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The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 - El Robot de limpieza
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17: Capítulo 17 – El Robot de limpieza 17: Capítulo 17 – El Robot de limpieza Capítulo 17 – El Robot de limpieza  La mesa estaba lista y los chicos se preparaban para cenar.

Raj servía las bebidas con cuidado, mientras Leo comenzaba a repartir los platos de comida.

En el sofá, Leo entregó uno de los platos a Howard.

“Aquí vamos, Pad Thai sin maníes” dijo Leo, colocando el plato frente a él.

Howard lo tomó, pero levantó la mirada con cierta preocupación.

“¿Pero…

tiene aceite de maní?” preguntó Howard, dudando mientras recibía su comida.

Leo se encogió de hombros, revisando los demás recipientes.

“Ah, no lo sé.

Pero todos vigilen a Howard por si comienza a hincharse.

Tengo epinefrina en el baño, y Sheldon también tiene” dijo Leo, con tono práctico.

Sheldon lo miró con seriedad.

“No hay abejas ahora, así que puedes tener mi epinefrina” dijo Sheldon, mirando directamente a Howard.

Howard lo observó con una mezcla de incomodidad y resignación, mientras Raj trataba de contener la risa al ver cómo la cena se convertía en un pequeño experimento de supervivencia.

— Raj miraba la mesa con curiosidad, moviendo los recipientes.

“¿No tienen palillos?” preguntó Raj, buscándolos entre la vajilla.

Sheldon levantó la vista de su plato y respondió con calma.

“No los necesitas, es comida Thai” dijo Sheldon, con tono seguro.

Leo soltó una risa y lo miró.

“Aclara” dijo Leo, divertido, lo que hizo que Howard se exasperara, provocando aún más risa en Leo.

Sheldon, como si estuviera dando una clase, explicó con detalle: “En Tailandia se comenzó a utilizar el tenedor en la segunda mitad del siglo XIX.

Lo más interesante es que no se llevan el tenedor a la boca, lo usan para poner la comida en una cuchara y de ahí a la boca” dijo Sheldon, con total seriedad.

Leo, aún riendo, le entregó el plato a Raj.

“Ahora pídele una servilleta” dijo Leo, con tono burlón.

Howard lo miró con gesto severo, apuntando a Raj.

“No te atrevas” dijo Howard, como si fuera una advertencia final.

Raj se quedó con el plato en las manos, entre la risa de Leo y la tensión cómica de Howard, mientras Sheldon seguía comiendo como si nada.

— En ese momento tocaron la puerta.

Leo se levantó y caminó hacia ella.

“¿Estoy inflamado?

Me siento inflamado” dijo Howard, nervioso, mirando sus manos.

“Tranquilo, no tienes aún nada, yo te digo si pasa” respondió Leo mientras seguía caminando hacia la puerta.

Leo abrió y se encontró con Penny, vestida con su uniforme de mesera.

“Hola, Leo” dijo Penny, sonriendo.

“Hola, Penny” respondió Leo, sorprendido pero contento de verla.

“¿Interrumpo algo?” preguntó Penny, con un gesto curioso.

“No, apenas íbamos a cenar” dijo Leo, y en ese momento se escuchó desde el fondo la voz de Sheldon: “No estás hinchado, Howard.” “¡Sí, sí!

Mira, mis dedos se ven como salchichas” replicó Howard, aún más nervioso.

Leo soltó una risa y miró a Penny.

“¿Lo ves?

Cenando normal, con Howard y su miedo a los maníes” dijo Leo, provocando que Penny también riera.

— “Suena ocupado” dijo Penny, mirando hacia el interior del departamento.

Leo sonrió mientras se apoyaba en la puerta.

“Lo normal, pero ¿qué sucede?

¿Se te volvió a dañar el auto en el trabajo?” preguntó Leo, riendo.

Penny negó con la cabeza.

“No, ya te dije que me pincharon el neumático, solo esa vez” dijo Penny.

Leo arqueó una ceja, divertido.

“Eso no opina la luz del motor de tu auto…

pero bueno, ¿qué sucede?” preguntó Leo.

Penny respiró hondo antes de hablar.

“Me preguntaba si podrías hacerme otro favor.

Mañana me entregarán los muebles y quizás no esté aquí, ¿podrías recibirlos?” preguntó Penny, con tono esperanzado.

Justo en ese momento, Raj, Howard y Sheldon salieron de la sala hacia la puerta.

Penny los miró confundida.

“Hola” dijo Penny, sorprendida de verlos aparecer.

Howard, con una sonrisa exagerada, la miró fijamente y dijo en ruso: “Ты сегодня выглядишь просто восхитительно!” [¡Qué hermosa te ves esta noche!] Penny lo miró desconcertada.

“¿Disculpa?” preguntó, sin entender.

Howard se inclinó un poco hacia ella.

“¿Acaso jamás te han dicho lo hermosa que te ves en ruso?” preguntó Howard, con tono engreído.

Penny negó, incómoda.

“No, nunca” dijo Penny, con gesto tenso.

Howard sonrió aún más.

“Acostúmbrate” dijo Howard, mirándola fijamente.

Penny cruzó los brazos y lo miró con molestia.

“Sí, no lo creo” dijo Penny, claramente incómoda con la situación.

— “Говард, прекрати, что я тебе говорил насчет домогательств к женщинам в моих глазах?” [Howard basta, ¿qué te dije sobre acosar mujeres frente a mí?] dijo Leo, lanzándole una mirada firme a Howard.

Howard levantó las manos y retrocedió un paso, murmurando un “bueno” como diciendo *ok*, aceptando la advertencia.

Penny lo miró curiosa.

“¿Qué le dijiste?” preguntó Penny.

Leo sonrió con picardía.

“Que se empezaba a hinchar” dijo Leo, provocando la risa inmediata de Penny.

“Hola, Sheldon.

Hola, Raj” saludó Penny, con una sonrisa amable.

Sheldon devolvió el saludo con un simple “Hola”, mientras Raj solo asintió con la cabeza, sin pronunciar palabra.

“¿Sigues sin hablarme?” dijo Penny, mirándolo directamente.

Sheldon intervino con tono clínico.

“No es nada personal, es su patología.

Las mujeres lo enmudecen” explicó Sheldon.

Howard, sin perder oportunidad, agregó con un tono que sonaba más a acoso que a halago: “No puede hablar con mujeres atractivas o, en tu caso, una diosa con aroma de tarta de queso.” Leo lo miró de nuevo, esta vez con más seriedad.

“Говард, серьёзно, я собираюсь добавить Мэнни в твою еду” [Howard, en serio, le voy a poner maní a tu comida] dijo Leo, haciendo que Howard retrocediera otra vez con gesto de *ok*, claramente intimidado.

Penny, entre risas y sorpresa, miraba la dinámica con una mezcla de diversión y alivio, sabiendo que Leo mantenía a raya las ocurrencias de Howard.

— “Entonces, ¿quieres que reciba los muebles?” preguntó Leo, mirando a Penny con calma.

“Sí, sí.

Si llegan y no estoy aquí, ¿podrías firmar y ponerlos en mi departamento?” dijo Penny, con tono esperanzado.

“Claro” respondió Leo, sin dudar.

“Genial, ten mi llave y muchas gracias” dijo Penny, entregándole la llave junto con un abrazo y un beso en la mejilla, antes de dirigirse a su departamento.

Leo se giró hacia los chicos, levantando la voz con entusiasmo.

“Bueno, a cenar, que un maratón de Superman no espera” dijo Leo, provocando sonrisas en todos.

Los cuatro regresaron al departamento, acomodándose de nuevo en la sala, listos para disfrutar la cena y la película, mientras el ambiente se relajaba tras la visita de Penny.

— Cambio de escena Al día siguiente, Leo y Sheldon estaban en la planta baja del edificio.

El repartidor acababa de llegar con los muebles de Penny.

Como ella no estaba en casa, Leo se ofreció a recibirlos.

El hombre descargó tres bultos: dos cajas pequeñas y una enorme que parecía contener un mueble completo.

Sheldon se quedó mirando la caja grande con gesto de desaprobación, como si ya supiera lo que iba a decir.

“Sabes que yo no voy a cargar eso, ¿verdad?” dijo Sheldon, cruzando los brazos con firmeza.

Leo sonrió con paciencia, acostumbrado a esas declaraciones.

“Claro, solo te traje para las pequeñas” respondió, señalando las cajas más manejables.

Sheldon, con aire de sacrificio, tomó las dos cajas pequeñas como si fueran un peso descomunal.

Mientras tanto, Leo se agachó y levantó la caja grande él solo, apoyándola en su hombro con un esfuerzo que Sheldon observó con una mezcla de sorpresa y desaprobación.

Subieron las escaleras hasta el cuarto piso.

Sheldon iba delante, cargando las cajas pequeñas con pasos medidos, mientras Leo avanzaba detrás con la caja enorme, manteniendo el equilibrio con calma.

Al llegar, Leo sacó la llave que Penny le había dado y abrió la puerta del departamento.

Sheldon entró primero, pero apenas cruzó el umbral se congeló en seco.

“Por el gran fantasma del César…

¡mira este lugar!” exclamó Sheldon, horrorizado.

Leo entró detrás y bajó la caja grande al suelo, observando el interior con calma.

El departamento estaba en un estado caótico: ropa tirada en el sofá, platos sucios apilados en la mesa, revistas abiertas en el suelo, y objetos personales desperdigados por todas partes.

Leo ya sabía que Penny era desordenada, lo había escuchado y visto en televisión, pero verlo en persona era completamente distinto.

El desorden tenía presencia, olor y textura.

Era un caos palpable.

“Esto debe provocarte un derrame cerebral, ¿no?” dijo Leo, mirando a Sheldon, que estaba a punto de sufrir un tic nervioso.

Sheldon se llevó una mano a la frente, como si intentara bloquear la visión.

“Esto…

esto es un atentado contra la lógica, contra la higiene, contra la civilización misma” murmuró Sheldon, con voz temblorosa.

Leo se cruzó de brazos, divertido.

“Relájate, Sheldon.

Es solo un poco de desorden.

No es el fin del mundo” dijo, aunque sabía que para Sheldon sí lo era.

Sheldon comenzó a caminar por el departamento, señalando cada detalle como si fuera un inspector de sanidad.

“Mira eso, platos acumulados.

¿Sabes cuántas bacterias pueden crecer en un plato sucio en menos de veinticuatro horas?

¡Millones!

Y esas revistas abiertas en el suelo…

¿qué clase de mente deja información dispersa sin orden alfabético?

¡Es un crimen contra el conocimiento!” Leo soltó una risa breve.

“¿Quieres que te consiga un casco?

Porque parece que estás a punto de explotar” dijo, provocando que Sheldon lo mirara con indignación.

Sheldon siguió con su inspección, cada vez más alterado.

“¡Y esas prendas de ropa…

mezcladas!

Hay calcetines junto a blusas, pantalones junto a toallas.

Es como si la ley de clasificación hubiera sido abolida en este espacio.

¡Esto es anarquía textil!” Leo negó con la cabeza, divertido.

“Bueno, al menos ahora tendrá un mueble nuevo.

Quizás eso ayude a organizar un poco” dijo, señalando la caja grande.

Sheldon lo miró como si acabara de escuchar la mayor herejía.

“¿Organizar?

¿Crees que un mueble puede organizar este caos?

¡Esto es como poner una flor en medio de un basurero y esperar que huela bien!” Leo se encogió de hombros, resignado.

“Bueno, al menos será una flor grande” dijo, provocando una carcajada contenida en sí mismo.

Sheldon tenia un tic en el ojo Leo se quedó atrás, mirando el caos y sonriendo.

“Bueno, al menos ahora sé que Penny es peor de lo que imaginaba.

Verlo en televisión era una cosa, pero verlo en persona…

es completamente diferente” pensó Leo, sacudiendo la cabeza antes de acomodar la caja contra la pared.

— Sheldon estaba a punto de lanzarse sobre el desastre del departamento de Penny, con las manos listas para empezar a limpiar compulsivamente, cuando Leo lo detuvo poniéndole una mano firme en el hombro.

“Aún no, campeón.

Sé que es difícil, pero resiste lo más que puedas.

No puedes tocar las cosas de otra persona…

a menos que no te importe si luego te acusan de un delito” dijo Leo con calma, cerrando la puerta del departamento de Penny y llevándose a Sheldon de regreso al suyo.

Ya sentados en el sofá, Sheldon seguía inquieto, apretando los cojines como si fueran un sustituto de su necesidad de ordenar.

“Leo, tú viste ese caos.

¿En qué clase de sistema de organización una bandeja de comida para microondas en un sofá es calidad?” dijo Sheldon, con el ceño fruncido.

Leo se recostó y soltó una risa breve.

“Aquel en el que todo producto debe estar en un lugar contrario a su posición original, siempre que no sea autodestructivo” respondió, divertido, como si estuviera inventando una teoría absurda para calmarlo.

Sheldon lo miró con incomodidad, incapaz de aceptar esa lógica.

Su pie golpeaba el suelo nerviosamente, como si necesitara descargar la energía que le provocaba el recuerdo del desorden.

Leo lo observó un momento y luego habló con tono conciliador.

“Mira, déjame hablar con Penny cuando llegue y ya veré qué hacemos.

De momento, ve una serie o desarrolla un juego, ¿sí?” dijo Leo, intentando distraerlo.

Sheldon respiró hondo, resignado.

“Está bien” dijo finalmente, aunque su expresión dejaba claro que el caos de Penny seguiría rondando en su mente como una pesadilla matemática.

— Pasaron unos minutos, quizá media hora o cuarenta, cuando tocaron a la puerta del departamento.

Leo se levantó del sofá y fue a abrir.

Al otro lado estaba Penny, con una sonrisa agradecida.

“Hola, Leo, muchas gracias por el favor, en serio” dijo Penny.

Leo le devolvió la sonrisa.

“No te preocupes, no fue nada” respondió con calma.

“¿Tuviste problema para subir los muebles?” preguntó Penny, inclinando la cabeza con curiosidad.

“La verdad es que no, fue fácil.

Pero hablando de problemas…

tengo uno” dijo Leo, sobándose la cabeza como si buscara cómo explicarlo.

Penny lo miró intrigada.

“¿Qué sucede?” preguntó.

Leo respiró hondo antes de responder.

“Bueno, Penny, verás…

Sheldon es muy especial con los temas de orden y limpieza.

Es obsesivo con esas cosas, así funciona su cabeza.” Penny asintió lentamente, tratando de entender lo que le decía.

“Y no es por criticar, pero al entrar a tu departamento…

casi le explota la cabeza por tu manera de vivir” agregó Leo, con tono sincero.

Penny frunció el ceño, cruzando los brazos con gesto molesto.

“¿Me estás llamando sucia…?” preguntó, con voz cargada de reproche.

Leo no pudo evitar reírse al verla tan seria, aunque se recompuso rápido.

“No, no.

Solo digo que me hagas un favor…

y de paso te lo hagas a ti.

Deja que Sheldon ordene tu departamento.

Piénsalo así: es como tener una sirvienta…

o mejor dicho, un robot que limpia gratis tu departamento” dijo Leo, con una sonrisa traviesa.

Penny lo miró con mezcla de incredulidad y diversión, aún con los brazos cruzados, pero la idea empezaba a sonar menos ofensiva y más práctica en su cabeza.

— Penny se quedó pensativa, girando la cabeza hacia su departamento.

Desde el pasillo se alcanzaba a ver una pila de latas y envases de comida acumulados sobre la mesa y el sofá.

Suspiró resignada.

“Ok, Leo…

está bien” dijo finalmente, aceptando la propuesta.

Leo regresó a su departamento y tocó la puerta de la habitación de Sheldon.

Este salió de inmediato, como si hubiera estado esperando noticias.

“Sheldon, ya hablé con Penny y accedió a que limpiaras.

Pero hay algunas reglas: no toques ropa interior ni cosas sumamente personales.

Para ser más claro: documentos legales, cartas, diarios…

puedes acomodar, pero no abrir.

Usa una clasificación visual.

No es la mejor, lo sé, pero te dará el orden que buscas” explicó Leo con tono firme.

“Perfecto” respondió Sheldon, con una sonrisa satisfecha, como si acabara de recibir un permiso oficial para cumplir su obsesión.

Ambos caminaron hacia el departamento de Penny.

Ella estaba en la sala, contemplando el desastre con una mezcla de vergüenza y resignación.

Sheldon entró y, sin perder tiempo, preguntó con seriedad: “¿Dónde está tu equipo de limpieza?” Penny señaló un armario y le mostró lo que tenía: un par de trapos, un limpiador multiusos y una escoba.

Sheldon lo observó con gesto crítico, como si estuviera evaluando un laboratorio mal equipado.

“Esto no es suficiente” dijo con tono grave, y sin más se giró para salir.

Minutos después regresó desde su propio departamento cargado con bolsas llenas de productos y equipos de limpieza: guantes, desinfectantes, cepillos, aspiradora portátil, y hasta un kit de clasificación con etiquetas de colores.

Penny lo miraba con los ojos abiertos, como si estuviera presenciando un espectáculo de circo.

Sheldon se movía con precisión, colocando cada herramienta en su lugar, preparando el terreno como un general antes de una batalla.

De pronto, un toque en su hombro la sacó de su trance.

Era Leo, sonriendo con calma.

“¿Qué me dices?

Mientras el robot limpia, vienes a pasar el rato en mi departamento.

Tengo vino” dijo Leo, con tono ligero.

Penny lo miró, aún sorprendida por la escena, y luego sonrió.

“Claro, suena bien” respondió.

Ambos se fueron al departamento de Leo, dejando a Sheldon en plena misión de limpieza, concentrado como si estuviera resolviendo un problema científico de máxima importancia.

— Penny se acomodó en el sillón del departamento de Leo, con la copa de vino blanco en la mano.

El líquido dorado brillaba bajo la luz cálida de la sala, y ella lo giraba distraída mientras observaba el lugar.

Leo, en cambio, tenía un vaso bajo con vermut rojo y hielo.

“Bueno,” dijo Penny, tomando un sorbo, “esto se siente como una cita…

aunque no lo sea.” Leo sonrió, apoyando el vaso en la mesa.

“Lo sé.

Dos amigos charlando, pero con vino y entremés…

suena sospechosamente como una cita.” Penny rió, acomodándose mejor en el sillón.

“Entonces, cuéntame algo de ti.

Siempre me dices que eres de Nueva Jersey, pero nunca me cuentas nada divertido.” Leo se inclinó hacia ella, con una sonrisa traviesa.

“¿Algo divertido?

Bueno…

hubo una vez en la universidad que estaba borracho y mis amigos me retaron a cantar sobre la barra.

Me dijeron que si no lo hacía era un gallina.

Así que subí, la música estaba a todo volumen, y empecé con *Livin’ on a Prayer*.

Al principio pensé que me iban a bajar, pero lo contrario: toda la fiesta empezó a corear conmigo.

Imagínate, un coro de cien personas gritando ‘Woah, we’re halfway there…'” Penny abrió los ojos, sorprendida, y luego soltó una carcajada.

“¡No!

¿Leonard sobre la barra cantando Bon Jovi?

Eso sí que no me lo esperaba.” Leo levantó las manos, divertido.

“Fue mi momento de gloria.

Por unos minutos me sentí como una estrella de rock.

Claro, después me caí de la barra…

pero ya tenía la ovación.” Penny rió aún más, inclinándose hacia él.

“Eso sí es una historia de fiesta.

Mucho mejor que decir que te castigaron sin tele.” — La conversación siguió con risas.

Penny, animada por el vino, decidió compartir algo de su propia vida.

“Bueno, Nebraska tampoco es tan glamuroso.

Pero sí tiene sus aventuras.

Recuerdo una vez que con mis amigas nos metimos a un campo de maíz en plena noche, convencidas de que estaba embrujado.

Terminamos corriendo como locas porque escuchamos ruidos…

y resultó que eran mapaches.” Leo se rió, imaginando la escena.

“Eso suena como una película de terror barata.” “¡Exacto!

Pero para nosotras fue toda una experiencia.

Y claro, terminamos llenas de barro y con los zapatos arruinados.” Leo la miró con una sonrisa cálida.

“Eso sí suena como una aventura real.

Mucho más emocionante que mi karaoke improvisado.” Penny lo miró con picardía.

“Bueno, cada quien tiene sus batallas, ¿no?” repitió, imitando su tono.

Ambos rieron.

La conversación fluía con naturalidad, como si estuvieran en una cita improvisada.

— Leo tomó otro sorbo de vermut y decidió contar otra anécdota.

“¿Sabes?

Una vez en el laboratorio quise impresionar a todos con un experimento.

La idea era mostrar cómo se podía enfriar rápido un objeto…

pero terminé pegando la puerta con hielo.

Literal, nos quedamos atrapados adentro hasta que se descongeló.” Penny lo miró con incredulidad, riendo.

“¡Eso suena como un episodio de caricaturas!

¿Y qué hicieron mientras tanto?” Leo levantó las manos en señal de rendición.

“Esperar…

y escuchar al profesor quejarse durante media hora.” Penny se inclinó hacia adelante, divertida.

“Eso sí es gracioso.

Aunque me imagino tu cara de ‘no era lo que esperaba’.” Leo rió.

“Exacto.

Fue mi gran lección: nunca intentes impresionar a un grupo de científicos con trucos de fiesta.” — Penny, animada, decidió compartir otra de sus historias.

“Bueno, hablando de impresionar…

yo una vez audicioné para un comercial de detergente.

Tenía que mirar a la cámara y decir: ‘¡Wow, qué limpio!’ con entusiasmo.

No me dieron el papel.” Leo casi escupió su bebida de la risa.

“¿Ni siquiera para ‘chica sexy número tres’?” “¡Exacto!” dijo Penny, riendo también.

“Y otra vez me tocó hacer de zombie en una película de bajo presupuesto.

Ni siquiera aparecí en los créditos.” Leo la miró con ternura, pero mantuvo el tono ligero.

“Bueno, al menos tienes historias divertidas.

Yo solo tengo experimentos fallidos y caídas en fiestas.” Penny lo miró fijamente, con una sonrisa suave.

“Eres raro…

pero divertido.

No sé cómo explicarlo.” El comentario dejó un silencio cargado.

No incómodo, sino lleno de significado.

Leo sostuvo su mirada, sintiendo cómo la atmósfera cambiaba.

— Para romper el silencio, Leo decidió contar su anécdota deportiva.

“¿Sabes?

Una vez jugando baloncesto, salté para encestar y terminé cayendo sobre el árbitro.

Lo peor es que marqué el punto…

pero el árbitro estuvo enyesado dos semanas.” Penny lo miró con incredulidad, riendo.

“¡Eso sí es raro!

¿Cómo demonios caes sobre un árbitro?” Leo se inclinó hacia ella, con una sonrisa traviesa.

“Digamos que la gravedad me tiene cariño.” Penny rió, sacudiendo la cabeza.

“Eres un caso.” — Leo la miró mientras reían, todavía con la imagen del árbitro enyesado en la cabeza.

Penny se acomodó en el sillón, el vino marcando su sonrisa más suelta.

La charla había bajado de ritmo; las risas se fueron apagando y quedaron silencios que duraban más de lo normal.

Ella estiró las piernas y su rodilla rozó la de él.

No se apartó.

Leo tampoco.

El contacto quedó ahí, sostenido, como si ninguno quisiera romperlo.

Penny bajó la mirada, jugueteando con su cabello, y cuando volvió a levantarla lo encontró más cerca de lo que esperaba.

No hubo palabras, solo respiraciones que se mezclaban.

Leo se inclinó un poco, como si fuera un gesto casual.

Penny lo imitó, y la distancia se redujo.

El aire se volvió más denso, cargado de esa electricidad que no necesita explicación.

El primer roce de labios fue breve, casi un accidente.

Pero la contención duró poco: el beso explotó enseguida, intenso, urgente, con las manos buscando dónde apoyarse.

Penny lo tomó por la camisa, tirando de él con fuerza.

Leo la rodeó por la cintura, acercándola más, hasta sentarla en su regazo.

No hubo confesiones ni palabras grandes.

Solo química pura, el momento que ya no podían contener.

Penny se sentó sobre él con peso y decisión, obligándolo a hundirse en el sofá.

El contacto fue inmediato.

Sus bocas chocaron sin cuidado, besos ásperos, abiertos, cargados de urgencia.

No hubo preparación ni suavidad: solo cuerpos buscando imponerse uno al otro.

Las manos de Leo reaccionaron primero, subiendo por sus costados y aferrándose a sus nalgas con fuerza, como si necesitara anclarla ahí.

Penny respondió moviéndose sobre él, lo justo para provocar, lo suficiente para tensarlo, mientras volvía a besarlo con más presión, más hambre.

Sus manos no se quedaron quietas.

Leo subió una de ellas por su espalda hasta su pecho, apretando sin delicadeza antes de volver a bajar, repitiendo el recorrido como un reflejo.

Penny le tomó la camisa, la arrugó entre los dedos, recorriéndole el torso, el cuello, bajando y subiendo sin permiso, dejando calor y electricidad a su paso.

El ritmo se volvió irregular.

Besos que se rompían solo para respirar, dientes rozando, respiraciones pesadas chocando entre sí.

Penny arqueó el cuerpo, buscando más contacto, y Leo la sostuvo con firmeza, manos marcando territorio, guiando cada movimiento sin necesidad de palabras.

—– De pronto, la puerta se abrió y Sheldon entró con su voz característica: “¡He terminado!” anunció con orgullo, como si hubiera resuelto un problema mundial.

Penny, que estaba sentada en el regazo de Leo, se levantó de un salto, sorprendida.

Se acomodó el cabello rápidamente, intentando disimular la situación.

“Gracias, Sheldon,” dijo con una sonrisa nerviosa, antes de salir hacia su departamento.

Leo la siguió con la mirada, observando cómo entraba y cerraba la puerta.

*Linda figura*, pensó, todavía con la adrenalina del momento.

Sheldon, confundido, miró a Leo.

“¿Qué pasó?” preguntó, frunciendo el ceño.

Leo soltó una risa breve, negando con la cabeza.

“Nada, Sheldon.

Nada.” Se recostó en el sofá, tomando su vaso de vermut, y cambió el tema con naturalidad.

“Entonces…

¿ya te relajaste con la limpieza?” Sheldon se acomodó en la sala, como si nada extraño hubiera ocurrido, listo para explicar con detalle sus estándares de higiene.

— Cambio de escena – POV Penny Penny cerró la puerta de su departamento detrás de ella y se quedó quieta unos segundos.

Miró alrededor y abrió los ojos con sorpresa: todo estaba impecable.

La mesa despejada, los cojines alineados, ni una prenda tirada en el suelo.

Sheldon, no podía negar que el lugar se veía mejor que nunca.

Se dejó caer en el sofá, todavía con el corazón acelerado.

El orden del departamento contrastaba con el desorden en su cabeza.

Leo.

La imagen de él, su sonrisa, la forma en que la había mirado segundos antes…

y luego el beso.

Sentirlo tan cerca, el calor de sus manos, la manera en que la atracción había explotado sin aviso.

Pero entonces apareció Kurt en sus pensamientos, como una sombra incómoda.

Su ex, sus errores, las veces que había confundido deseo con cariño.

No quería repetirlo.

No quería arruinar lo que estaba construyendo con Leo: una amistad que se sentía ligera, divertida, sincera.

Se llevó las manos al rostro, intentando ordenar sus ideas.

“¿Qué estoy haciendo?” pensó.

“Me gusta, claro que me gusta…

pero si esto se complica” El silencio del departamento, tan limpio y perfecto, la hizo sentir aún más consciente de su propio caos interno.

— La sala estaba llena de música y risas.

Leonard y Howard brincaban sobre el tapete de Dance Dance Revolution, intentando seguir el ritmo frenético de la pantalla.

Raj observaba desde el sofá, con una bebida en la mano, mientras Sheldon permanecía de pie, como siempre, narrando con tono solemne.

“Debo informarles,” comenzó Sheldon, “que ayer me vi obligado a enfrentar el caos absoluto en el departamento de Penny.

Era un escenario digno de una zona de desastre: envases de comida en el sofá, ropa en lugares inadecuados, y una pila de objetos sin clasificación alguna.” Howard, sin dejar de mover los pies, soltó una carcajada.

“¿Y tú qué hiciste?

Déjame adivinar…

limpiaste todo.” Sheldon levantó la barbilla, orgulloso.

“Exactamente.

Tras una negociación con Leonard y con el consentimiento de Penny, procedí a restaurar el orden.

Ahora su departamento es un ejemplo de eficiencia y limpieza.” Raj abrió los ojos, sorprendido.

“¿En serio Penny aceptó que metieras mano en su departamento?

Eso sí que es raro.” Leonard, intentando seguir el ritmo del juego, rió entre jadeos.

“Bueno, al principio dudó…

pero luego entendió que era mejor dejarlo en manos de Sheldon.

Créeme, el resultado fue impresionante.” Howard lo miró de reojo, con una sonrisa pícara.

“Impresionante, eh.

Seguro ahora parece un laboratorio.” Sheldon asintió con seriedad.

“Más bien un espacio digno de ser habitado.

Antes era un atentado contra la higiene básica.” Raj sacudió la cabeza, divertido.

“Pobre Penny…

ahora cada vez que deje un plato sucio, Sheldon va a sufrir un colapso.” Howard rió, fallando un paso en el juego.

“Sí, y lo peor es que seguro Sheldon va a querer hacer mantenimiento semanal.” Leonard sonrió para sí mismo, recordando la noche anterior, mientras la música seguía marcando pasos imposibles en la pantalla.

— Cambio de escena – Pasillo del edificio Leonard salió de su departamento ajustándose la mochila.

Justo al cerrar la puerta, vio que Penny también salía del suyo.

Se detuvieron un instante, mirándose.

Ella bajó la mirada, incómoda, mientras él le sonrió con calma y se acercó.

“Hola,” dijo Leo.

“Hola,” respondió Penny, con una sonrisa breve, todavía algo tensa.

Leo la miró con serenidad.

“Penny, sobre lo de ayer…

mira, no hace falta ser un genio para ver que algo no está bien.” Ella suspiró, cruzando los brazos.

“Es que acabo de salir de una relación, Leo.

No estoy lista para otra tan rápido.” Leo asintió, sin perder la calma.

“Lo entiendo.

Y no te preocupes, relájate.

Lo único que quiero es llevarme bien contigo, que no te sientas presionada.” Penny lo miró, sorprendida por lo tranquilo que estaba.

Poco a poco su incomodidad se fue disipando.

“Eres increíble,” dijo con una sonrisa más genuina.

Leo rió suavemente.

“¿De verdad me imaginabas insistiendo para salir contigo?” Ella soltó una carcajada y lo golpeó en el hombro con juego.

“¡No me molestes!

Solo me preocupaba arruinarlo.” Leo se encogió de hombros, aún sonriendo.

“Bueno, justo iba por comida para cenar.

¿Por qué no te unes?” Penny lo miró con duda.

“¿Seguro?” “Claro que sí,” respondió Leo con firmeza.

Ella sonrió, más relajada.

“Ok, vamos.” Ambos caminaron juntos hacia la salida del edificio, riendo mientras hablaban de qué pedir.

Esa noche sería comida Tex-Mex.

— REFLEXIONES DE LOS CREADORES Charly8Villan De nuevo puede parecer que leo se rie mucho, pero en seio me rio con cada cosa que voy viendo, no se si sea natural o no para algunos, pero a mi me da risa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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