The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 Capitulo 22 - Me Extraña Cita y Discusión
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22: Capitulo 22 – Me Extraña, Cita y Discusión 22: Capitulo 22 – Me Extraña, Cita y Discusión Capítulo 22 – Me Extraña, Cita y Discusión — Leo se despertó con la luz entrando por la ventana.
Se estiró en la cama, todavía con la pesadez del sueño en los hombros, y se levantó despacio.
Caminó hacia la sala, arrastrando un poco los pies, y ahí se encontró con Sheldon.
Sheldon ya estaba sentado en el sillón, perfectamente erguido, con un tazón de cereal en las manos.
La televisión estaba encendida en un canal de noticias, aunque él parecía más concentrado en contar cuantas cucharadas llevaban que en lo que decían los presentadores.
“Buenos días”, murmuró Leo, con voz ronca de recién levantado.
Sheldon giró apenas la cabeza, sin apartar la vista del televisor.
“Ya es tarde para decir buenos días.
El sol salió hace más de una hora.” Leo irritado, acostumbrado a esas respuestas tan literales.
Se dirigió a la cocina, abrió la alacena y sacó su propio recipiente.
Sirvió cereal, añadió leche y regresó para sentarse junto a Sheldon.
El ambiente era tranquilo, casi rutinario.
Sheldon masticaba con precisión, como si cada bocado tuviera un ritmo exacto.
Leo, en cambio, comía relajado, mirando la pantalla sin prestar demasiada atención.
Era uno de esos momentos simples, donde la convivencia se daba sin necesidad de palabras.
— Leo apenas había empezado a comer su cereal, la primera cucharada todavía en la boca, cuando el teléfono vibró sobre la mesa.
Miró la pantalla y frunció el ceño: **Chelsea**.
No era común que lo llamara tan temprano.
Contestó con cierta extrañeza, todavía masticando.
“Hola…
Chelsea.
¿Tan temprano?” Del otro lado, la voz de ella sonaba cargada de molestia, con ese tono que mezcla cansancio y enojo.
“Sí, me acabo de levantar.
Pero estoy de pésimo humor.
Anoche fue horrible.” Leo dejó la cuchara en el recipiente, curioso.
“¿Qué pasó?” Chelsea suspir fuerte, como si quisiera soltar todo de golpe.
“Una pelea con Charly.
No deja de mirar mujeres.
Es como si no pudiera controlarse.
Estoy harta”.
Leo arqueó las cejas, sorprendido, y tomó otra cucharada de cereal mientras escuchaba.
“¿Otra vez con lo mismo?” “Sí”, respondió ella, con voz cortante.
“Siempre dice que no es nada, que solo mira.
Pero yo no lo aguanto.
Me hace sentir invisible.” Leo masticó despacio, sin interrumpirla, mientras Sheldon seguía mirando el televisor como si la llamada no existiera.
Chelsea continuó, más alterada: “Lo peor es que me hace sentir como si yo no importa.
Y aquí estoy, contándotelo a ti, porque sé que me escuchas.” — Leo levantó las cejas, divertido, mientras masticaba.
“Eso sí que es curioso.
Te quejas de tu novio porque mira mujeres…
y aquí estás, diciéndome eso.” Ella rio más abiertamente.
“Lo sé, suena contradictorio.
Pero contigo es distinto.
Tú me haces reír.” Leo apoyó el codo en la mesa, con gesto relajado.
“Pues misión cumplida.
Ya estás riendo”.
Chelsea bajó un poco la voz, como si quisiera suavizar el momento.
“Es que contigo siempre termina así.
No importa lo que pase, me sacas una sonrisa.” Leo se encogió de hombros, todavía con la cuchara en la mano.
“Tal vez porque no me tomo tan en serio tus dramas.” Ella fingio indignación, aunque se notaba que estaba jugando.
“¿Mis dramas?
¡Son reales!” Leo río, dándole otra cucharada al cereal.
“Lo sé, pero si no los convierto en broma, me atraganto.” Chelsea volvió a reír, y por un momento la tensión desapareció.
— La conversación había pasado de la molestia inicial a un tono mucho más ligero.
Chelsea, entre risas y comentarios juguetones, parecía haber olvidado por un momento del enojo con Charly.
“Te extraño”, dijo de pronto, con voz más suave.
“Me gustaría verte.” Leo irritado, sin comprometerse, mientras daba otra cucharada a su cereal.
“Eso suena tentador.” Chelsea río, con un aire pícaro.
“¿Tentador?
Eso suena como un sí disfrazado.” Leo se limitó a reír también, sin decir ni sí ni no.
Ella bajó el tono, como si quisiera cerrar la llamada con un gesto más íntimo.
“Bueno, tengo que colgar, tengo pendientes…
pero antes te mando unos besos.” Mmmmmm…
mua, Mmmmmm…
mua, Mmmmmm…
mua Leo arqueó una ceja, divertido.
“¿Besos?” Chelsea respondió con voz juguetona, alargando las palabras: “Sí…
, para que no me olvides.” Leo soltó una carcajada, sacudiendo la cabeza.
“Eres increíble.” “Lo sé”, dijo ella, riendo.
“Nos hablamos luego.” La llamada terminó.
Leo dejó el teléfono sobre la mesa, terminó su cereal y miró a Sheldon, que seguía concentrado en el televisor como si nada hubiera pasado.
“¿Sabes que tu conversación tuvo un promedio de tres bromas por minuto?” Comentó Sheldon, sin apartar la vista de la pantalla.
Leo río, sacudiendo la cabeza.
“Gracias por el análisis, Sheldon”.
— “¿Todavía hablas con Chelsea?” preguntó Sheldon con su tono directo, sin rodeos.
Leo lo miró, un poco sorprendido por la pregunta.
“Sí, de vez en cuando.
Es divertida, interesante…
el paso bien platicando con ella.” Sheldon frunció el ceño, como si estuviera procesando la información.
“¿Y qué pasa con Penny?
¿No se supone que también la pasas bien con ella?” Leo sonriendo, tomando otra cucharada de cereal.
“Claro, con Penny también la paso bien.
Son cosas distintas, Sheldon.
Con Chelsea es más conversación ligera, bromas…
y con Penny, bueno, es otra dinámica”.
Sheldon lo miró unos segundos más, como si intentara encontrar una lógica matemática en lo que acababa de escuchar.
Finalmente, ascendió.
“De acuerdo.” Y sin más, volvió a girarse hacia el televisor, retomando su programa como si nada hubiera pasado.
Leo rió suavemente, negando con la cabeza.
“Siempre tan práctico.” Ambos siguieron desayunando juntos, en silencio, con el sonido del televisor llenando el ambiente.
— Unas horas después, tanto Sheldon como Leo ya se habían duchado y cambiado de ropa.
La sala estaba tranquila, cada uno frente a su computadora revisando correos y pendientes.
Sheldon tecleaba con precisión, mientras Leo navegaba distraído entre mensajes y notificaciones.
De pronto, alguien tocó la puerta.
Sheldon se levantó con su habitual rapidez y abrió.
Era Penny.
“Hola, Sheldon”, dijo con una sonrisa.
“¿Está Leo?” Sheldon ascendió y la dejó entrar.
Penny cruzó el umbral y fue directo hacia Leo, que levantó la vista sorprendida.
Ella lo abrazó con entusiasmo.
“Hola, Leo.” Leo correspondió al abrazo, sonriendo.
“Hola, Penny.
¿Qué sucede?” Ella se separó un poco, todavía con la emoción en el rostro.
“Quería invitarte a ir al SeaWorld.
¿Qué dices?” Leo arqueó las cejas, divertido por la espontaneidad.
“Suena bien.
Vamos.” Penny suena aún más, satisfecha con la respuesta.
Leo cerró su computadora, se despidió de Sheldon con un gesto.
“Nos vemos luego.” Sheldon levantó la mano en señal de despedida, sin apartar demasiado la atención de su pantalla.
“De acuerdo.” Leo y Penny salieron juntos, bajaron al estacionamiento y se subieron al auto de Leo.
El motor arrancó y partieron rumbo a la nueva aventura.
— El auto de Leo se detuvo en el estacionamiento de SeaWorld.
Penny bajó con entusiasmo, mirando a todos lados como si fuera la primera vez que visitaba un parque.
“¡Qué calor!
Espero que los delfines me salpiquen para refrescarme”, dijo, riendo.
Leo cerró el coche y la siguió.
“Seguro lo hará, y bastante.” Entraron juntos, caminando entre familias y turistas.
Penny lo jaló hacia el túnel de tiburones.
Se pegó al cristal, fascinada por los animales.
En especial ese tiburón martillo.
“Ese tiburón parece que está planeando algo…
míralo, tiene cara de sospechoso”.
Leo soltó una carcajada.
“Sí, parece que está esperando a que alguien se acerque demasiado”.
Señalando los ojos del tiburón Después fueron a la zona de delfines.
Penny insistió en participar en la experiencia de alimentarlos.
Cuando uno saltó y los empapó, ella lo miró con picardía.
“Ya viste, me dejaron como si hubiera salido de una fiesta en la alberca.” Leo la miró divertido.
“Bueno, al menos ahora sí pareces parte del espectáculo”.
Ambos rieron, mojados y felices, mientras seguían lanzando peces a los delfines.
— Más tarde, se sentaron con un par de refrescos.
Penny señaló a un pingüino que caminaba torpemente en la exhibición.
“Ese eres tú.” Leo arqueó una ceja.
“¿Por qué yo?” “Porque parece serio, pero en realidad se tropieza todo el tiempo”, respondió ella, riendo.
Leo contraatacó.
“Entonces tú eres esa foca que no deja de hacer ruido.” Penny río tan fuerte que varias personas voltearon a verla.
“¡Perfecto!
Soy la foca ruidosa.” Caminaron después hacia el espectáculo de orcas.
Se sentaron en las primeras filas, sabiendo que terminarían empapados.
Cada salto los cubría de agua, y Penny se aferraba al brazo de Leo, riendo sin parar.
“Esto es lo mejor”, dijo, con el cabello mojado.
Leo la miró y respondió con humor: “Sí, aunque creo que el olor a pescado no se nos ira.” El resto de la tarde fue igual: bromas, risas y comentarios sobre todo lo que veían.
No necesitaban decir nada más; la forma en que se buscaban y se divertían juntos lo dejaba claro.
— El sol comenzaba a bajar cuando Leo y Penny salieron del parque.
Caminaban de la mano, todavía riendo por las ocurrencias del día.
En el camino hacia el estacionamiento, Penny compró una bolsita de palomitas y empezó a lanzarle algunas a Leo.
“¡Atrapala!” dijo, tirándole una al aire.
Leo abrió la boca y la atrapó con éxito.
“¡Punto para mí!” Ella rió y le lanzó otra, que terminó en su hombro.
“Esa cuenta como medio punto”, bromeó.
Siguieron jugando así, lanzándose comida uno al otro, hasta que llegaron al auto.
Penny se apoyó en la puerta, todavía con la sonrisa en el rostro.
Leo se acercó, la miró unos segundos en silencio, y sin pensarlo más, la besó apasionadamente.
El beso fue largo, intenso, como si todo el día hubiera estado construyendo hacia ese momento.
Cuando se separaron, Penny lo miró con los ojos brillantes y dijo en voz baja: “Esto me encanta.” Leo suena, acariciándole suavemente la mejilla.
Ambos subieron al auto, aún con la risa en los labios, y aprendieron el regreso a casa, con la sensación de que el día había sido perfecto.
— El auto de Leo se estacionó frente al edificio.
Ambos bajaron aún con la sonrisa en el rostro, caminando juntos hasta la entrada.
La tarde había sido larga, llena de bromas y risas, y ahora tocaba despedirse.
Frente a la puerta de sus departamentos, Penny se detuvo y lo miró con calma.
“Hoy voy a salir con unas amigas”, dijo, acomodándose el cabello.
Leo asintió, relajado.
“Perfecto, yo pasaré la noche con los chicos.” Ella alarmantemente y se inclinó hacia él.
Se dio un beso suave, prolongado, que cerró el día con la misma complicidad con la que lo habían vivido.
Al separarse, Penny lo miró con picardía.
“Nos vemos” Leo también sonrió.
“Diviértete.” Con un último beso rápido, se despidieron.
Penny entró en su departamento y Leo hizo lo mismo.
— Leo entró al departamento después de despedirse de Penny.
Al abrir la puerta, encontró a Sheldon de pie frente a la pizarra, revisando fórmulas y anotaciones con total concentración.
“Hola, Sheldon”, dijo Leo con naturalidad, dejando las llaves en la mesa.
Sheldon apenas levantó la vista, murmuró un saludo breve y volvió a sus cálculos.
Leo alarmantemente y se dirigió al baño para darse cuenta de una ducha.
Mientras el agua corría, alguien tocó la puerta.
Sheldon abrió y se encontró con Howard y Raj, cargando bolsas llenas de comida.
El olor a pizza y frituras llenó el departamento de inmediato.
“Llegamos con provisiones”, anunció Howard, levantando una caja de pizza como si fuera un trofeo.
Raj molestando, mostrando las bolsas de refrescos y papas fritas.
Sheldon los dejó pasar con su habitual seriedad, aunque no pudo evitar observar cómo la mesa se llenaba de cajas y envolturas.
En ese momento, Leo salió del baño ya cambiado, con el cabello húmedo y una camiseta limpia.
“Perfecto, justo a tiempo”, dijo al ver la comida lista.
Los cuatro se acomodaron en la sala.
La consola encendida, los controles repartidos y la comida al alcance de la mano.
La noche de juegos comenzó sin necesidad de grandes preparativos: bastaba la compañía y las ganas de pasarla bien.
Las risas aparecieron desde el primer momento.
Howard exageraba sus gestos, Raj se emocionaba con cualquier detalle, Leo soltaba comentarios sarcásticos que hacían reír a todos, y Sheldon, aunque más serio, de vez en cuando lanzaba observaciones que provocaban carcajadas inesperadas.
La sala se llenó de un ambiente relajado, con bromas que iban y venían, carcajadas que se mezclaban con el sonido del juego y el crujir de la comida.
Entre cada ronda, alguien se levantaba para tomar más pizza o abrir otra botella de refresco, y siempre había un comentario gracioso que mantenía la energía arriba.
El tiempo pasó rápido.
Entre risas, bromas y comida.
Al final, la sala estaba llena de envolturas vacías y botellas a medio terminar, pero también de un ambiente cálido y alegre.
— La noche de juegos había terminado.
Howard y Raj ya se habían marchado, y Sheldon se había retirado a su cuarto.
El departamento estaba en silencio, con restos de envolturas y botellas vacías sobre la mesa, testigos de la diversión que acababa de pasar.
Leo se dejó caer en el sillón, relajado, disfrutando de la calma después de tantas risas.
De pronto, su teléfono vibró sobre la mesa.
Lo tomé y vio el mensaje en la pantalla: > “Ya llegué.
¿Vienes?” Era Penny.
Leo se quedó unos segundos mirando el texto, con una discreta sonrisa.
Se levantó, tomó su chaqueta, guardó el teléfono en el bolsillo y salió del departamento rumbo a su puerta.
— Leo tocó la puerta y Penny lo recibió con una sonrisa tranquila.
El departamento estaba iluminado con una luz cálida, nada exagerado: solo la lámpara de pie encendida y un par de velas pequeñas en la mesa.
Sobre la mesa baja había una botella de vino ya servida en dos copas y un plato sencillo con queso, fresas y galletas saladas.
“Pasa”, dijo ella, acomodándose en el sofá.
No estaba ebria, solo relajada, con ese aire de quien viene de una salida divertida y ahora disfruta la calma.
Leo se sentó a su lado, tomando la copa que ella le había dejado lista.
“¿Qué tal con tus amigas?” preguntó, mientras probaba el vino.
Penny soltó una risa ligera.
“Bien, aunque ya sabes…
siempre terminan diciendo cosas raras.
Una me dijo que debería cambiar de perfume porque según ella atrae ‘energías nuevas’.
Otra juraba que lo mejor para relajarse es dormir con música de ballenas.” Leo levantó las cejas, divertido.
“Bueno, al menos no te recomendaron un ritual con velas y cristales.” Ella se rió y tomó un trozo de queso.
“Estuvieron cerca.” Leo se acomodó más en el sofá, relajado.
“Yo estuve con los chicos.
Terminamos jugando videojuegos y comiendo como si no hubiera mañana.
Fue un desastre, pero nos reímos mucho.” Penny lo miró con una sonrisa cómplice.
“Suena como ustedes: comida, risas y cero orden.” Leo ascendiendo, tomando una galleta del plato.
“Exacto.
Y Sheldon, como siempre, serio en medio de todo.
Aunque hasta él terminó soltando un comentario que nos hizo reír”.
La conversación siguió ligera, sin prisas.
Entre sorbos de vino y bocados de queso, se fueron contando anécdotas simples, riéndose de los consejos absurdos de las amigas de Penny y de las ocurrencias de la noche de chicos.
El ambiente era cómodo, natural, como si todo fluyera sin esfuerzo.
— Leo, se levantó para ir al baño y dejó su teléfono sobre la mesa de noche.
Unos segundos después, el sonido de la vibración rompió la calma.
Penny, que estaba en el sofá con su copa de vino, giró la cabeza con curiosidad.
Se inclina un poco, lo suficiente para ver la pantalla encendida.
El mensaje decía: > “¿Tienes tiempo para hablar?
Te extraño.” Era del Chelsea.
Penny lo miró en silencio.
No lo tocó, no lo desbloqueó.
Solo lo observaron unos segundos, con esa mezcla natural de curiosidad y un gesto que se endureció apenas.
Se recargó de nuevo en el sofá y bebió otro sorbo de vino, más largo que el anterior.
No dijo nada.
Se quedó ahí, tranquila.
— Leo salió del baño secándose las manos con una toalla.
Al entrar en la sala, notó de inmediato que Penny estaba distinta: más callada, con la copa casi vacía y una postura más rígida que antes.
Se detuvo un momento, mirándola con atención.
“¿Todo bien?” preguntó.
Penny no respondió de inmediato.
Señaló el teléfono que Leo había dejado sobre la mesa.
“¿Quién es Chelsea?” El silencio se hizo breve.
Leo se acercó, tomó el teléfono y leyó el mensaje en la pantalla.
“Oh”, murmuró, sin intentar ocultar nada.
— Leo dejó el teléfono a un lado, tomó su copa y se sentó frente a Penny.
No había prisa en sus movimientos, tampoco defensivo en su tono.
“Chelsea es alguien que conocí hace un tiempo”, comenzó, con calma.
“Salimos una vez.
No la he vuelto a ver desde esa cita.
Lo único que ha pasado es que hemos estado hablando por mensajes, de vez en cuando.” Penny lo escuchó en silencio, sin interrumpir.
Leo continuó manteniendo la voz serena.
“No hay nada más que eso.
No estoy escondiendo nada.” Penny se recargó en el sofá, con la copa en la mano, procesando lo que escuchaba.
No había reproches ni preguntas inmediatas, solo la atención puesta en él.
Leo la miró, esperando su reacción, pero sin intentar llenar el espacio con explicaciones innecesarias.
Había dicho lo que tenía que decir, de manera directa y honesta.
— Penny fue la primera en romperlo.
“¿Hablas con muchas chicas?” Lo dijo sin levantar la voz, sin dureza, pero con esa curiosidad que no se puede disimular.
Leo irritante, como si la pregunta le hubiera parecido más ligera de lo que realmente era.
“Ojalá tuviera tanto tiempo”, respondió, con un tono de broma que buscaba suavizar.
Pero enseguida bajó la voz, más serio.
“No.
No estoy saliendo con nadie más.” El silencio volvió a instalarse.
Penny giró la copa en su mano, observando cómo el vino se deslizaba por el cristal.
Leo la miró unos segundos y devolvió la pregunta, sin rodeos.
“¿Y tú?
¿Doug?” Ella trabaja con la cabeza, tranquila.
“No he hablado con nadie.” Se detuvo un instante, y con un gesto provocador añadió: “Aunque no dejes de pedirme el número.” Leo irritante, divertido, como si la respuesta le hubiera parecido un reto.
“¿Intentas darme celos?” Penny no contestó.
Se limitó a mirarlo, con la copa todavía en la mano.
El silencio se volvió un juego en sí mismo, un cruce de miradas que decía más que cualquier palabra.
Ninguno de los dos se movió, ninguno de los dos quiso ceder primero.
Era un momento de equilibrio: ambos sabían que tenían opciones, ambos sabían que podían elegir, pero estaban ahí, frente a frente, midiendo la reacción del otro.
— La sala estaba en calma, pero la calma era engañosa.
El vino seguía en la mesa, las fresas ya olvidadas, y Penny tenía la copa en la mano, girándola lentamente.
Leo, sentado frente a ella, notaba que la conversación había tomado un giro más serio.
No era un pleito, no era un escándalo, pero sí un momento en el que las palabras pesaban más de lo normal.
Ella lo miró directo, sin rodeos: “¿Qué tan lejos llegaste con Chelsea en esa cita?” Leo se quedó quieto.
Se rascó la cabeza, dudando qué decir.
El silencio fue largo, demasiado largo.
Finalmente, con un gesto de incomodidad, respondió: “Dormimos juntos.” Penny presionó la copa con fuerza.
No la rompió, no levantó la voz, pero su gesto cambió.
Se molestó.
No era rabia descontrolada, eran celos, claros, inevitables.
“¿Y cómo crees que me siento ahora?” -preguntó con un tono más duro.
Leo guardó silencio, midiendo las palabras.
No quería sonar defensivo, no quería sonar frío.
Después de unos segundos, dijo: “Igual que cuando yo te vi con Doug.” Penny se levantó del sofá, con un movimiento rápido.
“Yo no dormí con Doug”, dijo, señalándolo con firmeza.
“Tú sí con Chelsea”.
Leo extendió la mano, tomó la suya y la regresó al sofá con suavidad.
No fue un gesto brusco, fue un intento de calmar, de acercar.
La miró más seria, con los ojos fijos en ella.
“Penny…
¿somos novios?
¿Recuerdas lo que hablamos el otro día?” Ella se quedó pensando, sabiendo la respuesta.
No dijo nada, pero su silencio era suficiente.
Leo continuó, con voz firme pero tranquila: “No lo somos.
Y tú sabes que no es por mí.
Mira, Penny, estos momentos contigo son geniales, pero todos tenemos nuestra historia y hay que vivir hacia adelante”.
Ella lo miró con una mezcla de enojo y vulnerabilidad.
“Lo haces sonar como si fuera fácil”, dijo, burlándose un poco, como si quisiera restablecerle peso a sus palabras.
Leo no se alteró.
“Dime, ¿quieres que seamos algo más serio?” Penny se asustó un poco.
No era miedo de él, era miedo de la pregunta, de lo que implicaba.
“No estoy lista aún”, confesó.
Pero enseguida añadió, con voz más firme: “Lo que sí sé es que no quiero ser solo un juego.” Leo asintió, sin dudar.
“Y yo no quiero que lo seas.” Ambos bebieron más vino.
El silencio volvió, pero era un silencio cargado de pensamientos.
Penny miró a Leo, luego al teléfono sobre la mesa.
“¿Si te dijera que quiero algo serio…
dejarías de hablar con ella?” Leo se quedó quieto.
El silencio fue inmediato.
No pensaba en Chelsea, pensaba en lo que significaba renunciar a la libertad que aún sentía.
No era una cuestión de nombres, era una cuestión de lo que implicaba comprometerse de manera definitiva.
Ese silencio se prolongó.
Penny lo notó.
Se movió en el sofá, se giró un poco, y su gesto se endureció.
No era un enojo explosivo, pero sí un enojo ligero, contenido.
La incomodidad de no recibir una respuesta rápida.
“Ya ves…
ni siquiera puedes decirlo”, soltó, con un tono más cargado.
Leo abrió la boca, pero se detuvo.
No quería soltar una frase apresurada solo para calmarla.
Esa era la tensión máxima: la diferencia entre lo que ella necesitaba escuchar y lo que él estaba dispuesto a decir.
— Penny se levantó del sofá y dejó la copa con fuerza, aunque sin romperla.
Se cruzó de brazos, mirándolo desde arriba.
Leo la siguió con la mirada, sin moverse.
“¿Sabes lo que siento?” dijo ella, con un tono más alto.
“Que estoy aquí, contigo, y que todavía hay alguien más en tu cabeza”.
Leo respiró hondo.
“No es eso.” Ella lo miró, incrédula.
“Entonces dime qué es.” Leo se levantó también, acercándose despacio.
“Es que no quiero mentirte.
No quiero decirte que voy a cortar todo de golpe solo porque ahora me lo pides.
Quiero que lo que tengamos sea real, no una reacción a un momento de enojo.” Penny lo miró, con los ojos brillando más por la mezcla de vino y emociones que por lágrimas.
“Lo haces sonar como si fuera fácil.” Leo negó con la cabeza.
“No es fácil.
Pero prefiero que sea verdadero.” — Leo la miró, consciente de que las palabras no iban a resolverlo.
Se inclinó hacia ella.
Penny lo miró también, con los labios apretados, sin saber si alejarse o acercarse.
El beso llegó sin aviso.
Intenso, más emocional que físico.
No fue un beso de pasión desbordada, fue un beso de necesidad, de descarga.
No hubo palabras después.
El beso fue la forma de soltar todo lo que no podía decir en ese momento.
La sala quedó en silencio.
La luz cálida seguía encendida, el vino seguía en la mesa, pero todo se había detenido en ese gesto.
—– [Se omiten diez mil palabras.] —– El cuarto quedó en silencio.
Penny miraba el techo, respirando con lentitud, como si su cuerpo todavía no hubiera decidido volver por completo a la realidad.
Sentía un cansancio profundo, delicioso y brutal al mismo tiempo.
Cada músculo parecía recordar lo ocurrido.
Giró la cabeza con cuidado.
Leo estaba a su lado, boca arriba, respirando con tranquilidad.
Desnudo, relajado, apenas cubierto por la cobija enredada a la altura de sus caderas.
Penny lo observó unos segundos.
Bestia.
Animal.
Salvaje.
Intentó mover una pierna y el simple gesto le arrancó una pequeña mueca.
Definitivamente salvaje.
Leo se incorporó con naturalidad y se pasó una mano por el cabello.
“Vuelvo en un segundo”, dijo Leo.
Se puso la ropa interior sin prisa y salió hacia la cocina.
La puerta quedó entreabierta.
Penny volvió a mirar el techo, completamente exhausta.
Sentía el eco de lo que había pasado recorriéndola todavía.
Y debajo de todo eso, el recuerdo de la discusión que habían dejado a los medios.
Maldito.
Escuchó el sonido del grifo.
Un vaso.
Otro.
Leo regresó con dos vasos de agua.
Se apoyó un momento en el marco de la puerta, mirándola.
“¿Demasiado cansada?”, dijo Leo con una media sonrisa.
Penny giró lentamente el rostro hacia él y le lanzó una mirada fulminante.
Tomó la almohada más cercana y se la inventó con sorprendente precisión.
“Idiota”, dijo Penny.
Leo soltó una risa baja mientras esquivaba la almohada a medias.
“Eso suena a que sí”, dijo Leo.
Se sentó en la orilla de la cama y le extendió el vaso.
Penny lo tomó, bebió un poco y lo dejó en la mesa.
Intentó incorporarse con dignidad, pero apenas logró levantarse unos centímetros antes de rendirse.
“No podemos seguir resolviendo las discusiones así”, dijo Penny, intentando mantener el tono firme.
Leo la miró divertido.
“¿Lo dices porque siempre pierdes?”, dijo Leo.
La segunda almohada voló hacia él.
“Eres un animal”, dijo Penny.
“He escuchado cosas peores”, dijo Leo con tranquilidad, dejándose caer a su lado otra vez.
Se acomodó boca arriba y luego giró hacia ella, pasando un brazo alrededor de su cintura.
Penny lo apartó con una mano débil.
“Ya no puedo más”, dijo Penny.
Leo soltó una risa suave.
“Solo quiero abrazarte”, dijo Leo.
“Eso es lo que dijiste antes”, respondió Penny.
“Y funcionó”, dijo Leo.
Ella intentó no sonreír.
No lo conseguí del todo.
El silencio volvió, pero esta vez era más denso.
“Tenemos que arreglar esto”, dijo Penny finalmente, mirando el techo.
Leo dejó de sonreír y asentarse.
“Estoy de acuerdo”, dijo Leo.
“No quiero que esto sea solo…
esto”, dijo Penny después de unos segundos.
“Entonces dime qué quieres que sea”, dijo Leo.
Ella tardó en responder.
“No lo sé”, dijo Penny en voz baja.
Leo la observará con atención antes de hacer la pregunta.
“¿Estás lista para una relación?”, dijo Leo.
Penny cerró los ojos un momento.
“No”, dijo finalmente.
Leo admitió sin reproche.
“Entonces no la tengamos”, dijo Leo con calma.
Ella giró la cabeza bruscamente hacia él.
“¿Me estás dejando?”, dijo Penny.
“No”, respondió Leo.
“¿Entonces qué estás diciendo?”, dijo Penny.
“Que no pongamos un nombre a algo que aún no sabes si quieres”, dijo Leo.
Ella frunció el ceño.
“¿Es por Chelsea?”, preguntó Penny.
Leo se acercó y besó su cuello con suavidad antes de responder.
“No”, dijo Leo.
“Entonces me explicó”, insistió Penny.
“No estás lista para una relación.
Lo entiendo.
No quiero presionarte.
Así que no seamos pareja.
Sigamos viéndonos.
Sin etiquetas”, dijo Leo.
Penny guardó silencio unos segundos.
“¿Y Chelsea?”, dijo Penny.
“Me cae bien”, respondió Leo.
“¿Te gusta?”, preguntó ella.
“Sí”, dijo Leo.
Penny apretó los labios.
“¿Volverías a dormir con ella?”, dijo Penny.
Leo la miró con seriedad antes de responder.
“No voy a mentirte.
Es muy hermosa y hay química”, dijo Leo.
Penny se apartó un poco.
“Eres increíble”, dijo Penny con molestia.
“Estoy siendo honesto”, dijo Leo.
“Eso no lo hace mejor”, respondió Penny.
Leo respiró despacio.
“Sin una relación no puedo prometer exclusividad a nadie”, dijo Leo.
“Eso no es justo”, dijo Penny.
“No estoy intentando que sea justo.
Estoy intentando que sea claro”, respondió Leo.
“Me estás presionando”, dijo Penny.
“No.
Si dijeras que quieres algo serio, lo hablaríamos.
Pero dijiste que no estás lista”, dijo Leo.
Penny se quedó callada, luego preguntó: “¿Y si yo saliera con alguien más?” Leo la miró fijamente, esta vez sin sonrisa.
“Si quieres salir con alguien más, solo dímelo.
Sinceramente, seguiría siendo tu amigo.
Pero nada más, Penny”, dijo Leo con tono serio.
Ella lo observó con incredulidad.
“Eres un imbécil”, dijo Penny.
“Probablemente”, respondió Leo con una ligera sonrisa.
Se inclinó y la besó suavemente, pero ella lo empujó con la mano en el pecho.
“Ya no puedo”, dijo Penny.
“No estoy intentando empezar otra guerra”, dijo Leo con calma.
Ella lo miró largo rato.
El enojo ya no era puro enojo.
Era miedo.
Finalmente suspiró.
“Vamos a dormir”, dijo Penny.
Leo asintió.
Se acomodó a su lado sin intentar invadir su espacio esta vez.
Penny cerró los ojos y, poco a poco, su respiración se volvió lenta hasta quedarse dormida.
Leo se quedó mirando el techo en la oscuridad.
No pensaba exactamente en Chelsea.
Pensaba en el equilibrio.
En quererla.
En no querer perderse.
En lo fácil que era tocarla…
Y lo difícil que era decidir.
Soltó el aire lentamente.
Se había metido en algo complicado.
Y lo sabía.
Pero aún así, se quedó ahí.
Con el problema.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Charly8Villan No quiero ser repetitivo, pero debe dejar clara las cosas
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