solo lo estoy intentando.

Si no funciona, no habrá nada que se pueda hacer.

Lin Huiyin debía estar ocupada.

Probablemente no tenía tiempo de hablar con él.

Ni Lie Guang ni Raston pensaron demasiado en él.

Pensaban que Wang Zheng había dicho eso porque se sentía inferior.

―Huiyin es hermosa y tiene una voz angelical.

Realmente no es mala.

Creo que es digna de ser mi novia ―dijo Lie Guang―.

¿Cómo pude olvidarme de algo tan importante?

―¿Te morirías si dejas de hacer alarde?

―bromeó Raston―.

Pronuncia esas palabras solo cuando te conviertas en el presidente de la Alianza de la Vía Láctea.

―¡Shh!

Contempla mis rasgos.

Mira esta frente, alta y eminente, y admira mi vida privilegiada.

Presidente de la Alianza de la Via Láctea…

tendría que pensar si vale la pena aceptar ese cargo ―dijo Lie Guang.

Wang Zheng estaba comenzando a tener la impresión de que esa persona no hacía nada más que jactarse.

Sería tonto ponerse serio con una persona así, que no hacía más que vomitar aire caliente.

En ese momento, su Skylink comenzó a sonar.

―¡¡Wang Zheng!!

¿Te acordaste de que yo vendría?

¡¿Cómo te atreves a demorar tanto en ponerte en contacto conmigo?!

―chilló Lin Huiyin.

Wang Zheng no estaba seguro de si debía reír o llorar.

Esa niña malcriada, no, esa princesa realmente no veía límites en sus habilidades.

En su mundo, cruzar sistemas solares, por no mencionar los viajes planetarios, era algo tan normal como respirar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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