Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 29

  1. Inicio
  2. The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español]
  3. Capítulo 29 - Capítulo 29: Capitulo 29 - Fiesta, Tensión y Violencia
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 29: Capitulo 29 – Fiesta, Tensión y Violencia

Capítulo 29 – Fiesta,  Tensión y Violencia

Ya todos listos, los cuatro caminaron rumbo al departamento de Penny. Eran casi las ocho, justo como Leo había planeado, aunque la invitación decía a las siete. Sheldon ajustaba su peluca blanca y su disfraz de Dr. Brown, Raj llevaba con cuidado su sable morado de Mace Windu, Howard se balanceaba con su traje azul de Austin Powers y Leo, imponente, con su disfraz de Depredador que resaltaba sus músculos naturales.

Al llegar, la puerta se abrió y apareció Penny. Su disfraz era de gata sexy: orejas negras, un ajustado traje de vinilo con detalles brillantes, guantes largos y un maquillaje felino que resaltaba sus ojos. Al ver a Leo, su mirada se iluminó de inmediato.

“¡Un depredador súper lleno de músculos!” dijo Penny, sorprendida, reconociendo de inmediato la figura imponente frente a ella.

Las chicas que estaban dentro de la fiesta también voltearon, atraídas por la presencia de Leo. Penny lo notó al instante, con esa mezcla de orgullo y ligera incomodidad.

“Quítate la máscara”, dijo Penny, mirándola directamente.

Leo se desprendió lentamente de la máscara, revelando su rostro. Las chicas volvieron a reaccionar, algunas murmurando entre ellas, otras sonriendo con evidente interés.

Pero antes de que la atención se prolongara, Penny se acercó y lo besó apasionadamente, marcando territorio frente a todos. El gesto fue claro: Leo estaba con ella.

Después del beso, Penny abrió la puerta por completo y los dejó entrar.

Raj, apenas cruzó el umbral, sintió cómo su voz se apagaba, como siempre le ocurría frente a mujeres. Pero recordando los consejos de Leo, respiró hondo, sonriendo y levantó la mano en un saludo silencioso. No dijo nada, pero su gesto fue suficiente para integrarse sin quedar paralizado.

Howard, en cambio, se transformó en Austin Powers. Caminaba con exageración, lanzando frases como “Groovy, baby” y posando con su traje azul. Se metió en modo fiesta, disfrutando de la atención y de la oportunidad de aplicar lo que Leo le había enseñado: comentarios ligeros, cumplidos sencillos, sin sarcasmo.

Sheldon, incómodo, se mantenía cerca de Leo. No entendía del todo la dinámica, esperaba algo más parecido a una convención con concursos y presentaciones, pero siguió las instrucciones: frases icónicas de su personaje y mantenerse en un lugar donde no lo molestaran demasiado.

La fiesta se desenvolvía alrededor de ellos. Música, risas, bebidas y disfraces llenaban el ambiente. Penny circulaba entre sus invitados, con su disfraz de gata sexy atrayendo miradas, pero siempre regresaba la mirada hacia Leo, orgullosa de su presencia.

Raj se movía con la música, sin necesidad de hablar, disfrutando de ser parte del ambiente. Howard se acercaba a grupos pequeños, lanzando cumplidos limpios y recibiendo sonrisas a cambio. Sheldon se mantenía en su esquina, levantando su vaso y diciendo “¡Gran Scott!” cada vez que alguien lo miraba, lo que generaba risas y lo mantenía cómodo.

Leo observaba todo con satisfacción. Sus amigos, que siempre habían estado fuera de este tipo de dinámicas, ahora se desenvolvían en la fiesta. No eran los más populares, pero tampoco estaban excluidos. Cada uno, a su manera, estaba aprendiendo a encajar.

—

Leo y Sheldon, guiados por Penny, llegaron hasta la cocina, donde ella los presentó con algunos chicos y chicas. Leo tomó un poco de comida de la mesa y, con naturalidad, le pasó un vaso de bebida a Sheldon, que lo recibió con gesto solemne.

Mientras permanecían ahí, Sheldon comenzó a compartir sus observaciones.

“Es fascinante”, dijo Sheldon, ajustando su peluca blanca. “Según mi análisis científico, las interacciones sociales aquí parecen seguir patrones de agrupación espontánea. Los individuos se acercan en pequeños grupos, comparten bebidas y comentarios triviales, y luego se dispersan. Es como un enjambre de partículas en movimiento constante.”

Leo sonoro, escuchando con paciencia.

“Exacto, Sheldon. Eso es lo que te decía: no hay un programa, no hay estructura rígida. Es relajarse, hablar, moverse. Esa es la dinámica de una fiesta”, comentó, mientras mordía un bocado de comida.

En ese momento, una hermosa chica rubia se acercó a ellos. Llevaba un disfraz llamativo y llamativo al reconocer el atuendo de Sheldon.

“¡Eres el Dr. Brown! Gran Scott, ¿verdad?” dijo la chica, divertida.

Sheldon abrió los ojos sorprendido.

“Correcto. Soy el Dr. Emmet Brown, pionero de la física temporal”, respondió con tono solemne.

La chica río, pero pronto su atención se centró en Leo. Sus ojos recorrieron su disfraz y se detuvieron en su físico.

“Wow… ¿esos músculos son reales?” dijo la rubia, con un tono coqueto.

Leo se encogió de hombros y respondió con naturalidad, sin intentar impresionar.

“Bueno, digamos que el traje ayuda a resaltar lo que ya está ahí”, dijo con una ligera sonrisa.

La chica lo miró divertida.

“Pues te queda demasiado bien”, comentó, inclinándose un poco hacia él.

Leo soltó una pequeña broma, manteniendo el tono casual.

“Si fuera de espuma, ya se habrían desinflado con tanto calor”, dijo, riendo suavemente.

La rubia río con él, iniciando una plástica ligera mientras Sheldon observaba la interacción con curiosidad científica, como si estuviera presenciando un experimento social en vivo.

—–

En el otro lado de la fiesta, Raj estaba sentado en la mesa de la cocina, comiendo tranquilo, cuando una chica linda disfrazada de mariposa sexy se acomodó a su lado. Ella lo miró con una sonrisa juguetona y le preguntó:

“¿Qué tan alcoholizada estoy?”

