The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 21
- Inicio
- Todas las novelas
- The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español]
- Capítulo 21 - 21 Capítulo 21 – Trabajo y Mas dinero
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
21: Capítulo 21 – Trabajo y Mas dinero.
21: Capítulo 21 – Trabajo y Mas dinero.
Capítulo 21 – Trabajo y Mas dinero.
POV Penny El sol entraba tímidamente por la ventana, iluminando la habitación con un resplandor suave.
Penny abrió los ojos despacio, girándose sobre las sábanas arrugadas.
Extendió la mano a su lado, buscando instintivamente, pero no encontró a nadie.
El espacio estaba vacío, tibio todavía, pero sin la presencia de Leo.
Se quedó mirando el techo unos segundos, dejando que los recuerdos de las últimas horas regresaran uno por uno.
La cita había sido maravillosa: la cena, la conversación ligera, las risas, los silencios cómodos.
Todo había fluido con naturalidad, sin esfuerzo.
Lo había pasado genial.
No tenía planeado que las cosas sucedieran tan rápido.
No era su intención, no estaba en sus planes.
Pero la química fue imparable.
Desde el primer beso en el restaurante, hasta cada instante después, todo se había desbordado.
Cerró los ojos y sonrió, recordando.
**Cuarenta y ocho horas.** Dos días completos junto a Leo.
Dos días en los que se desquitó todas sus tensiones, en los que se entregó sin reservas.
Fue un nivel de pasión que jamás había experimentado.
Por Dios, tuvo que rogar descanso un par de veces.
Su cuerpo pedía pausa, pero cada vez que lo hacía, él encontraba la manera de volver a encenderla.
Y aún así, fue maravilloso.
La figura de Leo se imponía en su memoria: su espalda firme, sus brazos fuertes, sus manos recorriéndola con seguridad.
La voz en su oído, grave, intensa, capaz de hacerla estremecer con una sola palabra.
Y sí, esa exageración que no podía sacarse de la cabeza: “20 cm, Dios…”.
No era lo más grande que había visto, pero con Leo no se trataba de tamaño, sino de cómo lo usaba, de la energía, de la fuerza, de la manera en que parecía una bestia.
Penny rió suavemente al pensarlo, cubriéndose el rostro con las manos.
No podía creer lo que había vivido.
Leo había sido un animal, incansable, apasionado, entregado.
Ella había perdido la noción del tiempo, había olvidado todo lo demás.
Las horas se habían mezclado en un torbellino de besos, caricias, risas y respiraciones agitadas.
El reloj dejó de importar.
El mundo afuera dejó de existir.
Solo quedaban ellos dos, encerrados en esa burbuja de intensidad.
Penny suspiró, todavía agotada, pero feliz.
Su cuerpo estaba rendido, pero su mente seguía vibrando con cada recuerdo.
Nunca había sentido algo así.
Nunca había estado con alguien que la hiciera perder el control de esa manera.
Se giró de nuevo en la cama, abrazando la almohada.
El olor de Leo todavía estaba ahí, impregnado en las sábanas, en el aire.
Cerró los ojos y dejó que la memoria la envolviera otra vez.
— Leo entró a la habitación con un plato en las manos.
Penny lo miró desde la cama, medio incorporada, con el cabello revuelto y la sábana apenas cubriéndola.
“Traje comida”, dijo Leo con una sonrisa tranquila.
“¿Planeas sobornarme?”, preguntó Penny, estirando un poco la mano.
“Planeo alimentarte”, respondió Leo, sentándose al borde de la cama.
Penny intentó incorporarse más, pero se detuvo de golpe y soltó una risa.
“No…
no”, dijo Penny.
“Mis piernas no cooperan.” Leo alzó una ceja, divertido.
“Entonces no queda otra”, dijo Leo, acercando el tenedor a su boca.
Penny lo miró un segundo, luego suspiró y abrió la boca.
“Esto es humillante”, murmuró Penny mientras masticaba.
“Esto es cuidado post-fin-de-semana-intenso”, corrigió Leo.
Leo habló con voz serena.
“Voy a tener que irme pronto.
Tengo que trabajar.” Ella pasó la comida, tragó…
y el silencio cayó de golpe.
Penny bajó la mirada.
Leo lo notó de inmediato.
“Hey”, dijo Leo, tomando su mano con suavidad.
“Oye.” Penny levantó la vista.
“Lo de la cita”, comenzó Leo, serio pero calmado.
“Y estas horas…
han sido maravillosas.” Penny apretó un poco sus dedos.
“Me encantas, Penny”, dijo Leo sin rodeos.
Ella lo miró, sorprendida.
“En especial ese trasero”, añadió Leo con una sonrisa ladeada.
“Y esos pechos.” Penny soltó una carcajada y le dio un golpe en el brazo.
“¡Idiota!”, dijo Penny.
“No es momento para eso.” “Tenía que intentarlo”, respondió Leo riéndose.
Luego su expresión cambió.
No perdió la calma, pero sí el tono de broma.
“Ya hablando más en serio”, dijo Leo, mirándola fijo.
“Me encantaría seguir conociéndote…
no solo que esto sean noches locas de placer.” Penny tragó saliva.
Su sonrisa se volvió más pequeña.
Dentro de ella algo se tensó.
“Claro…”, pensó Penny.
“Ahí está.” Ella lo miró unos segundos más, luego suspiró.
“Leo…
eres un amor”, dijo Penny.
Se inclinó, lo jaló del cuello y lo besó.
Un beso lento, cargado.
Cuando se separó, apoyó la frente en la de él.
“Soy un desastre”, dijo Penny con una risa nerviosa.
“Todo esto empezó porque quería superar a mi ex.” Leo no se apartó.
“Pero estar contigo se siente…
maravilloso”, añadió Penny.
“Y no solo por esto”, dijo, deslizando la mano por debajo de su pantalon, tomando su polla “Aunque ayuda.” Leo sonrió, sin perder la calma.
“Entonces”, dijo Leo suavemente, “¿le ponemos un nombre a esto?” Penny retiró la mano despacio.
Se quedó pensativa unos segundos.
“No…
todavía no”, dijo Penny.
“Necesito tiempo.” Luego sonrió.
“Pero sí quiero seguir conociéndonos.” Volvió a tocarlo, esta vez con descaro, solo un segundo más.
“Porque hasta ahora…
me encanta lo que he visto.” Leo soltó una risa baja y le dio una nalgada sin fuerza.
“Eso mismo digo yo”, respondió Leo.
Penny lo jaló de nuevo y lo besó con más intensidad.
Cuando se separaron, ambos respiraban más lento.
“Entonces sigamos conociéndonos”, dijo Leo.
Penny sonrió, relajada al fin.
“Eso me gusta”, dijo Penny.
Se besaron de nuevo, más intenso.
El cuerpo de Penny y el de Leo reaccionaron, pero fue ella quien lo apartó, apoyando la frente en su pecho.
“Ya no puedo más”, dijo Penny entre risas.
“Mi cuerpo pide tregua”.
Leo se rió suavemente.
“Entonces descansa”, dijo Leo.
“Si necesitas algo, llámame”.
Le dio un último beso en la frente y se levantó.
Penny lo vio irse, luego se acomodó entre las sábanas.
Cerró los ojos con una mezcla extraña de calma y expectativa.
—- Leo salió del departamento de Penny y entró al suyo.
Se cambió con rapidez, escogiendo ropa más formal para la jornada.
Mientras ajustaba la camisa y se ponía el saco, tomó el teléfono y llamó a Sheldon.
“Sheldon, ya estoy listo.
¿Vienes?” La voz de Sheldon respondió con su tono habitual, preciso y sin emoción.
“Sí, bajo en un momento.
Espero que tu fin de semana haya sido…
interesante.” Leo rió suavemente, guardando el teléfono en el bolsillo.
— Sheldon salió del departamento minutos después.
Se encontraron en la entrada del edificio y caminaron juntos hacia el auto de Leo.
Al subir, Sheldon no tardó en iniciar la conversación.
“Leo, pasaste todo el fin de semana en casa de Penny.
¿Eso significa que ya son pareja?” Leo encendió el motor y miró hacia adelante antes de responder.
“No, aún no.
Fue un buen fin de semana, sí, pero no hemos definido nada.
No quiero apresurar las cosas.” Sheldon lo observó con atención, como si analizara cada palabra.
“Entonces, ¿qué categoría ocupa ahora Penny en tu vida?
¿Amiga cercana?
¿Compañera romántica?
¿Aliada temporal?” Leo soltó una carcajada breve.
“Sheldon, no todo necesita una etiqueta inmediata.
Lo que pasó fue real, pero no significa que tengamos que ponerle un título ya.” Sheldon asintió lentamente, aunque su expresión seguía siendo inquisitiva.
“Dos días completos juntos son un indicador estadísticamente significativo.” Leo sonrió, manteniendo la calma.
“Tal vez, pero prefiero dejar que las cosas fluyan.” — El auto avanzaba por la avenida, el tráfico era ligero.
Sheldon cambió de tema con naturalidad.
“Por cierto, nuestro artículo fue publicado recientemente.
¿Has visto la recepción?” Leo negó con la cabeza.
“No lo he monitoreado.
¿Tú sí?” Sheldon acomodó sus manos sobre las rodillas, con gesto serio.
“Por supuesto.
He revisado los comentarios.
Publicar en *Physical Review Letters* no es un logro menor.
Es una de las revistas más prestigiosas en matemáticas y física.
Varios científicos importantes han reconocido nuestro trabajo.” Leo asintió, orgulloso pero sin exagerar.
“Eso es excelente.
Me alegra que haya tenido buena recepción.” Sheldon continuó con tono analítico.
“Recibimos menciones de investigadores de Princeton, MIT y Cambridge.
Algunos señalaron que el enfoque era innovador.
Otros destacaron la claridad de los resultados.
Es un reconocimiento que no se obtiene todos los días.” Leo sonrió, manteniendo la vista en la carretera.
“Me alegra escucharlo.
Aunque no lo haya estado siguiendo, saber que nuestro trabajo está siendo reconocido es suficiente.” Sheldon lo miró de reojo.
“Deberías estar más atento.
La retroalimentación es parte del proceso científico.” Leo rió suavemente.
“Lo sé, Sheldon.
Pero confío en que tú lo monitorees.
Yo prefiero concentrarme en lo que viene.” — Leo llegó temprano a la universidad, con paso firme y un portafolio bajo el brazo.
Había trabajado solo en este proyecto durante meses, noches largas de cálculos y pruebas, hasta que finalmente tenía en sus manos la documentación completa.
El pasillo estaba tranquilo, con estudiantes dispersos y profesores conversando en voz baja.
Al llegar frente a la oficina del decano, respiró hondo y tocó suavemente la puerta.
“Adelante,” respondió la voz grave desde dentro.
Leo entró.
El decano, un hombre mayor de cabello canoso y mirada cansada, lo recibió con una sonrisa amplia.
“Dr.
Hofstadter,” dijo con respeto, “me alegra verlo.
Me comentaron que traía algo importante.” Leo asintió, colocando el portafolio sobre el escritorio.
“Sí, decano.
Quiero mostrarle el nuevo desarrollo: **Graphene-Reinforced Polymer Composite**.
Es un material que he trabajado solo, y creo que puede tener aplicaciones enormes.” El decano arqueó las cejas, interesado.
“¿Un compuesto reforzado con grafeno?
Eso suena revolucionario.
Muéstreme la documentación.” Leo abrió el portafolio y comenzó a explicar.
Los papeles estaban organizados con diagramas, pruebas de laboratorio y proyecciones de uso.
El decano los revisaba con atención, sus ojos brillando con cada página que pasaba.
“Esto…
esto es magnífico,” dijo finalmente, apoyándose en el respaldo de la silla.
“Un material con estas propiedades puede cambiar muchas cosas.
Y justo ahora, cuando estoy cerca de mi retiro, ver un avance así me llena de emoción.” Leo sonrió, satisfecho.
“Quiero registrar la patente a nombre de la universidad, pero con un contrato que asegure regalías.
He calculado un porcentaje justo: 24% para mí, como inventor principal.” El decano lo miró fijamente, luego asintió con decisión.
“Me parece razonable.
La universidad se beneficiará, usted recibirá lo que corresponde, y el reconocimiento será compartido.
Firmemos el contrato.” Sacó una carpeta de su escritorio, redactada previamente por el departamento legal.
Leo la revisó con calma, cada cláusula detallada.
El decano tomó la pluma y firmó primero, con una sonrisa amplia.
Luego Leo hizo lo mismo, sintiendo el peso del momento.
“Felicitaciones, Dr.
Hofstadter,” dijo el decano, levantándose para estrecharle la mano.
“Este logro quedará registrado en la historia de la universidad.
Y créame, varios científicos ya han mostrado interés en su trabajo.
Publicar en *Physical Review Letters* fue solo el inicio.
Ahora, con esta patente, su nombre quedará aún más fuerte en el ámbito académico.” Leo estrechó la mano del decano, agradecido.
“Gracias por confiar en mí.
Prometo seguir trabajando con la misma dedicación.” El decano lo miró con emoción, casi nostálgico.
“Es un buen cierre para mi carrera.
Saber que dejo la universidad en manos de jóvenes con talento me da tranquilidad.” Leo recogió la documentación, guardó el contrato firmado en su portafolio y se despidió.
Al salir de la oficina, caminó por el pasillo con una mezcla de orgullo y calma.
El futuro se abría frente a él, lleno de posibilidades.
— Leo y Sheldon estaban en la cafetería de la universidad, cada uno con su bandeja frente a ellos.
El ambiente era bullicioso: estudiantes entrando y saliendo, conversaciones cruzadas, el sonido metálico de cubiertos y platos.
Raj y Howard llegaron juntos, con sonrisas amplias, y se acercaron a la mesa.
“¡Felicidades por el artículo!” dijo Raj, acomodándose frente a ellos.
“Lo leí con detalle, y debo decir que el enfoque es brillante.
No es fácil innovar en matemáticas y física, pero ustedes lo lograron.” Howard se dejó caer en la silla, mirando a Leo con una mezcla de admiración y envidia.
“Sí, felicidades.
Aunque claro, algunos tenemos que conformarnos con proyectos más…
terrenales.
No todos podemos revolucionar el cálculo.” Leo sonrió, agradecido.
“Gracias, chicos.
Fue un trabajo duro, pero valió la pena.
El reconocimiento ha sido increíble.” Sheldon, con su tono preciso, añadió: “De hecho, yo he estado monitoreando las reacciones.
Publicar en *Physical Review Letters* no es un logro menor.
Varios científicos importantes han comentado sobre el artículo.
Es un logro significativo.” Raj asintió, con gesto serio.
“Lo sé.
Vi las menciones en foros académicos.
Algunos colegas de Cambridge y MIT hablaron muy bien del trabajo.
Es un paso enorme.” Howard arqueó una ceja, mirando a Leo.
“Y mientras tanto, tú pasaste el fin de semana con Penny.
No está mal: éxito profesional y éxito personal.” Raj rió suavemente.
“Sí, parece que todo te está saliendo bien, Leo.” Leo levantó las manos, divertido.
“Vamos, no exageren.
Con Penny no hay nada definido todavía.
Fue un buen fin de semana, sí, pero no hemos puesto etiquetas.” Howard se inclinó hacia adelante, con tono burlón.
“¿Nada definido?
Dos días completos juntos suenan bastante definidos.
¿Qué hiciste, Leo, convencerla con tus cálculos matemáticos?” Leo rió, negando con la cabeza.
“No, Howard.
Fue natural.
La química estuvo ahí, y lo disfrutamos.
Pero no quiero apresurar nada.” Raj lo miró con curiosidad, aunque con respeto.
“¿Y ella qué dice?
¿Está en la misma sintonía?” Leo se encogió de hombros.
“Creo que sí.
Lo importante es que lo pasamos bien.
Lo demás se verá con el tiempo.” Howard soltó una carcajada.
“Claro, claro.
Mientras tanto, nosotros seguimos aquí, viendo cómo Leo se convierte en el héroe académico y además conquista a Penny.
No es justo.” Sheldon intervino con su tono lógico.
“Howard, la envidia no es productiva.
Deberías concentrarte en tus propios proyectos.” Howard lo miró con fastidio.
“Gracias por el consejo, Sheldon.” Leo sonrió, disfrutando la dinámica del grupo.
“Vamos, chicos.
No es una competencia.
Cada uno tiene su camino.
Yo tuve suerte con el artículo y con Penny, pero eso no significa que ustedes no tengan sus propios logros.” Raj asintió, con una sonrisa tranquila.
“Tienes razón.
Igual, me alegra verte bien, Leo.” Howard suspiró, pero terminó sonriendo también.
“Está bien, está bien.
Felicidades otra vez.
Aunque sigo pensando que tienes demasiada suerte.” Leo rió, levantando su vaso.
“Entonces brindemos por la suerte, y por los amigos que la celebran.” Todos levantaron sus vasos, chocándolos suavemente.
La conversación siguió entre bromas, risas y comentarios sobre Penny, el artículo y la vida universitaria.
— La jornada laboral había terminado.
Los pasillos de la universidad se fueron vaciando poco a poco, y los chicos decidieron reunirse en el departamento de Sheldon.
Durante el trayecto y al llegar, la conversación no giró en torno al artículo ni a temas académicos; ya habían agotado esas discusiones.
En cambio, se dedicaron a hablar de trivialidades: series que estaban siguiendo, cómics recién publicados, personajes favoritos y bromas sobre adaptaciones cinematográficas.
Howard, fiel a su estilo, exageraba las historias de superhéroes y soltaba comentarios sarcásticos, mientras Raj aportaba datos curiosos sobre autores y dibujantes.
Sheldon, aunque más serio, participaba con su particular manera de corregir detalles y señalar inconsistencias en las tramas.
Leo se reía, disfrutando la ligereza de la charla, agradecido de que por un rato todo fuera simple y sin presión.
Al final de la tarde, cada uno se acomodó en el sofá o en las sillas, la conversación derivando en bromas sobre Penny y Leo.
Howard, con tono burlón, insinuaba que Leo tenía “demasiada suerte”, mientras Raj sonreía, más discreto, y Sheldon se limitaba a observar, como si estuviera recopilando datos para futuras conclusiones.
Cuando la reunión terminó, los chicos se quedaron en el departamento de Sheldon, mientras Leo regresó al suyo.
Apenas entró, dejó las llaves sobre la mesa y se acomodó en el sillón, pensando en descansar un poco.
El teléfono vibró.
Era un mensaje de Penny: “Leo, ¿puedes venir a mi departamento?” Leo lo leyó con una sonrisa inmediata.
Se levantó, salió de su departamento y cruzó el pasillo.
— Penny acababa de llegar de su trabajo como mesera.
Se veía cansada, con el cabello un poco desordenado y la chaqueta colgando de un brazo.
Al abrir la puerta, se encontró con Leo entrando detrás de ella.
Se detuvo un instante, como si necesitara respirar después de un día largo, y luego caminó hacia él con una sonrisa cansada pero sincera.
Lo besó suavemente para recibirlo.
Leo rió, sorprendido por el gesto espontáneo.
“Bueno, así da gusto llegar.” Penny dejó la chaqueta sobre el respaldo del sofá y se quitó los zapatos, suspirando.
“Hoy fue una locura.
No sé cómo sobreviví a tantas mesas.” Leo la miró divertido.
“Entonces necesitas algo para recargar energía.” Ella asintió y fue a la cocina.
Sacó lo que tenía a la mano: pan, queso, unas aceitunas y un poco de jamón.
Los acomodó en un plato grande y lo puso sobre la mesa baja de la sala.
Leo, mientras tanto, abrió una botella de vino que había traído y sirvió dos copas.
— Se acomodaron en el sofá, con el plato de bocadillos entre ellos y las copas en la mesa.
El ambiente era sencillo, íntimo, sin necesidad de formalidades.
Penny tomó un trozo de pan y lo mordió con hambre.
“Hoy un cliente me pidió tres veces el mismo café, y cada vez lo devolvía porque decía que estaba ‘muy caliente’.
Al final lo tomó frío, y aún así se quejó.” Leo rió, levantando la copa.
“Eso suena como un reto de paciencia.
¿Cómo aguantaste?” “Con sonrisa falsa, como siempre,” dijo Penny, riendo también.
“Aunque por dentro quería aventarle la bandeja.” Leo probó un poco de queso y comentó: “En la universidad no es tan distinto.
Hoy hubo varios accidentes en los laboratorios, alguien intento calentar una sopa instantánea con un láser, ahora hay varios huecos en las paredes” Penny arqueó una ceja, divertida.
“¿Y tú qué hacías?” “Me reía.
Es como ver unos niños aburridos, Sheldon estaba molesto por el desperdicio de recursos, mas porque era personal de otro campo que no tolera, tuve que controlarlo para que no armara un alboroto” dijo Leo Ella rió, imaginando la escena.
“Eso suena muy a Sheldon.” ….
La conversación seguía tranquila cuando Penny dejó la copa sobre la mesa.
“Quiero ver una película,” dijo.
“Algo romántico…
pero que valga la pena.” Leo no dudó demasiado.
“Podríamos ver The Notebook.” Penny giró la cabeza hacia él, sorprendida.
“¿The Notebook?” “Sí.” Ella entrecerró los ojos, divertida.
“No pensé que te gustara esa.” Leo sonrió apenas.
“No me gusta.” Penny soltó una risa.
“¿Entonces?” “Porque a ti sí.” Ella lo miró un segundo más de lo normal.
“¿Cómo sabes que me gusta?” “Lo dijiste una vez.” “¿Cuándo?” “Cuando discutías que el final no era triste.
Que era ‘intenso’.” Imitó ligeramente el gesto de comillas con los dedos.
Penny se quedó callada un momento y luego negó con la cabeza, sonriendo.
“No sabía que estabas escuchando.” “Siempre escucho,” respondió él con calma.
Luego añadió, más ligero: “Además, puedo tolerarla.” “Qué generoso.” Leo se encogió de hombros.
“Verla contigo tal vez la haga mejor.” Penny sostuvo su mirada un instante, luego tomó su copa otra vez.
“Entonces veremos esa.” “Y si necesitas recuperarte después…” “Plan B,” completó ella.
“50 First Dates.
Adam siempre salva la noche.” Penny rió.
“Equilibrio emocional.” “Exacto.” El ambiente siguió relajado.
Las copas se vaciaban despacio, los bocadillos desaparecían, y la conversación fluía sin esfuerzo.
Ahora había algo más cómodo entre ellos.
Más simple.
— Cuando terminaron, se quedaron un rato más en el sofá, con las luces bajas y el ambiente tranquilo.
Penny se recostó, dejando la copa en la mesa, mientras Leo se acomodaba a su lado.
“Gracias por venir,” dijo ella, con voz suave.
Leo sonrió.
“Siempre.” — REFLEXIONES DE LOS CREADORES Charly8Villan Que les digo, las chicas quitan mucho tiempo
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com