The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 Capítulo 15 – Comenzando la Historia
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15: Capítulo 15 – Comenzando la Historia 15: Capítulo 15 – Comenzando la Historia Capítulo 15 – Comenzando la Historia Leo y Sheldon entraban a la tienda de cómics.
El lugar estaba iluminado con luces cálidas, los estantes repletos de historietas, figuras de acción y coleccionables.
El aire tenía ese olor particular a papel nuevo mezclado con plástico de cajas recién abiertas.
Stuart, el dueño, estaba detrás del mostrador acomodando algunos números recientes en una repisa.
“Hola, Stuart” dijo Leo, levantando la mano en señal de saludo.
“Hola, Leo.
Hola, Sheldon” dijo Stuart, con una sonrisa tranquila.
Leo se acercó al mostrador.
“¿Ya está listo mi pedido?” dijo Leo.
Stuart asintió, con gesto satisfecho.
“Sí, justo llegó esta mañana.
Te lo guardé aquí” dijo Stuart, mientras sacaba una caja grande de debajo del mostrador.
Leo tomó la caja con entusiasmo y la colocó sobre la mesa para revisarla.
Sheldon se acercó, cruzando los brazos, observando con atención.
Leo abrió la caja y comenzó a sacar las figuras cuidadosamente envueltas.
La primera era de la Viuda Negra, con su traje negro brillante y detalles en rojo.
La segunda era Susan Storm, la Mujer Invisible, con su uniforme azul característico.
Luego apareció Jean Grey, con su traje amarillo y azul, y finalmente Rogue, con su chaqueta verde y guantes amarillos.
Sheldon frunció el ceño y soltó un comentario inmediato.
“Veo un patrón aquí.
Todas son mujeres hermosas.
Tu gusto por lo que denominarías ‘waifu’ es evidente.
Además, son personajes secundarios o relegados.
La Viuda Negra nunca fue más que apoyo táctico.
Susan Storm depende demasiado de Reed Richards.
Jean Grey siempre pierde el control con la Fuerza Fénix.
Y Rogue…
bueno, su poder es más una maldición que una virtud” dijo Sheldon, con tono crítico.
Leo lo miró, levantando una ceja y sonriendo con ironía.
“No te molestó cuando te regale a la Flash Family.
¿Recuerdas?
Barry, Wally, Jay y Bart.
No critiqué tu fascinación por la velocidad ni por tu héroe favorito” dijo Leo, mientras acomodaba las figuras sobre el mostrador.
“Eso fue diferente.
La familia Flash representa la evolución de la velocidad en el universo DC.
Cada uno tiene un legado claro y una historia coherente.
Tus figuras son más…
cuestionables” dijo Sheldon.
Leo rió suavemente, negando con la cabeza.
“Cuestionables para ti, tal vez.
Para mí son parte de mi colección.
Además, cada una tiene su importancia en su propio universo” dijo Leo.
Stuart observaba la interacción con una sonrisa divertida, acostumbrado a verlos discutir.
“Siempre es entretenido verlos debatir sobre cómics” dijo Stuart.
— Leo continuó revisando la caja, sacando un par de cómics envueltos en plástico protector.
Eran ediciones especiales, con portadas brillantes y numeración limitada.
Los colocó sobre la mesa y los miró con cuidado, mientras Sheldon seguía con su crítica silenciosa.
Leo pasó la mano sobre el plástico y suspiró con satisfacción.
“Estas portadas están increíbles” dijo Leo.
Sheldon se inclinó para ver mejor.
“La calidad de impresión no siempre garantiza el valor a largo plazo.
Lo importante es el contenido y la relevancia histórica” dijo Sheldon.
Leo lo miró de reojo.
“Siempre tienes que analizarlo todo” dijo Leo.
“Es mi naturaleza” dijo Sheldon, con tono firme.
— La tienda estaba tranquila, con algunos clientes mirando estantes al fondo.
Stuart se acomodó detrás del mostrador, dejando que Leo y Sheldon siguieran con su revisión.
Leo sacó otra figura de la caja, esta vez un set pequeño con accesorios.
“Este set incluye a Rogue con su chaqueta intercambiable y a Jean Grey con una base para simular sus poderes” dijo Leo, mostrando las piezas.
Sheldon negó con la cabeza.
“Jean Grey siempre termina siendo controlada por la Fuerza Fénix.
Es un personaje inestable.
No deberías gastar en ella” dijo Sheldon.