La pregunta lo congeló al instante. Raj sintió cómo su voz desaparecía, como siempre le ocurría frente a las mujeres. Pero en su mente comenzó a procesar todo lo que Leo le había dicho: *sonríe, haz gestos, aparentemente opinar, no te quedes rígidos*. Así que, con esfuerzo, levantó la mano en un gesto suave y inclinado, como indicando que la chica estaba bien.

Ella rió y continuó hablando, contando anécdotas y haciendo comentarios sobre la fiesta. Raj, aunque no podía responder con palabras, escuchaba con atención, asentía en los momentos adecuados y sonreía cuando ella lo miraba. De alguna manera, la chica se la estaba increíble pasando con él, disfrutando de la sensación de ser escuchada y acompañada.

Mientras tanto, en la cocina, Leo y Sheldon seguían conversando. Sheldon exponía sus observaciones científicas sobre las dinámicas sociales de la fiesta, y Leo lo escuchaba con paciencia, respondiendo con comentarios ligeros y bromas.

Pronto más chicas se acercaron a ellos, atraídas por la presencia de Leo y la curiosidad que despertaba su disfraz. Leo las hacía reír con ocurrencias casuales, y en ocasiones usaba a Sheldon como parte de la broma, animándolo a actuar como el Dr. Emmet Brown.

“¡Gran Scott!” exclamaba Sheldon, levantando su vaso, lo que provocaba carcajadas entre las chicas.

Leo, con su tono relajado, mantenía la conversación ligera, sin intentar impresionar, simplemente disfrutando del momento y dejando que Sheldon aportara su toque peculiar. Las chicas se quedaron alrededor de ellos, riendo y platicando, mientras Penny observaba desde la distancia, consciente de la atención que Leo generaba.

—-

Howard estaba en la sala, con su traje azul de Austin Powers, los lentes redondos y la sonrisa nerviosa que intentaba mantener firme. Frente a él estaba **Melissa**, una chica de Pasadena disfrazada de enfermera: vestido blanco corto con detalles rojos, cofia con cruz y un estetoscopio colgado al cuello.

Howard respiró hondo, recordando lo que Leo le había dicho: *sé natural, no exagerares, escucha y responde con calma*. Así que se presentó con una sonrisa ligera.

“Soy Austin Powers esta noche… aunque en realidad, soy Howard”, dijo, levantando la mano en un gesto amistoso.

Melissa, divertida.

“Pues el disfraz te queda bien. Es gracioso, me recuerda a esas películas viejas que veía en la tele”, comentó, acomodando su cofia.

Howard se relajó un poco.

“Sí, pensé que sería divertido. No quería venir como algo demasiado común. Y bueno… Austin Powers siempre tiene algo de energía que contagio”, dijo, bajando el tono para no sonar presumido.

Melissa lo miró con interés.

“¿Y normalmente qué haces? Porque no creo que seas espía en los 60”, dijo ella, con una risa suave.

Howard dudó un segundo, pero recordó otro consejo de Leo: *no intentes impresionar con grandes discursos, comparte algo simple*.

“Soy ingeniero. Trabajo con cosas de espacio, satélites… ese tipo de cosas”, dijo, con un gesto tímido.

Melissa abrió los ojos con sorpresa.

“¿En serio? Eso suena interesante. Nunca había conocido a alguien que trabajara en eso”, dijo ella, inclinándose un poco hacia él.

Howard irritante, sintiendo que la conversación fluía.

“Bueno, no es tan glamuroso como parece. Paso más tiempo frente a una computadora que viajando al espacio. Pero me gusta”, dijo, sincero.

Melissa lo miró con simpatía.

“Eso está bien. Se nota que hablas con pasión. Y además, tienes sentido del humor. Me gusta que no estés intentando presumir, solo platicando”, dijo ella, con tono cálido.

Howard sintió que las palabras de Leo se confirmaban en ese momento. *No necesito sarcasmo ni bromas pesadas. Solo escuchar, responder y ser natural.*

La conversación siguió con fluidez. Melissa le contó que estudiaba enfermería y que había elegido el disfraz porque le parecía divertido jugar con su propia carrera. Howard la escuchaba con atención, asentía en los momentos adecuados y hacía comentarios ligeros.

“Entonces este disfraz es casi uniforme oficial”, dijo Howard, sonriendo suavemente.

Melissa Río.

“Exacto. Aunque en la vida real no es tan glamuroso como aquí”, dijo ella, moviendo el estetoscopio.

Howard respondió con calma.

“Bueno, igual que yo. En mi trabajo no hay trajes azules ni frases de película. Pero supongo que eso es lo divertido de estas fiestas, ¿no? Poder ser alguien distinto por una noche”, dijo, mirando a su alrededor.

Melissa asintiendo, y por un momento se quedaron en silencio, compartiendo la música de fondo y el ambiente. Howard se dio cuenta de que no necesitaba llenar cada espacio con chistes; la conexión estaba en la naturalidad.

Ella lo miró de nuevo, con una sonrisa sincera.

“Me la estoy pasando muy bien contigo, Howard”, dijo Melissa.

Howard sintió que su corazón se aceleraba, pero esta vez no por nervios, sino por confianza. *Leo tenía razón. Esto funciona.*

—

Mientras tanto, en otra parte de la fiesta, alguien se acercó a Penny y le dijo que la buscaban en la puerta. Penny, aún con su disfraz de gata sexy, caminó hacia la entrada. Al abrir, se encontró con su exnovio Kurt, parado allí con una expresión seria.

Leo, desde la distancia, lo vio de inmediato. No dijo nada. Sheldon también lo notó, observando con incomodidad, como si estuviera analizando la tensión que se generaba en ese instante.

—

Penny estaba en la puerta, disfrazada de gata sexy, con las orejas negras y el traje ajustado brillando bajo la luz del pasillo. Frente a ella estaba Kurt, su exnovio, con esa sonrisa confiada que siempre había usado para imponerse. En su mente, Penny repasaba lo ocurrido días atrás: se habían encontrado en el supermercado, él se acercó con un tono distinto, diciendo que había cambiado, que no quería perder la amistad. Ella dudó, pero al final lo invitó a la fiesta, pensando que quizás podía ser cierto. Ahora, sin embargo, la realidad era otra.

“Hola, Penny”, dijo Kurt, inclinándose un poco hacia ella.

“Hola, Kurt… gracias por venir”, respondió ella, intentando sonar cordial.

Al principio la plática fue superficial, saludos y comentarios triviales, pero pronto Kurt comenzó a coquetear.

