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TerraMonsters - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 Capitulo 20 Juguemos un juego
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20: Capitulo 20: Juguemos un juego 20: Capitulo 20: Juguemos un juego La noche cayó lentamente y el aire se volvió cada vez más frío, como si la propia isla respirara con pesadez después de todo lo ocurrido.

Las personas se encontraban durmiendo, recuperando energías para poder abandonar aquel lugar al amanecer, utilizando los vehículos militares que habían logrado obtener tras el exitoso rescate de Castro.

Ese rescate no solo significó una victoria estratégica, sino también moral, ya que ahora contaban con un aliado formidable: el propio Castro, cuya experiencia, fortaleza y liderazgo representaban una esperanza real para todos los que aún seguían con vida.

El campamento estaba sumido en un silencio casi absoluto.

Solo el viento nocturno se colaba entre las estructuras improvisadas, produciendo un leve silbido, y de vez en cuando se escuchaba el crujir de la madera o algún paso lejano de los guardias que patrullaban el perímetro.

Las hogueras se habían apagado hacía horas y la luna, alta en el cielo, iluminaba tenuemente el lugar, otorgándole un aire melancólico, frío y casi irreal.

En una habitación cerrada, apartada del resto, se encontraban tres niños que aún no lograban conciliar el sueño.

No era porque hubieran tenido pesadillas, ni porque el miedo los mantuviera despiertos, sino porque estaban aburridos y agotados de la monotonía que sentían cada día.

Vivían afrontando peligros en cada rincón de la vida, con la constante sensación de que el mañana nunca estaba asegurado.

Día tras día era lo mismo: huir, esconderse, luchar, sobrevivir.

Necesitaban distraerse, entretenerse con algo, cualquier cosa que los hiciera olvidar, aunque fuera por unos minutos, que estaban atrapados allí.

—¿Oigan, están despiertos?

—dijo una voz cargada de curiosidad que rompió el silencio.

—No —respondió una voz firme y seca, sin dudar.

—Qué humor tan rancio tienes, Talón —susurró Ian, riendo bajito para no llamar la atención.

—¿Qué sucede, Ian?

—preguntó Sakeichi con su tono tranquilo de siempre, girándose ligeramente en la cama.

—Estoy pensando en jugar un juego —dijo Ian mientras se incorporaba y se sentaba al borde de la cama.

—¿Un juego cuando es hora de dormir?

—respondió Talon con evidente aburrimiento, mirando hacia el techo.

—Vamos, Talón, no seas aburrido.

Juguemos algo, no será largo, será rápido —insistió Ian, levantándose y tocándole el brazo una y otra vez, sin darse por vencido.

—Yo también voy a jugar, pero… ¿de qué será el juego?

—preguntó Sakeichi, mostrando un leve interés.

Ian, al escuchar eso, mostró una sonrisa amplia, casi infantil.

—Un juego de contar secretos.

Sakeichi y Talón se miraron en silencio.

Antes de que Ian pudiera explicar más, Talon habló con decisión: —No voy a jugar.

—¿Por qué?

—preguntó Ian, sorprendido.

—Porque siempre lo haces para saber más de mí.

Y porque ya conté un secreto sobre por qué este lugar me recuerda a mis padres —respondió Talón con molestia evidente.

—Yo sí jugaría, pero… ¿Qué tipo de secretos contaremos, Ian?

—preguntó Sakeichi, intentando suavizar la situación.

—Cualquier secreto, Sakeichi.

Desde algo terrorífico, triste o incluso algo chistoso —respondió Ian con entusiasmo.

—Vamos, Talón.

No necesitas contar tus secretos más oscuros, solo dinos algo que no sabíamos —dijo Ian, insistiendo una vez más.

—Ian, no creo que debas forzar a Talón a jugar un juego que no le agrada —intervino Sakeichi con calma.

—¡No voy a jugar, Ian, déjame!

—exclamó Talón, elevando un poco el tono de voz.

Ian soltó su brazo de inmediato.

—Oh… está bien.

No te molesto.

Pero puedes entrar en cualquier momento —dijo Ian, bajando la mirada.

—Idiota —pensó Talón, suspirando con frustración.

Ian y Sakeichi se sentaron en el suelo formando un pequeño círculo, mientras Talon los observaba con desdén desde su cama.

—Bien, Sakeichi.

Piedra, papel o tijera.

El que gane hará la pregunta —dijo Ian.

Sakeichi asintió.

—Piedra.

—Papel.

—Tijera.

Ambos mostraron sus manos.

El resultado fue claro: Sakeichi había sacado piedra, Ian tijera.

—Gané —dijo Ian con felicidad, aunque en realidad había perdido, provocando una confusión momentánea antes de corregirse y reír.

—Bueno, entonces empiezo yo —dijo finalmente—.

¿Qué fruta te gusta, Sakeichi?