Leo lo miró con paciencia.
“Y sin embargo, es uno de los personajes más importantes de los X-Men.
No puedes negar eso” dijo Leo.
Sheldon levantó una ceja.
“Importante no significa confiable” dijo Sheldon.
Leo rió suavemente.
“Bueno, tampoco Barry Allen es confiable.
¿Recuerdas cuando creó Flashpoint y alteró toda la línea temporal?” dijo Leo.
Sheldon se quedó en silencio por un momento, procesando la respuesta.
“Eso fue un error calculado.
Barry intentó salvar a su madre.
Sus intenciones eran nobles” dijo Sheldon.
Leo sonrió.
“Y Jean Grey intentó controlar sus poderes.
Sus intenciones también eran nobles” dijo Leo.
Stuart intervino, divertido.
“Creo que ambos tienen razón.
Los personajes son complejos, y eso es lo que los hace interesantes” dijo Stuart.
— Leo acomodaba las figuras sobre el mostrador, satisfecho con su compra.
Sheldon, con los brazos cruzados, mantenía su expresión crítica.
Leo cerró su caja y la levantó con cuidado.
“Bueno, creo que ya estamos listos” dijo Leo.
Stuart los miró con calma.
“Gracias por venir, chicos.
Nos vemos pronto” dijo Stuart.
“Nos vemos, Stuart” dijo Leo.
“Adiós” dijo Sheldon, levantando la mano en señal de despedida.
— Al salir de la tienda, la tarde estaba avanzada.
Las luces de la ciudad comenzaban a encenderse y el aire tenía un aroma mezclado de comida callejera y tráfico.
Leo cargaba la caja con sus figuras, mientras Sheldon llevaba su bolsa con los cómics y la figura de Green Lantern.
Caminaron hacia el auto y se acomodaron.
Leo tomó el volante, Sheldon se sentó en el asiento del copiloto.
El motor encendió y avanzaron por la avenida.
“Pasemos por comida india.
Es jueves, y según el cronograma, corresponde” dijo Sheldon, mirando el reloj.
Leo sonrió.
“Perfecto, tengo hambre.
Vamos a por el curry” dijo Leo.
— El restaurante indio estaba en una esquina concurrida.
Leo estacionó el auto y ambos entraron.
El lugar tenía un ambiente cálido, con paredes decoradas con tapices coloridos y música suave de fondo.
El aroma a especias llenaba el aire.
Pidieron varios platillos: pollo tikka masala, samosas y naan recién horneado.
Sheldon revisaba el menú con precisión, asegurándose de que todo estuviera en orden.
Leo, más relajado, se dejaba llevar por el apetito.
Después de recoger la comida, regresaron al auto.
Las bolsas con los recipientes llenaban el asiento trasero.
Leo encendió el motor y retomó el camino hacia el departamento.
— En el trayecto, la conversación cambió de tema.
Sheldon miraba por la ventana, pensativo.
“La siguiente temporada de *Smallville* saldrá en septiembre.
Es fundamental analizar cómo desarrollarán la historia de Clark Kent antes de convertirse en Superman” dijo Sheldon.
Leo lo miró de reojo, sonriendo.
“¿Todavía sigues esa serie?
Pensé que ya te habías cansado de las inconsistencias” dijo Leo.
Sheldon negó con la cabeza.
“Las inconsistencias son parte del proceso narrativo.
Pero es interesante ver cómo adaptan la mitología de Superman a un formato televisivo.
La temporada pasada introdujo a Green Arrow, lo cual fue un acierto” dijo Sheldon.
Leo rió suavemente.
“Sí, recuerdo que te emocionaste con eso.
Aunque para mí, a veces se siente más como un drama adolescente que como una historia de superhéroes” dijo Leo.
“Eso es porque no entiendes la importancia de la construcción del personaje.
Cada interacción de Clark con sus amigos y enemigos es un paso hacia su destino.
La próxima temporada podría mostrar más de la Liga de la Justicia” dijo Sheldon.
Leo sonrió, manteniendo la vista en la carretera.
“Bueno, si aparece más la Liga, seguro te va a encantar.
Yo solo espero que no alarguen demasiado la historia antes de que Clark se convierta en Superman” dijo Leo.
Sheldon lo miró con seriedad.
“Es necesario alargarla.
La transición debe ser gradual.
No puedes simplemente pasar de adolescente a héroe sin mostrar el proceso” dijo Sheldon.
Leo rió otra vez.
“Siempre tan analítico.
Yo solo quiero ver buenas peleas y que Lex Luthor siga siendo un gran villano” dijo Leo.
Sheldon asintió.
“Lex es esencial.
Sin él, la serie perdería su núcleo narrativo” dijo Sheldon.
— El auto avanzaba por las calles iluminadas.
La conversación sobre *Smallville* continuaba, con Sheldon analizando cada detalle y Leo respondiendo con humor.
Las bolsas de comida india llenaban el aire con aroma a especias, anticipando la cena que los esperaba en casa.
— El edificio se levantaba frente a ellos con su fachada desgastada por los años.
Las luces del vestíbulo parpadeaban con un tono amarillento, como si estuvieran cansadas de iluminar cada noche.
Leo y Sheldon entraron con la naturalidad de quienes ya conocían cada rincón del lugar.
El elevador, como era costumbre, seguía dañado.
Un cartel improvisado, escrito a mano y pegado con cinta, decía “Fuera de servicio”.
No era ninguna sorpresa; llevaba semanas así y ya formaba parte del paisaje cotidiano.
Sheldon miró las escaleras con resignación, mientras comenzaba a subir.
Leo lo siguió, cargando la caja con las figuras que había comprado en la tienda de cómics.
El sonido de sus pasos resonaba en el pasillo vacío, acompañado por el eco metálico de la caja golpeando suavemente contra su pierna.
“¿Quieres que te cuente algo interesante sobre escalones?” dijo Sheldon, con ese tono solemne que usaba cuando estaba a punto de soltar un dato científico.
Leo sonrió, ya acostumbrado a las ocurrencias de su amigo.
“Claro” dijo Leo, con tono divertido.
Sheldon levantó un dedo, como si estuviera dando una conferencia.
“Si la altura de un escalón fuese de dos milímetros más, la mayoría se caería” dijo Sheldon, con total seriedad.
Leo soltó una carcajada mientras subía detrás de él.
“¿Teoría o comprobado?” dijo Leo, arqueando una ceja.
“Comprobado.
Hice unos experimentos a los doce años.
Mi padre se quebró la clavícula” dijo Sheldon, sin mostrar remordimiento, como si fuera un dato científico más.
Leo se detuvo un instante, riendo con fuerza.
“Tus padres te amaban demasiado” dijo Leo, negando con la cabeza mientras retomaba el paso.
Sheldon no respondió, simplemente siguió subiendo con su paso metódico, como si cada escalón fuera parte de un cálculo invisible.
— El ascenso por las escaleras se convirtió en una rutina casi mecánica.
Sheldon mantenía un ritmo constante, contando mentalmente cada escalón, mientras Leo se dejaba llevar por la conversación y el peso de la caja.
El pasillo estaba silencioso, apenas interrumpido por el crujido de las barandillas oxidadas y el murmullo lejano de algún vecino.
Al llegar al último tramo, Leo respiró hondo, acomodando la caja contra su pecho.
Sheldon, en cambio, parecía intacto, como si subir escaleras fuera parte de su entrenamiento diario.
Finalmente llegaron al pasillo de su piso.
Las paredes estaban decoradas con pintura descascarada y puertas idénticas, cada una con su número metálico ligeramente torcido.
Leo ajustó la caja en sus brazos y caminó hacia la puerta de su departamento.
Justo cuando estaba por sacar las llaves, un ruido lo hizo girar la cabeza.
— Al otro lado del pasillo, en el departamento de enfrente, una joven rubia estaba ordenando cajas.
Llevaba una falda de mezclilla sencilla y una camisa blanca, sin adornos, pero su presencia llenaba el espacio.
Movía las cajas con naturalidad, acomodándolas una sobre otra, mientras su cabello caía sobre los hombros con un brillo que atrapó la mirada de Leo.
Por un instante, el tiempo pareció detenerse.
Leo la observó en silencio, con una sonrisa que se dibujaba lentamente en su rostro.
“Ya comenzó” pensó Leo para sí mismo, sintiendo cómo la escena marcaba el inicio de algo nuevo.
Sonrió para sí mismo, guardando el pensamiento como un secreto, mientras Sheldon buscaba las llaves del departamento sin notar lo que ocurría frente a ellos.
— Sheldon, distraído en sus propios pensamientos, comenzó a abrir la puerta del departamento con sus llaves.
El sonido metálico de la cerradura resonó en el pasillo.
Al empujar la puerta para que Leo entrara, notó que su amigo no se movía.
Lo vio quedarse quieto, mirando hacia el frente, con la mirada fija en la joven rubia que ordenaba cajas en el departamento de enfrente.
“¿Esa chica te gusta para tener coito?
¿No te cansas de desperdiciar tu tiempo?” dijo Sheldon, con su tono directo y clínico.
Leo soltó una risa breve, sin apartar la vista de la chica.
“No es perder tiempo.
Después lo descubrirás, cuando termines de crecer” dijo Leo, divertido.
“Voy a extrañar a Luis” dijo Sheldon, con total seriedad.
Leo giró hacia él, riendo con fuerza.
“No esperaba que te agradara el travesti de noventa kilos” dijo Leo, aún entre carcajadas.
Sheldon lo miró con calma, sin inmutarse.
“Si no me hubieras convencido de probar los pays de queso que preparaba los domingos, no lo extrañaría.
Ahora debo buscar un lugar de pays para comer los domingos” dijo Sheldon, como si fuera un problema logístico más en su vida.
Leo negó con la cabeza, divertido, mientras la conversación se deslizaba entre bromas y recuerdos.
En ese momento, la chica rubia se giró.
Sus ojos se encontraron con los de Leo y Sheldon.
Sonrió de manera amable, con un gesto sencillo pero que iluminó el pasillo.
— POV de Penny Penny se giró con una caja en las manos y vio a los dos tipos frente a la puerta del departamento de al lado.
El primero era flaco, con cara seria , parado como si estuviera en una foto de carnet.
Tenía pinta de alguien raro, de esos que hablan demasiado de cosas que nadie entiende.
El otro…
bueno, el otro sí que llamaba la atención.
Alto, fuerte, con hombros anchos y una postura que parecía sacada de una película.
Sostenía una caja como si no pesara nada, y tenía esa sonrisa tranquila que hacía que pareciera más cercano, aunque claramente no era un tipo común.
“Ok…
vecinos nuevos y vaya diferencia entre ellos” pensó Penny, dejando la caja en el suelo.
Uno parecía un cerebrito que seguro hablaba de ciencia todo el día, y el otro parecía alguien que podría ser modelo de ropa masculina o guardia en un club caro.
La mezcla era rara, pero divertida.
“Genio raro y chico guapo…
esto va a estar interesante” pensó Penny, mientras les sonreía de manera amable.
— La chica rubia levantó la vista de las cajas que estaba acomodando y, con una sonrisa amable, dijo: “Hola chicos”.
Sheldon y Leo respondieron al unísono.
“Hola” dijeron ambos, casi al mismo tiempo.
Leo avanzó un paso, dejando la caja que cargaba a un lado, y extendió su mano con gesto cordial.
“Un gusto, soy Leo y él es Sheldon, somos los vecinos de enfrente” dijo Leo.
Penny estrechó su mano con naturalidad.
“Un gusto, supongo que soy su nueva vecina, Penny” dijo Penny, sonriendo.
Leo asintió, manteniendo el tono cálido.
“Bienvenida al edificio.
Si necesitas algo del edificio, Sheldon es el presidente de la asociación de inquilinos.
Y por cualquier otra cosa, ahí estoy en frente” dijo Leo, señalando la puerta de su departamento.
“Gracias, ahora sé con quién hablar.
Tal vez tomemos café alguna vez” dijo Penny, acomodando un mechón de su cabello detrás de la oreja.
Leo levantó la bolsa que traía en la mano, mostrando los recipientes.
“Mmm, qué tal si te invitamos a comer.
Justo regresamos con comida india, ¿por qué no te nos unes?” dijo Leo, con una sonrisa.
Sheldon, que hasta ese momento había permanecido en silencio, tocó el hombro de Leo con firmeza.
“Hoy es la segunda temporada de Batalla Galáctica” dijo Sheldon, con tono serio.
Leo giró hacia él, sin perder la calma.
“Cláusula 25, sección 7 del ACC” dijo Leo, recordándole el acuerdo que tenían.
Eso bastó para que Sheldon se detuviera, aceptara la respuesta y se dirigiera al departamento a preparar las cosas para la cena, sin discutir más.
Leo volvió su atención hacia Penny.
“¿Qué me dices?” preguntó Leo, con una sonrisa tranquila.
“Me encantaría” dijo Penny, con entusiasmo.
Sin pensarlo demasiado, Penny dejó las cajas en el suelo y siguió a Leo, entrando al departamento junto a él.
— POV de Penny Penny entró al departamento y lo primero que hizo fue mirar alrededor.
El lugar no parecía decorado con estilo, más bien práctico y algo desordenado.
Los muebles eran básicos, el sillón estaba gastado y la mesa baja estaba llena de revistas y controles.
En las paredes había estantes con libros y figuras de colección, y lo que más le llamó la atención fueron las pizarras enormes llenas de fórmulas y símbolos que no entendía.
“Ok…
esto no es un departamento de revista, pero se nota que aquí viven chicos raros, más preocupados por sus cosas que por decorar” pensó Penny, mientras recorría con la mirada cada detalle.
— Leo y Penny se acomodaron en el sillón, pero Penny notó algo extraño: unas calcomanías pegadas en los cojines que decían “No sentar”.
Frunció el ceño, confundida, y miró a Leo como buscando explicación.
Leo soltó una risa al ver su expresión.
“Sheldon está medio loco.
No le gusta que tomen su lugar, es obsesivo.
Es como cuando tienes dos perros y uno le quiere quitar su pelota favorita” dijo Leo, divertido.
Penny no pudo evitar reírse con la comparación.
Desde la cocina, Sheldon levantó la voz con su tono particular.
“No estoy loco, mi mamá me hizo pruebas y lo sabes, Leo” dijo Sheldon, con total seriedad.
Eso hizo que Leo soltara otra carcajada y Penny se riera aún más.
La manera en que lo decía, tan seguro y formal, era imposible de tomar en serio.
Mientras se acomodaba, Penny volvió a mirar las paredes y se detuvo en las pizarras llenas de fórmulas.
Eran enormes, cubiertas de números, símbolos y ecuaciones que parecían sacadas de un laboratorio.
“Esto se ve muy serio.
Leo, ¿tú lo hiciste?” dijo Penny, señalando una de las pizarras.
Leo negó con la cabeza y sonrió.
“No, ese es trabajo de Sheldon.
El mío es aquel” dijo Leo, señalando otra pizarra en el otro extremo del departamento.
La segunda pizarra era distinta: no tenía fórmulas matemáticas, sino esquemas, dibujos y notas más prácticas, como si fueran planes o ideas en desarrollo.
Penny se levantó un poco para mirar mejor, intrigada.
“Ok…
entonces uno llena pizarras con cosas que parecen de ciencia, y el otro con cosas que parecen inventos.
Definitivamente no estoy en Nebraska ya” pensó Penny, divertida, mientras volvía a sentarse.
— Leo se acomodó en el sillón junto a Penny y, con una sonrisa, hizo la presentación formal.
“Somos físicos del Caltech, Sheldon y yo” dijo Leo, señalando a su compañero.
Penny abrió los ojos con sorpresa y sonrió divertida.
“Entonces son unos geniecitos” dijo Penny, con tono juguetón.
Leo rió suavemente y respondió con ironía.
“Sí, solo que nosotros no damos deseos” dijo Leo, dejando escapar la broma.
Sheldon, desde la mesa, ya había comenzado a organizar la comida india con precisión.
Colocaba cada recipiente en orden, servía las porciones y las repartía desde su lugar como si estuviera siguiendo un protocolo.
Pronto los tres estaban comiendo.
El aroma de las especias llenaba el departamento, y Penny probaba con curiosidad cada platillo.
Entre bocado y bocado, Penny los miró con interés.
“¿Y qué hacen para divertirse?” preguntó Penny.
Sheldon levantó la vista del plato y respondió con su tono serio.
“Jugamos juegos, videojuegos, e inventamos juegos” dijo Sheldon, como si fuera la respuesta más lógica del mundo.
Leo agregó, con un gesto relajado.
“Y de vez en cuando salimos en grupo con dos buenos amigos, Raj y Howard” dijo Leo.
Penny sonrió, interesada.
“Entonces conocen bien la ciudad” dijo Penny.
Leo negó con la cabeza y rió suavemente.
“Bueno…
al menos te puedo decir a dónde no ir” dijo Leo, con humor.
Luego se inclinó un poco hacia ella, manteniendo la conversación abierta.
“Pero cuéntanos un poco sobre ti” dijo Leo, con tono amable.
— REFLEXIONES DE LOS CREADORES Charly8Villan Hola, aqui Charly, bueno la historia comienza, que les digo, espero y les guste aunque no sea nada nuevo
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