“Ese disfraz… wow, te ves increíble. Me recuerda a cuando salíamos y siempre llamabas la atención”, dijo, con un tono insinuante.

Penny alarmantemente con cortesía, pero por dentro se tensó. Pensó en Leo, en lo que habían construido juntos, en la seguridad que él le daba. Y al mismo tiempo, no pude evitar recordar los años con Kurt: las discusiones, las decepciones, la sensación de estar atrapada.

“Gracias, Kurt. Pero… estoy bien ahora, con mi vida”, dijo Penny, tratando de marcar distancia.

Kurt no se detuvo.

“Vamos, Penny. No digas que no extrañas lo que teníamos. Mira cómo nos miramos todavía. Podríamos recuperar eso”, dijo, acercándose un poco más.

Ella retrocedió medio paso, incómoda.

“Kurt, te invité porque pensé que podíamos ser amigos. Nada más. No quiero volver a lo que teníamos”, dijo, con firmeza.

Mientras tanto, dentro de la fiesta, Leo estaba rodeado de varias chicas que intentaban llamar su atención. Algunas comenzaron a hablar mal de Penny, con comentarios disfrazados de bromas:

“¿Y esa gata sexy? Seguro no es tan divertida como parece…”

“Debe ser difícil estar con alguien tan celosa”

Leo irritado, pero respondió con calma y claridad.

“Penny es libre de ser quien quiera. Y créanme, es mucho más divertida de lo que piensan. Yo estoy aquí porque quiero estar con ella”, dijo, con tono relajado pero firme.

Las chicas rieron, algunas incómodas, otras sorprendidas por la manera en que Leo defendía a Penny sin necesidad de presumir ni levantar la voz.

De vuelta en la puerta, Kurt se volvió más intenso.

“¿Solo amigos? No me digas eso, Penny. Sé que todavía piensas en mí. No puedes borrar tantos años así como así”, dijo, con un tono más fuerte, casi acusador.

Penny lo miró fijamente, con una mezcla de firmeza y cansancio.

“Kurt, lo que tuvimos ya pasó. No quiero revivirlo. Te respeto, pero necesito que entiendas que ahora estoy con alguien más, y estoy feliz. Si quieres ser mi amigo, bien. Si no, entonces no tiene sentido que estés aquí”, dijo, con voz clara.

Kurt apretó la mandíbula, insistiendo.

“¿Feliz? ¿Con ese tipo? No puede darte lo que yo te daba. No puedes negar lo que sentías. Vamos, Penny, mírame. No me digas que no sientes nada”, dijo, acercándose demasiado, con un tono que rozaba el acoso.

Penny retrocedió, incómoda. La tensión crecía, y Kurt no parecía dispuesto a aceptar un no por respuesta.

—

Leo notó la tensión desde la distancia. Penny estaba en la puerta con Kurt, y aunque intentaba mantener la calma, su lenguaje corporal mostraba incomodidad. Sheldon, curioso como siempre, también había observado la escena. Sin pensarlo demasiado, Leo se acercó junto a Sheldon, decidido a intervenir.

Al llegar, Leo interrumpió con naturalidad, saludando a Kurt.

“¿Qué tal, Kurt?” dijo Leo, con tono firme pero sin agresividad.

Sheldon, a su manera, levantó la mano y dijo simplemente: “Ola”, imitando un saludo breve y extraño que rompió un poco la tensión.

Penny, en medio, se sintió atrapada entre los dos hombres. Por un instante se perdió, sin estar seguro de qué decir o hacer. La presencia de Leo le daba seguridad, pero la insistencia de Kurt la mantenía incómoda.

Kurt, tratando de recuperar el control de la situación, giró la conversación hacia Sheldon.

“¿Y este? El débil del grupo, ¿no? Parece que ni sabe qué hace aquí”, dijo con una sonrisa burlona, ​​buscando humillar.

Leo lo miró con seriedad. Esa actitud no le gustó nada.

“¿Débil? No, Kurt. Sheldon puede ser raro, pero no es un idiota. En cambio, burlarse de alguien que ni siquiera te está haciendo nada… eso sí es de brutos”, respondió Leo, con palabras directas, usando el mismo tono de burla pero en defensa de su amigo.

Kurt frunció el ceño, molesto por la respuesta.

“¿Bruto? ¿Idiota? Ten cuidado con lo que dices”, dijo, dando un paso hacia adelante.

Leo no retrocedió.

“Ten cuidado tú. Aquí nadie vino a pelear, pero si lo único que sabes hacer es molestar y acosar, entonces sí, eres un idiota”, dijo Leo, con calma pero firmeza, dejando claro que no iba a permitir que se metiera con Sheldon ni con Penny.

Penny, viendo cómo la tensión subía, trató de detener la pelea antes de que explotara.

“¡Ya basta! No quiero que esto se convierta en un problema. Kurt, te invité como amigo, nada más. Y Leo, no quiero que esto termine mal”, dijo, levantando las manos entre ambos, intentando frenar la inminente confrontación.

La atmósfera se carga de tensión. Kurt, con la mandíbula apretada, parecía dispuesto a seguir insistiendo. Leo, firme, estaba preparado para defender a Penny y Sheldon. Y Penny, en medio, sabía que la situación estaba a punto de desbordarse.

—

Penny estaba en la puerta, aún con la tensión de la conversación. Kurt, cansado de que sus palabras no surtieran efecto, recordó la humillación anterior con lo del televisor y decidió que esta vez no se quedaría atrás. Su rostro se endureció y, sin pensarlo demasiado, lanzó el primer golpe hacia Leo.

Desde el punto de vista de Penny, todo ocurrió en segundos. El puño de Kurt avanzó directo hacia Leo, pero él lo atrapó con firmeza, como si hubiera anticipado el movimiento. Penny abrió los ojos sorprendida, y Sheldon, a su lado, se congeló, incapaz de reaccionar.

Leo, aprovechando la posición, giró con fuerza y, en un movimiento rápido y contundente, lanzó una patada que empujó a Kurt fuera del departamento. La escena fue tan impactante que recordó a Penny en esas películas épicas: Kurt salió disparado hacia el pasillo, como si Leo lo hubiera expulsado al estilo espartano.

Penny quedó inmóvil, con el corazón acelerado. No esperaba que Kurt llegara a ese punto, ni que Leo reaccionara con tanta determinación. Sheldon, paralizado.

