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The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 Capítulo 13 — Correos y mis figuras
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13: Capítulo 13 — Correos y mis figuras 13: Capítulo 13 — Correos y mis figuras Capítulo 13 — Correos y mis figuras Leo se sentó en su escritorio, subió la lámpara y abrió la computadora portátil.

La pantalla ilumina la habitación con un brillo suave mientras la bandeja de entrada se desplegaba llena de mensajes.

El primero que revisó provenía de la editorial.

El asunto decía: *“Avances sobre sus libros”*.

El correo detallaba la buena recepción que habían tenido sus artículos recientes y la propuesta de reunirlos en un volumen más amplio.

Le sugerirían ampliar capítulos, dar más contexto narrativo y pensar en un prólogo personal.

Leo lo leyó con calma, tomando notas mentales.

La idea de un prólogo lo hizo reflexionar: podría hablar de cómo había llegado hasta ahí, de los caminos inesperados que lo habían llevado a escribir, de cómo la ciencia y la narrativa se habían entrelazado en su vida.

Cerró el correo con una sensación de satisfacción, sabiendo que su trabajo estaba encontrando eco más allá de los círculos académicos.

El siguiente correo era de su madre.

El asunto, breve: *“¿Cómo estás?”*.

Al abrirlo, encontró una lista de preguntas concisas: cómo estaba su salud, cómo iba el trabajo, qué tal sus amigos, si estaba comiendo bien, si descansaba lo suficiente.

Reconoció de inmediato el patrón.

Su madre estaba demasiado perdida en su investigación, tan enfocada en construir teorías educativas que no veía lo malo en su vida ni lo que realmente necesitaba.

Para ella, cada detalle era material de estudio.

Leo no se molestó ni se entristeció; simplemente decidió que no quería seguir alimentando esa dinámica.

Con un clic, colocó sus correos directamente en la carpeta de spam.

No más mensajes que lo conviertan en objeto de análisis.

El tercer correo era de su padre.

El asunto decía: *“Avances de investigación”*.

El mensaje estaba lleno de detalles sobre el proyecto en el que trabajaba: experimentos recientes, hipótesis que empezaban a tomar forma, la emoción de descubrir algo nuevo.

Al final, le preguntaba cómo estaba él, qué tal su vida, qué tal sus amigos.

Leo irritante.

Con su padre la relación era distinta: había interés genuino, curiosidad por compartir y escuchar.

Decidió responder de inmediato.

Escribió sobre su propia investigación, los artículos que estaba preparando y las publicaciones que habían salido en revistas científicas.

Luego agregó un párrafo sobre los chicos, describiéndolos con precisión y cariño.

“Sheldon es un genio especializado en teoría de cuerdas, brillante y meticuloso, aunque a veces demasiado rígido en su forma de ver el mundo.

Howard es mi amigo ingeniero, creativo y siempre dispuesto a bromear, pero con una habilidad real para resolver problemas técnicos.

Raj es mi amigo astrofísico, sensible y apasionado por el universo, alguien que siempre aporta una mirada distinta y humana a cualquier conversación”.

Le contó cómo cada uno, con sus peculiaridades, le aportaba algo distinto: Sheldon con su lógica implacable, Howard con su humor constante, Raj con su entusiasmo genuino.

Explicó que, más allá de sus profesiones, lo que le fascinaba era ver cómo se complementaban como personas, cómo sus talentos se reflejaban en la vida cotidiana.

Terminó el correo agradeciendo a su padre por interesarse siempre en él y deseándole éxito en su investigación.

El último mensaje era de su hermana.

El asunto decía: *“Hola, hermano”*.

El correo era breve, directo, sin adornos, pero distinto al tono frío de los demás.

Le preguntaba cómo estaba, lo felicitaba por sus publicaciones científicas y añadía que si necesitaba algo, podía llamarla.

Leo lo leyó con atención.

Su hermana nunca había sido especialmente cálida, pero era la menos fría de la familia.

A diferencia de su madre, que lo estudiaba, y de su padre, que lo trataba como colega, ella lo había tratado “bien dentro de lo que cabe”.

Ahora, parecía que su trabajo la había impresionado y que quería mejorar la relación, quizás porque él también había escapado de la casa y entendía lo que significaba tomar distancia.

Leo decidió responderle.

Le contó que estaba bien, que había estado trabajando en nuevos proyectos de escritura y que seguía rodeado de amigos brillantes y peculiares.

Le agradeció por sus felicitaciones y le dijo que la llamaría pronto, no porque necesitara algo, sino porque quería conversar.

