Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

TerraMonsters - Capítulo 21

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. TerraMonsters
  4. Capítulo 21 - 21 Capitulo 21
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

21: Capitulo 21: Afuera del baluarte 21: Capitulo 21: Afuera del baluarte El día empezó con una mañana hermosa que iluminaba el paisaje de árboles y casas abandonadas.

En el edificio donde se había refugiado el grupo de Hiro, todos comenzaron a empacar sus cosas y a prepararse para el camino directo al Baluarte, un lugar conocido que les traía nostalgias tanto buenas como malas.

—Despierten, pequeños, es hora de irnos —dijo una voz femenina, haciendo que tres niños se levantaran de sus camas.

Ian bostezó de manera exagerada.—Bien, falta poco para salir de esta isla —dijo feliz y alegre, como siempre.

Talón solo chasqueó la lengua.—Qué gran soñador —respondió con desdén.

—Vamos, Talón —dijo la voz femenina mientras acariciaba su cabeza.

Talón se sintió incómodo por el afecto.—Rei… —murmuró.

Rei soltó una pequeña risa y dejó de acariciarlo.

—Apúrense para desayunar —dijo Rei saliendo del cuarto, haciendo que los niños se levantaran del todo.

Los tres fueron rápidamente al baño para lavarse las manos y cepillarse los dientes.

—¿El recorrido será rápido?

—preguntó Ian mientras ponía pasta en su cepillo.

Talón y Sakeichi se cepillaban en silencio antes de tomar agua y escupirla.

—Claro, como si no estuviéramos en un ambiente apocalíptico —dijo Talón de manera sarcástica.

Sakeichi pasó un brazo por los hombros de ambos y les susurró al oído:—Si hemos sobrevivido a la neblina, entonces podemos sobrevivir a esto.

—Recorrido, Baluarte, barco… nosotros sobreviviremos porque… —Ian se quedó en silencio al mirar burlonamente a Talón.

—Somos un equipo —finalizó Talón de manera seca.

—Así se habla —dijo Ian, y los tres salieron del baño.

Abajo, el lugar era ruidoso y acogedor.

Muchas personas, jóvenes y adultas, estaban repartiendo la comida necesaria para el viaje.

—Niños, tomen —la voz de Hanzo hizo que los tres se giraran.

Él les entregó un pan a cada uno.

—Hmm, ¿Qué es esto?

—dijo Ian al abrir el suyo y descubrir que era de mantequilla.

—Solo come —dijo Talón mientras mordía su pan.

Sakeichi vio a Rei cargando a Estrellita, que tomaba leche.

Se acercó para acariciarla; la bebé era alguien muy especial para él.

Castro servía café junto a otras personas.—Rápido, sírvanse y tomen, debemos apurarnos —dijo mientras salía del lugar con varias personas armadas.

—Vamos, pequeños, debemos irnos.

Hiro y Stiches nos esperan —dijo Rei a los tres niños, que apenas terminaron su pan.

Ian tomó una bolsa de café y empezó a beber, pero enseguida escupió un poco.—¡Está caliente!

—exclamó.

—Obvio —respondió Talón.

—Pobre tu lengua, Ian —rió amablemente Sakeichi.

Ian también se rió.

Al salir del edificio, los tres niños observaron los cuatro vehículos militares listos para iniciar el recorrido hacia el Baluarte, donde se encontraba el barco.

Las personas comenzaron a organizarse para decidir quién iría en cada vehículo.

En el primer vehículo militar iba Hiro junto a los tres niños: Sakeichi, Ian y Talón, además de otras personas.

En el segundo vehículo iba Rei con Estrellita y algunos más.

En el tercero viajaba Castro con su grupo.

Y en el cuarto iban Stiches y Hanzo junto a otras personas.

—Bien, ya saben qué hacer.

La ruta la planificamos ayer, sigamos por este camino —dijo Stiches.

Todos asintieron y comenzaron a acelerar, desapareciendo del sector en dirección al Baluarte.