Sakeichi respondió con tranquilidad: —Las manzanas.

—Pero es obvio, solo comimos manzanas durante todo el trayecto —respondió Ian.

—Bueno, yo comía otras frutas desde chico, aunque ya no recuerdo su sabor —dijo Sakeichi con nostalgia.

Talón hizo una mueca desde la cama.

—A mí, obvio, me gustan las manzanas, pero prefiero las verdes —agregó Ian.

—Las manzanas verdes y rojas son iguales —comentó Talón con aburrimiento.

—Creo que no son iguales —dijo Sakeichi.

—Son manzanas con distintos colores —replicó Talón.

—Talón, creo que te olvidas de que estás participando —dijo Ian, aguantándose la risa.

Talón parpadeó, frustrado.

—Es una pregunta estúpida —se justificó.

—Entonces, si quieres hacer una pregunta seria, ven acá.

Pero primero debes ganar —dijo Ian.

Talón se levantó de la cama y se sentó entre ambos.

—No piensen que me estoy divirtiendo —advirtió.

Los tres comenzaron otra ronda de piedra, papel o tijera.

Esta vez, el ganador fue Sakeichi.

—Muy bien, Sakeichi, dinos qué pregunta nos vas a hacer —dijo Ian.

—Que sea una pregunta seria —añadió Talón.

—Hmm… bueno… ¿a quién le agradan más: Hiro, Stiches o Rei?

—preguntó Sakeichi.

Un silencio breve se instaló.

—Es obvio, me agrada Rei.

Me trata con dulzura, como si fuera una madre —respondió Ian.

—A mí no me agradan los tres, pero al menos Stiches no me molesta tanto como los otros dos, que piensan que sufro un trastorno mental —dijo Talón con sequedad.

—A mí me agradan los tres, pero siento admiración por Hiro.

No es solo porque me salvó del gusano aterrador, sino porque me hizo ver que puedo ser como él —dijo Sakeichi con orgullo.

Ian y Talón se miraron, sorprendidos.

—¿Entonces dices que serías el discípulo de Hiro?

—preguntó Ian fingiendo sorpresa.

—Sakeichi, ni siquiera sabemos usar un arma —añadió Talón.

—No, amigos.

Estoy decidido.

Cuando crezca quiero ser alguien como Hiro —respondió Sakeichi con firmeza.

—Entonces primero deberías hablar con él —dijo Talón—.

Al menos para saber cómo pelea.

—Ian asintió—.

Y deberíamos tener un refugio donde entrenar como verdaderos soldados.

En la siguiente ronda, el ganador fue Talón.

—Finalmente —dijo, preparándose.

—Más te vale que no sea una pregunta muy… tétrica —advirtió Ian.

Talon sonrió con melancolía.

—¿Han superado la muerte de quienes más aman?

—preguntó.

El silencio se volvió pesado.

—Yo… aún no supero la muerte de mi papá y cómo me salvó —dijo Sakeichi.

Talón asintió y puso su mano sobre su hombro.

—A mí me duele como mierda, pero me alegra no ser el único —dijo Talón.

—Yo… la verdad es que no tengo a alguien a quien lamentar —confesó Ian.

Explicó su pasado desde que tuvo memoria Ian vivió en un lugar solitario donde tenia manzanas animales y todo su disposición pero una tarde unos monstruos aparecieron y en su desesperación al escapar se topo con el grupo de hiro.

—No quiero verlos morir —dijo finalmente.

Los tres se abrazaron cada uno con personalidades distintas pero de origen que comparten algo.

TRAGICO.

—Juramos por las manzanas que no moriremos —dijeron al mismo tiempo.

—¿Qué hacen despiertos a estas horas?

—dijo una voz femenina.

Los tres niños se asustaron.

—¿Rei?

—dijo Talón.

—Niños, ya es tarde.

Vayan a dormir.

Mañana iremos a la fortaleza a buscar el barco que nos sacará de esta isla —dijo Rei con una sonrisa.

Los niños rápidamente fueron a ir a sus camas a dormir.

Antes de que Rei saliera, Talón preguntó: —Rei… ¿del otro lado de la isla habrá salvación?

Ella lo miró con tristeza y esperanza.

—Ten fe, Talón… ten fe… La puerta se cerró.

El silencio que quedó después de que Rei cerrara la puerta no fue inmediato.

Durante varios segundos, los tres niños permanecieron inmóviles en sus camas, escuchando cómo los pasos de la mujer se alejaban por el pasillo.

El sonido se fue apagando poco a poco, hasta que solo quedó el murmullo lejano del viento golpeando las paredes del refugio.

Talón fue el primero en girarse sobre su cama.

Miró el techo con los brazos cruzados detrás de la cabeza.

Sus ojos estaban abiertos, fijos, como si buscaran algo que no estaba allí.

La conversación de hacía unos minutos seguía dando vueltas en su mente, especialmente las palabras de Rei.