El silencio en la puerta era pesado. Penny sintió la mezcla de miedo, sorpresa y alivio. Kurt estaba afuera, y Leo había salido tras él, dispuesto a asegurarse de que no volviera a cruzar la línea. Ella y Sheldon permanecieron congelados, sin saber qué hacer, conscientes de que la situación había cambiado por completo.

—

Kurt se levantó del suelo con furia en los ojos. La humillación previa con lo del televisor ardía en su memoria, y ahora, frente a Leo, no pensaba retroceder. Con un gruñido, se lanzó de nuevo, tirando el primer golpe con toda la rabia acumulada.

Leo lo esperaba. El puño de Kurt avanzó directo, pero Leo lo bloqueó con el antebrazo y giró el cuerpo para desviar la fuerza. El choque resonó en el pasillo, y Kurt retrocedió un paso, sorprendido de que su golpe no hubiera tenido efecto.

“¿Eso es todo?” dijo Leo, con una sonrisa burlona.

Kurt respondió con otro ataque, un gancho rápido. Leo lo esquivó con un movimiento de cabeza y contraatacó con un golpe al abdomen. Kurt se dobló, pero no se detuvo. Con rabia, lanzó una ráfaga de golpes desordenados, buscando conectar aunque fuera uno.

Leo bloqueaba cada intento, con calma, como si estuviera entrenando. Cada vez que Kurt fallaba, Leo soltaba un comentario que lo desarmaba más que el golpe físico.

“Peleas con rabia, pero sin pensar.”

“Así no vas a ganar.”

Kurt jadeaba, sudor en la frente, pero seguía insistiendo. Intentó un derechazo, Leo lo atrapó y lo empujó contra la pared. El impacto hizo que Kurt Gruñera, pero volvió a levantarse, lanzando otro ataque.

Leo lo recibió, bloqueó y contra golpe con precisión. Un directo al rostro lo hizo tambalear, un gancho al costado lo dejó sin aire.

“Vamos, Kurt, ¿esto es lo mejor que tienes?” dijo Leo, con tono burlón.

La pelea se convirtió en una ida y vuelta constante. Kurt atacaba con desesperación, Leo respondía con control absoluto. Cada golpe de Leo llevaba un mensaje, cada bloqueo era acompañado de una burla que minaba la confianza de Kurt.

“Un nerd y su amigo raro ya te tienen contra la pared”, dijo Leo, mientras esquivaba otro intento de gancho.

Kurt, enfurecido, lanzó un golpe descuidado. Leo lo atrapó de nuevo, giró su cuerpo y lo derribó contra el suelo. Kurt se levantó tambaleante, pero aún con rabia en los ojos. Se lanzó otra vez, pero Leo lo esperaba. Bloqueó el golpe, contraatacó con un directo al rostro y, finalmente, con un movimiento rápido y contundente, conectó un golpe que lo noqueó.

Kurt cayó al suelo, aturdido, incapaz de levantarse. Leo lo miró desde arriba, con calma, y ​​soltó las palabras que sellaron la humillación:

“Unos nerds te vencieron, imbécil.”

—

Kurt estaba en el suelo, aturdido por el último golpe de Leo. Los chicos que habían estado mirando la pelea desde el pasillo se acercaron, todavía incrédulos por lo que acababan de presenciar. Leo, con la respiración firme y la mirada fija en Kurt, levantó la mano en un gesto claro.

“Saquen a este tipo de aquí”, dijo con voz grave, sin necesidad de gritar.

Los chicos dudaron un instante, pero la autoridad en el tono de Leo no dejaba espacio para discusión. Dos de ellos levantaron a Kurt, que apenas podía mantenerse en pie, y lo arrastraron hacia la salida del edificio. Kurt murmuraba incoherencias, todavía mareado, pero no tenía fuerza para resistirse. La puerta se cerró tras ellos, y el eco de la pelea quedó atrás.

Leo respiró hondo, relajando los hombros. Camino de regreso al departamento, donde Penny seguía en la entrada, congelada, sin poder articular palabra. Sus ojos reflejaban una mezcla de miedo, sorpresa y confusión por todo lo que había ocurrido. Leo la miró unos segundos, sin enojo, pero con un peso evidente en su expresión. No estaba furioso, solo molesto por la situación, por lo que había tenido que pasar.

“Me voy. Cuídate, Penny”, dijo finalmente, con voz tranquila, sin añadir nada más.

Sheldon, que había estado a su lado todo el tiempo, ascendió y también se despidió con un gesto breve. Ambos se giraron y caminaron juntos hacia su departamento, dejando a Penny congelada, atrapada en el silencio de lo que acababa de suceder.

Al entrar, Sheldon se detuvo un momento y miró a Leo.

“Gracias por defenderme…”, dijo, bajando la mirada.

Leo lo miró de reojo y respondió con calma.

“No fue tu culpa. Él buscaba un motivo, nada más.”

Sheldon ascendió, sin añadir nada más, y se fue a cambiar, desapareciendo en su habitación.

Leo se dejó caer en el sofá, exhalando profundamente. Se quitó parte del equipo de su disfraz, dejando las piezas a un lado. El silencio del departamento lo envolvió. Se quedaron unos minutos pensando, repasando lo ocurrido, la pelea, las palabras de Kurt, la mirada congelada de Penny.

—-

Hola, mis palabras sobre este capitulo es que si lo dijera por partes, penny es alguien que marca territorios y celosa, si lo fue con leonard, mas con Leo, pero a su vez no es igual la relacion diferente.

Las chicas a Leo siempre se le acercan, por muchs razones, aqui queria que se notara que no va por la vida cayendo a sus impulsos.

La idea de que a Howard se le de bien ligar, pareceria exagerada o sobrada, pero dentro de lo que cabe, cuando deja de lado su actitud y actuar enfermo y desesperado, es divertido hasta simpatico.

Desde el piloto queria que leo de rompiera la cara a kurt, por fin se dio y agradezco eso, nadamas me tomo varios meses jajaja.

Capitulo 30 – Silencio, Dudas y Emoción [R18]

La puerta del departamento estaba apenas entornada cuando se escuchó un golpe suave. Leo, aún sentado en el sofá, levantó la mirada. La puerta se abrió lentamente y apareció Penny, asomando la cabeza con timidez.

“Ola,” dijo ella, con un tono bajo, casi inseguro.

Leo la miró unos segundos antes de responder, sin cambiar su postura.

“Ola,” contestó, con voz tranquila, pero cargada de un peso que se notaba en el ambiente.

Penny entró despacio, cerrando la puerta detrás de sí. Sus pasos eran cautelosos, como si no quisiera romper el silencio que llenaba el lugar.

“Quería saber si estabas bien…” dijo, mirando a Leo sentado en el sofá, con parte del disfraz aún puesto.

Leo no respondió de inmediato. Penny avanzó unos pasos más y se sentó junto a él, buscando su mirada.

“Yo siento mucho lo que pasó…” agregó, con la voz quebrada, observando cómo Leo la miraba sin decir nada, dejándola hablar.

Leo finalmente habló, serio, sin enojo, pero con un tono que dejaba claro que estaba molesto por la situación.

“Penny… ¿por qué estaba en tu fiesta?” preguntó, directo, sin rodeos.

Penny bajó la mirada, jugando con sus manos.

“Bueno… me lo encontré hace unos días, en el supermercado. Él solo hablaba de cómo ya había cambiado, lo repetía una y otra vez… y le creí,” dijo, levantando los ojos hacia Leo, quien seguía mirándola en silencio, sin mostrar si estaba enojado o simplemente decepcionado.

El silencio se volvió pesado. Penny tragó saliva, sintiendo que las palabras de Leo eran más duras por lo que no decía que por lo que había dicho.

“Soy una idiota… Leo, por favor, di algo…” suplicó, con lágrimas comenzando a acumularse en sus ojos.

Leo suspiró, apoyando los codos en las rodillas.

“Mira, Penny… no sé qué decirte. En mi mente no tiene sentido. Tanto dolor te causó y aún así eliges darle otra oportunidad de entrar en tu vida…” dijo, con voz baja pero firme.

Penny intentó responder, pero Leo continuó.

“No sé cómo haya sido ese encuentro en el supermercado, pero a Sheldon le tomó un segundo darse cuenta de que Kurt quería algo más contigo que solo una amistad,” dijo, mirándola con seriedad.

Penny se quedó callada, sintiendo que cada palabra de Leo era un golpe más fuerte que los que había recibido Kurt.

Leo se recostó un poco hacia atrás, sin apartar la mirada de ella.

“Yo no soy quien para decir por ti quién forma parte de tu vida. No soy tu novio, eso tú lo decidiste al principio. Pero el hecho de que lo invitaras… para mí es una señal de que tú también tenías el deseo de, no sé… volver con él,” dijo, con un tono que mezclaba tristeza y resignación.

Penny abrió los ojos, sorprendida, y antes de que Leo pudiera terminar la frase, él murmuró:

“Tal vez deberíamos dejar lo nues…”

Pero no pudo terminar. Penny, con lágrimas en los ojos, levantó la mano y le dio una cachetada. El sonido resonó en el silencio del departamento.

Aún con lágrimas, Penny bajó la mano, temblando.

“No te atrevas a terminar esa oración… Esto no fue una prueba, fue una idiotez. Lo arruiné y lo siento… pero esta relación es lo más hermoso que he tenido hasta ahora. Tú eres la persona que más quiero… así seas un imbécil, eres mi imbécil,” dijo, con la voz quebrada, antes de inclinarse y besarlo con fuerza.

—

Esa noche, cada uno de ellos terminó en un lugar distinto, con un desenlace marcado por lo que habían vivido en la fiesta.

Raj estaba en la casa de la chica del disfraz de mariposa. La timidez que siempre lo acompañaba parecía haberse desvanecido poco a poco, reemplazada por la confianza que ella le transmitía. Entre risas suaves y miradas largas, la conversación se fue apagando hasta que los silencios se llenaron de cercanía. En ese ambiente íntimo, terminaron besándose, dejando atrás las barreras que tantas veces lo habían frenado.

“¡Oh, mierda! Sí, juega con mis tetas”. La chica borracha, que Raj descubrió que se llamaba Cheryl, gemia mientras montaba a Raj y lo sujetaba contra sus tetas, que eran enormes. Hablaron, o mejor dicho, ELLA, durante más de una hora antes de que llegara el momento de besarse intensamente y luego la ropa volara por todos lados.

Raj no sabía exactamente qué estaba pasando, pero no iba a cuestionarlo y simplemente disfrutarlo, ya que Cheryl claramente lo estaba haciendo.

—-

Howard, en la casa de Melissa, la enfermera, vivía algo parecido. La energía juguetona que había mostrado en la fiesta se transformó en complicidad más tranquila. Sus bromas se volvieron más ligeras, menos teatrales, y ella respondía con sonrisas sinceras. Entre palabras y gestos, también terminaron besándose, disfrutando de la conexión inesperada que había nacido esa noche.

“Eso es bebe, chupa las grandes tetas de Ma Ma. Oh, joder, sí, eso es, ese es mi hombre semental. Sí, sigue follando ese coño y chupando mis tetas, te daré una buena paja de tetas como recompensa más tarde y luego podrás llevarte mi trasero de burbuja a dar un paseo”. La enfermera gimió y la animó mientras yacía en la cama con Howard empujando entre sus piernas mientras chupaba y untaba sus tetas con su saliva mientras pasaba las manos por su cabello y su espalda, ocasionalmente manoseando su trasero ya que era un poco más bajo que ella.

Howard estaba en el cielo, al menos para él, mientras seguía follando con esa mujer caliente que, siendo realistas, estaba fuera de su alcance.

Ella lo había estado mimando y malcriando como loca con sus tetas, sus manos, su boca y ahora su coño.

¡Y ahora ella mencionaba que él también podía tomarle el culo!

¡Este fue definitivamente el mejor Halloween de su vida!

—-

El aire en la habitación de Leo estaba cargado. No era solo el calor residual de cuerpos en movimiento, ni el eco de música bass que aún vibraba en los huesos desde la fiesta en el apartamento de Sheldon. Era la energía palpable que emanaba de Leo mismo, una fuerza contenida que hacía que la lámpara de escritorio pareciera más tenue, que las sombras se alargaran como si quisieran esconderlo. Estaba sentado en el borde de su cama, todavía parcialmente vestido con los restos de su disfraz de Predator. La armadura muscular, pintada con un patrón de camuflaje digital que parecía absorber la luz, cubría su torso y brazos, destacando cada músculo como si fuera una cordillera bajo una capa de oscuridad. Los guantes con nudillos metálicos estaban descartados en el suelo, junto a una capa que simulaba piel alienígena. Su rostro, sin la máscara, era una obra de arte de determinación y poder: mandíbula cuadrada, ojos que en la penumbra parecían dos chips de obsidiana, y una expresión que era tanto un reto como una invitación.

Penny entró sin hacer ruido, pero la atmósfera cambió inmediatamente. Su disfraz de gatita sexy era una declaración en sí mismo. Un bodysuit negro que se ceñía a cada curva, terminando en unas piernas que parecían infinitas gracias a los tacones de aguja. Una máscara de gato con orejas puntiagudas cubría parte de su rostro, pero sus ojos, amplificados por el maquillaje, brillaban con una mezcla de nerviosismo y deseo voraz. El traje tenía una apertura estratégica en el pecho, mostrando la parte superior de sus senos, y se abría completamente en la espalda, revelando la piel suave y vulnerable desde los hombros hasta el inicio de su cola falsa.

No hubo palabras. Penny cruzó la habitación con la gracia silenciosa de su personaje, pero en sus ojos había una urgencia que desmentía cualquier juego. Se detuvo frente a Leo, quien no se había movido, solo levantó la mirada para capturar su imagen completa. Ella entonces colocó una mano en su hombro, sintiendo la dureza de la armadura pintada contra la palma de su mano. Con la otra, tomó su rostro y lo guió hacia ella.

El primer beso fue eléctrico. Penny no esperó pasividad; sus labios se abrieron contra los de Leo con una demanda inmediata. Su lengua exploró, conquistó, exigió reciprocidad. Leo respondió con una intensidad que hizo que Penny retrocediera un paso, no por fuerza, sino por la abrumadora sensación de ser consumida. Sus manos, aún sin guantes, encontraron la espalda expuesta de Penny. La piel allí era cálida, suave, un terreno fértil en comparación con la armadura que él portaba. Sus dedos trazaron la línea de su columna vertebral, desde el cuello hasta donde el bodysuit comenzaba a cubrirla nuevamente, y Penny arqueó la espalda en respuesta, un gemido escapando entre sus labios aún unidos a los de Leo.

“Leo…” murmuró ella cuando finalmente separaron sus bocas, jadeando. “Esta noche… necesito que me hagas sentir… necesito que me deshagas.”

Leo no respondió verbalmente. Sus ojos hablaron por él. Con un movimiento que combinaba fuerza y delicadeza, levantó a Penny desde el suelo. Sus tacones perdieron contacto con la tierra, y por un momento, ella flotó en el aire, sostenida solo por la potencia de sus brazos. Luego, él la colocó sobre la cama, su cuerpo negro contra las sábanas grises. Leo se situó sobre ella, sus piernas a cada lado de su torso, mirándola desde arriba como un verdadero predador contemplando su captura.

Penny levantó las manos y comenzó a desprender las partes móviles de la armadura de Leo. Primero, las placas superiores del torso, que revelaron un pectoral tan definido que parecía escultura. Penny colocó sus manos sobre ellos, sintiendo el calor y la textura viva bajo la pintura. “Quiero verlo todo,” dijo, su voz era un susurro cargado de anticipación.

Leo ayudó, desprendiendo las secciones que cubrían sus abdominales. Cada músculo estaba delineado, no solo por el ejercicio, sino por una genética que parecía llevada al límite humano. Penny pasó sus dedos sobre ellos, contándolos mentalmente, maravillada por la dureza y la simetría. Cuando la armadura inferior fue removida, revelando sus piernas y finalmente su entrepierna, Penny se emociono

Leo no llevaba nada bajo la armadura. Su pene, semi-erecto ya por la anticipación y el juego previo, era un monumento a la virilidad. La piel y las venas eran caminos palpables bajo su tacto. Penny extendió una mano, midiéndolo con sus dedos, y encontró que no podía cerrar completamente su círculo alrededor de él.

“Casi te pierdo..” dijo, su voz mezclaba admiración con un temor excitante.

Leo finalmente habló, su voz baja pero resonando en la habitación. “Es para ti. Solo para ti esta noche.”

Penny entonces tomó la iniciativa. Se inclinó, y antes que Leo pudiera anticipar su movimiento, sus labios envolvieron la cabeza de su pene. El sabor era salado, masculino, un preludio directo a lo que vendría. Penny no se detuvo ahí; movió su cabeza hacia atrás y adelante, tomando más longitud cada vez. Leo colocó una mano sobre su nuca, no guiándola, sino sintiendo el movimiento, disfrutando la vista de su disfraz de gatita comprometido en el acto más humano.

Pero Penny quería explorar más. Recordando sus fantasías y lo que había aprendido en sus encuentros más audaces, se retiró momentáneamente, jadeando. Miró hacia abajo, hacia el saco de testículos que pendía pesadamente. Con una audacia que la sorprendió a sí misma, bajó su cabeza y tomó uno en su boca, suavemente. Lo lamió, lo acarició con su lengua, sintiendo la textura única bajo su paladar.

Leo gritó, un sonido gutural que parecía sacado de una bestia. “¡Penny! ¡Sigue…!” Sus palabras se cortaron por el placer.

Penny alternó entre chupar su pene con una determinación renovada y volver a acariciar sus testículos, hasta que Leo la detuvo, tomando su cabeza con ambas manos y guiándola hacia su mirada.

“Mi turno,” dijo, su voz ahora era áspera, cargada de un deseo que no podía contenerse más.

Penny se recostó, permitiendo que Leo se moviera entre sus piernas. Su disfraz de gatita tenía una apertura en la parte inferior, y Leo no necesitó removerlo completamente; simplemente lo ajustó para exponer completamente su sexo. Penny estaba ya tan excitada que la humedad había impregnado el material negro. Leo no dijo nada; simplemente bajó su cabeza y lamió una línea larga y lenta desde su entrada hasta su clítoris.

Penny gritó. No era un gemido, era una exclamación de sorpresa placentera. La sensibilidad de su cuerpo estaba a flor de piel, y la lengua de Leo era hábil, precisa, implacable. No jugaba; atacaba directamente. Lamiendo, succionando, introduciendo la punta de su lengua dentro de ella antes de regresar a concentrarse en el pequeño nudo de nervios que palpitaba frenéticamente. Penny perdió toda noción del tiempo. Sus manos se aferraron a las sábanas, sus caderas se levantaron de la cama, empujándose contra su boca en un ritmo caótico. Un orgasmo la golpeó rápida y sin misericordia, una explosión blanca y caliente que hizo que su cuerpo convulsionara y gritara su nombre.

Pero Leo no se detuvo. Siguió lamiéndola, bebiendo sus fluidos, disminuyendo el ritmo solo para permitirle respirar antes de llevarla al borde nuevamente con movimientos circulares perfectos.

“¡Para! ¡Para, Leo, por favor! ¡Necesito… necesito que estés dentro!” suplicó, su voz era un gemido desgarrado.

Leo se levantó sobre ella, su pene palpitando contra su muslo empapado. Sus ojos, oscuros y llenos de una intensidad feroz, la miraron.

“¿Estás segura?” preguntó, aunque ambos sabían la respuesta. Su cuerpo era un arma de destrucción masiva, y ella estaba pidiendo ser el blanco.

“¡Sí! ¡Por favor! ¡Esta gatita te desea! ¡Dame todo!” jadeó Penny, abriendo sus piernas aún más en una invitación total.

Con un gruñido de triunfo final, Leo se posicionó y guió su punta hacia su entrada. El primer contacto hizo que ambos contuvieran la respiración. Luego, con una presión constante e imparable que honraba su fuerza sobrehumana, comenzó a entrar.

Penny gritó otra vez, pero esta vez el sonido fue ahogado por la sensación de ser abierta, estirada, poseída en una manera completamente nueva. Él avanzó centímetro a centímetro, con una paciencia agonizante, deteniéndose cada vez que ella se tensaba para besarla profundamente, para acariciar sus senos a través del fino material del bodysuit.

“Relájate para mí,” murmuró contra sus labios. “Cede. Te haré sentir cosas que ni sabías que existían.”

Y cuando finalmente estuvo enterrado hasta el fondo, ambos quedaron inmóviles, unidos en un abrazo tan íntimo que era casi doloroso. Penny sentía cada pulgada de él, llenando cada rincón, rozando un lugar profundo que le hizo ver estrellas.

“Dios… estás… me llenas tanto…” logró articular entre jadeos.

“Es solo el comienzo,” prometió él.

Y entonces comenzó a moverse.

No fue un ritmo acelerado. Fue una demostración deliberada y devastadora de resistencia pura. Cada embestida era profunda, completa, retirándose casi totalmente para hundirse nuevamente con una fuerza que hacía que la cama crujiera protestando contra el suelo. Leo sostenía su peso fácilmente, cambiando el ángulo con pequeñas alteraciones de sus caderas que hacían que Penny viera colores diferentes cada vez.

La dominación no era verbal; era física, aplastante. Su cuerpo superior, su energía inagotable, la reducían a un estado de puro receptáculo de sensaciones. Ella era una hoja en un huracán llamado Leo.

Pronto, un segundo orgasmo, más profundo y resonante que el primero, la sacudió. Gritó, sus uñas clavándose en los dorsales duros como roca de su espalda. Él no aminoró el paso. Si acaso, se volvió más implacable, encontrando un ritmo que martillaba directamente en su punto G.

“No puedo… es demasiado… ¡Leo!” gimió, pero sus caderas seguían alzándose para encontrarse con las suyas, traicionando sus palabras.

Él la volteó sin siquiera salir de ella, colocándola a cuatro patas. La nueva posición le permitió una penetración aún más profunda. Penny gimió en la almohada, sintiendo cómo la embestía desde atrás, sus manos agarrando sus caderas con tanta fuerza que sabía le dejarían marcas. El sonido de sus pieles chocando se mezclaba con sus gemidos y sus jadeos.

“¿Quieres mi semen, gatita?” rugió él, su ritmo se volvió más errático, más urgente. “¿Quieres que te llene?”

“¡Sí! ¡Dentro! ¡Por favor, Leo, córrete dentro!” suplicó ella, completamente perdida en el placer, su mente borrosa, su cuerpo al borde de un tercer clímax.

Esas palabras fueron el detonante final. Con un rugido que salió de lo más profundo de su pecho, Leo la embistió con fuerza animal tres veces más antes de hundirse hasta el fondo y quedarse allí, rígido como el acero. Penny sintió el calor explosivo llenándola en pulsaciones largas, intensas e interminables. La sensación, combinada con la fricción constante de su pene dentro de ella, la catapultó a su propio orgasmo final, uno tan violento que le hizo llorar, convulsionando alrededor de él mientras él seguía vaciándose en su interior.

El colapso fue simultáneo. Él se desplomó sobre su espalda, todavía dentro de ella, jadeando contra su cuello. Ella cayó de bruces sobre el colchón, incapaz de mover un músculo. El aire olía a sexo, a sudor y a satisfacción cruda.

Pasaron largos minutos antes de que Leo se retirara con suavidad y rodara a su lado, recogiéndola contra su costado. Penny estaba hecha un lío. Su cabello pegado al sudor de su rostro, el maquillaje corrido, el bodysuit negro desgarrado y torcido. No podía hablar. Solo emitía pequeños jadeos entrecortados mientras sus dedos trazaban patrones temblorosos sobre su pecho.

Él la miró, una sonrisa satisfecha y sorprendentemente tierna jugueteando en sus labios. Le besó la frente sudorosa.

“¿Estás… viva?” preguntó, su voz era ronca pero amable.

Penny intentó responder. Solo salió un sonido gutural, un gemido agotado que era a la vez una queja y la mayor alabanza que podía dar. Asintió débilmente contra su hombro y cerró los ojos, hundiéndose en la negrura del agotamiento placentero.

Pero Leo no estaba completo. Aún dentro de ella, aún erecto y palpitante con energía residual, miró hacia el techo. La imagen era clara: Penny bajo él, su cuerpo convulsionado por el placer, los fluidos mezclados de ambos creando un pequeño lago en el valle entre sus senos y sobre su abdomen. Ella se movió ligeramente para acomodarse mejor contra él, y un nuevo río de semen escurrió desde su interior hacia las sábanas.

Leo la abrazó más fuerte. “No puedes más?” preguntó, aunque su cuerpo sugería que él sí podía.

Penny abrió los ojos, encontrando sus miradas. “Eres… una bestia,” dijo, su voz era un susurro admirado y exhausto. “Pero esta gatita… quiere más.”

Leo sonrió, una expresión que combinaba amor y crueldad placentera. “¿Más?” preguntó, sus manos comenzando a recorrer su cuerpo nuevamente.

Penny entonces tomó una decisión audaz. Con un movimiento que requería esfuerzo pero estaba cargado de deseo, se giró completamente, presentando su trasero a Leo. El bodysuit negro estaba arruinado, rasgado en lugares estratégicos, pero aún cubría parcialmente su espalda y sus glúteos. Penny lo ajustó, estirándolo para exponer completamente su ano. La vista era vulnerable, íntima, y una invitación directa.

“Aquí,” dijo Penny, su voz era un desafío y una súplica combinados. “Castiga a tu gatita aquí.”

Leo no necesitó más invitación. Sus manos, grandes y expertas, encontraron la piel expuesta. Acarició los glúteos de Penny, sintiendo la textura suave y los músculos tensos por la anticipación. Luego, introdujo un dedo, cuidadosamente, preparándola. Penny gimió, pero no era un grito de dolor; era una aceptación del proceso. Leo trabajó con dedicación, añadiendo otro dedo, estirando, lubricando con los fluidos ya presentes.

Cuando estuvo satisfecho con la preparación, se posicionó nuevamente. Su pene, aún erecto y ahora brillaba con los fluidos combinados de ambos, encontró la nueva entrada. Penny contuvo la respiración; esta sería diferente.

Leo comenzó a entrar, nuevamente con esa presión constante e imparable. Penny gritó, esta vez el sonido estaba mezclado con una nota de sorpresa genuina. La sensación era más intensa, más focalizada. Leo no habló; simplemente comenzó a moverse, encontrando un ritmo que era tanto deliberado como adaptativo. Sus manos agarraban las caderas de Penny, guiándola, controlando la profundidad y la velocidad.

Penny pronto encontró que podía participar más en esta posición. Empujó hacia atrás contra él, encontrando su ritmo, creando una sinergia que hacía que ambos respiraran más fuerte. Los gemidos de Penny se volvieron constantes, un fluir de sonidos que expresaban placer, sumisión y un deseo voraz.

“Leo… más fuerte… ¡ahí!” gritó ella cuando él encontró un ángulo particularmente efectivo.

Leo respondió aumentando la fuerza de sus embestidas. La cama ahora protestaba con cada movimiento, golpeando contra la pared con un ritmo regular. Penny estaba perdida en el sensacion; cada nervio en su cuerpo parecía alinearse con el movimiento de Leo dentro de ella. Orgasmós menores la sacudían regularmente, pequeños escalones hacia un precipicio que aún no veía.

Finalmente, Leo cambió la dinámica. “Monta tú,” dijo, retirándose lentamente y recostándose sobre la cama.

Penny entendió inmediatamente. Con un esfuerzo que hizo que sus músculos protestaran pero que su deseo ignoró, se giró y se colocó sobre él. Ahora ella controlaba el ángulo, la profundidad, e ritmo. Miró hacia Leo, sus ojos encontrando sus miradas oscuras y satisfechas. Entonces comenzó a mover sus caderas, tomando su pene dentro de ella analmente con una determinación que sorprendió a ambos.

Leo colocó sus manos sobre sus caderas nuevamente, no para controlar ahora sino para sentir el movimiento. Penny se movió arriba y abajo, rotando ocasionalmente para crear nuevas sensaciones. Su respiración se volvió irregular; estaba llevando el control pero también siendo llevada por la sensación.

“Eres… increíble…” dijo Leo entre jadeos.

Penny solo podía gemir en respuesta. Su cuerpo estaba al límite; cada movimiento era tanto placer como esfuerzo. Pero continuó, porque continuar era la única opción que su deseo permitía.

Finalmente, Leo alcanzó su límite nuevamente. Con un gruñido que parecía sacado de una bestia en verdad, embistió hacia arriba mientras Penny bajaba, encontrándose en un sincronismo perfecto. Penny sintió la nueva explosión dentro de ella, diferente por el lugar pero igualmente intensa. Su propio orgasmo final llegó entonces, uno que no gritó pero que expresó en un largo gemido sostenido que parecía sacar toda el aire de sus pulmones.

Se desplomó sobre Leo, completamente exhausta con liquidos escurriendo de su cuerpo. Su cuerpo no respondía más; era una masa de sensaciones satisfechas y músculos fatigados. Leo la recogió en sus brazos, colocándola a su lado nuevamente.

Penny miró hacia él, sus ojos medio cerrados pero aún brillando con admiración y afecto. “Eres… una bestia,” repitió.

Leo sonrió nuevamente. “Y tú… eres mi gatita,” respondió.

Permanecieron así por largo tiempo, entrelazados en un silencio que era más comunicativo que cualquier palabra. El aire en la habitación aún estaba cargado, pero ahora con una paz posterior ala tormenta. Finalmente, cuando el tiempo hizo que la erección de Leo disminuyera lentamente, Penny se acomodó contra él y cerró los ojos completamente, hundiéndose en un sueño inmediato y profundo.

Leo permaneció despierto por un tiempo más, mirando el techo, sintiendo el peso de Penny sobre su brazo y recordando cada momento de la noche. Sabía que esto era solo un capítulo en una historia más larga; una historia que prometía más intensidad, más exploración y más encuentros entre el predador y su gatita. Pero por ahora, este momento perfecto era suficiente.

—-

En la otra habitacion, Sheldon ya estaba dormido en su cama. Su respiración tranquila contrastaba con la tensión que había vivido horas antes. Sobre su buró descansaba un trofeo improvisado, un regalo que Leo le había dado como reconocimiento al “mejor disfraz”. Para Sheldon, ese pequeño gesto tenía un valor enorme: era prueba de que, a pesar de su rareza, alguien lo había defendido y lo había hecho sentir parte de algo.

La noche cerró con cada uno en su propio espacio, con sus propias emociones. Raj descubriendo un inicio inesperado, Howard disfrutando de la atención sincera de alguien que lo veía más allá de su humor, Leo y Penny reafirmando lo que significaban el uno para el otro, y Sheldon durmiendo en paz, con un trofeo que simbolizaba más que un disfraz: simbolizaba amistad, lealtad y reconocimiento.

—

No soy fan del drama excesivo para generar trama, no es el tipo de historia, pero un poco esta bien.

Leo no estaba enojado ni molesto, mi idea es mas como no tenia ganas de entrar en ese juego de tuya o mi y asi.

Escribir R18 no era mi plan original, pero se que algunos lo pedian. Mi idea es que no fuera tan seguido, solo en ocasiones en las que sienta que se deben de tener.

Cuando le dio el premio leo a sheldon, mi idea es que fue cuando se fueron a la fiesta, leo lo dejo en la cocina o en algun lugar para que lo viera al regresar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo