The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 19
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19: Capítulo 19 – Bailando Conocí a Alguien.
19: Capítulo 19 – Bailando Conocí a Alguien.
Capítulo 19 – Bailando Conocí a Alguien.
El reloj avanzaba lento en el departamento y el internet seguía sin regresar.
Los chicos estaban inquietos, moviéndose de un lado a otro, mientras Leo permanecía tranquilo en el sillón, revisando su teléfono sin mucho éxito.
Howard rompió el silencio con una pregunta que parecía tener guardada desde hacía rato.
“Leo, ¿qué sucede con Penny?
Hace tiempo que no la vemos.” Raj, curioso, se inclinó hacia adelante.
“Sí, también quiero saber.
¿La has visto últimamente?” Leo levantó la mirada y respondió con calma.
“Nos hemos visto y saludado, pero cada quien anda en su mundo.
Nada más.” Los otros dos se miraron entre sí, como si esperaran más detalles, pero Leo no añadió nada más.
El silencio volvió a llenar el lugar por unos segundos, hasta que Leo decidió hacer algo útil.
Tomó el teléfono y llamó a la compañía de internet.
Tras esperar en la línea y escuchar la voz automática, finalmente habló con un operador.
La respuesta fue clara: el servicio tardaría otras dos horas en restablecerse.
Leo colgó y anunció la noticia.
“Dicen que se va a tardar dos horas más.” Howard soltó un suspiro exagerado y luego, con una sonrisa traviesa, dijo: “Oigan, tengo una idea para pasar el rato.
Resulta que conozco un lugar con mujeres disponibles.” Raj lo miró sorprendido, Sheldon levantó una ceja y Leo simplemente negó con la cabeza, sin decir nada.
El ambiente se llenó de esa mezcla de incomodidad y curiosidad que siempre aparecía cuando Howard lanzaba una de sus ocurrencias.
— Cambio de escena Nos encontramos en un salón iluminado con luces cálidas, el piso de madera vibrando bajo el compás de la música.
Una salsa animada, con ritmo latino, llenaba el aire y hacía imposible quedarse quieto.
El sonido de las trompetas y las congas marcaba el ambiente festivo.
En una fila estaban las mujeres, moviéndose al ritmo de la música, algunas con pasos seguros, otras con cierta timidez En una fila estaban las mujeres, moviéndose al ritmo de la música, algunas con pasos seguros, otras con cierta timidez.
Enfrente, una fila de hombres seguía la misma dinámica.
En medio del salón, la instructora daba indicaciones con voz firme y alegre, mostrando técnicas de baile, corrigiendo posturas y animando a todos a dejarse llevar por el ritmo.
Los chicos estaban ahí, intentando seguir la clase.
Sheldon contaba en voz baja los tiempos, como si la danza fuera una ecuación matemática.
Howard exageraba los movimientos, buscando llamar la atención.
Raj se movía nervioso, mirando constantemente a los demás para asegurarse de no equivocarse.
Leo, en cambio, destacaba.
Sus movimientos eran naturales, fluidos, llenos de ritmo.
No necesitaba pensar demasiado; su cuerpo respondía a la música de manera orgánica.
Cada giro, cada paso, cada movimiento de cadera encajaba perfectamente con el compás.
La instructora lo miraba con aprobación, incluso usándolo como ejemplo para los demás.
Frente a él estaba una mujer madura que llamaba la atención por su belleza Frente a él estaba una mujer madura que llamaba la atención por su belleza.
Sonreía mientras bailaba, aunque sus movimientos no eran tan naturales como los de Leo.
Se notaba que seguía la música con esfuerzo, pero lo hacía con gracia y entusiasmo.
Era una mujer hermosa, con cabello castaño oscuro que caía hasta el cuello en un corte elegante.
Sus ojos marrones brillaban bajo la luz del salón, transmitiendo calidez y cierta picardía.
Su piel pálida contrastaba con el color rojo intenso de su camisa y sus pantalones negros que resaltaban su figura.
Tenía un porte atractivo y femenino, con curvas marcadas y un busto generoso que destacaba en su silueta.
Ella lo miraba directamente, sonriendo, disfrutando más de compartir el momento con Leo que de la técnica misma Ella lo miraba directamente, sonriendo, disfrutando más de compartir el momento con Leo que de la técnica misma.
Aunque sus pasos fueran un poco torpes, su presencia irradiaba confianza y encanto, creando una tensión sutil en el aire.
Leo ajustaba sus movimientos con naturalidad, haciéndola sentir cómoda, como si el ritmo de ambos pudiera sincronizarse sin necesidad de palabras.
— El salón seguía vibrando con la música de salsa.
Las filas de hombres y mujeres se movían al compás, siguiendo las indicaciones de la instructora.
Howard, al lado de Leo, miró de reojo hacia la mujer que estaba frente a él, la misma que no dejaba de sonreírle a Leo.
Raj y Howard intentaban seguir los pasos básicos, atentos a la voz de la maestra.
Howard, sin poder contenerse, se inclinó hacia Leo y le soltó en tono burlón: “Ya le echaste el ojo a la mujer de enfrente, escoge ya para que nos dejes algo.” Leo soltó una risa breve, sin perder el ritmo.
La instructora, con energía, dio la siguiente indicación: “Ahora, cada uno escoja una pareja y bailen en conjunto.” Leo caminó hacia el frente con seguridad.
Se detuvo frente a la mujer y, extendiendo su mano, le dijo con una sonrisa tranquila: “¿Me permites la pieza?” Ella lo miró con ojos brillantes y respondió con una sonrisa amplia: “Me encantaría.” Mientras los demás buscaban pareja, Leo y la mujer ya estaban en el centro del salón.
Sus movimientos llamaron la atención de inmediato.
Leo la guiaba con naturalidad, marcando el ritmo con pasos firmes y giros suaves.
Ella lo seguía, un poco torpe al inicio, pero dejándose llevar por la confianza que transmitía.
Las miradas se fueron hacia ellos.
No era solo que bailaran juntos, era la química evidente que se formaba en cada paso.
Leo, con voz baja mientras la guiaba, se presentó: “Soy Leo.” Ella respondió con elegancia, manteniendo la sonrisa mientras giraba en sus brazos: “Chelsea Melini.” El baile se volvió conversación.
Chelsea bromeó, divertida por lo fácil que parecía para él.
“Tienes un talento natural para esto.
Yo apenas sigo el ritmo.” Leo la miró con complicidad, guiándola en un giro más marcado.
“Lo que sucede es que con una pareja tan hermosa, el baile se vuelve sencillo.” Chelsea rió, disfrutando tanto del comentario como del momento.
La música seguía, los pasos fluían, y entre risas y miradas cómplices, Leo y Chelsea se convirtieron en el centro de la clase, robando las miradas de todos los presentes.
— Para cualquiera que los observara, Leo y Chelsea parecían bailar en un mundo aparte.
Sus movimientos se sincronizaron de inmediato, como si hubieran practicado juntos durante años.
Leo la guiaba con pasos firmes, seguros, y Chelsea lo seguía con gracia, aunque con cierta torpeza inicial.
No importaba: la conexión estaba ahí, visible, palpable.
El aire alrededor de ellos parecía cargarse de intensidad.
No era solo un baile, era una conversación silenciosa entre cuerpos.
Cada giro, cada paso, cada movimiento de cadera transmitía algo más profundo que la técnica.
Los demás bailarines se perdían en sus propios intentos, algunos logrando seguir el ritmo, otros tropezando y riendo.
Pero las miradas se desviaban hacia el centro, hacia Leo y Chelsea.
Había algo hipnótico en la forma en que se movían.
—- Leo mantenía la postura erguida, los hombros relajados, la mirada fija en ella.
Sus manos guiaban con suavidad, nunca imponiendo, siempre invitando.
Chelsea respondía con una sonrisa constante, dejándose llevar, confiando en que él marcaría el camino.
Chelsea se movía y con cada giro resaltaba su figura.
Su cabello castaño oscuro caía hasta el cuello, moviéndose con el ritmo.
Sus ojos marrones no se apartaban de los de Leo, y en cada encuentro de miradas parecía encenderse una chispa.
La música subía de intensidad, y ellos la seguían.
Leo marcaba un giro, Chelsea lo seguía.
Leo avanzaba, ella retrocedía.
Los pasos se entrelazaban como si fueran parte de una coreografía invisible.
El aire olía a pasión.