“Ten fe”.

Aquella frase sonaba sencilla, pero para él siempre había sido la más difícil de aceptar.

Sakeichi, por su parte, se acomodó de lado.

Apretó la manta con fuerza, recordando el rostro de su padre, la última vez que lo había visto.

No era una imagen clara; estaba fragmentada, rota en pedazos que aparecían sin aviso.

A veces era su voz, otras veces su mano empujándolo para ponerlo a salvo.

El dolor seguía allí, latente, pero compartirlo esa noche lo había hecho un poco más llevadero.

Ian fue el último en acostarse del todo.

Permaneció sentado un momento más, mirando a sus dos compañeros.

Pensó en lo extraño que era sentirse acompañado después de tanto tiempo.

Desde que tenía memoria, siempre había estado solo.

Ellos eran, quizá, lo más cercano a una familia que había tenido.

—Oigan… —susurró Ian, rompiendo el silencio—.

¿Todavía están despiertos?

—Sí —respondió Sakeichi casi de inmediato.

—Lamentablemente —añadió Talón, sin cambiar de posición.

Ian sonrió levemente en la oscuridad.

—Gracias por jugar —dijo—.

Sé que fue medio tonto.

—No fue tonto —respondió Sakeichi—.

Fue… necesario.

Talon no habló al instante.

Pasaron varios segundos antes de que soltara un suspiro largo y pesado.

—Supongo que… estuvo bien —admitió—.

Solo no te acostumbres.

Ian soltó una risa ahogada.

—No lo haré.

El viento volvió a colarse por una rendija de la pared, apagando la lámpara por completo.

La habitación quedó sumida en la oscuridad total.

Aun así, ninguno de los tres sintió miedo.

Por primera vez en mucho tiempo, el cansancio empezó a pesar más que los pensamientos.

Afuera, el campamento seguía dormido.

Los vehículos militares estaban alineados, silenciosos, como bestias metálicas esperando despertar.

Castro descansaba en otra sección del refugio, recuperando fuerzas, mientras los soldados montaban guardia sin saber que, en una pequeña habitación, se había formado algo igual de importante que cualquier alianza o plan de escape.

Porque esa noche, sin darse cuenta, tres niños que habían sido obligados a crecer demasiado rápido compartieron algo más que secretos.

Compartieron heridas, miedos y promesas.

No promesas heroicas ni grandiosas, sino una simple y poderosa: seguir vivos juntos.

El sueño finalmente los alcanzó, uno por uno.

Rei caminó unos pasos más después de cerrar la puerta, pero no logró avanzar mucho.

Se detuvo en el pasillo, respirando hondo, como si el aire le pesara en los pulmones.

La pregunta de Talón seguía resonando en su cabeza.

¿Del otro lado de la isla habrá salvación?

Rei apretó los labios.

No era una pregunta inocente.

Era una súplica.

«Ten fe…», se había escuchado decir.

Una respuesta corta.

Demasiado corta.

La fe no era algo que sobrara en ese lugar.

Ella misma la sentía resquebrajarse cada día.

Sabía que al otro lado de la isla podía haber un barco, sí… pero también sabía que podían encontrar ruinas, cadáveres, o algo peor los mismos monstruos.

No había certezas, solo probabilidades.

Pensó en Talón.

En esa forma suya de mostrarse fuerte, de empujar a los demás con palabras duras para que no se le acercaran demasiado.

Rei lo entendía.

Había visto ese mismo gesto en stiches.

Mente Fría , corazón caliente.

Luego pensó en Sakeichi.

En su mirada encendida cuando hablaba de Hiro.

Ese tipo de admiración podía convertirse en fuerza… o en una herida profunda si la realidad lo golpeaba demasiado pronto.

E Ian…Rei cerró los ojos un instante.

Ian era el que más le preocupaba.

Sonreía como si el mundo aún fuera amable, pero ella sabía leer lo que no se decía.

Un niño sin recuerdos claros, sin nombres a los que llorar, sin tumbas donde dejar flores.

No haber perdido a nadie no significaba no estar roto.

—No deberían estar pasando por esto… —murmuró para sí.

Pero estaban ahí.

Los tres.

Y muchos más.

Rei miró el campamento dormido, los vehículos alineados, las armas apoyadas contra las paredes.

Todo parecía preparado para una guerra eterna.

Recuerda la vez que era una soldada asustada.

hoy ya con los años se encargaba de liderar un grupo que cree en ella y sus compañeros.

Rei enderezó la espalda y volvió a caminar.

Tal vez la fe no era creer en un final feliz.

Tal vez era simplemente seguir avanzando para que las personas pudieran dormir una noche mas y en paz.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES VersoOscuro Feliz Navidad de manera atrasada!

Finalmente tengo dias disponibles luego de sacrificios personales.

Un Cap corto pero el comienzo de mas capitulos seguidos

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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