— Leo continuaba revisando su bandeja de entrada cuando un correo en particular le llamó la atención.

Era de Sheldon, redactado con su habitual tono formal y casi legalista, anunciando la próxima visita de su madre.

El mensaje hacía referencia a los artículos del acuerdo de habitación, como si se tratara de un contrato que debía cumplirse al pie de la letra.

Leo no pudo evitar reírse al leerlo.

Conocía bien a Sheldon y su manera de convertir cualquier situación cotidiana en un asunto regulado por normas estrictas.

El correo explicaba que Mary Cooper estaría de paso en la ciudad, ya que planeaba visitar a un familiar, y aprovecharía para pasar un rato con ellos.

Al cerrar el mensaje, Leo se quedó reflexionando.

Recordaba a Mary Cooper como una madre increíble, alguien que siempre había visto por sus hijos con una dedicación genuina.

Viuda desde hacía varios años, profundamente religiosa y orgullosamente texana, Mary era encantadora como ser humano.

Tenía esa dulzura que hacía sentir a cualquiera bienvenido, y al mismo tiempo una firmeza que imponía respeto.

Para Leo, sin duda, era una madre ejemplar, una presencia cálida y auténtica que dejaba huella en quienes la conocían.

Con una sonrisa, redactó su respuesta a Sheldon.

Le confirmó que estaba ingresado de la visita y que no tenía ningún problema con ello.

El tono fue breve y cordial, sabiendo que para Sheldon lo importante era la constancia escrita de su aceptación.

Después de enviar el correo, Leo se recostó en su silla, todavía con la sonrisa en el rostro.

Pensó que sería agradable conocer a Mary Cooper, aunque fuera de paso, y que su presencia cambiara a Sheldon.

— La puerta del departamento se abrió y el olor de la comida tai llenó el lugar.

Howard y Raj entraron cargando bolsas, mientras Sheldon caminaba detrás de ellos con gesto satisfecho, como si todo estuviera bajo control.

Howard dejó las bolsas sobre la mesa y suspir.

“Ya está, noche de comida tai.

Sheldon nos prohibió traer cualquier otra cosa, así que no hubo escapada”.

Raj acomodó los recipientes y sonriendo.

“Bueno, al menos huele increíble.

Curry rojo, pad thai, rollitos…

no me quejo”.

Leo, que estaba en el sofá, se inclinó hacia adelante.

“Con ese olor no se puede concentrar uno.

Vamos a comer.” Se sentaron todos alrededor de la mesa y empezaron a servirse.

Entre bocados, Howard tomó la palabra con entusiasmo.

“Por cierto, este fin de semana me voy a una convención de ingeniería.

Es enorme, llena de conferencias y stands de tecnología.

Van a mostrar televisores de plasma gigantes, laptops ultradelgadas, celulares con pantallas enormes y hasta prototipos de robots domésticos”.

Raj levantó la vista, con una sonrisa cómplice.

“Y yo voy con él.

Alguien tiene que asegurarse de que no se pierda entre los drones y los GPS portátiles”.

Howard le dio un codazo amistoso.

“Vamos, Raj, sabes que me pierdo solo en los stands de consolas de videojuegos.

Los robots los controlo perfectamente”.

Leo río mientras probaba el pad thai.

“Suena divertida.

¿Qué esperan ver allá?” Howard se acomodó en la silla, animado.

“Habrá presentaciones de nuevos materiales, impresoras 3D en desarrollo, y un panel sobre cómo integrar chips más pequeños en todo tipo de dispositivos.

Además, dicen que van a mostrar un brazo robótico capaz de ensamblar piezas con precisión quirúrgica”.

Raj añadió, con tono más relajado: “Y también hay charlas sobre energía renovable.

A mí me interesa esa parte, aunque sé que Howard va directo a los gadgets”.

Howard levantó los palillos como si fuera un trofeo.

“¡Exacto!

Los gadgets son lo mejor.

¿Quién quiere escuchar sobre paneles solares cuando puedes ver un celular que reproduce música, videos y hasta tiene cámara integrada?” Leo se rió.

“Bueno, depende de la cámara.

Si toma fotos decentes, entonces sí vale la pena”.

Raj negó con la cabeza, divertido.

“Eso es lo que digo, Howard.

Te emocionas con lo llamativo y olvidas lo importante”.

Sheldon, que había estado comiendo en silencio, intervino con tono serio.

“Las convenciones de ingeniería son útiles si se enfocan en avances reales.

Los televisores de plasma y los celulares con pantallas grandes son solo distracciones.

Lo que importa es la investigación aplicada”.

Howard lo miró con una sonrisa burlona.

“Gracias, Sheldon, por convertir cualquier conversación en un informe académico.

Pero créeme, la gente también va por la diversión”.

Leo levantó su vaso de agua y brindó en tono ligero.

“Por la diversión, entonces.

Que la convención les deje algo útil…

y también algunas risas.” Raj levantó su plato.

“Y por la comida tai, que al menos hoy sí salió perfecta”.

Howard río mientras tomaba otro bocado de curry.

“Eso sí, Sheldon puede ser un tirano culinario, pero hay que admitir que tiene buen gusto”.

Sheldon los miró con gesto pasivo‑agresivo.

“No soy un tirano.

Simplemente establezco reglas claras para evitar el caos gastronómico”.

Howard y Raj se miraron y soltaron una carcajada, mientras Leo los acompañaba con una sonrisa.

La noche siguió entre bromas, comentarios sobre la convención y risas que llenaron el departamento.

— “¿Qué les parece si después de cenar vamos a una tienda de cómics?

Escuché que hay una cerca de aquí”, dijo Leo, levantándose del sofá.

Howard sonrió.

“¡Eso suena perfecto!

Nada como terminar la noche con un poco de cultura pop”.

dijo Howard.

Raj asintió.

“Sí, siempre es divertido ver qué números raros aparecen en las estanterías”.

dijo Raj.

Sheldon ajustó sus lentes.

“Espero que tengan un sistema de clasificación decente.

No soporto cuando se mezclan continuidad”.

dijo Sheldon.

— Al llegar, el grupo entró y el olor a papel llenó el aire.

Detrás del mostrador estaba Stuart, pálido y tranquilo, hojeando un cómic.

Leo lo reconoció internamente, pero no dijo nada.

“Buenas noches”, dijo Leo, acercándose al mostrador.

“Hola, bienvenidos.

¿Primera vez por aquí?” dijo Stuart, con voz calmada.

“Sí, queríamos ver qué tienen”, dijo Leo.

Howard miró a su alrededor.

“Buen lugar.

Se nota que lo cuidas.” dijo Howard.

Raj ya estaba hojeando una estantería.

“¡Miren esto!

Tienen números de *Green Lantern* y *Flash* que me faltaban.” dijo Raj, emocionado.

Sheldon se acercó con paso firme.

“¿Tienes *Los Cuatro Fantásticos* #48?

Es fundamental para cualquier colección seria”.

dijo Sheldon.

Stuart señaló una vitrina.

“Sí, lo tengo.

Está en buen estado”.

dijo Estuardo.

Sheldon lo tomó con reverencia.

“Excelente.

Lo llevaré.” dijo Sheldon.

Leo se acercó a otra sección.

“¿Qué tal Batman?

Busco historias más oscuras.” dijo Leo.

Stuart mostró unos tomos.

“Tengo *The Killing Joke* y *Hush*.

Son muy populares.” dijo Estuardo.

Howard hojeó uno.

“Este es brutal.

Joker contra Batman, el clásico eterno”.

dijo Howard.

Leo alarmantemente y señaló la vitrina de figuras.

“Me llevo estas de la Liga de la Justicia: Superman, Batman y Wonder Woman.

Y también Harley Quinn y Poison Ivy”.

dijo Leo.

Howard levantó la mano.

“Yo también quiero esas dos villanas.

No puedo quedarme atrás”.

dijo Howard, divertido.

Raj ya tenía varios números en la mano.

“Me llevo estos de Green Lantern.

No puedo creer que los encontré aquí”.

dijo Raj.

Sheldon, con su cómic de Galactus en mano, miró a Stuart.

“Tu tienda, aunque pequeña, tiene material valioso.

Eso merece reconocimiento.” dijo Sheldon, con tono pasivo-agresivo.

“Gracias…

supongo.

Trato de mantener lo mejor que puedo.” dijo Stuart, con calma.

La caja se llenó de risas y comentarios mientras Stuart los atendía.

Leo pensaba en lo curioso que era ver a sus amigos descubrir este lugar, mientras él sabía que Stuart acabaría siendo parte de su mundo.

— “Entonces, ¿qué más tienes por aquí?” dijo Leo, mientras Stuart acomodaba cuidadosamente las figuras y cómics que habían elegido.

Stuart levantó la vista con una sonrisa tímida.