Sin embargo, cuando los vehículos militares se alejaron, desde la estructura abandonada una puerta cerrada fue atravesada por unas garras afiladas y puntiagudas.

Lo más escalofriante era que aquellas garras no pertenecían a un xerp ni a ningún monstruo conocido.

Diez minutos después… Los vehículos militares continuaban avanzando por el camino que los llevaría cerca del Baluarte.

La idea era tomar un descanso en las afueras para coordinar mejor cómo entrar en aquel lugar convertido en escombros.

—Señor Hiro, ¿es cierto que hay un barco esperándonos?

—preguntó Ian, acercándose al hombro de Hiro, quien conducía.

—Sí —respondió Hiro.

—¿Entonces hay gente esperándonos?

—insistió Ian.

Hiro tardó en responder.—No.

—Señor Hiro, ¿pero el barco está en perfectas condiciones?

—preguntó Sakeichi.

Hiro quiso responder de inmediato, pero las palabras no salieron.

Finalmente dijo:—No lo sabemos.

Los que viajaban en el vehículo de Hiro parpadearon, incrédulos.

—¿Cómo que no sabes si el barco está bien?

—dijo una persona.

—Miren, ha pasado mucho tiempo desde que ocurrió el incidente del Baluarte.

Todo fue arrasado, pero los monstruos dejaron edificios aún en pie.

La posibilidad de que el barco siga intacto existe —explicó Hiro.

—Mierda, Hiro, no estamos jugando a la ruleta rusa —se quejó otro.

Hiro respondió con firmeza: —Escúchenme.

Ustedes saben que los monstruos deambulan constantemente, pero lo que no saben es que esas cosas, sobre todo los xerps, cuando detectan vida en un lugar no paran hasta rastrearla y exterminarla.

Los vehículos militares entraron en el Sector A, y a lo lejos se podía ver el Baluarte, enorme, aún en pie, como si nunca hubiera sido destruido.

—No se dejen engañar por el exterior.

Cuando estemos adentro, las cosas se pondrán difíciles.

Talón miró por la ventana.

Vio edificios destruidos y otros aún en pie en el Sector A.

Las palabras de Hiro le dieron vueltas en la cabeza.

¿Los monstruos saben cuando hay humanos en una zona, incluso si nunca se han cruzado con ellos?¿Se comunican de alguna forma?¿Será por el olor, las huellas o algún rastro de actividad humana lo que los hace sospechar?

Mientras tanto, al ver el Baluarte a lo lejos, Sakeichi fue invadido por recuerdos oscuros.

La muerte de su padre.

La muerte de Robert.

La muerte de varios niños con los que convivió.

Todo eso lo entristeció profundamente.

No le gustaba ese panorama; le traía recuerdos dolorosos.

Sobre todo siendo un niño, cargar con el peso de que los adultos tengan que dar su vida para salvarte… es una mochila que se vuelve más pesada con el paso del tiempo.

Sakeichi odiaba ser débil.

Odiaba no poder hacer nada.

Odiaba no hacer felices a las personas que lo daban todo por él.

Quería ayudar, aportar y, sobre todo, arriesgarse por el equipo.

—¿Sucede algo, Sakeichi?

—preguntó Ian con preocupación.

—Estoy nervioso —murmuró Sakeichi con honestidad.

Ian lo tranquilizó apoyando una mano en su hombro.—Tranquilo, amigo.

Tú tranquilo; yo nervioso.

No quiero que nuestro mini líder sea intimidado por un Baluarte que parece una ciudad fantasma.

Ian soltó una risa, y Sakeichi sonrió un poco.

Los vehículos militares lograron salir del Sector A.

El entorno cambió por completo: áreas verdes, árboles enormes y una sensación extraña de calma.

A lo lejos se podía ver la puerta principal del Baluarte, totalmente destruida y cubierta por gigantescas rocas amontonadas.

—Bien, pasemos por la izquierda —informó Hiro al grupo.

Todos obedecieron, girando en esa dirección y echando un último vistazo al enorme Baluarte.

—Tiene demasiados agujeros por donde entrar —comentó Talón.

Finalmente, los vehículos militares se detuvieron.

Todo el equipo comenzó a acomodarse y a preparar un campamento temporal para pasar la noche y salir al amanecer.

Al bajar de los vehículos, todos miraron con asombro la absurda cantidad de madera que había alrededor.

Estaban rodeados de árboles y flores hermosas, y a lo lejos se divisaba una orilla desde donde se podía ver el océano.

—Vaya, tenemos mucha madera —dijo Ian.

Vio a Talón cargando varios trozos.—Talón, ¿Qué vas a hacer con esa madera?

—Mi carpa —respondió Talón sin mirarlo.

Los adultos comenzaron a preparar una fogata, mientras otros armaban carpas usando la madera que se encontraba en abundancia.

Ian notó que Sakeichi recogía madera.—Oye, Sakeichi, hagamos una carpa para los dos —dijo Ian, apoyando su mano sobre la cabeza de su amigo.

—Es una buena idea —respondió Sakeichi.

Pasaron algunos minutos y Talón ya había terminado su carpa de madera.

Era pequeña y algo inestable, pero lo suficientemente grande como para que entrara su cuerpo.

—Qué bien se siente hacerlo con tu propio esfuerzo —susurró Talón, cerrando los ojos.

Al abrirlos, vio a Sakeichi e Ian junto a Stiches, Rei y Hiro, construyendo una carpa mucho más grande.

Talón parpadeó y miró a su alrededor.

Había muchas carpas de madera, todas enormes en comparación con la suya.

—Oye, Talon, puedes entrar en esta carpa —dijo Ian con entusiasmo.

Talon suspiró profundamente, con cara de pocos amigos.

—Cómo odio esto —murmuró.

Se metió en su propia carpa, pero de repente la estructura cedió y se vino abajo.

Talon soltó un suspiro aún más pesado, lleno de frustración.

—Oh, pequeño, se nota que tienes un gran orgullo —dijo Stiches, ayudándolo a levantarse.

—Stiches, no vengas a decir que debo dormir con ellos.

Se mueven a cada rato cuando duermen —protestó Talón.

—Hmm… bueno, ¿qué es peor?

¿Dormir incómodo o…?

Un sonido estruendoso interrumpió la frase.

Comenzó a llover.

—Genial —susurró Talón.

—Ni siquiera tenía que decirlo —rió Stiches mientras se dirigía a su carpa, la más grande, donde el grupo de Hiro discutiría por dónde entrar al Baluarte.

Talón sintió las gotas de lluvia caer sobre él.

Miró a Sakeichi e Ian, que comían manzanas tranquilamente, disfrutando el momento como si estuvieran en un paraíso.

—Inmaduros —dijo Talón con cansancio.

Finalmente, comenzó a caminar hacia la carpa donde estaban Sakeichi e Ian.

—Miren quién vino —dijo Ian con una sonrisa.

Talón se quedó de pie frente a la carpa, empapado, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—No empieces —dijo Talón con voz seca.

—¿Empezar?

Yo no he empezado nada —respondió Ian, llevándose una mano al pecho—.

Solo estaba pensando que… qué coincidencia, justo cuando empieza a llover decides visitarnos.

Sakeichi trató de no reírse, mordiéndose el labio.

—Cállate, Ian —gruñó Talón mientras entraba a la carpa y se sentaba en una esquina.

Ian se acercó lentamente y le lanzó una manta.—Ten, mini arquitecto.

La próxima vez refuerza las paredes… o usa clavos.

—Mi carpa estaba bien —refunfuñó Talón.

—Claro que sí —dijo Ian con una sonrisa exagerada—.

Tan resistente como tu paciencia.

Talón lo miró con ganas de lanzarle la manta a la cara.

—Si sigues hablando, duermes afuera.

—Oh no, por favor, no me castigues —respondió Ian dramáticamente—.

El gruñón me va a expulsar del equipo.