No era literal, pero cualquiera que los viera podía sentirlo: esa mezcla de energía, atracción y ritmo que llenaba el espacio alrededor de ellos.
—- La música cambió a un ritmo más rápido.
Los tambores golpeaban con fuerza, las trompetas se alzaban, y el salón entero parecía vibrar.
Leo respondió con pasos más marcados, giros más amplios.
Chelsea lo siguió, riendo, disfrutando, dejándose llevar.
Los cuerpos se acercaban y se alejaban, creando una tensión constante.
Cada vez que se encontraban de frente, las miradas se cruzaban y el aire se llenaba de intensidad.
Cada vez que se separaban, el deseo de volver a encontrarse se hacía más fuerte.
La química era evidente.
No hacía falta palabras.
El baile lo decía todo.
—- —- La música alcanzó su punto más alto.
Leo la tomó de la mano y la giró con fuerza.
Chelsea volvió a su posición con una sonrisa amplia, los ojos brillando.
Leo marcó un paso final, firme, seguro, y ella lo siguió, terminando la secuencia con elegancia.
El salón estalló en aplausos.
La instructora, sonriendo, aplaudió especialmente a Leo, reconociendo su talento y la energía que había transmitido.
“¡Excelente!
¡Eso es bailar con pasión!” Leo soltó la mano de Chelsea con suavidad y regresó con los chicos.
Ella lo siguió con la mirada, todavía sonriendo.
La instructora dio fin a la clase, agradeciendo a todos por su participación.
Los demás recogieron sus cosas, comentando entre ellos, pero la imagen de Leo y Chelsea seguía en sus mentes.
— El salón comenzaba a vaciarse poco a poco.
Los bailarines recogían sus cosas, algunos comentaban entre risas lo difícil que había sido seguir el ritmo, otros se despedían de la instructora.
Sheldon, Howard y Raj se reunieron cerca de la puerta, todavía comentando lo ocurrido.
Sheldon, con gesto serio, se volvió hacia Howard.
“Nos hiciste perder el tiempo, Howard.
Todo esto fue innecesario.” Howard levantó las manos en defensa, con su tono habitual de burla.
“¡Oh, vamos!
Al menos ya habrá internet cuando volvamos.
No fue tan malo.” Leo, que escuchaba la discusión, no pudo contener la risa.
Especialmente porque Raj intentaba explicar lo incómodo que había sido su baile.
“Mi pareja…
me pisaba mucho, pero no le podía hablar” dijo Raj con un tono apenado, moviendo las manos como si aún sintiera los tropiezos.
Leo se reía con ganas, disfrutando del contraste entre la seriedad de Sheldon, la defensa ligera de Howard y la incomodidad de Raj.
En ese momento, una mano suave tocó su hombro.
Leo giró y se encontró con Chelsea, que lo miraba con una sonrisa tranquila.
“Leo, quería saber si te gustaría ir a tomar algo, ahora que la clase se acabó,” preguntó Chelsea, con voz cálida y segura.
Howard, al ver la escena, sonrió con picardía y se dirigió a los demás Howard, al ver la escena, sonrió con picardía y se dirigió a los demás.
“Te dejamos solo, Leo.” Con un gesto rápido, tomó a Raj del brazo y empujó suavemente a Sheldon hacia la salida, llevándolos con él y dejando a Leo frente a Chelsea, en un ambiente que de pronto se volvió más íntimo.
El salón, que minutos antes estaba lleno de música y pasos, ahora parecía guardar silencio, como si todo se hubiera detenido para ese momento.
Chelsea seguía sonriendo, esperando la respuesta de Leo, mientras él sentía que la noche apenas comenzaba.
— Leo sonrió con naturalidad y respondió a Chelsea con un simple: “Encantado.” Ella asintió con una expresión serena, como si hubiera esperado esa respuesta desde el momento en que lo vio bailar.
Juntos caminaron hacia la salida del salón, dejando atrás el eco de la música y las voces de los demás.
Afuera, la noche de la ciudad vibraba con luces y murmullos.
El aire fresco contrastaba con el calor del salón, y ambos respiraron con alivio.
El bar estaba a pocas calles de distancia.
Chelsea lo mencionó con naturalidad, y Leo aceptó sin dudar.
Caminaron juntos, el sonido de sus pasos mezclándose con el bullicio de la calle.
La charla inicial giró en torno a la clase de baile: lo divertido que había sido ver a los demás perderse en los pasos, la manera en que la instructora los había aplaudido al final.
Chelsea reía con facilidad, y Leo respondía con comentarios ingeniosos.
Había una conexión evidente en la manera en que se miraban y en cómo sus palabras fluían sin esfuerzo.
Al llegar al bar, la atmósfera cambió.
Era un lugar acogedor, con luces tenues, mesas de madera y música suave de fondo.
El olor a comida recién hecha se mezclaba con el aroma de las bebidas, creando un ambiente cálido.
Se sentaron en una mesa junto a la ventana.
Chelsea acomodó su bolso a un lado y se recostó ligeramente en la silla, mirándolo con atención.
Leo pidió un par de tragos, y Chelsea sugirió compartir algo de comida.
La elección fue sencilla: unas tapas variadas, perfectas para acompañar la bebida y la charla.
La conversación se volvió más personal.
Chelsea habló de lo mucho que le había gustado bailar con él, de cómo se había sentido cómoda a pesar de no ser tan natural en la pista.
Leo respondió con humor, diciendo que el secreto estaba en dejarse llevar por la música y confiar en la pareja.
Las risas se mezclaban con los sonidos del bar.
Cada vez que Chelsea reía, sus ojos marrones brillaban con intensidad, y Leo no podía evitar mirarla con atención.
Había algo en su manera de expresarse, en su voz, en sus gestos, que lo atrapaba.
La comida llegó, y entre bocados y tragos, la conversación se volvió más íntima.
Chelsea comenzó a hablar con más libertad.
Le contó a Leo detalles de su vida, de su trabajo, de las cosas que disfrutaba.
Leo escuchaba con interés, haciendo preguntas, mostrando que realmente quería conocerla.
La luz tenue, la música suave y el murmullo de las demás mesas creaban una burbuja en la que parecía que solo existían ellos dos.
El coqueteo apareció en pequeños gestos: una sonrisa prolongada, una mirada sostenida, un comentario con doble sentido.
Chelsea jugaba con su copa, girándola entre sus dedos, mientras hablaba de lo mucho que le había gustado la seguridad de Leo en el baile.
“Parecía que lo habías hecho toda tu vida,” dijo, con una sonrisa que mezclaba admiración y picardía.
Leo respondió inclinándose un poco hacia ella: “Lo que sucede es que con una pareja como tú, todo se vuelve sencillo.” Ella rió, bajando la mirada por un instante, como si quisiera ocultar el efecto que le causaban sus palabras.
El tiempo pasaba, y la conversación se volvía cada vez más cercana.
Chelsea se soltaba más con cada trago, con cada risa, con cada mirada compartida.
Leo mantenía su tono relajado, pero sus palabras dejaban claro que estaba disfrutando del momento.
La primera parte de la noche se convirtió en un intercambio constante de historias, bromas y gestos.
Chelsea hablaba de sus gustos, de las cosas que le apasionaban, y Leo respondía con comentarios que la hacían reír.
Había una complicidad creciente, un entendimiento silencioso que se construía paso a paso.
El bar seguía lleno, pero para ellos parecía vacío.
La atención estaba puesta únicamente en la mesa que compartían, en la conversación que fluía sin interrupciones, en la conexión que se hacía más evidente con cada minuto.
— El bar seguía con su ambiente cálido.
La música suave de fondo, las luces tenues y el murmullo de las demás mesas creaban un espacio íntimo.
Leo y Chelsea ya habían compartido varios tragos y tapas, y la conversación fluía con naturalidad.
Chelsea, que al inicio se mostraba reservada, comenzó a soltarse más.
Sus gestos eran más abiertos, su voz más firme, y sus palabras empezaban a revelar aspectos de su vida que no había mencionado antes.
Ella giró su copa entre los dedos, miró el líquido que brillaba bajo la luz y suspiró.
“Leo…
hay algo que quiero contarte.
No suelo hablar de esto con cualquiera, pero contigo me siento cómoda.” Leo la miró con atención, inclinándose un poco hacia adelante.
“Dime.” Chelsea lo observó unos segundos, como si midiera la confianza que le tenía, y luego habló con franqueza.
“Estoy…
con alguien.
Un tipo llamado Charly.
Pero es un maldito.
Mujeriego, mentiroso, siempre buscando la manera de salirse con la suya.
Estoy molesta, cansada de todo eso.” Leo no interrumpió.
Se limitó a escuchar, dejando que ella soltara lo que llevaba dentro.
Chelsea continuó, con un tono que mezclaba rabia y decepción.
“Al principio parecía encantador.
Sabía cómo hablar, cómo hacerme sentir especial.
Pero con el tiempo me di cuenta de que no era más que fachada.
Siempre rodeado de mujeres, siempre con excusas.
Y yo…
yo me quedé atrapada en esa relación, intentando justificar lo injustificable.” Leo asintió despacio Leo asintió despacio.
“Debe ser difícil.” Ella rió, pero fue una risa amarga.
“Difícil es poco.
Es frustrante.
Me hizo sentir como si no valiera nada, como si siempre tuviera que competir con alguien más por su atención.
Y lo peor es que él no veía nada malo en su comportamiento.
Para él, ser mujeriego era parte de su personalidad, como si fuera algo que debía aceptar.” Leo la miró con calma, dejando que sus palabras se asentaran.
“Y ahora…
¿qué quieres hacer?” Chelsea lo miró directamente, sus ojos marrones brillando con intensidad.
“Quiero dejarlo atrás.
Quiero sentirme libre.
Quiero estar con alguien que me valore, que me vea como soy, no como un accesorio.” Leo sostuvo su mirada, y en ese instante la tensión entre ellos se volvió más evidente.
Chelsea sonrió, aunque su sonrisa tenía un matiz de tristeza.
“Perdona, no quiero arruinar la noche con mis problemas.” Leo negó con la cabeza.
“No lo arruinas.
Al contrario, me alegra que confíes en mí para contarlo.” Ella lo miró con sorpresa, como si no esperara esa respuesta.
Luego rió suavemente.
“Sabes, tienes algo…
esa manera de escuchar, de hacerme sentir que mis palabras importan.
Es raro encontrar eso.” Leo respondió con un comentario ligero, pero cargado de intención.
“Lo que sucede es que cuando una mujer tan hermosa me habla, lo mínimo que puedo hacer es escuchar con atención.” Chelsea rió, esta vez con más sinceridad.
“Eres un encantador, ¿lo sabías?” Leo levantó su copa y brindó.
“Solo digo lo que pienso.” La conversación continuó, pero ahora tenía un tono distinto.
Chelsea se sentía más libre, más abierta.
Hablaba de sus frustraciones, de las veces que había discutido con Charly, de cómo se había dado cuenta de que él nunca cambiaría.
Leo la escuchaba, pero también encontraba momentos para bromear, para suavizar la tensión, para hacerla reír.
El coqueteo se mezclaba con la confesión.
Chelsea jugaba con su cabello, lo acomodaba detrás de la oreja, y cada vez que lo hacía, Leo la miraba con atención.
Ella lo notaba y sonreía, como si disfrutara de la manera en que él la observaba.
El tiempo pasaba, y la mesa se convertía en un espacio de complicidad.
Chelsea hablaba de lo que quería para su vida, de cómo deseaba sentirse valorada, y Leo respondía con comentarios que dejaban claro que él la veía de esa manera.
La tensión crecía.
No era solo la historia de Charly, era la manera en que Chelsea se abría, la forma en que Leo la escuchaba, el ambiente del bar que parecía empujar a que todo se volviera más íntimo.
— El bar seguía con su ambiente cálido.
La música suave de fondo, las luces tenues y el murmullo de las demás mesas creaban un espacio íntimo.
Chelsea y Leo ya habían pasado por la conversación seria, por las confesiones sobre Charly, y ahora el aire entre ellos era distinto.
Más ligero, pero también más cargado de intención.
Chelsea jugaba con su copa, girándola lentamente entre los dedos, mientras lo miraba con una sonrisa que parecía esconder algo más.
Leo, relajado, se inclinaba hacia ella cada vez que hablaba, como si quisiera acortar la distancia.
“Sabes,” dijo Chelsea, con voz suave, “no esperaba que esta noche terminara así.
Pensé que sería solo una clase de baile…
y mírame ahora, sentada contigo, hablando de todo lo que nunca digo.” Leo sonrió, levantando su copa.
“Las mejores noches son las que no planeas.” Ella rió, bajando la mirada por un instante, y luego lo miró de nuevo, con los ojos brillando bajo la luz tenue.
“Eres peligroso, Leo.
Con esa manera de hablar y de mirar…
haces que una mujer se olvide de lo que debería pensar.” Leo respondió con calma, pero con un matiz de picardía.
“¿Y qué es lo que deberías pensar?” Chelsea se inclinó hacia él, acercándose lo suficiente para que su voz sonara casi como un susurro.
“Que no debería dejarme llevar tan fácil.” Leo sostuvo su mirada, sin apartarse.
“Pero ya lo estás haciendo.” Ella rió, divertida y un poco nerviosa, y bebió un sorbo de su copa para disimular.
El tiempo pasaba, y la conversación se volvía más juguetona.
Chelsea hacía comentarios con doble sentido, Leo respondía con humor, y cada palabra parecía acercarlos más.
La tensión se notaba en los gestos: en la manera en que Chelsea acomodaba su cabello detrás de la oreja, en cómo Leo la observaba con atención, en las sonrisas que se prolongaban más de lo normal.
Chelsea habló de nuevo, con un tono más ligero.
“¿Sabes qué pensé cuando bailábamos?” Leo arqueó una ceja, curioso.
“Dime.” “Que hacía mucho tiempo que no me sentía así.
Como si todo fluyera, como si no tuviera que pensar en nada.
Solo seguirte.” Leo sonrió, recordando el momento en la pista.
“Eso es lo que pasa cuando dos personas se entienden sin palabras.” Ella lo miró fijamente, y por un instante el silencio se apoderó de la mesa.
No hacía falta decir nada más: la química estaba ahí, evidente.
La música del bar cambió a un ritmo más lento, más íntimo.
Chelsea lo notó y sonrió.
“¿Crees que aquí también se pueda bailar?” Leo miró alrededor.
El espacio era reducido, pero había un rincón libre cerca de la barra.
“Si quieres, podemos intentarlo.” Ella asintió, y juntos se levantaron.
El bar no estaba pensado para bailar, pero eso no importaba.
Leo la tomó de la mano y la guió hacia el rincón.
La música suave los envolvió, y comenzaron a moverse despacio, como si el mundo se hubiera reducido a ese instante.
Chelsea apoyó una mano en su hombro, y Leo la sostuvo con firmeza en la cintura.
Los pasos eran sencillos, pero la conexión era intensa.
Sus miradas se encontraban constantemente, y cada vez que lo hacían, el aire se llenaba de algo más que música.
“Eres demasiado bueno en esto,” dijo Chelsea, con una sonrisa que mezclaba diversión y atracción.
Leo respondió con calma.
“Lo que sucede es que contigo todo se siente natural.” Ella rió, y por un momento cerró los ojos, dejándose llevar por el ritmo.
Leo la guió con suavidad, y el movimiento se volvió más íntimo, más cercano.
El bar seguía con su rutina, pero para ellos parecía vacío.
La música, las luces, el murmullo de las demás mesas desaparecieron.
Solo quedaban ellos dos, bailando en un rincón, creando una burbuja de complicidad.
Chelsea abrió los ojos y lo miró directamente.
“Leo…” Él sostuvo su mirada, esperando.
“Me haces olvidar todo lo malo.
Incluso a Charly.” Leo sonrió, inclinándose un poco más hacia ella.
“Entonces estoy haciendo bien mi trabajo.” Ella rió, y en ese momento la tensión alcanzó su punto más alto.
No era necesario decir más: el baile, las miradas, las sonrisas lo decían todo.
— Cambio de Escena – Hotel La puerta de la habitación del hotel se cerró detrás de ellos con un sonido seco, definitivo.
Chelsea apenas tuvo tiempo de girarse cuando Leo la tomó del rostro y la besó.
No fue suave.
Tampoco brusco.
Fue firme.
Seguro.
Sus labios se movieron con los de ella en un ritmo lento al inicio, como probándose, hasta que Chelsea soltó un gemido bajo y se pegó más a él.
“Ah…” El beso se rompió solo para que Leo bajara por su mandíbula, dejando besos cortos, marcados, hasta llegar a su cuello.
Chelsea inclinó la cabeza sin pensarlo, ofreciéndose.
Sus dedos se enterraron en el cabello de él, guiándolo.
“Justo ahí…” murmuró, con la voz cargada.
Leo obedeció sin prisa.
Besos abiertos, lentos, presión de labios, el roce de su barba provocándole un escalofrío visible.
Chelsea respiraba hondo, irregular, el pecho subiendo y bajando con fuerza.
Las manos de Leo bajaron por su espalda, recorriendo con calma, hasta llegar a sus caderas.
La atrajo más hacia él.
El contacto fue completo, evidente.
Chelsea reaccionó de inmediato, soltando un sonido ahogado.
“Mmh…” Una mano descendió más, segura, y le dio una nalgada firme.
No fue violenta, fue posesiva.
Chelsea se sobresaltó solo un segundo antes de reír suave y volver a besarlo, esta vez con hambre.
“Así…” dijo, casi riéndose entre jadeos.
Leo la empujó contra la pared, no con fuerza, sino con intención.
Su cuerpo la rodeó.
El calor entre ambos era imposible de ignorar.
Sus bocas volvieron a encontrarse, esta vez más desordenadas, más urgentes.
El sonido del beso llenó el espacio.
Las manos de Chelsea recorrieron su espalda, su pecho, bajando sin timidez.
Leo respondió presionando su cuerpo contra el de ella, arrancándole un gemido más alto.
“Leo…” dijo su nombre, lento, cargado.
Él la levantó de nuevo, sin esfuerzo.
Chelsea soltó un jadeo sorprendido, sus piernas rodeándolo de forma natural.
El movimiento fue fluido, ensayado, como si el cuerpo supiera exactamente qué hacer.
La cama los recibió con un crujido suave.
Leo la dejó caer despacio, sin romper el contacto.
Su boca volvió a su cuello, a su clavícula, bajando con besos marcados.
Chelsea arqueó el cuerpo, buscándolo, sus manos aferrándose a él.
“No pares…” murmuró, casi suplicando.
El cuarto se llenó de sonidos bajos: respiraciones, roces de tela, murmullos incompletos.
No había palabras largas, no hacían falta.
Cada reacción del cuerpo del otro era suficiente respuesta.
Leo volvió a besarla, profundo, lento ahora, como saboreando el momento.
Chelsea respiraba con dificultad, los ojos cerrados, completamente entregada a la sensación.
El mundo afuera dejó de existir.
Solo quedaron el calor, el contacto constante y la manera en que ambos se perdieron en el cuerpo del otro.
El resto…
quedó entre esas cuatro paredes.
[Se omiten 50 mil palabras] [Se omiten 50 mil palabras] — Cambio de escena – Departamento de Sheldon El departamento estaba en silencio, apenas roto por el sonido de los dedos de Sheldon deslizándose sobre la pantalla de su teléfono.
Raj y Howard se encontraban en la sala, inquietos, esperando noticias de Leo.
Howard, impaciente, no pudo contenerse más.
“Quiero saber cómo le fue a Leonard…
¡esto me está matando!” Raj lo miró con calma, encogiéndose de hombros.
“Todos sabemos cómo le fue, no sé por qué te emociona tanto.” Howard se inclinó hacia adelante, con esa chispa de curiosidad que nunca lograba disimular.
“Quiero detalles, Raj.
Ya quisiera tener la suerte de Leo.” Raj soltó una risa breve, mientras Sheldon, sin levantar la vista de su teléfono, interrumpió con tono seco: “Te recomendaré que no lo esperes.
Leo me mandó un mensaje diciendo que no volvería hoy al departamento.” Howard se dejó caer contra el respaldo del sillón, exasperado.
“¡Maldita sea, quiero ser él!” Raj lo miró divertido, intentando calmarlo.
“Relájate, Howard.
Algún día te tocará algo similar…” El ambiente se llenó de una mezcla de resignación y humor, mientras Sheldon seguía absorto en su pantalla, indiferente al drama de sus amigos.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Charly8Villan Siempre considere a Jennifer Bini Taylor.
Nose ustedes, si me invitan una copa, no tengo compromisos, claro que iria a beber.
Una noche loca?
a nadie le cae mal, todos necesitan liberarse debes en cuando.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com