“De todo un poco.

Trato de mantener material clásico y algunas ediciones especiales.

Aunque no siempre es fácil, ya sabes, no es que la gente haga fila para comprar cómics todos los días”.

dijo Stuart, con tono calmado.

Howard se apoyó en el mostrador, mirando alrededor con curiosidad.

“Bueno, deberías poner un letrero que diga: ‘Aquí se forman los genios’.

Así atraerías a más gente como nosotros”.

dijo Howard, con tono burlón.

Raj soltó una risa suave.

“Howard, si ese fuera el caso, la tienda estaría vacía la mayor parte del tiempo”.

dijo Raj, divertido.

Sheldon frunció el ceño, ajustando su postura.

“No estoy de acuerdo.

El término ‘genio’ se usa de manera demasiado laxa.

Si realmente se aplica, entonces sí, la tienda estaría vacía…

excepto por mí”.

dijo Sheldon, con seriedad.

Leo se río, tratando de suavizar la tensión.

“Bueno, Stuart, parece que ya conoces al grupo.

Howard hace bromas, Raj las suaviza, Sheldon corrige a todos, y yo intento que no se maten entre sí”.

dijo Leo, con tono ligero.

Stuart irritando, acomodando los cómics en bolsas protectoras.

“Suena como un buen equilibrio.

La verdad, me gusta cuando la gente viene y se queda a platicar.

Hace que el lugar se sienta menos…

vacío.” dijo Stuart, con un aire melancólico.

Howard lo miró con curiosidad.

“¿Vacío?

Vamos, este lugar tiene personalidad.

Mira todos esos estantes.

Es como un templo geek”.

dijo Howard, animado.

Raj asintió.

“Sí, es acogedor.

No es como esas tiendas impersonales donde todo está en vitrinas frías.

Aquí se siente más…

humano”.

dijo Raj.

Sheldon, sin perder su tono crítico, añadió: “Humano, sí, pero aún con deficiencias en el sistema de clasificación.

Aunque debo reconocer que tener *Fantastic Four #48* disponible es un punto a favor”.

dijo Sheldon.

Stuart se encogió de hombros.

“Bueno, hago lo que puedo.

No es fácil mantener una tienda de cómics.

La mayoría de la gente prefiere gastar en otras cosas”.

dijo Estuardo.

Leo lo miró con interés.

“¿Y cómo empezaste con esto?

Digo, no cualquiera abre una tienda de cómics.” dijo Leo.

Stuart se acomodó detrás del mostrador, pensativo.

“Siempre me gustaron los cómics.

Crecí leyendo Batman y Spider-Man.

Un día pensé: ‘¿Por qué no abrir un lugar donde pueda compartir eso con otros?’ Y aquí estoy.

Aunque, claro, no es el negocio más rentable del mundo”.

dijo Stuart, con honestidad.

Howard levantó las manos teatralmente.

“¡Eso es pasión!

Yo digo que si sobrevives vendiendo cómics, mereces una medalla”.

dijo Howard.

Raj añadió con una sonrisa tímida.

“Sí, porque no es solo vender.

Es mantener viva una parte de la cultura”.

dijo Raj.

Sheldon intervino, con tono solemne.

“Los cómics son más que cultura.

Son documentos históricos de la evolución del entretenimiento gráfico.

Cada número refleja el contexto social de su época.

Por eso es importante preservarlos”.

dijo Sheldon.

Howard lo miró con burla.

“¿Documentos históricos?

Vamos, Sheldon, no estamos en un museo.

Estamos en una tienda donde Leo acaba de comprar figuras de villanas sexys”.

dijo Howard, riendo.

Leo levantó las manos, divertido.

“¡Hey!

No me juzguen.

Harley Quinn y Poison Ivy son personajes icónicos.

Además, admitan que se ven geniales”.

dijo Leo.

Stuart sonoro, mientras guardaba las figuras en cajas protectoras.

“Son de las más populares, créeme.

Muchos clientes vienen por ellas.

No eres el único”.

dijo Estuardo.

Howard se inclina hacia Leo.

“¿Ves?

No estás solo en tu gusto.

Aunque yo también me llevo las mismas, así que ahora somos socios en villanas”.

dijo Howard, en tono cómplice.

Raj negó con la cabeza, divertido.

“Ustedes dos parecen adolescentes en una convención de cosplay”.

dijo Raj.

Sheldon, con gesto serio, añadió: “Las figuras son irrelevantes.

Lo que importa es la continuidad narrativa.

Aunque debo admitir que Harley Quinn representa un fenómeno interesante: un personaje creado para la animación que luego se integró al canon principal”.

dijo Sheldon.

Howard lo miró con sarcasmo.

“Gracias, Sheldon, por convertir cualquier cosa en una conferencia académica”.

dijo Howard.

Leo se río, mirando a Stuart.

“Ya ves cómo es.

Siempre tiene un dato listo para arruinar la magia”.

dijo Leo.

Stuart se encogió de hombros, con una sonrisa tímida.

“Bueno, al menos demuestra que se lo toma en serio.

No todos los clientes saben tanto”.

dijo Estuardo.

Howard se inclinó hacia Stuart.

“¿Y tú?

¿Cuál es tu personaje favorito?” dijo Howard.

Stuart pensó un momento.

“Creo que Spider-Man.

Siempre me gustó la idea de un héroe que también tiene problemas cotidianos.

Es más fácil identificarse con él”.

dijo Estuardo.

Raj asintió.

“Sí, eso es lo que lo hace especial.

No es perfecto, pero sigue adelante”.

dijo Raj.

Sheldon frunció el ceño.

“Spider-Man es interesante, pero su continuidad está llena de inconsistencias.

Los múltiples universos, las versiones alternativas…

es un caos”.

dijo Sheldon.

Howard lo miró con burla.

“¿Y qué propones, Sheldon?

¿Que hagan un manual de instrucciones para cada héroe?” dijo Howard.

Sheldon respondió con seriedad.

“Exactamente.

Un manual de continuidad sería lo más lógico”.

dijo Sheldon.

Leo se rió, mientras Stuart terminaba de preparar las bolsas.

“Bueno, Stuart, parece que ya te metiste en nuestra dinámica.

¿Qué opinas de todo esto?” dijo Leo.

Stuart sonoro, con un aire tranquilo.

“Me parece divertido.

No siempre tengo clientes que se quedan a platicar.

La mayoría entra, compra y se va.

Es agradable tener un grupo que realmente disfruta hablar de cómics”.

dijo Estuardo.

Howard levantó su vaso de refresco que había traído.

“¡Por ​​eso!

Un brindis por las tiendas de cómics que sobreviven gracias a gente como nosotros.” dijo Howard.

Raj levantó su bolsa de cómics.

“Y por los hallazgos inesperados.

No pensé que encontraría estos números hoy.” dijo Raj.

Sheldon levantó su cómic con solemnidad.

“Y por la preservación de la continuidad histórica”.

dijo Sheldon.

Leo levantó su caja con figuras.

“Y por las villanas sexys que hacen que todo sea más divertido”.

dijo Leo, riendo.

Stuart los miró, divertido.

“Creo que nunca había tenido un brindis en mi tienda.

Es un buen cambio”.

dijo Estuardo.

— La conversación siguió entre bromas y risas.

Howard contó anécdotas de convenciones pasadas, exagerando situaciones para hacer reír a todos.

Raj compartió historias de cómo había comenzado a coleccionar cómics, recordando su infancia.

Sheldon, fiel a su estilo, interrumpió para corregir detalles históricos o técnicos, lo que provocó más bromas de Howard.

Leo observaba todo con una sonrisa.

Pensaba en lo curioso que era ver a sus amigos interactuar con Stuart, un personaje que él sabía que acabaría siendo parte de su mundo, aunque ellos aún no lo reconocieran como tal.

Stuart, por su parte, parecía disfrutar la compañía.

Su aire melancólico se suavizaba con cada risa, con cada comentario.

Era evidente que apreciaba tener un grupo que no solo compraba, sino que también compartía su pasión.

“Deberían venir más seguido” dijo Stuart, mientras entregaba las bolsas.

“Este lugar necesita más noches como este.” Howard asintió.

“Cuenta con nosotros.

Aunque la próxima vez, trae figuras más…

digamos, atrevidas”.

dijo Howard, guiñando un ojo.

Raj lo empujó suavemente.

“Howard, compórtate.

No todo es sobre villanas sexys”.

dijo Raj, riendo.

Sheldon su cómic.

“Lo que importa es que tengan material de calidad.

Eso es lo que nos hará regresar.” dijo Sheldon.

Leo miró a Stuart y sonrió.

“Nos verás de nuevo.

Eso seguro.” dijo Leo.

— La noche terminó con el grupo saliendo de la tienda, REFLEXIONES DE LOS CREADORES Charly8Villan Hola, hoy vimos a Stuart

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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