Sakeichi no pudo contener la risa.

—No te rías —dijo Talón sin mirarlo.

—Lo siento… es que Ian no sabe cuándo parar —respondió Sakeichi.

—Eso es falso —dijo Ian—.

Yo sé exactamente cuándo parar… nunca.

Ian se sentó frente a Talón y lo observó unos segundos en silencio.

—¿Sabes?

—continuó—.

Admito que eres adorable cuando las cosas no te salen bien.

Talón apretó los dientes.—Te juro que si no te callas— —¿Me vas a mirar feo?

¿Otra vez?

—interrumpió Ian—.

Porque ya estoy acostumbrado.

Sakeichi volvió a reír.

Talón suspiró profundamente y se recostó, cubriéndose con la manta.

—Hablas demasiado —murmuró.

Ian sonrió, satisfecho.—Y tú te quedaste.

Eso significa que te caigo bien.

Talón cerró los ojos.—Significa que está lloviendo.

—Lo que tú digas —susurró Ian, acomodándose para dormir.

Por otro lado, en la carpa de madera más grande de todo el campamento se encontraban Stiches, Rei, Castro, Hiro, Hanzo y otras personas.

—Bien, ya estamos cerca del Baluarte.

¿Cuál es el siguiente paso?

—preguntó Hanzo.

Castro, que estaba fumando, intervino: —Tenemos varias formas de entrar al Baluarte.

Podemos usar los caminos que dejaron los superiores en la arquitectura original, o los atajos que abrieron los monstruos.

Sin embargo, no sabemos qué hay dentro.

Entrar por una zona abierta sería exponernos a un ataque grupal, ya sea de xerps u otras criaturas —finalizó Castro.

—¿Cuál es el mejor camino para entrar?

—preguntó una de las personas presentes.

Hiro tomó la palabra.—Tenemos tres rutas —dijo, mientras los recuerdos del Baluarte comenzaban a volverle a la mente.

La primera ruta eran los túneles subterráneos.

Hiro los recordaba con escalofríos.

Aunque el contexto ahora era distinto —el grupo contaba con personas más experimentadas— el problema sería el tiempo: encontrar la entrada los obligaría a separarse.

Sin embargo, si lograban salir con éxito, podrían quedar cerca del antiguo campamento militar, donde tal vez aún hubiera recursos importantes.

La segunda ruta consistía en usar los vehículos militares e ingresar directamente por uno de los muros destruidos por los monstruos, lo que permitiría llegar rápido a la zona donde se encontraba el barco.

El problema era el ruido: llamarían demasiado la atención y quedarían expuestos a ataques, tal como había advertido Castro.

La tercera ruta era escalar un edificio que aún seguía en pie y que conectaba con los muros del Baluarte.

Desde allí podrían rodearlo completamente por arriba, lo que ofrecía mayor seguridad.

Sin embargo, el camino sería largo y agotador.

Además, al llegar cerca de la zona del barco, todo estaría destruido, por lo que tendrían que ingeniárselas para bajar entre casas colapsadas y escombros.

La carpa quedó en silencio.Cada ruta tenía riesgos distintos.

Pasaron las horas.

La noche cayó por completo y la lluvia disminuyó, transformándose en una llovizna constante.

Talon e Ian dormían profundamente, pero Sakeichi permanecía despierto.

Tenía ganas de orinar y la incomodidad no lo dejaba descansar.

Le daba vergüenza.La oscuridad no le agradaba, pero tampoco quería despertar a Ian o a Talon para que lo acompañaran.

No quería parecer débil… aunque no sabía por qué pensaba así, estando en un grupo que no discriminaba.

¿O sí?

Con cuidado, Sakeichi salió de la carpa.

El aire nocturno estaba frío y húmedo.

Se acercó rápidamente a un árbol cercano, bajó el cierre y finalmente pudo aliviarse, dejando escapar el líquido que tanto le molestaba.

Al terminar, se acomodó de nuevo la ropa y se dispuso a regresar a la carpa antes de que Ian o Talón despertaran.

Entonces se detuvo.

A lo lejos, vio una silueta familiar.

Era Hiro.

Estaba de pie, inmóvil, mirando hacia la orilla donde el océano se extendía oscuro e infinito, como si cargara pensamientos tan pesados como la noche misma.

Sakeichi lo observó en silencio.

Entonces empezó a caminar.

—Hola —dijo el niño albino.

Hiro se dio la vuelta y miró a Sakeichi con sorpresa.

—Oh, hola, Sakeichi.

¿Sigues despierto?

—Sí… bueno, tenía ganas de orinar —respondió Sakeichi.

Hiro miró de reojo la carpa donde dormían Ian y Talon.

—¿Cómo será mañana?

—preguntó Sakeichi, esperando la respuesta de Hiro.

—Aún no lo sabemos.

Todos están debatiendo qué ruta tomar —respondió Hiro.

Sakeichi miró a lo lejos la carpa enorme, donde se veían personas que conocía y otras que discutían cuál camino elegir.

—¿Y por qué estás aquí?

—preguntó Sakeichi.

Hiro lo observó en silencio.

Luego, con una voz solemne, respondió: —Bueno, chico… a veces olvidamos que nosotros mismos no podemos cargar con tantas cosas.

Por eso, es mejor tomar un respiro.

Sakeichi parpadeó.—¿Estás cansado de todo esto, señor Hiro?

Hiro se arrodilló frente a él y le dijo con calma: —Todos tenemos nuestros límites, muchacho.

Todavía eres un niño, pero poco a poco, cuando crezcas, verás que el mundo puede llegar a ser muy podrido.

Y no solo por los monstruos… también existen otros monstruos.

—¿Qué otros monstruos?

Yo solo conozco tres tipos —dijo Sakeichi.

—Este lugar me marcó para siempre —respondió Hiro, señalando el Baluarte.

Sakeichi miró detenidamente el Baluarte destruido.

Entonces recordó unas palabras que había escuchado antes: —Ese Baluarte era asqueroso, incluso para mí.

—Antes teníamos un Baluarte que, lamentablemente, terminó en ruinas.

Recordó esas palabras de Robert y de su padre, Rhyner.

—Ya entiendo —dijo Sakeichi.

Hiro asintió con la cabeza.

—Mi padre también decía que quería que el Baluarte fuera un hogar, un lugar donde todas las personas pudieran vivir en paz, lejos del peligro —continuó Sakeichi.

El viento sopló con fuerza y las hojas comenzaron a volar lentamente.

—Yo quiero un hogar donde todos podamos ser felices, como mi padre quería —dijo Sakeichi, sonriendo a Hiro.

Hiro se conmovió un poco.

Acarició la cabeza del niño.

—Ya que me hablas tanto de tu padre… desde el momento en que te rescaté me hiciste pensar en lo buena persona que era.

¿Podrías decirme su nombre?

—preguntó Hiro.

Sakeichi se alegró al escuchar eso y respondió sin dudar: —Se llama Rhyner.

El rostro de Hiro se quedó paralizado.

—Disculpa… ¿quién?

—preguntó, con la voz tensa.

Sakeichi se sorprendió por el cambio en su expresión.

—Rhyner —repitió.

Hiro guardó silencio, mirando fijamente al niño.

—Tu padre es Rhyner… —murmuró.

—¿Sucede algo?

—preguntó Sakeichi, nervioso.

—Vuelve a tu carpa ahora —ordenó Hiro.

Sakeichi, asustado y confundido, obedeció sin entender qué había pasado.

La voz de Hiro ya no sonaba amigable.

Hiro esperó a que el niño se alejara y luego volvió la mirada hacia la orilla del océano, con un enojo creciente.

—No pensé que el niño fuera el hijo de ese maldito —murmuró.

¿Por qué hiro lo odia?

REFLEXIONES DE LOS CREADORES VersoOscuro Feliz año nuevo Para todos espero disfruten su dia con sus familiares.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo